La Declaración Balfour (02-11-1917).

1. El contexto.

En noviembre de 1917 la Primera Guerra Mundial se encontraba en una fase de estancamiento. Los EE. UU. Aún no habían entrado en ella y los rusos estaban en plena revolución. La intención primera del documento era que Gran Bretaña obtuviese el apoyo de los judíos británicos y estadounidenses a su posición en el conflicto. Pero, para comprender bien el contexto de esta Declaración, también hay que ahondar en la geopolítica relacionada con la protección del Canal de Suez y con el logro de una posición estable en el Oriente Próximo, así como en otras razones culturales y religiosas.

Entre las primeras hay que observar que, tras la ocupación turca de Siria y Palestina por parte de Mehmet Alí (1833) –sultán de Egipto que, aunque actuaba en nombre del imperio Otomano era independiente de facto– la zona quedó bajo la influencia egipcia y turca. Francia, por su parte, había logrado convertirse, mediante acuerdos con Alí, en protectora de los católicos de la región, y lo mismo había hecho Rusia con los ortodoxos orientales, dejando fuera de la región a Gran Bretaña. Por ello el gobierno británico, paladín de los judíos que querían regresar a Palestina, apoyó esta migración al objeto de aumentar su papel en la región. La presencia británica en Palestina favorecería la protección del cercano Canal de Suez y era un eslabón importante en la ruta hacia la India.

El Imperio Otomano en 1914. Fuente: bobblincoe.files.wordpress.com

Gran Bretaña fue ganando influencia en Egipto tras la muerte de Alí (1848), llegando a controlar la economía, la administración y el ejército de facto, aunque formalmente se mantenía la monarquía. Hasta 1922 Egipto sería un protectorado británico.

Entre las razones culturales y religiosas hay que señalar la preocupación de las élites culturales y políticas británicas por los derechos de los judíos y especialmente por su restauración nacional. Desde esta base se creó una teleología coincidente que afirmaba que la historia nacional británica y la judía confluirían en el futuro. Esta confluencia fue divulgada por los propagandistas del gobierno deseosos de atraerse al sionismo, especialmente al norteamericano.

Durante su período de dominación de Palestina, el imperio Otomano practicó una política restrictiva sobre la inmigración judía, pero en 1901 les concedió el derecho de comprar tierras, hecho que aumentó el porcentaje de su población hasta el 7 %.

En 1916 El gobierno británico logró convencer al Jerife de La Meca para que iniciase una revuelta contra la dominación otomana a cambio de reconocer la independencia. Pero, ese mismo año, los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Rusia habían firmado en secreto el Acuerdo  Sykes-Picot, que dividió el Oriente Próximo en esferas de influencia para estas potencias en caso de la derrota del imperio Otomano. A partir de ellas se establecerían posteriormente tres zonas: una árabe con capital en Damasco, otra judía en la Palestina histórica, primero internacionalizada, y otra cristiana en Líbano. Palestina sería internacionalizada quedando su administración bajo un condominio, controlado por Gran Bretaña.  No obstante, algunas fuentes afirman también que, entre las promesas que Gran Bretaña hizo a los árabes, estaba la cesión el gobierno de Palestina al acabar la guerra.

 

Zonas de influncia diseñadas por el Pacto Sykes-Picot. Fuente: jewishvirtuallibrary.org

Es bien sabido que británicos y franceses no cumplieron lo pactado en el Acuerdo Sykes-Picot y que, tras la guerra, utilizaron el cartabón y la regla para dividir sus respectivas zonas de influencia creando países hasta entonces inexistentes.

2. La Declaración Balfour.

La Declaración Balfor fue un documento que publicó el gobierno británico durante la Primera Guerra Mundial (el 2 de noviembre de 1917) para manifestar su apoyo a la creación de un “Hogar Nacional Judío” en Palestina, territorio que en ese momento formaba parte oficialmente del Imperio Otomano. El texto fue remitido a Lionel. W. Rothschild, líder de la comunidad judía inglesa y publicado en prensa el 9 de noviembre de 1917.

Para su elaboración, Arthur J. Balfour, ministro de exteriores británico, había pedido a los líderes judíos ingleses la presentación de proyectos tanto desde una perspectiva sionista como antisionista, pero nada se preguntó a la población local de Palestina.

Fotografía de Arthur J. Balfour. Declaración Balfour. Fuente: palestinalibre.org

Su valor radica en que fue la primera vez que una potencia mundial hacía público su apoyo al sionismo –es decir a la doctrina que sostiene el derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel–. El documento utiliza la expresión Hogar Nacional, un concepto confuso, sin precedentes en el derecho internacional, y que no dejaba claro si se refería a la creación de un Estado judío. Tampoco se especificaba si la referencia a Palestina abarcaba a todo el territorio o solamente a una porción.

La segunda parte del documento está destinada a satisfacer a los que se oponían a la creación de este Hogar Nacional. En ella se especificaba que ninguna acción iría dirigida contra los derechos de las comunidades no judías existentes en Palestina. Como tampoco se podía deducir del texto que toda Palestina se asignase al Hogar Nacional Judío, quedaban los límites circunscritos a posteriores negociaciones.

3. Las consecuencias.

La Declaración impulsó el apoyo popular al sionismo entre los judíos. Al acabar la guerra sirvió para favorecer la creación del Mandato británico de Palestina; una administración territorial encomendada por la Sociedad de Naciones al Reino Unido como consecuencia de la partición del Imperio Otomano. Aunque el Reino Unido administraba estos territorios de facto desde 1917, el Mandato entró en vigor en junio de 1922 y expiró en mayo de 1948. De hecho, los intentos británicos de compaginar las dos promesas hechas –Hogar Nacional Judío y gobierno árabe de Palestina– es el origen de un problema que aún hoy, un siglo después, viene arrastrándose.

Implícitamente el texto reconocía el vínculo milenario que existía entre un pueblo judío disperso por el mundo y la tierra ancestral de Israel. Las comunidades cristiana y musulmana, que constituían el 90 % de la población se opusieron a la creación de la entidad judía. En el mundo árabe la propuesta fue interpretada como una traición de los acuerdos con los británicos durante la Primera Guerra Mundial. Por el contrario, Estados Unidos reconoció su apoyo oficial en 1922.

Desde finales de la primera Guerra Mundial, los ambientes sionistas favorecieron la inmigración a Palestina, sobre todo entre las clases judías más pobres y perseguidas de la Europa central. Así, en los años veinte, se calcula que unos cien mil judíos se asentaron en Palestina, pasando a constituir el 17 % de la población del territorio. Estos nuevos asentados, muchos pertenecientes a las facciones sionistas más radicales, comenzaron a expulsar de las tierras compradas a los no judíos.

A partir de 1933, cuando comienzan las persecuciones nazis contra los judíos, se produce  una segunda ola inmigratoria. Las protestas y revueltas de la población árabe son reprimidas por las autoridades británicas con la colaboración de grupos paramilitares judíos: primero Hahanagh y, más tarde, Irgun, un grupúsculo mucho más radical que actuará incluso contra la población civil y, luego, cuando Gran Bretaña intentó limitar la inmigración judía –mientras continuaba la persecución nazi– contra los mismos británicos. A partir de ese momento el sionismo busco nuevos aliados en Estados Unidos.

