La revolución de los claveles: Portugal, 25 de abril de 1974.

Algunas consideraciones previas. 

 A mediados de los años setenta del siglo pasado, en un movimiento que aparenta una sincronía extraordinaria, las tres dictaduras existentes en Europa Occidental –Portugal, España y Grecia– desaparecieron y dieron lugar a regímenes democráticos homologables en el marco europeo. 

Existen entre ellos más elementos divergentes que comunes. Entre las diferencias podemos indicar su origen, su duración y su contexto internacional. Entre las semejanzas aparece la vinculación existente entre los procesos de descomposición de esos regímenes y las crisis coloniales o las aventuras exteriores: guerras africanas de Portugal –especialmente en Angola y Mozambique–, la crisis del Sahara Occidental en el caso español y la aventura chipriota, fallida, de los coroneles griegos. 

Las causas de la aparición de estos regímenes dictatoriales son muy distintas. Los casos de Portugal y España se remontarían a la eclosión autoritaria que se produjo en el período de entreguerras; la dictadura griega, por su parte, se inscribiría en el contexto de la Guerra Fría y en la intención de las fuerzas conservadoras y anticomunistas de evitar, a cualquier precio, un régimen comunista o simplemente izquierdista en la Hélade. Por esa misma razón su duración también fue distinta: mientras que las dictaduras portuguesa y española durarían decenas de años, la griega fue más breve, solamente siete años –1967-1974–. 

El papel internacional de estos países también era diferente. Aunque ninguno de los tres era miembro de la entonces Comunidad Económica Europea –ninguno cumplía los estándares democráticos exigidos–, tanto Portugal como Grecia sí eran miembros de la OTAN, obviándose para ello su calidad no democrática. España también estaba fuera del club militar, aunque mantenía fuertes lazos militares con los Estados Unidos. 

Cronología

A pesar de las divergencias señaladas, Nicos Poulantzas, intentó realizar un análisis conjunto de la crisis de estas dictaduras desde una perspectiva marxista. Como elementos comunes de los tres regímenes apuntaba su posición subordinada respecto de las grandes potencias capitalistas, una estructura social comparable y un papel de suministradores de mano de obra a los países europeos más industrializados. Señalaba también una supremacía de los factores internos en el desencadenamiento de las crisis; en concreto, expone que sectores de las burguesías nacionales, al recamar más ayuda del Estado, entraron en contradicción con los grupos dominantes de las burguesías, vinculados a la internacionalización del capital. Estas contradicciones abrieron la posibilidad de la participación de los sectores populares en las crisis, impulsando los cambios hacia procesos democratizadores. 

Gestación de la dictadura. 

La monarquía portuguesa fue suprimida por una revolución poco cruenta en 1910, estableciéndose una república que pretendió corregir los vicios del caduco constitucionalismo monárquico, un régimen propio del siglo XIX incapaz de asimilar los nuevos cambios políticos y sociales. No obstante, la nueva República se caracterizó por la inestabilidad política y la mala gestión. Desde un principio, los sectores conservadores y católicos se opusieron abiertamente al nuevo régimen, produciéndose, incluso una breve guerra civil entre monárquicos y republicanos –una minoría de clases medias urbanas, en un país aún mayoritariamente rural– a principios de 1919. Este clima de enfrentamiento profundizó la debilidad de la República; paralelamente la idea de un golpe que estabilizase la vida política del país fue ganando peso y así, el 28 de mayo de 1926, un movimiento militar puso fin, sin apenas oposición, al régimen republicano en Portugal. 

El movimiento militar, diseñado para acabar con la República y no para establecer una política de futuro, fue dividiéndose entre los que pretendían reformar el régimen republicano y los que pretendían implantar otro régimen de tipo antiliberal y fascista, modelo en auge en la Europa de entreguerras, y que contaba con el apoyo de la burguesía y de la Iglesia. En este contexto cobró prestigio la figura de Antonio de Oliverira Salazar, un católico antiliberal que diseñó un programa político basado en tres puntos: un Estado autoritario, un modelo social corporativo y la exaltación nacionalista concretada en la defensa del Portugal ultramarino.  Desde 1930 se convirtió en el hombre fuerte del emergente Estado Novo. En 1932 se le nombró presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocuparía hasta 1968. 

La dictadura portuguesa y la guerra colonial. 

El nuevo régimen portugués fue sorteando crisis importantes –su papel en la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, …– hasta que el problema colonial apareció en escena. Las primeras manifestaciones de dicha cuestión fueron las reivindicaciones de la India, recién independizada, sobre los enclaves portugueses de Goa y Damán y Diu, enclaves que fueron invadidos por dicho país en 1961. Paralelamente, el anticolonialismo aparecía en los territorios africanos en forma de guerrillas insurgentes. Por estas razones, a principios de los años sesenta, el Estado Novo padeció una de sus crisis más graves al iniciarse una guerra colonial. 

El conflicto obligó a un gasto militar desmesurado –casi un 50 % de su PIB en 1973, mientras que España gastaba un 2,35 %– y a una creciente movilización de tropas –de 49.000 soldados en 1961 a 150.000 en 1973–. No obstante, la guerra favoreció la modernización económica del país, que se abrió al capital internacional en busca de recursos. 