Miembros del grupo paramilitar Haganagh en 1948. Fuente: greenleft.org.au

El documento impulsó al sionismo político, que acabaría logrando, treinta años más tarde el reconocimiento de la ONU, cuando mediante la Declaración 181 de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1947 se aceptaba la división de Palestina en dos Estados: uno judío y otro árabe, mientras que Jerusalén quedab bajo un mandato internacional. Era la salida legal y política para la creación de un Estado-Nación judío, aunque la resolución solamente otorgaba a los judíos una sexta parte del territorio reclamado en 1917.

Plan de partición de la ONU para Palestina (1947). Fuente: opinatorio.com

El 15 de mayo de 1948, seis meses después de la Declaración de la ONU, Inglaterra abandonó Palestina, dejando a los judíos de Palestina a su suerte. El día anterior Israel se había proclamado independiente. Dos días después, ocho ejércitos árabes (Siria, Egipto, Transjordania, Líbano, Yemen, Irak, Arabia Saudí y el Ejército Árabe de Liberación) declararon la guerra al recién nacido Estado judío.

Tropas árabes en el conflicto de 1948-1949.
Fuente: aurora-israel.co.il

La entrada de tropas hace estallar la primera guerra árabe-israelí. El inicio de las muchas guerras que han enfrentado a ambos pueblos. El plan de partición era papel mojado.
Tras unos meses de enfrentamientos, Israel derrota a los estados árabes y se firma un armisticio con Siria, Jordania, Egipto y Líbano. Israel logra hacerse con más territorio del que se había fijado en la partición de la ONU. Jerusalén es dividida: Israel controlará la parte Oeste, mientras que Jordania ocupará la Este, los sectores donde se concentran buena parte de los lugares sagrados. La franja fronteriza con Jordania (Cisjordania) pasará a ser gobernada por este país y Egipto administrará la Franja de Gaza. El resultado de este reparto fue que unos 700.000 palestinos se convertirán en eternos refugiados diseminados por los países árabes colindantes, Gaza y Cisjordania.

Bibliografía.

Declaración Balfour. (2017, noviembre 2). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/

La Vanguardia. (2006). La creación del «Hogar Judío». La Vanguardia. Recuperado a partir de http://www.lavanguardia.com/internacional/20060711/51276208729/la-creacion-del-hogar-judio.html

Martínez Carreras, José U. (1995). El mundo árabe e Israel. Madrid: Istmo

Pellicer, J. (2017). Un siglo de la Declaración Balfour. Una aproximación heurística a su geopolítica.- Joaquín M. Pellicer Balsalobre. IEEE. Recuperado a partir de http://www.ieee.es/contenido/noticias/2017/11/DIEEEM16-2017.html

Querub, I. (2017). 100 años de la Declaración Balfour: una efeméride para celebrar. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2017/11/01/opinion/1509556015_713018.html

Regan, Geoffrey (1992). Israel y los árabes. Madrid: Akal.

 

 

 

 

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La privatización de la guerra

Un recorrido histórico.

La privatización de la guerra no es un fenómeno novedoso. Desde los mismos inicios de los conflictos bélicos existieron mercenarios, es decir soldados profesionales que combatían por dinero, no por fidelidad a una bandera o a un rey. Más tarde aparecieron los corsarios, barcos tripulados por civiles dedicados al abordaje de los buques enemigos de su señor, actividad que resulta complicado desdindar de la piratería; algo parecido podemos afirmar de las compañías comerciales que, en la época moderna, sustituían al Estado en el control y la explotación de los territorios coloniales. En suma, el proceso de sustitución de las entidades estatales por elementos privados en el ejercicio de la guerra es antiguo. Vistas así, estas actividades respondían a una incapacidad o desinhibición del Estado en el cumplimiento de sus funciones.

Lansquenetes alemanes. Tropas mercenarias en la Edad Moderna. Fuente: https://www.fabio.com.ar/6315

Este fenómeno tendió a disminuir a partir de la segunda mitad del siglo XVII, cuando la idea de Estado –de la mano del absolutismo– se convierte en el centro del ejercicio diplomático y del ejercicio de la guerra; es el Estado el que asume estas funciones que se convierten en aspectos intrínsecos de su poder. La nacionalización de la guerra no significó el abandono de los soldados profesionales, estos continuaron formando parte de los ejércitos europeos, pero poco a poco fueron arrinconados por los soldados conscriptos.

A partir del siglo XIX, sobre todo después de las guerras napoleónicas, surge lo que se puede denominar el ejército nacional, basado en la recluta de ciudadanos del país, a los que se les proporcionaba una mínima formación militar para defender a la “patria”: aparece la figura del ciudadano en armas. Las guerras entre reyes fueron sustituidas por guerras entre pueblos. No obstante, este hecho tampoco hizo desparecer totalmente a los mercenarios, que pasaron a convertirse en tropas especializadas, siempre dentro de la organización del ejército. Este modelo de ejército nacional constituido por ciudadanos continuará vigente hasta prácticamente la actualidad.

Recreación de una formación de tropas napoleónicas. Fuente: http://www.onemagazine.es/fotos/1/infanteria-napoleonica.jpg

Tras la Guerra Fría, las grandes potencias y las metrópolis coloniales reemprenden la utilización de mercenarios para determinadas estrategias. Una de ellas son las guerras coloniales; otra el intervencionismo en los nuevos países descolonizados. Se trataba de acciones que contaban con “mala prensa” en las metrópolis, que estaban mal vistas por una opinión pública cada vez más anticolonialista. En ese marco resultaba muy difícil justificar el empleo de los ejércitos nacionales para intervenir en ese tipo de conflictos. Pero sí se podían utilizar a los mercenarios.

En este mismo período, aparecieron en la escena internacional nuevos agentes que rompieron el monopolio de la violencia hasta entonces atribuido en exclusividad a los Estados. Nos referimos a los ejércitos privados de los “señores de la guerra”, a las guerrillas, a los grupos terroristas y a las organizaciones criminales que disponen también de sus contingentes armados. Pero la principal novedad la constituyeron las Compañías Militares Privadas.

Las Compañías Militares Privadas.

Existe una cierta diferenciación entre el clásico mercenario y los miembros de estas Compañías Militares. El primero es contratado, de forma temporal, para participar en unas actividades bélicas y no se integra en ninguna estructura militar de forma duradera; busca solamente su beneficio individual. Las Compañías Militares, por el contrario, son estructuras permanentes que persiguen un beneficio empresarial y que pueden desarrollar diversos tipos de actividades y no solamente las relacionadas con el combate directo.

El recurso a este tipo de empresas se extiende desde los años noventa en los ejércitos occidentales, especialmente en Estados Unidos. Son varias las razones de este crecimiento: la búsqueda de reducción de costes económicos, la reducción de efectivos militares regulares que acompañó la finalización de la Guerra Fría y la proliferación de conflictos locales –de origen étnico, religioso o nacionalista–. Todo ello acrecentó la demanda de seguridad ad hoc, que las pesadas y caras maquinarias bélicas estatales no podían atender de forma eficiente. La aparición de estas Compañías Militares Privadas fue la respuesta a esa demanda.

Las funciones que realizan estas compañías son muy variadas: vigilancia de instalaciones, escolta de convoyes o personalidades, apoyo logístico, labores de inteligencia y, por supuesto, acciones de combate. Por otra parte, las ventajas de este tipo de empresas también son claras: acceso a personal especializado de forma inmediata, posibilidad de actuar en cualquier lugar fuera de los marcos legales que constriñen las actuaciones gubernamentales, manejo de equipamiento de alta tecnología,… 

Funciones de escolta de Blackwater en Irak. Fuente: https://blogs.20minutos.es/enguerra/category/mercenarios/

El número y las intervenciones de las compañías privadas ha ido creciendo, aunque resulta difícil establecer datos concretos. Las más importantes son las estadounidenses y las británicas. En el primer caso, su principal cliente es el mismo gobierno norteamericano, que las ha venido utilizando con asiduidad desde la primera guerra iraquí; en el segundo, se vinculan con las necesidades de los gobiernos del antiguo imperio británico, que es donde tienen su principal campo de actuación.

Este proceso de privatización de una actividad hasta ahora estaba indisolublemente unida al Estado –la guerra– se debe contextualizar en el marco de la globalización y del correspondiente proceso de privatización de lo público que está acompañando la mundialización económica. Otra razón que favorece su crecimiento es la indefinición existente respecto a las responsabilidades legales de estas empresas o la falta de control por parte del mismo Estado que las contrata.

La eclosión de las CMP.

Las causas de la eclosión de las Compañías Militares Privadas se explican por las circunstancias históricas que aparecen tras la guerra fría. La finalización de este enfrentamiento permitió la afloración de conflictos que, hasta entonces, estaban escondidos bajo el paraguas bipolar. Se produjo así la aparición de numerosos enfrentamientos, no entre Estados, sino en el interior de los mismos. Baste algunos ejemplos para confirmarlo: las guerras de la antigua Yugoslavia, los conflictos del Cáucaso, la guerra de Somalia, Sierra Leona, Sudán, …

Mercenarios en Sierra Leona. Fuente: https://www.fabio.com.ar/6315

Al mismo tiempo, el surgimiento de Estados fallidos, incapaces de proporcionar seguridad a sus ciudadanos, acrecentó la demanda de servicios de seguridad que las antiguas metrópolis –Gran Bretaña, Francia,…– no podían o no querían realizar. En efecto, los Estados occidentales son muy remisos a la hora de inmiscuirse en conflictos locales, sobre todo si sus intereses estratégicos no están en peligro. Y tampoco están dispuestos a aceptar un potencial número de bajas que alarme a su opinión pública; por ello se ha impuesto la doctrina de «cero muertos» que siguen los ejércitos occidentales actualmente.

El fracaso de las instituciones internacionales en la pacificación o supresión de estos conflictos es otra de las causas de que haya aumentado la demanda mundial de estos servicios. Las dificultades de la ONU para convertirse en un instrumento eficaz de intermediación –entre otras razones por los intereses cruzados de las grandes potencias– impulsa a los contendientes a buscar una ayuda militar que vuelque a su favor el conflicto.

Miembros rusos de una empresa privada de seguridad en Libia. Fuente: https://southfront.org/russian-private-military-contractors-operate-in-libya-report/

El papel de este tipo de empresas comenzó a adquirir una mayor presencia a partir de la primera guerra de Irak. Los Estados Unidos dedicaron miles de millones de dólares a la reconstrucción de este país y un porcentaje elevado de esa cantidad –unos 4.000 millones según Laborie– fueron a parar a estas empresas, que también multiplicaron su presencia en el país árabe –181 empresas según el mismo autor–. En este país existen cálculos que hablan de la presencia de hasta 160.000 personas dependientes de los contratistas militares, muchos de ellos armados. El escenario iraquí es el mejor ejemplo de vinculación entre el sector público y el privado en un caso de conflicto bélico.

Las guerras yugoslavas, especialmente en Bosnia, también fueron escenario de una importante presencia de estas empresas. Actualmente tienen una amplia implantación en algunos conflictos africanos, en Afganistán y en Siria.

Miembros de empresas privadas de seguridad en Irak- Fuente: https://www.fabio.com.ar/6315

Como el autor antes citado ha puesto de manifiesto, se trata de un fenómeno fundamentalmente anglosajón, aunque también existen empresas importantes en Francia, Israel y Sudáfrica. Predominan claramente las empresas norteamericanas e inglesas, aunque el reclutamiento de sus miembros tiene una escala global. Las principales empresas son:

  • MPRI (Military Professional Resources IncorporatedI). Empresa estadounidense fundada en 1987. Presta servicios al Departamento de Defensa de Estados Unidos, especialmente en la instrucción de fuerzas.
  • KBR (Kellogs, Brown & Roots). Es la división especializada de Halliburton. También norteamericana. Fue la principal contratista en Irak. Dedicada a la logística y a la construcción de infraestructuras
  • Blackwater. Actualmente Academi. Norteamericana, fundada en 1997. Muy dependiente del gobierno norteamericano, tanto del Departamento de Defensa como de la CIA. En 2007 se vio envuelta en un extraño suceso en Irak en el que murieron 17 civiles
  • ArmorGroup International. Empresa británica. Especializada en la protección de instalaciones o apoyo de fuerzas. También ha trabajado para la ONU en tareas de desminado.

Estas empresas fueron desarrollando complejas estructuras orgánicas y creando importantes instalaciones, campos de entrenamiento, flotillas de buque y embarcaciones, medios aéreos, distintos tipos de sistemas de armas y sofisticado equipamiento para la realización de tareas relacionadas con la seguridad y la guerra.

La situación actual.

Si bien el tema de los mercenarios ha sido abordado y prohibido por la ONU –Resolución 54/151 de 1999 y resolución 2005/2 de 2005–, la cuestión de las CMP permanece aún en las sombras de la legislación internacional. La falta de transparencia y las distorsiones de las normas legales son especialmente graves cuando se produce la colaboración de estas empresas con el sector público.

El Grupo de Trabajo que la ONU creó al respecto, dirigido por el experto español José Gómez del Prado, indicó en 2007 que les corresponde a los Estados resguardar el Estado de derecho, la seguridad pública y el orden público, y que, si lo hacen por medio de empresas privadas, la responsabilidad que les compete se mantiene intacta frente a las víctimas de los actos cometidos y al derecho internacional. También advirtió que la subcontratación de servicios militares a compañías privadas podría conducir a la privatización de las guerras.

La proliferación de estas empresas también ha tenido mucho que ver con la estrategia norteamericana contra el terrorismo internacional, basado en ataques preventivos a los países que promueven o protegen las acciones terroristas. Para poder abarcar todos los frentes se hacen necesarias las CMP; esta empresas están adquiriendo una importancia creciente en la seguridad nacional estadounidense.

Los gobiernos deberían tener en cuenta que la pérdida del monopolio estatal del empleo legal y legítimo de la fuerza para asegurar la paz y el orden en el interior del territorio nacional, conlleva también un acrecentamiento de su debilidad y una disminución de su capacidad de acción al depender de intereses que pueden ser contrapuestos a los del mismo Estado.

Áreas de actuación de Academi. Fuente: https://www.academi.com/

 

Bibliografía.

Comité Internacional de la Cruz Roja. (2014). Privatización de la guerra. Recuperado a partir de https://www.icrc.org/es/guerra-y-derecho/desafios-contemporaneos-del-dih/privatizacion-de-la-guerra

Freytas, M. (2013). El Pentágono y la privatización de la «guerra contraterrorista». Recuperado a partir de https://es.sott.net/article/20832

Laboire, M. A. (2008). La privatización de la guerra. El auge de las compañías militares privadas. Boletín de Información del Ministerio de Defensa, 306.