La política colonial del gobierno contaba con el respaldo claro de Francia y Alemania, y, menos evidentemente, de Estados Unidos. También era apoyada por los regímenes blancos africanos –Rhodesia y Sudáfrica–. La situación militar no era idéntica en todas las colonias: muy complicada en Guinea y Cabo Verde, estancada en Mozambique y era favorable en Angola, donde los movimientos guerrilleros estaban divididos. Era, pues, un fenómeno que provocaba una sangría económica y cierto descontento popular, pero no fue el elemento fundamental del hundimiento de la dictadura. 

En septiembre de 1968, Oliverira Salazar, enfermo, se retiró del poder. Le sustituyó Marcelo Caetano, que pronto defraudó las esperanzas de los sectores reformistas y tampoco pudo cerrar los conflictos bélicos. Su fracaso fue provocando un creciente aislamiento interno del Gobierno, así como la paulatina pérdida del apoyo de las Fuerzas Armadas.  

El creciente desgaste y la posibilidad de una derrota, cuya responsabilidad el poder político endosaría a las Fuerzas Armadas, acrecentaba el malestar militar. El descontento, favorecido también por la oposición a algunas reformas que afectaban a aspectos laborales del Ejército, se organizó en torno dos núcleos: el del general Spinola y el Movimiento de los capitanes. Ambos grupos confluyeron en la necesidad de un golpe militar.  

Soldados portugueses en Mozambique. Fuente: https://ar.pinterest.com/pin/364369426083486625/

La revolución de abril. 

Las tres de la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la hora designada para que el movimiento militar asentase el golpe definitivo al régimen dictatorial. Las unidades participantes tomaron los principales enclaves de Lisboa –aeropuerto, nudos de comunicaciones, medios de comunicación, Cuartel General, …–. Por la mañana se puso sitio a la sede de la Guardia Nacional Republicana, un cuerpo policial partidario del régimen, y a las 17:30 el presidente de Gobierno se rindió ante el general Spínola. En pocas horas, el golpe había triunfado. Solamente se produjeron cuatro muertos, todos ellos en el asalto a la sede de la policía política (PIDE) 

Una vez destruido el Estado Novo, las divergencias entre los sectores que apoyaron el golpe reaparecieron. Todos estaban de acuerdo en acabar la guerra colonial e implantar la democracia. Pero los plazos y la forma de llevarlo a cabo variaban. El proceso de formación del Estado democrático fue conflictivo y largo –entre abril de 1974 y noviembre de 1975–; en él desempeñó un papel clave el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), auténtico líder del proceso de cambio. Tras él estaba la movilización social. 

Tropas en las calles de Lisboa. Fuente: https://www.pinterest.fr/pin/710231803707356347/

La caída de la dictadura introdujo enormes cambios en Portugal. La institucionalización de las libertades públicas eliminó la censura, liberó a los presos políticos, legalizó a partidos de izquierda, como el Socialista o el Comunista, lo mismo que a los sindicatos de clase.  Pero siguieron existiendo dos modelos políticos sobre lo que se pretendía implantar: por un lado, Spínola con algunos oficiales, grupos conservadores y los restos del régimen, partidarios de una solución federal para el problema colonial y de una democracia restrictiva; por otro, el MFA y las fuerzas de izquierda, que pretendían una democratización plena y la concesión de la independencia a las colonias. La situación se decantó definitivamente hacia esta segunda opción, lo que significó que el MFA pasó a controlar los nuevos órganos de poder –Gobierno, Consejo de Estado, Comando Operacional del Continente (COPCON), el órgano clave del poder militar–, alineándose con las posiciones revolucionarias del Partido Comunista de Portugal, dirigido por Álvaro Cunhal, y de la extrema izquierda.  

La deriva izquierdista del MFA provocó que el 11 de marzo de 1975 tuviera lugar un intento de golpe de Estado dirigido por el general Spinola, con el apoyo de la Fuerza Aérea. A pesar de que fue rápidamente desarticulado, el intento sirvió para radicalizar las posiciones izquierdistas dentro del Gobierno y del MFA. Así, el presidente Vasco Gonçalves amplió el programa nacionalizador y la expropiación de los latifundios, al tiempo que pretendió consagrar en la futura Constitución los principios revolucionarios sostenidos por el MFA. Sin embargo, en las elecciones del 25 de abril para la Asamblea Constituyente triunfó el Partido Socialista, partidario de un modelo democrático de corte occidental. 

La consecuencia de este resultado fue el desplazamiento del poder del ala filocomunista dentro del MFA, lo mismo que ocurrió en la formación del nuevo gobierno, donde los comunistas solamente obtuvieron un ministerio, de acuerdo con los resultados obtenidos en las elecciones. A pesar de las presiones populares –manifestaciones, huelgas, …–, el Gobierno logró desplazar del COPCON a los sectores más radicalizados –Otelo Saraiva de Carvalho–. Las protestas de algunas unidades fueron frenadas con la detención de los oficiales más izquierdistas. 

La Constitución de abril de 1976 asentaba un modelo político democrático que reconocía además algunos de los logros económicos y sociales obtenidos en el curso del proceso revolucionario. La tutela militar, fundamental en el desarrollo del nuevo régimen, se mantuvo aún unos años –mediante la existencia del Consejo de la Revolución–  para luego desaparecer y dar lugar a un régimen constitucional perfectamente asimilable a las democracias liberales europeas. 