Laverty, P. (2011). La privatización de la guerra. EL PAÍS. Recuperado a partir de https://elpais.com/internacional/2011/12/26/actualidad/1324929696_224855.html

Milano, C. R. (2009). La privatización de la guerra. Recuperado a partir de http://www.aainteligencia.cl/?p=158

Sáenz de Ugarte, Í. (2007). La privatización de la guerra o por qué Blackwater es otro gran triunfo de la economía de mercado. Guerra Eterna. Recuperado a partir de http://www.guerraeterna.com/archives/2007/09/la_privatizacio.html

Sánchez, C. (2013). La privatización de la guerra. Países en conflicto. RNE. Recuperado a partir de http://www.rtve.es/alacarta/audios/paises-en-conflicto/paises-conflicto-privatizacion-guerra-19-12-13/2248592/

 

 

 

 

 

 

 

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Primer centenario de la Revolución Rusa

El hecho al que nos referimos ha suscitado de nuevo el interés de los historiadores y del público en general. Es difícil añadir algo nuevo a la ingente cantidad de estudios que se han hecho sobre este acontecimiento. Su proliferación obedece a la conciencia de que se trató de un fenómeno trascendental en el devenir histórico del siglo XX. Y lo fue por muchas razones.

Para profundizar o conocer qué significó este extraordinario acontecimiento proponemos una selección de obras que apareció publicada en el diario EL PAÍS ayer. Es una aproximación más que interesante que nos sirve también para aclararnos entre las numerosas publicaciones aparecidas recientemente.

Enlace: https://elpais.com/elpais/2017/10/31/escaparate/1509470818_961476.html

A ella cabría sumar la publicación del historiador Julián Casanova: La venganza de los siervos.

 

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Leopoldo II de Bélgica, el rey genocida.

  1. Leopoldo II de Bélgica, empresario colonial. 

Leopoldo II de Bélgica –rey entre 1865 y 1909– es un personaje peculiar, además de uno de los mayores genocidas de la historia. Fue el único soberano europeo que fue de hecho dueño privado de una colonia, el llamado Estado Libre del Congo, un territorio que administró como si se tratara de una empresa particular. Era “su” colonia, no del país.

Leopoldo II. Fuente: //bookmarkzero.com

Bélgica era, en la segunda mitad del siglo XIX, un país joven. Su pequeño tamaño hacía inviable cualquier rivalidad con las grandes potencias del momento –Gran Bretaña, Francia, Alemania–, arrojadas a una carrera colonial muy competitiva. La consecuencia fe que Bélgica se quedó sin colonias y eso no constituía precisamente un elemento de prestigio en aquel tiempo. Pero su soberano se propuso remediar la situación y lo consiguió. De hecho, como afirma Vargas Llosa, Bélgica, o su soberano, fue el único país que se convirtió en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro.

Mapa de Bélgica. Fuente: Wikipedia.

Leopoldo II comenzó pronto a mostrar interés por el continente africano. Pero ese interés se manifestó a través de una construida mentira. El monarca se fue fraguando una imagen pública de benefactor y protector altruista de los salvajes y paganos pueblos africanos. Para fortalecer esta imagen propagandística envió misioneros y financió estudios sobre las condiciones de vida de estos pueblos, mostrándose también como un fervoroso antiesclavista. En este contexto convocó una Conferencia Geográfica en Bruselas (1876); no se trató de un encuentro político, sino más bien social ya que asistieron exploradores y diversos científicos. Su objetivo fue establecer unas normas para proteger a los habitantes del continente de la trata de esclavos, práctica común entonces. De esta Conferencia surgió la Asociación Internacional Africana (AIA). Una organización que era una simple tapadera que ocultaba los verdaderos propósitos del rey. Poco después, en 1879, esta asociación promovió una expedición por el rio Congo que se prolongó durante diez años, hasta 1889, y que estuvo dirigida por el explorador inglés Henry Morton Stanley. Gracias a estas acciones, Leopoldo II adquirió una apropiada imagen de filántropo, de patrón que se preocupaba por los temas humanitarios. A través de esta campaña publicitaria logró manipular al pueblo belga, poco proclive a aventuras coloniales. Todos estos aspectos sirvieron para tapar la cruda realidad de una explotación colonial despiadada. 

Expediciones de Stanley. En verde la de 1874-7; en azul la de 1888-89. Fuente: wikimedia.org

Su interés por la carrera colonial y por obtener una área de influencia tenían como objetivo situar a Bélgica entre las grandes potencias coloniales del momento. En base a estas premisas, Leopoldo II logró que, en la Conferencia de Berlín (1884-1885), las grandes potencias coloniales le regalaran el Congo, un inmenso territorio –80 veces más grande que Bélgica–, con el objetivo de que lo abriera al comercio, lo cristianizara y aboliera la esclavitud. Se reconocía así la creación del Estado Libre del Congo como una propiedad personal del rey, no del Estado belga. Para configurar su posesión con una mínima base jurídica, Leopoldo había mandado a Stanley que firmara pactos con los reyes locales por los que sus territorios se convertían en “Estados libres” pero cedían a la AIA los derechos de explotación de sus tierras. Toda una engañifa. Fue así como se constituyó el denominado Estado Libre del Congo.

Mapa de África resultado de la Conferencia de Berlín de 1885. Fuente: http://acento.com.do/

Para el control del territorio Leopoldo envió un ejército mercenario de 16.000 hombres, de diversos países europeos, pagado de su propio bolsillo. Este ejército implantó un régimen de trabajos forzados basado en la esclavitud y las mutilaciones.

2. La explotación de la colonia. 

Gracias a la explotación del Congo, Leopoldo se convirtió en multimillonario.  Las plantaciones de caucho –cuya demanda aumentaba por el crecimiento de la industria automovilística y del parque de bicicletas– le proporcionaron ingentes riquezas porque poseyó durante bastante tiempo el monopolio mundial de su producción. A ello se añadió la exportación de marfil. Para sostener estas actividades se aplicaron unos sistemas de explotación que obligaban a los indígenas a un trabajo inhumano, basado en la violencia más salvaje y en un régimen de plena esclavitud. 

Trabajadores del caucho. Foto de Alice Seeley Harris. Copyright Anti-Slavery International y Autograph ABP.

Un ejemplo de este régimen de trabajo era el de la tala de árboles; un trabajo previo que necesario para despejar la selva antes de plantar. El trabajo era realizado por hombres no encadenados, pero para controlarlos los soldados habían secuestrado antes a sus mujeres e hijos. Si escapaban o no realizaban el trabajo previsto les cortaban las manos a los rehenes. 

Los historiadores difieren en la cuantificación de este genocidio. La mayoría opta por constatar que aproximadamente un tercio de la población congoleña fue exterminada –perecieron entre 10 y 13 millones de personas–, la mayoría entre 1885 y 1908. 

En la colonización del Congo no hubo ninguna resistencia al invasor. La enorme división de pueblos y culturas desconectados o enfrentados entre  imposibilitó una reacción conjunta frente a un colonizador mucho mejor organizado y armado que cortó desde el principio cualquier iniciativa que cuestionara su dominio.

Los países europeos tardaron en reaccionar. Hasta 1903, fallecida ya la reina Victoria de Inglaterra, prima de Leopoldo, no se elaboró ningún informe al respecto. El gobierno británico envió al Congo a Roger Casement para que elaborara un informe al respecto. Esta investigación –informe Casement– llevó al gobierno británico a exigir la revisión de la concesión del Congo al rey belga. Como consecuencia de las presiones desencadenadas a nivel internacional, Leopoldo II cedió al parlamento belga la administración del territorio (1908), pero a cambio de que este le indemnizara por la cesión con el equivalente actual de unos 140 millones de euros. 

Bélgica continuó explotando el Congo hasta 1960, fecha de su independencia. Las explotaciones de caucho fueron sustituidas por la minería –cobre, cobalto, uranio, . Incluso las grandes empresas mineras lograron administrar a su libre albedrío la región de Katanga, donde se concentraban los mayores y más ricos yacimientos mineros. 

Región de Katanga. Fuente: Google Maps y elaboración propia.

La conclusión que podemos extraer de este proceso de colonización creo que ya la ha realizado y resumido Vargas Llosa a la perfección: «Durante un cuarto de siglo por lo menos el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido en una de las operaciones más crueles que recuerde la historia, un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos por el delirio racista y homicida de Hitler, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II y sus crímenes, al que muchos europeos, no sólo belgas, todavía recuerdan con nostalgia, como un estadista que, venciendo las limitaciones que la historia y la geografía impuso a su país, hizo de Bélgica por unos años un país imperial.»

 3. La explotación del Congo y la literatura.

Resulta curioso el contraste entre el relativo desconocimiento que , en general, se tiene de la colonización y del genocidio ocurrido en el Conglo durante el dominio del rey belga, sin duda el más cruel del colonialismo, y el gran interés que ha suscitado entre los escritores a lo largo del tiempo. 

El primero que se hizo eco de esta tragedia fue Joseph Conrand, quien en su novela El corazón de las tinieblas (1899) narró el viaje del protagonista por el río Congo. Ese protagonista narra de primera mano las atrocidades que se cometían en ese territorio. Poco más tarde, el escritor francés Octave Mirbeau también le dedicaba su atención en la novela LA 628-E8 (1907). Y recientemente será Mario Vargas Llosa quien en su novela El sueño del celta (2010) haya divulgado, apoyado en numerosas fuentes, los crueles excesos de la explotación del Congo a través de una biografía de Roger Casement. 

4. Bibliografía.

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El Kurdistán iraquí: referéndum, petróleo y geopolítica

Historia de los kurdos.

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo asentado en la región sur de Anatolia que se islamizó a partir del siglo VIII al ser invadido por los árabes. A partir del siglo X quedaron bajo la autoridad de los turcos seléucidas y después bajo el dominio del Imperio Otomano. Dentro de este imperio, los kurdos mantuvieron una amplia autonomía hasta el siglo XIX, cuando aumentó el intervencionismo turco. Ello provocó un aumento de la tensión y el estallido de dos rebeliones importantes: una en 1806 y otra en 1880, siempre fracasadas. Los kurdos profesan la religión islámica y pertenecen en su inmensa mayoría a la rama suní, aunque también hay chiíes y otras minorías más pequeñas. Su lengua tiene vínculos con el persa.

La derrota del Imperio Otomano en la primera Guerra Mundial significó su desintegración. El Tratado de vres –firmado entre las potencias vencedoras y el Imperio Otomano–, que nunca se puso en vigor porque no fue firmado por todas las partes, reconocía el derecho de autodeterminación de las nacionalidades que se encontraban bajo el dominio otomano. A los kurdos les dotaba de un Estado en Anatolia oriental, que curiosamente no implicaba a los territorios bajo mandato de las potencias europeas –Francia y Gran Bretaña– Pero la aprobación del tratado por el sultán provocó una rebelión nacionalista en Turquía, encabezada por Mustafá Kemal Atatürk, que triunfó y tomó el poder. Tras una breve guerra contra griegos y armenios, se firmó el Tratado de Laussana  (1923)  que anuló el de Sèvres.

Reparto de Turquía en el Tratado de Sèvres (1920). En azul el Kurdistán turco. Fuente: elaboración propia y wikimedia.com

 Este último tratado dividía el territorio kurdo entre Turquía, Irak (bajo dominio británico), Irán, Siria (bajo dominio francés) y la URSS (actuales Georgia, Armenia y Azerbaiyán). El interés de las grandes potencias por controlar los recursos petrolíferos de la zona prevaleció sobre otros postulados. La insatisfacción kurda se mostró en la sublevación de 1925, derrotada por las tropas turcas.  

Distribución de la población kurda. Fuente: http://www.politicaexterior.com

Tras la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, se mantuvo el movimiento independentista kurdo. Un ejemplo fue la formación, en territorio iraní, de la República de Mahabad, gobernada por el Partido Democrático del Kurdistán iraní (PDK) y de inspiración comunista, que tuvo una vida efímera. Otra muestra fue la guerra de guerrillas que Mustafá Barzani, líder histórico del PDK, inició en 1963 en territorio iraquí, y que perduró hasta su derrota en 1975. En 1979 se produjo en el Kurdistán iraní una rebelión, probablemente instigada también por EE.UU., contra el régimen teocrático de los ayatollahs, a la que estos respondieron con la declaración de la guerra santa contra los kurdos. A partir de 1984 el conflicto se extendió a Turquía con la aparición del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que comenzó a practicar una guerra de guerrillas contra las autoridades turcas.

En los años ochenta del pasado siglo la actividad guerrillera del PKK –terrorismo en la interpretación de los respectivos gobiernos– se acrecentó y se extendió a Irak, aumentando también la represión de los regímenes turco e iraquí. Así el régimen baazista puso en marcha un proceso de arabización que culminó, en el contexto de la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), en un verdadero genocidido que conllevó el uso de armas químicas contra la población. Durante la primera Guerra del Golfo se produjo en el Kurdistán iraquí (1991) una rebelión que fue aplastada por el ejército de Irak, sin que las tropas occidentales interviniesen. No obstante, Estados Unidos estableció una zona de exclusión aérea que protegió a los kurdos de los ataques de Sadam Husein. Desde entonces se puede hablar de autogobierno en el Kurdistán iraquí.

Cementerio de Halabja, cuya población fue gaseada por Sadam Husein en 1988. Fuente:http://www.hispantv.com/

 Pero los años noventa registraron también la aparición de una guerra civil en los territorios kurdos; el conflicto enfrentó a las milicias del Partido Democrático del Kurdistán iraquí y la Unión Patriótica del Kurdistán, una escisión por la izquierda del mismo partido. Por otra parte, Turquía aumentó la represión sobre la población kurda de su territorio.

En la segunda Guerra del Golfo (2003), los kurdos se aliaron con los EE.UU. con el objetivo de lograr una autonomía tras la guerra y el derrocamiento de Sadam Husein. Y así la Constitución de 2005 definió Irak como un Estado federal y reconoció la autonomía de la región del Kurdistán iraquí (las provincias de Dohuk, Erbil, y Sulemainiya).

Regiones kurdas en Irak. Fuente: http://www.hrw.org

Aún así quedaron algunos problemas pendientes como el reparto de los ingresos petrolíferos y la celebración de un referéndum que definiese el futuro estatus de la zona kurda. No obstante, la aparición del ISIS, que llegó a conquistar una parte del territorio correspondiente a la citada entidad federal, fue considerado un peligro más prioritario e importante por las autoridades kurdas, que utilizaron sus milicias (los peshmergas) para enfrentarse eficazmente, con ayuda militar norteamericana e israelí, a los islamistas hasta desalojarlos del territorio kurdo que habían conquistado.

Fuerzas kurdas peshmergas. Fuente. http://www.antena3.com

El referéndum en el Kurdistán iraquí.

Actualmente, la población kurda conforma el pueblo sin Estado más numeroso–unos 35 millones de personas–, pero la fragmentación política de su territorio entre diversos estados y la inestabilidad de la región son factores que dificultan mucho la consecución de un Estado viable y reconocido internacionalmente. Además, el conjunto de los kurdos no tiene un proyecto común de nación. A pesar de ello, las vicisitudes históricas recientes han acercado esa posibilidad en la parte iraquí del territorio. 