La revolución de los claveles, en realidad un golpe de Estado contra una dictadura que, después, adoptó la forma de una revolución, fue un fenómeno inédito en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo unas fuerzas armadas integradas en la OTAN y formadas en el marco de una dictadura fueron capaces de convertirse en adalides de un cambio revolucionario de signo izquierdista? No existe una respuesta fácil, pero fue un elemento importante el cambio en la extracción social de los oficiales; la duración de la guerra y sus duras condiciones apartaron de la carrera militar a los sectores procedentes de la aristocracia y la burguesía de las grandes ciudades, puestos que fueron ocupados por jóvenes de la clase media baja. De ahí su mayor receptividad al pensamiento de la izquierda. 

Ese modelo fascinó durante un tiempo a sectores de la izquierda europea, incluso a la Unión Soviética, que vio en ello un modelo para que la izquierda revolucionaria pudiera llegar al poder en las sociedades relativamente desarrolladas de Occidente. Para algunos autores fue también el aldabonazo final de un ciclo “revolucionario” que habría comenzado con el mayo de 1968. La izquierda y los demócratas españoles, por su parte, aspiraban a que el fenómeno influenciara positivamente en la desaparición del franquismo.

Bibliografía.

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De la Torre, Hipólito (1994). Portugal, 1974. Cuadernos del Mundo Actual, 62

Leguineche, Manuel (1976). Portugal, la revolución rota. Madrid: Ediciones Felmar

Poulantzas, Nicos (1976). La crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia y España. Madrid: Siglo XXI.

Sánchez, Josep (1997). La Revolución de los claveles en Portugal. Madrid: Arco Libros.

Sobrehistoria. (2016). La revolución de los claveles en Portugal o la última revolución romántica. Sobrehistoria. Recuperado de https://sobrehistoria.com/la-revolucion-de-los-claveles-en-portugal-o-la-ultima-revolucion-romantica/

Vadillo, J. (2014). La Revolución de los Claveles 40 años después. Periódico Diagonal. Recuperado de https://www.diagonalperiodico.net/saberes/22702-la-revolucion-claveles-40-anos-despues.html

 

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Una nueva biografía sobre Karl Marx. Ilusión y grandeza.

 

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Las empresas tecnológicas: poder y geopolítica

El poder de las grandes empresas tecnológicas. 

En la actualidad, el mundo se mueve en torno a la información. Antes fue la industria y aún antes fueron las actividades agrarias las que movieron la economía del planeta. Hoy son la obtención y el procesamiento de la información los elementos fundamentales. Y, lógicamente, quien controle esos procesos está en condiciones de establecer un nuevo dominio.

En este papel de obtención y procesamiento tienen una enorme ventaja las grandes compañías tecnológicas que dominan el mercado de internet y de los útiles informáticos, especialmente el software. Y todas ellas son estadounidenses: Alphabet (Google), Facebook, Amazon, Apple y Microsoft. Sus actuaciones están cambiando el mundo y creando un nuevo orden económico, social  y cultural.

Como algún especialista ya ha señalado, estas empresas son el principal factor de cambio. Antes, ese papel lo han tenido las ideologías –liberalismo, comunismo, fascismo, …– pero ahora, desacreditas estas, son las empresas citadas las que promueven las transformaciones económicas y sociales. A este respecto, el hecho de que todas estas compañías tengan su sede en los Estados Unidos no es baladí. Ello confiere a este país una enorme ventaja sobre sus restantes competidores: China, con un gran mercado interior, pero con aún escasa capacidad exterior, y Europa, con un papel insignificante en esta carrera.

Las grandes empresas tecnológicas tienen pocos contrapesos. El principal es el Estado, una institución que se está debilitando a causa de dos procesos imbricados:

  1. La desregulación liberal promovida por la globalización económica priva a los Estados de instrumentos de control que pongan límites al enorme poder de estas empresas.
  2. La multilateralidad imperante en las relaciones internacionales provoca que no exista ninguna gran potencia hegemónica que pueda imponer sus criterios al resto de países. Cualquier acción de un solo gobierno está condenada a un pronto fracaso si no cuenta con más apoyos. Además, las instituciones surgidas en la segunda mitad del siglo XX –OMC, ONU, FMI, Banco Mundial, …– aparecen cada vez como más irrelevantes, lastradas por su falta de representatividad. Así mismo, la mayor parte de los grandes problemas –cambio climático, terrorismo, migraciones, delincuencia, …– tienen un marco transnacional que requiere la colaboración de los Estados, siendo la unilateralidad un imposible.

Por este debilitamiento del Estadola expansión y crecimiento de estas grandes compañías apenas si padecen trabas o condicionantes. Su enorme tamaño y su poder económico son capaces de doblegar a cualquier Estado si afronta solo la batalla. No se puede olvidar que el poder de las grandes empresas tecnológicas es también un poder político, un poder que desafía a los Estados cuando es necesario para sus intereses. 

La principal transformación que impulsan estas tecnologías es la crisis de la política tradicional y de las élites dominantes que se han apoyado en ella. La disponibilidad de una abundantísima información –cuestiones aparte, aunque no menos importantes, serían la capacidad de análisis de la misma y su veracidad– otorga más poder a los individuos, que tienden a fiarse más de sus iguales que de las autoridades. Con este panorama, las funciones del liderazgo se difuminan y ello afecta, evidentemente, a las relaciones de poder. 

Resulta claro que las actuaciones de estos gigantes tecnológicos están transformando la política y la democracia. Incluso provocando impulsos que tienden a limitarla, como ocurre en Turquía, en Rusia o en China, por ejemplo.