El contexto de un Estado iraquí débil, amenazado por la fragmentación interna –religiosa y política: kurdos, suníes y chiíes–, y de una fortaleza militar significada en la victoria contra el ISIS, han posibilitado  que el pasado 25 de septiembre se celebrase un referéndum de autodeterminación en el territorio kurdo dentro de Irak. La pregunta del referéndum fue ¿Quiere que la región del Kurdistán y las zonas kurdas fuera de la administración de la región se conviertan en Estado independiente?”. La pregunta hacía referencia no solamente al territorio reconocido que forma parte de la región autónoma, sino también a otros territorios disputados (ver mapa) y no incluidos en las fronteras de las provincias antes citadas: territorios recuperados al ISIS por los pershmerga kurdos, como por ejemplo la ciudad de Kirkuk, reclamada como capital histórica del Kurdistán, pero donde estos cohabitan con árabes, armenios y otras etnias.

Los resultados del referéndum muestran un único dato para todos los territorios: el 92,7 % favorable al  y un 7,3 % al no, con una participación del 72 %. Pero los resultados presentan puntos oscuros: no se han ofrecido datos por provincias y en Kirkuk solamente fueron a votar, con muchas medidas de protección, los partidarios del sí; no hubo representantes del no en los centros de votación; se produjeron numerosas irregularidades constatadas por los observadores internacionales invitados; el recuento de votos no se hizo en cada centro de votación, sino que se centralizó en un local sin la presencia de observadores internacionales ni locales. Todos estos detalles pueden poner en duda los resultados del referéndum. Estas observaciones no son aplicables a las provincias que conforman la región autónoma de donde se dieron datos más específicos y en las que el apoyó al sí fue muy claro.  

Manifestación en la campaña por el referéndum. Fuente: http://www.efe.com

El presidente de la región, Masud Barzani, aboga por un Estado independiente, pero asegura que no habrá una declaración unilateral de independencia sino un proceso de negociación, a no ser que no hubiera ninguna respuesta del gobierno de Bagdad en este sentido. Las respuestas desde el gobierno iraquí, pero también de Irán y Turquía han sido totalmente negativas. Bagdad ha cerrado el espacio aéreo kurdo, mientras que las fronteras terrestres con Irán y Turquía son cerradas intermitentemente. Turquía amenaza con cerrar el oleoducto que sirve para exportar el crudo kurdo y realiza amenazas militares. Por su parte, el gobierno kurdo confía en el apoyo internacional, principalmente de Estados Unidos, pero también es consciente de que ningún gobierno occidental ha apoyado oficialmente el referéndum y que las prioridades siguen siendo la integridad del territorio iraquí y la lucha contra el ISIS. En cualquier caso, el referéndum ha servido para plantear la necesidad de dar una respuesta, mediante un nuevo estatuto, a las demandas kurdas.  

El gobierno iraquí cuestiona su legalidad y, sobre todo, su extensión a zonas situadas fuera del territorio autónomo kurdo. Incluso en el interior del mismo Kurdistán hay un movimiento que considera que no es el momento apropiado. Al mismo tiempo, las fuerzas militares y políticas de los territorios kurdos situados en otros países tampoco se ponen de acuerdo. 

Para algunos analistas todo el proceso parece una iniciativa de los Barzani y del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) para evitar la erosión del monopolio de poder que han ejercido en las provincias kurdas durante décadas. Parece también una forma de convertir en secundarios otros graves problemas que tiene el Kurdistán iraquí: el riesgo de colapso fiscal que amenaza con romper la red clientelar que sustenta el poder de las principales familias. Desde junio de 2014, cuando el gobierno central cortó las transferencias de fondos, el gobierno regional pasa serias dificultades para hacer frente a los gastos corrientes y pagar los salarios de sus numerosos funcionarios. El gobierno ya han tenido que hacer frente a varias protestas debido al deterioro generalizado de los servicios básicos. El inmovilismo de las autoridades ha condenado al Kurdistán a depender totalmente de una producción autóctona de petróleo que no es suficiente para sostener las estructuras básicas del Estado. 

El panorama futuro dista de estar claro. El peligro de una confrontación armada no es descartable; en las zonas conquistadas al ISIS, las fricciones entre los peshmerga y las milicias chiíes son frecuentes. Uno confrontación entre estas dos fuerzas sólo beneficiaría al ISIS. Turquía, por su parte, no ha descartado la intervención militar mientras que la concentración de fuerzas turcas, iraquíes e iraníes cerca de las fronteras del Kurdistán iraquí va creciendo. 

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El conflicto rohingya: religión, nacionalismo y éxodo.

1. ¿Quienes son los rohingyas? 

El territorio costero birmano ha sido tradicionalmente una zona de comercio poblada por musulmanes y vinculada a las rutas marítimas del golfo de Bengala. En el siglo XVIII el reino de Arakán fue conquistado por los reyes birmanos, pero su población siguió conservando las relaciones con los territorios musulmanes cercanos. Los habitantes de Myanmar se dividen en numerosos grupos étnicos y, aunque son mayoritariamente budistas, existen minorías de cristianos y musulmanes. Esta diversidad es producto de su situación geográfica ya que se trata de un “país pasarela” entre tres mundos: el chino, el hindú y el del sudeste asiático.

Los rohingyas son un grupo étnico bengalí de religión musulmana que habita en el norte de Myanmar (antigua Birmania), fundamentalmente en la región de Rakáin –escrito también Rakhine o Rajine– (cuyo nombre histórico es Arakán). Inicialmente era un grupo minoritario que, hacia 1869, representaban solamente el 5 % de la población de esa región. Para aumentar la mano de obra disponible en las plantaciones de arroz, los colonizadores británicos alentaron la migración de población desde Bengala occidental (actual Bangla Desh). Ello provocó, con el paso del tiempo, que la población musulmana de la región fuese aumentando.

Esta población habita en la región de Arakán –considerado estado en la división territorial birmana–, uno de los más pobres del país a pesar de contar con bastantes recursos naturales. Se sitúa al noroeste del país, en contacto con la vecina Bangla Desh. Actualmente cuenta con unos 3,5 millones de habitantes, de los cuales alrededor de un millón se reclaman rohingyas y practican un islamismo sunní impregnado de sufismo.

Región de Rakine (o Rakhaing). Fuente: EL MUNDO

2. Orígenes del problema. 

El aumento de la población musulmana acabó provocando conflictos con el resto de habitantes birmanos, de religión budista. Ya en la Segunda Guerra Mundial, tropas ronhingyas aprovecharon el conflicto y el armamento proporcionado por los ingleses para arrasar aldeas budistas –partidarias de los japoneses–, ocasionado unas 20.000 víctimas. Su objetivo en aquel momento era formar un Estado islámico en el norte de Birmania y fusionarlo con el entonces Pakistán Oriental, basándose en la afinidad religiosa. Como la idea de la unión con Pakistán no prosperó –Pakistán no estaba en condiciones de apoyarla por los enfrentamientos con la India durante su proceso de independencia–, el objetivo redundante a partir de 1947 fue la creación de un Estado independiente en Arakán.

Desde entonces se ha mantenido un constante conflicto armado de baja intensidad entre guerrilleros rohingyas y tropas birmanas. El golpe de Estado del general Ne Win, en 1962, aceleró la política de represión contra ellos, política que se extendió cronológicamente hasta finales de los setenta. El control militar birmano, promovido por el deseo de controlar los recursos naturales, logró reducir la extensión de la violencia, pero no pudo impedir la permanencia, en zonas remotas, de grupos guerrilleros rohingyas. También provocó un éxodo de muchos ronhingyas que huyeron y volvieron a Bangla Desh. 

Cuando, a partir de 1990, la antigua Birmania comienza a abrirse al mundo, busca una identidad que la defina y la encuentra, con un sentido excluyente, en el budismo, opción defendida por los numerosos monasterios budistas (la denominada sangha) que, tras el ostracismo al que habían sido condenados por la dictadura militar, buscan un nuevo papel político y moral. La política excluyente y de odio que subyace en esa nueva identidad se dirige principalmente hacia los musulmanes, que son presentados como invasores del suelo birmano. 

Monje budista contrario a los rohingya. Fuente:http://caravandaily.com/portal/rohingyas-a-name-with-no-place/

Además, para completar esa política identitaria, la dictadura militar (1962-2011) llevó a cabo una política de asimilación de todos los grupos étnicos o religiosos diferentes de la etnia bamar, la mayoritaria en el país. Esta asimilación, que suponía el peligro de desaparición de la cultura rohingya, es uno de los elementos clave del conflicto. La cuestión, aunque parezca baladí es la siguiente: ¿son los rohingyas un grupo étnico completamente birmano o son solamente inmigrantes de Bangla Desh?

La denominación de rohingyas aparece para responder al intento de integración y la promueven los líderes musulames de la región. Su anterior denominación –bengalís– aludía a su zona de procedencia e implicaba un status de extranjero; por eso se sustituyó por el de rohingya, que quiere decir Arakán en bengalí.

En 1982 el general Ne Win excluyó a muchos rohingyas del derecho a la nacionalidad birmana al considerarlos extranjeros. Ello creaba una grave situación de vulnerabilidad que condujo a expulsiones masivas a partir de los años noventa del siglo pasado, pero estas personas tampoco son ciudadanos de Bangla Desh por lo que se consideran apátridas. La ONU consideraba que, en 2013, existían unos 800.000 rohingyas sin ninguna nacionalidad. En esta situación, las tensiones y los resentimientos, atizados por explosiones de nacionalismo, se multiplican desde 2012.

3. El conflicto actual. 

Los antecedentes del conflicto actual se remontan a 2012. La cerilla que enciende la llama fue la violación, en mayo de ese año, de una mujer musulmana por tres musulmanes. La respuesta de estos últimos fue el asesinato de diez musulmanes. Estas acciones iniciaron un ciclo de ataques violentos entre las dos comunidades. Desde ese momento comenzó una campaña islamófoba de la mayoría budista que, a menudo acabada con actos violentos. Las fuerzas del orden mantuvieron una actitud pasiva antes estos ataques, cuando no claramente colaborativa.

En octubre los ataques contra la población rohingya adquieren mayor gravedad., revistiendo todas las características de un pogromo planificado. Estas acciones vuelven a repetirse en marzo de 2013; en esta ocasión el balance fue de más de cien muertos y unas 36.000 personas desplazadas por los ataques a aldeas musulmanas.

Mezquita destruida en 2012. Fuente:http://geoconfluences.ens-lyon.fr/

Los hechos descritos parecen haber roto definitivamente las posibilidades de convivencia de las dos comunidades. La población musulmana que ha tenido que huir se ha concentrado en campos de refugiados o zonas de seguridad situados en territorio birmano, soluciones que han estado pensadas para marginalizar y segregar a los habitantes rohingyas. En 2015 se calcula que el número de refugiados ascendía a unos 100.000.

Las medidas represivas sobre esta minoría han ido acentuándose: no pueden poseer tierras, no pueden viajar o casarse sin permiso de las autoridades, tampoco se les permite tener más de dos hijos, etc.

En respuesta a esta política represiva, la minoría rohingya, tradicionalmente pacífica, ha radicalizado sus posturas. Ello puede explicar la revitalización del ARSA (Ejército de Salvación Rohingya; siglas en inglés) –un grupo armado, calificado como terrorista por el Ejército birmano– a finales del año pasado, realizando ataques a puestos policiales y militares birmanos. La repetición de estos ataques en agosto pasado ha servido para que el Ejercito inicie una campaña de represión más dura, justificada por las relaciones que este grupo, afirman, mantiene con el ISIS. La respuesta militar es la causante de los actuales desplazamientos masivos de refugiados que huyen de la represión.

Refugiados en Bangla Desh. Fuente:https://www.ndtv.com/world-news/rohingya-crisis

La población budista apoya las acciones del Ejército. No quiere a los rohingyas, a los que considera unos inmigrantes ilegales bengalíes que amenazan los equilibrios del país por su alto índice de natalidad o por su potencial vínculo con el islamismo radical.

Esta huida, un éxodo de más de 400.000 personas hacia Bangla Desh, acontecido en pocas semanas entre finales de agosto y principios de septiembre ha creado una situación alarmante desde un punto de vista humanitario. Hecho agravado por las restricciones que el gobierno de Bangla Desh ha impuesto a la entrada en su territorio de estos refugiados. Al mismo tiempo, el gobierno de Myanmar ha impedido a las organizaciones humanitarias su entrada en territorio birmano. La ONU ha alertado de lo que considera una limpieza étnica en toda regla.

A algunos observadores del conflicto les sorprende la actitud de la consejera de Estado birmana, la Premio Nobel de la Paz Aung San Sun Kyi. Su postura ha oscilado entre el silencio y la ambigüedad; aunque manifestó su apoyo a los derechos humanos y su simpatía por los que sufren en el estado de Rajine, no se pronunció sobre las causas de esos sucesos ni criticó al Ejército birmano. El que los resortes del poder real estén aún en manos del Ejército y que la mayoría de la población budista del país apoye las medidas contra los rohingyas pueden explicar la actitud de la Premio Nobel.

4. Bibliografía.

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La revuelta catalana de 1934: l’Estat Català

Es bien conocida la frase de Marx, Carlos, que dice que la historia se repite siempre dos veces, primero como tragedia y, luego, como farsa. Y comienzan a aparecer visos de que esto mismo está ocurriendo con el problema creado por la convocatoria, por el gobierno catalán, de un referéndum de autodeterminación para el 1 de octubre. Bien es cierto que las causas concretas de ambos acontecimeintos son diferentes, así como el contexto histórico, especialmente el internacional. Pero llama la atención el hecho de que en los dos únicos períodos democráticos disfrutados por España en la etapa contemporánea haya aflorado la cuestión catalana –por llamarla de alguna manera–; y ello siempre a partir de un crecimiento de la tensión entre el gobierno central y el autonómico. Algo muy parecido ocurrió en 1934.

El programa político que las fuerzas de la oposición consensuaron en San Sebastián preveía atender las reivindicaciones nacionalistas catalanas. Pero, el mismo día en que proclamó la IIª República, el 14 de abril de 1931, Francesc Macià proclamó en Barcelona, por su cuenta, la República Catalana. Para reconducir la situación el gobierno central, aún provisional, envió a tres ministros con el fin de llegar a un acuerdo. A cambio de no romper la estructura del Estado y de retirar la proclamación, el gobierno se comprometía a restablecer la Generalitat de Cataluña, cuya presidencia ostentaría el mismo Macià, y a aprobar un estatuto de autonomía en las futuras Cortes Constituyentes.