Pero las relaciones entre estas empresas y los gobiernos son ambivalentes. El origen de su poder reside en que los servicios que prestan son fundamentales para la gestión cotidiana de la economía y de la sociedad. Por tanto, existe también, y al mismo tiempo, una connivencia entre estas y los gobiernos. Por ahora no ha aparecido ningún interés en cuestionar a los gobiernos, sobre todo si estos no interfieren en sus actividades. Pero ocurre que cada vez más frecuentemente estos tienden a poner límites a sus prácticas.

La globalización y la crisis de la democracia están significando una vuelta a la identidad como refugio. El miedo a la pérdida de control de los mecanismos tradicionales que hacen funcionar las sociedades –un capital abstracto, dependiente de mercados difusos y alejados; unas fronteras permeables que posibilitan la llegada de gentes de otras culturas; unos flujos de comunicación y de imágenes que se abren a nuevos códigos– provoca un regreso a la seguridad de lo conocido, a la tribu. Lo comunitario se convierte también en una forma de protección frente al capitalismo individualista y salvaje. Este planteamiento ayuda a explicar fenómenos como en Brexit en Gran Bretaña, el ascenso de Trump en Estados Unidos o la misma eclosión nacionalista en España o Europa. 

La cuestión primordial es que se está produciendo una concentración de poder a gran escala. La suma de iOs y Android controla el sistema operativo del 80 % de los móviles que hay en el planeta; Amazon controla el 62 % de las ventas online de Estados Unidos. Estos son algunos datos del elevado grado de concentración empresarial que se da en este sector. Cuanto más elevado sea este grado, más poder adquieren las empresas ya no solamente para controlar los mercados sino también para imponer su visión hegemónica de la cultura y de la sociedad, así como para defender sus intereses políticos. 

Geopolítica digital. 

El mundo digital e internet están claramente dominados por los Estados Unidos. Las empresas de este país son las que almacenan, distribuyen y analizan los grandes flujos de datos que generan estos medios. Y no hay que olvidar que el control de la información es una de las bases del poder. Actualmente más del 90 % de la información del planeta está digitalizada; la posibilidad de acceder, analizar y sistematizar esa información confiere una enorme capacidad de influencia a quien pueda hacerlo, sea esta una empresa o un Estado.

Esa información puede ser utilizada por el poder político estadounidense, aunque también son frecuentes los choques entre los brazos de ese poder y algunas de estas empresas, reacias a facilitar el acceso a la información de sus clientes –recuérdese, a título de ejemplo, el contencioso entre el FBI y Apple por lograr acceder al teléfono móvil de un asesino que mató a 14 personas en San Bernardino–. En contrapartida, en otras ocasiones, las compañías tecnológicas han colaborado con las agencias de inteligencia norteamericanas, especialmente la National Security Agency (NSA), otorgando al gobierno estadounidense una enorme ventaja comparativa sobre otros países. 

Sede de los organismos de seguridad estadounidenses. Fuente: https://www.voanews.com/a/three-shot-wounded-near-nsa-entrance/4254091.html

Naturalmente, otros países cuentan también con sus medios para vigilar y obtener información de este entramado tecnológico. Más sofisticadas, si cabe, que la NSA serían la británica GHQC o la alemana Servicio Federal de Inteligencia (BDN en sus siglas en alemán). En España es el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) el encargado de esta misión, para la que ha adquirido recientemente un potente sistema de interceptación de comunicaciones. Todas estas agencias obtienen la información de las comunicaciones, pero las redes sociales también proporcionan abundantes datos por lo que la colaboración entre agencias de inteligencia y empresas tecnológicas existe, una colaboración que aún no es sistemática –ante el peligro de que los clientes ya no confíen en ellas– pero sí puntual.  

El problema de la ciberseguridad preocupa cada vez más a los gobiernos; los posibles ataques a las redes de comunicaciones o a los sistemas estratégicos de un país, o las sospechas de posibles manipulaciones en los sistemas de recuento electrónico de las elecciones están cada vez más presentes. Los ciberataques se han convertido en un arma más, mostrando que los sistemas que gestionan numerosas actividades claves pueden ser atacados y dañados. En este sentido, el poder tecnológico de los Estados Unidos es primordial, aunque países como China o Rusia no le van muy a la zaga.

Estas empresas son vistas con preocupación porque son interpretadas como una muestra de la hegemonía estadounidense, o incluso como un instrumento de la misma. Y es cierto que, a menudo, sus intereses convergen, pero esto no ocurre siempre. Uno de los campos de batalla es el control de las redes sociales, bien como instrumento de información o bien de desinformación. Su uso se está convirtiendo en un elemento más en la confrontación entre Estados y reproduce, por otros medios, las pautas imperantes en la geopolítica actual. Unos ejemplos de ello lo constituye el uso de las redes sociales que ha estado realizado el ISIS, o el papel de las mismas en las llamadas revoluciones árabes.

Bibliografía.

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Castells, M. (2012). Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial: Madrid

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La gripe de 1918

El mundo estaba inmerso en la Primera Guerra Mundial. Sumergido en ese conflicto, que ya duraba cuatro años, se vio golpeado además por la peor pandemia de todo el siglo XX. Una confluencia traumática que mostró lo indefensas que, a veces, se encuentran las sociedades, incluso las desarrolladas, para hacer frente a este tipo de acontecimientos.