Proclamación de la Iiª República en Barcelona.
Fuente: Wikipedia

La constitución de 1931 permitió el reconocimiento del derecho a la autonomía de las regiones. Cataluña fue la primera en comenzar el proceso a iniciativa de Esquerra Republicana, que desde las elecciones de 1931 había desplazado al nacionalismo moderado de la Liga Regionalista como partido hegemónico en Cataluña. Como consecuencia del acuerdo obtenido por Macià, se creó una Diputación Provisional de la Generalitat, formada por representantes de los municipios. Esta Diputación creó, a su vez, una comisión de seis miembros que redactó un anteproyecto de Estatuto de Autonomía, que luego, el 6 de agosto de 1931, fue refrendado por el 99 % de los votos, aunque las mujeres no pudieron votar. El 18 de agosto el proyecto entró en las Cortes.

El proyecto de Estatuto adoptaba una filosofía federal en la concepción territorial del Estado y proponía una serie de competencias que contradecían lo estipulado en la Constitución de 1931: creación de una ciudadanía catalana, el catalán como única lengua oficial, posibilidad de incorporar otros territorios, etc. Estas propuestas chocaban con lo que se decía en la constitución pues, aunque la constitución reconocía las autonomías, el texto se fundamentaba en una concepción unitaria del Estado.

Aunque el proyecto fue reformado para adecuarlo a la constitución –se conservaron las competencias exclusivas en derecho civil y régimen administrativo, en la red secundaria de transportes y en sanidad y servicios sociales; y compartidas en educación, orden público y hacienda–, suscitó bastante oposición en prácticamente todos los grupos parlamentarios. Para su aprobación fue fundamentales la actitud de Azaña, claramente favorable, y la situación política creada tras el intento del golpe de Estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932. A partir de ese momento, se aceleró la discusión del mismo y el 9 de septiembre fue aprobado por la mayoría de las Cortes. Las elecciones convocadas en Cataluña poco después dieron la victoria otra vez a Esquerra Republicana. Al morir Macià en diciembre de 1933, fue sustituido en la presidencia de la Generalitat por Luis Companys, que formó un gobierno de concentración con partidos de izquierda. 

La victoria electoral de los republicanos radicales y de la CEDA –noviembre de 1933– y su llegada al gobierno en diciembre de 1933 explican la aparición de los primeros conflictos de competencias. El primero surgió con la aprobación en el parlamento catalán de la Ley de Contratos de Cultivo, que aseguraba un período mínimo de explotación de las tierras a los arrendatarios (rabassaires) del sector vitivinícola, así como la posibilidad de acceder a la propiedad de las mismas. La derecha catalana –la Lliga–, con el apoyo del gobierno central presentó un recurso de inconstitucionalidad que fue ganado ante el Tribunal de Garantías Constitucionales. Este hecho fue considerado por Esquerra Republicana como un ataque a la autonomía catalana.

La respuesta de la Generalitat dirigida por Companys hay que inscribirla en el marco de la revolución de octubre de 1934. Como es bien conocido, el sector más radical de la UGT, liderado por Largo Caballero, adoptó un programa claramente revolucionario que después fue adoptado por el PSOE, pero no por la CNT. La entrada de ministros de la CEDA en el gobierno fue el desencadenante por el que los socialistas iniciaron la insurrección, que se justificó como un medio para impedir que Gil Robles destruyera la república.

Para comprender correctamente estos acontecimientos hay que situar el marco histórico europeo. En la Europa de 1934 estaba consolidándose el avance del fascismo. A los casos de Alemania e Italia, había que añadir Austria, donde el canciller Dollfuss declaraba partido único a su Frente Patriótico y reformaba la constitución en un sentido corporativista. Ese ejemplo alarmaba a la izquierda española –al PSOE puesto que la CNT se desentendió–, que dio por amortizada la república burguesa y optó por la revolución socialista.

Tipología regímenes políticos en Europa en los años treinta.
Fuente: http://social-es-sinclases.blogspot.com.es/2013/04/los-totalitarismos-fascismo-y-nazismo.html

También hay que tener en cuenta lo extendida que estaba la idea –entre la izquierda y el centro-izquierda republicano– de que la República sólo podía ser gobernada por los partidos de estas ideologías. En la campaña electoral de las elecciones de 1933 los líderes socialistas se habían pronunciado a favor de una revolución socialista. Por ello el nuevo gobierno de centro-derecha vio cuestionada su legitimidad desde un principio, basándose en la supuesta intención de que quería destruir la república. Macià, entonces, presentó a Cataluña como el último baluarte de la República.

Como ya es sabido la insurrección revolucionaria impulsada por los socialistas fracasó a nivel nacional –aunque la huelga general fue importante en algunas capitales: Madrid, Sevilla, Valencia, Córdoba, Barcelona…– entre otras razones porque ni la policía ni el ejército quisieron implicarse. La intentona revolucionaria solamente tuvo reflejo en dos fenómenos muy diferentes: el levantamiento obrero en Asturias, y en menor medida en el País Vasco, y la revuelta nacionalista en Cataluña. Lo que unía a estas manifestaciones era su intento de impedir por la fuerza la derechización de la República.

En Barcelona, la huelga general del 5 de octubre no contó con el apoyo de la CNT. Al día siguiente Companys anunciaba la ruptura de relaciones con el gobierno central y la proclamación del “Estado Catalán dentro de la República Federal Española” como una medida contra el acceso de la CEDA al poder. No se trataba de una proclama independentista sino de la creación de un Estado catalán dentro de un Estado, republicano, español; una fórmula compleja. A mismo tiempo invitaba a los líderes de la revuelta a ir a Barcelona para formar un gobierno provisional.

La medida comportaba también una rebelión militar cuyos preparativos habían estado a cargo del conseller de Gobernación, Josep Dencás, curioso personaje cercano al ideario fascista y duro represor de los anarquistas en su etapa como conseller. El apoyo popular armado que este esperaba no se manifestó en las calles. Además, Companys fracasó en su intento de atraerse al general Domingo Batet, jefe militar de Cataluña, que no obedeció sus órdenes y ocupó la ciudad. El día 7 Batet dispuso una batería de artillería frente al edificio de la Generalitat y tras una pequeña resistencia y un breve cañoneo tanto de la Generalitat como del Ayuntamiento, el gobierno catalán se rindió. La fracasada rebelión costó la vida a cuarenta y seis personas, ocho soldados y treinta y seis civiles.

El castigo a los responsables de la rebelión, impulsado por la CEDA y un sector del Partido Radical, se centró en los socialistas, en la figura de Azaña y en el Estatuto de Cataluña y sus representantes. Azaña fue detenido y permaneció unos meses en prisión por el simple hecho de que la rebelión coincidió con su presencia en Barcelona; mientras tanto se intentó liquidar el Estatuto, así el 14 de diciembre se suspendía indefinidamente la autonomía y se procesaba a los dirigentes del gobierno autonómico. Companys y sus consellers fueron condenados a treinta años de cárcel por rebelión militar. Los militares que estaban a cargo de los mossos d’esquadra y del somatén fueron condenados a muerte, aunque luego se conmutaron sus penas.

LLuis Companys, con otros miembros de su gobierno, en prisión. Fuente: http://www.lasprovincias.es/sociedad/201703/02/modelo-barcelona-echa-cerrojo-20170302115723.html

La rebelión fracasó y la autonomía estuvo suspendida hasta 1936, cuando el gobierno del Frente Popular la restauró.

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Proclamación del Estado Catalán en octubre de 1934. (s.f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Proclamaci%C3%B3n_del_Estado_Catal%C3%A1n_en_octubre_de_1934&oldid=101751253

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