Los hechos.

La gripe es actualmente una enfermedad común, que afecta anualmente a millones de personas que se suelen recuperar de la misma sin mayores problemas, no obstante se trata de un virus que puede llegar a ser letal. Sin duda es el patógeno más extendido y frecuente.

La pandemia de gripe de 1918, de la que se conmemora el centenario este año, fue la epidemia más importante de todo el siglo XX. Perduró hasta 1920 y su gravedad, –y de ahí su consideración de pandemia, es decir, enfermedad que afecta a la mayoría de la población o que se extiende por numerosos países–, fue tal que mientras duró mató a más de 50 millones de personas, una letalidad que permite hablar perfectamente de crisis de mortalidad –esas cifras representaban entre el 3 y el 6 % de la población mundial–.

Enfermos de gripe en un pabellón deportivo. Nueva Inglaterra. Fuente: http://www.newenglandhistoricalsociety.com/the-1918-flu-epidemic-kills-thousands-in-new-england/

Los primeros afectados aparecieron durante los meses de marzo y abril en Estados Unidos, en campamentos militares situados en el Medio Oeste. Según los estudios epidemiológicos, ese primer virus, no más letal que el de las típicas gripes estacionales, mutó durante el verano adquiriendo mayor letalidad. Su presencia se detectó a finales de agosto, en Francia, en el puerto de Brest, uno de los lugares de llegada a Europa de las tropas norteamericanas que se incorporaban para combatir en la Primera Guerra Mundial. No obstante, se desconoce su origen exacto.

Regimiento estadounidense marcha por Seattle con mascarillas. Fuente:http://208.254.74.112/cw/criticalmoments-9780415636858/s1/students/

La pandemia afectó a todo el planeta. ¿Cómo fue posible esa difusión en un momento en el que los transportes intercontinentales no eran masivos? Es aquí donde incide el contexto. La Primera Guerra Mundial, con sus consiguientes movimientos de tropas y de poblaciones civiles, favoreció la expansión.

Algunos datos muestran su letalidad:

  • En Alaska, la epidemia provocó la desaparición de comunidades indígenas enteras.
  • En China murieron unos 30 millones de personas.
  • En Estados Unidos entre 500.000 y 700.000 personas.
  • En el Reino Unido, 250.000.
  • En Francia, 400.000.
  • En la India británica, entre 10 y 15 millones.
  • En Venezuela, 25.000.

La epidemia de gripe.

La gripe es un virus respiratorio que se propaga fácilmente. Además, las personas enfermas puedes ser contagiosas antes de presentar síntomas, lo que contribuye a que su control sea muy difícil. Tiene también la posibilidad de combinarse con otros virus aviares y porcinos, dando lugar a nuevos virus potencialmente peligrosos.

El virus que desencadenó esa gripe era una variedad del aviar –como la gripe A–, muy virulento y que afectó a todos los grupos de población: ancianos, jóvenes y niños. Investigaciones posteriores determinaron que este tipo de gripe afectaba especialmente al sistema inmunológico, debilitándolo y facilitando la acción del virus. En el caso de la gripe de 1918, el virus que la provocó fue el H1N1 –el mismo que hizo saltar las alarmas en 2009–.

Las enfermedades infecciosas, independientemente de su origen, comparten tres características:

  1. Una propagación rápida y eficaz desde la persona enferma a la sana. Ello provoca que mucha población se vea afectada en poco tiempo.
  2. Se trata de enfermedades agudas. En poco tiempo el paciente muere o sana; si logra sobrevivir su cuerpo adquiere inmunidad contra la enfermedad, durante un tiempo o para siempre.
  3. Estas enfermedades afectan fundamentalmente a los humanos, aunque últimamente se han detectado casos de transferencia de animales –cerdos, aves– a humanos.

La letalidad de esta variedad de gripe se debía a la rapidez con que los pulmones se llenaban de líquido, por lo que las víctimas morían asfixiadas. También aparecían manchas de color caoba en los rostros, que luego evolucionaban hacia un negro azulado por la falta de oxígeno. Por esta razón se la denominó también “la epidemia púrpura”. La letalidad de la enfermedad se estimó entre el 10 y el 20% de los afectados.

Hasta 1945 no se dispuso de una vacuna contra la gripe. Fue desarrollada por un grupo de investigadores estadounidenses. Esta vacuna ha de ser renovada anualmente por la capacidad de mutación que tiene el virus.

La “gripe española”.

Aunque, como hemos señalado, la enfermedad apareció en Estados Unidos, el hecho de que la prensa española fue la única que pudo hablar con total libertad de la misma, cosa que no ocurrió en el resto de países europeos ni en Estados Unidos, donde las noticias sobre la epidemia se censuraban para no debilitar la moral de la población, determinó que se diese la falsa impresión de que España era el único país afectado. Y de ahí que este brote  fuese conocido como gripe española.

En España, la difusión de la gripe fue intensa, siendo uno de los países más afectados –se calcula que provocó entre 200.000 y 300.000 fallecidos–, entre el 1 y el 2 % de la población total. Mientras que los enfermos alcanzaron la cifra de 8 millones.

Sociedad y enfermedades epidémicas.

Las grandes epidemias han incidido negativamente sobre las sociedades en diversos momentos históricos. Los avances médicos, económicos y de salud pública han logrado que, en buena medida, estos acontecimientos sean sólo un recuerdo del pasado. Pero la amenaza subsiste.

Las epidemias están ahí, no han desaparecido de nuestras sociedades: brotes recientes de ébola en África Occidental, de zika en América del Sur, de peste en Madagascar e India. Y si bien es cierto que, actualmente, disponemos de respuestas sanitarias más eficaces, también lo es que la interconexión favorecida por la globalización multiplica rápidamente la posible difusión de las epidemias. La gripe de 2009 fue un aviso de lo que podía pasar, aunque luego y por fortuna, no tuvo el desarrollo esperado.

Incluso las sociedades más desarrolladas tienen problemas cuando surgen brotes epidémicos leves, como la típica gripe anual: colapso de hospitales, necesidad de más recursos humanos y materiales, aumento de los costes laborales por las bajas que provoca la enfermedad, etc. Nuestra defensa frente a estas amenazas es siempre relativa, para no hablar de la utilización de virus y bacterias como armas biológicas. Otro escenario que, aunque poco probable, no es imposible.

Esta epidemia inició un ciclo por el que cada 25 años, aproximadamente, se producía una gran epidemia de gripe. Las siguientes, no tan letales, tuvieron lugar en 1957 y 1968

Bibliografía.

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Jared, D. (2016). Armas, gérmenes y acero. Barcelona: DeBolsillo.

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Pandemia de gripe de 1918. (2018, enero 17). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Pandemia_de_gripe_de_1918&oldid=104974771

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Sampedro, Javier (2014). La gripe de 1918 pudo ser española. Recuperado de  https://elpais.com/sociedad/2014/07/29/actualidad/1406662311_887510.html

No suelo añadir adendas pero esta noticia es de hoy mismo, 2 de febrero, y no me resisto porque enlaza perfectamente con lo dicho en la entrada.

Referencia:  https://elpais.com/internacional/2018/02/02/america/1517576729_309045.html

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1968: ¿Una revolución frustrada?

Introducción.

Este año se celebra el cincuentenario de las revueltas de 1968. Un fenómeno que ha pasado a la historia como una de esas fechas paradigmáticas en las que eventos de extraordinaria importancia confluyen en un mismo tiempo y acaban definiendo  una  coyuntura. No estamos hablando de un solo acontecimiento –el mayo parisino–, sino de hechos muy diversos, aunque todos tienen un elemento en común: significaron una rebelión contra los poderes establecidos y contra la legitimación social y cultural de los mismos.

Resumir en una entrada de blog, por extensa que sea, un año tan complejo es tarea casi imposible. Pero trazar las líneas maestras de los acontecimientos y sus repercusiones ya resulta una posibilidad más viable.

En 1968 se produjeron varios intentos revolucionarios, tanto en el mundo capitalista como en el comunista. En el primero la revuelta de los estudiantes parisinos, los movimientos norteamericanos de protesta y la revuelta mexicana mostraron que las demandas de cambios sociales y políticos eran difícilmente contenibles; en el segundo, la primavera de Praga abrió serias grietas en el férreo bloque del Pacto de Varsovia.

Luis Aragon cede el megáfono a Daniel Coln-Bendit en una manifestación en París. Fuente: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/04/26/mayo-del-68-3-prohibido-prohibir/

En Estados Unidos eclosionaron diversos fenómenos sociales y culturales que marcaron un antes y un después en la historia de la potencia norteamericana: las protestas contra la guerra de Vietnam, el nacimiento de la contracultura y del movimiento hippie, la aparición del Black Power, … Su conjunción provocó un importante cambio en la sociedad norteamericana que dejó atras definitivamente el american way of life.

El significado de todos estos fenómenos ha sido interpretado como un desalojo de los viejos moldes políticos, herederos de la postguerra y del contexto de guerra fría imperante; como un reconocimiento de las libertades individuales y como un creciente protagonismo de la sociedad civil por encima de las estructuras de representación tradicionales: partidos y sindicatos. La estabilidad de las sociedades surgidas tras la IIª Guerra Mundial comenzaba a romperse. Es verdad que, al finalizar el año, las aspiraciones de cambio no habían logrado sus propósitos, pero las semillas de la transformación ya estaban plantadas.

Pocas veces un deseo de cambio revolucionario surge en el contexto de una etapa de crecimiento económico. La difusión del Estado de Bienestar había mejorado ostensiblemente la vida de las clases trabajadoras y medias. Pero los disturbios denotaban la existencia de un malestar evidente, un mar de fondo que afectaba más a los jóvenes, sobre todo universitarios, y a los intelectuales que a las clases trabajadoras. La ausencia de los trabajadores en las reivindicaciones y protestas impidió que esos movimientos de protesta desembocasen en una revolución, pero no pudo evitar la difusión de una efervescencia que modificaría numerosos aspectos ideológicos y sociales en todo el planeta.

La ideología de la revolución.

Estos movimientos no desarrollaron relevantes análisis ideológicos; eran más dados a la acción que a la teorización. Resulta complicado establecer su índole ideológica si queremos ir más allá del calificativo de izquierdas. En su pensamiento confluían ideas de las corrientes más variopintas: anarquismo, trotskismo, maoísmo, … Por ello no pudo generar muchas propuestas ni tampoco un corpus coherente; todo el interés se centró en la acción más que en el diseño posterior de la sociedad deseada, de la que solamente se llegaron a presentar bosquejos.

Tampoco se pretendía llevar a cabo una revolución al modo marxista, con el proletariado a la cabeza de la misma; ahora los protagonistas sería los universitarios, los guerrilleros –de aquí la mitificación del Che Guevara–, los radicales norteamericanos, las mujeres… Ellos serían los nuevos sujetos revolucionarios y no la clase trabajadora, integrada en el sistema gracias al Estado de Bienestar.

Su principal impacto se produjo en el imaginario revolucionario, sobre todo en las sociedades desarrolladas de Occidente. Las acciones estudiantiles en Francia o en Estados Unidos lograron una amplia cobertura de la prensa; su antiautoritarismo y su modo de lucha –trifurcas callejeras, barricadas, sentadas, …– caló en más sectores sociales.

La imaginación al poder. Pintada en París. Mayo 1968. Fuente:http://www.dos-teorias.net/2011/05/las-paredes-hablan.html

Estos movimientos de protesta se nutrieron del bagaje de la contracultura, al mismo tiempo que la difundían. En general podemos definir este fenómeno como el conjunto de acciones y representaciones que se dirigen contra la cultura establecida y dominante. Las principales manifestaciones de la contracultura se dieron en las propuestas de nuevas formas de vida –movimiento hippie– y en la transformación de las propuestas artísticas tradicionales: música, literatura, arte…

Valoración.

La primera valoración asume su fracaso, porque finalmente no lograron transformar el orden social, político y económico imperante. Dicho esto, también hay que aceptar que su aparición y sus actuaciones se convirtieron en fuente de inspiración para los posteriores movimientos de izquierda. Lograron también cuestionar bastantes valores que contribuían a legitimar el sistema: el autoritarismo, las formas sociales aceptadas, la enseñanza, el papel de la mujer, incluso el mismo sistema parlamentario.

Podemos concluir que fue mayor su importancia cultural y mediática que política. Su principal papel fue el impulso que dio a los cambios intelectuales, a las nuevas formas de pensar. Su resultado llenó la agenda de los temas que enarbolaría el progresismo posterior: feminismo, pacifismo, ecologismo, antiimperialismo, libertad sexual, lucha por las libertades civiles, etc.

Protestas feministas en Estados Unidos. Fuente:http://www.copenhagendowntown.com/

No se puede dejar de lado lo que supuso de revalorización de la individualidad, en unos momentos en los que el consumo de masas en el capitalismo y el control estatal en el comunismo tendían inexorablemente a la anulación del individuo en favor del conjunto social

Hay historiadores que piensan que el Mayo del 68 fue más un fenómeno generacional que ideológico o de clase. La causa ya la hemos mencionado: el cambio del sujeto revolucionario, que pasó a la juventud dejando atrás a la clase trabajadora. Por ello el marxismo ortodoxo no supo comprender lo que ocurría y se mostró suspicaz ante él; fue la Escuela de Frankfurt, y especialmente Herbert Marcuse, la que teorizó y procuró explicar lo que ocurría.

Los principales escenarios.

El movimiento de Mayo del 68 fue un fenómeno que se extendió por múltiples escenarios, a veces muy diferentes unos de otros. En Europa se propagó por más países: Alemania, Italia (donde este movimiento de protesta acabó favoreciendo la aparición de grupos terroristas: banda Baader-Meinhof y Brigadas Rojas respectivamente), incluso en la cerrada España franquista tuvo repercusiones. También en el bloque comunista; en Praga estalló lo que se conoció como la primavera de Praga. En el continente americano, Estados Unidos fue otro de los grandes centros de protesta, impulsada, entre otras razones por la guerra de Vietnam. Pero fue en México donde las protestas tuvieron unas consecuencias más trágicas: la represión de las protestas por parte del Ejército y grupos policiales  ocasionó varias decenas de muertos –matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre –. En Asia, las protestas llegaron hasta Japón.

 

A). El mayo parisino.

Desde principio de la década de los sesenta, las mejoras económicas y sociales de Francia habían permitido que los hijos de los trabajadores y de las clases medias bajas accediesen a la universidad. Por ello, estas instituciones, concebidas para atender y formar a una élite, estaban masificadas, llegando incluso a ser inoperantes. El afán transformador de los nuevos estudiantes y la crítica a unas instituciones diseñadas para otra época impulsaron a los sindicatos estudiantiles a una lucha política. Las demandas de reforma del sistema educativo se convirtieron en demandas de reformar el sistema político.

En la Universidad de Nanterre, próxima a París, fue donde surgió el movimiento de protesta. El 22 de marzo se convocó una gran manifestación contra la guerra de Vietnam, hecho que fue duramente reprimido por el gobierno. Todos los grupúsculos izquierdistas de la universidad iniciaron una campaña de contestación que culminó el 3 de mayo con la ocupación de La Sorbona; los cabecillas son detenidos. La mecha estaba prendida. La violencia se desata por el Barrio Latino: se montan las primeras barricadas, se desadoquinan las calles, se queman coches, crece la represión –32 heridos graves y 350 leves–, … El escándalo provocado por la represión de los estudiantes impulsa a los sindicatos obreros a apoyarles. Se toman fábricas, talleres, se secuestra a los directivos, pero las reivindicaciones se reducen a subidas salariales y reducción de horarios de trabajo; el número de huelguistas se cuenta por millones. En el mundo obrero mandaba el PCF y su sindicato la CGT, que ven con recelo el movimiento.

Hacia el 20 de mayo, el país está prácticamente paralizado; el 24 aparecen las primeras víctimas mortales –un policía y un manifestante–, las manifestaciones no cesan. De Gaulle toma la iniciativa y convoca un referéndum para el 16 de junio. Mientras, Chirac y Pompidou se entrevistan con líderes sindicales y patronales. El 30 de mayo De Gaulle pronuncia un duro discurso y se asegura el apoyo del ejército; el gaullismo se moviliza y los trabajadores van abandonando la protesta y volviendo al trabajo. El gobierno sube los salarios. El 12 de junio se ilegalizan numerosas organizaciones izquierdistas. Las elecciones de finales de junio las ganan los gaullistas, con 56 diputados más que en las anteriores; el miedo y la incertidumbre favorece a la derecha. La protesta se va diluyendo.

Preparando barricadas en el Barrio Latino en el 10 de mayo. Fuente: https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/04/26/mayo-del-68-3-prohibido-prohibir/

Los estudiantes parisinos no se rebelaron porque se sintiesen oprimidos. El origen hay que buscarlo en el antiautoritarismo, en la búsqueda de la liberación individual, en una forma de pensar muy influenciada por el anarquismo, aunque recibirán el pronto apoyo de los marxistas heterodoxos del momento –trotskistas, maoístas, …–. Su principal teórico fue Guy Debord.

B). Contracultura y derechos civiles en Estados Unidos. 

La imagen que aún poseemos de lo que ocurrió en Estados unidos este año es engañosa. Lo primero que nos viene a la mente es el movimiento hippie, sus festivales, su música. Pero 1968 fue un año trágico para el país: Martin Luther King y Bobby Kennedy fueron asesinados, la guerra de Vietnam se recrudecía cada vez más, la violencia social y racial era palpable en las calles a diario. 

Grupo de hippies en 1966. Fuentes: http://www.crystalinks.com/hippies.html

El movimiento de oposición a la guerra fue ganando fuerza –la imagen del jefe de la policía del Vietnam del Sur asesinando a sangre fría a un detenido dio la vuelta al mundo; se convirtió en un icono de la brutalidad de esa guerra–, las deserciones se dispararon, las protestas también. 

El problema racial se agravó notablemente, rompiendo su marco tradicional en los estados del sur y extendiéndose por todo el país. Martin Luther King fue asesinado cuando estaba en Menphis apoyando una huelga de los basureros de la ciudad, todos negros. La respuesta violenta de la población negra no tardó en producirse: revueltas, auge de los Panteras Negras –grupo partidario de la acción violenta para defender los derechos de los negros–. 

El general sudvietnamita Nguyem Ngoc asesina a un oficial del Vietcong. Fuente: http://www.wbur.org/hereandnow/2017/03/31/vietnam-war-photos-associated-press

Del magma general creado por estos movimientos de protesta fueron desgajándose otros grupos más específicos, más concretados en la defensa de otras particularidades. Uno fue el de los grupos feministas –o de Liberación de la Mujer–; otro el de los chicanos –inmigrantes nacidos en México o de padres mexicanos–, que protestaban por la desigualdad y la explotación a la que estaban sometidos. 

C). La primavera de Praga. 

En Checoslovaquia el proceso de desestalinización iniciado a finales de los años cincuenta había permitido la aparición de muestras de disconformidad, especialmente en el plano cultural. Figuras literarias, como Milan Kundera, o cinematográficas, como Milos Forman, se convirtieron en símbolos de un movimiento mucho más amplio. A la acción de la intelectualidad hay que sumar otros factores: las protestas contra el presidente de la República, Antonin Novotnin, un claro partidario de la línea dura, o el descontento eslovaco contra el centralismo de Praga. 

El 5 de enero de 1968 Alexander Dubcek accede a la secretaría general del Partido Comunista. Poco a poco fue introduciendo cambios políticos y sociales: abolición de la censura, sustitución de Novotnin por un héroe nacional, el general Ludvík Svoboda, anteriormente defenestrado por el estalinismo y también partidario de una política reformista. 

Las actuaciones del gobierno pretendían reformar el comunismo, crear lo que se denominó un “socialismo de rostro humano”, es decir compaginar socialismo con democracia y libertad. Su objetivo no fue restaurar el capitalismo, ni romper el status quo internacional abandonando el Pacto de Varsovia. No obstante, la preocupación soviética fue aumentando, sobre todo al observar que la sociedad checoslovaca impulsaba una aceleración del proceso reformista. Aparecía el peligro del contagio a los restantes países socialistas europeos. 

Jovenes checos encima de un tanque soviético en una calle de Praga. Fuente: https://www.martinoticias.com/a/la-kgb-infiltro-espias-en-la-primavera-de-praga/38455.html

El 20 de agosto tropas del Pacto de Varsovia invadieron y ocuparon el país. A pesar de que los incidentes fueron escasos, se produjeron varios centenares de muertos y heridos entre los dos bandos. El fracaso de la experiencia checoslovaca produjo un importante exilio –entre 100.000 y 300.000 personas, sobre todo muchos profesionales cualificados y artistas–. El peso de la Guerra Fría redujo las muestras de descontento por la acción invasora a breves condenas internacionales; no se quería un conflicto por algo que ocurría exclusivamente en el interior de la zona de influencia soviética. 

D). La matanza de la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco). 

Las manifestaciones de descontento social también aparecieron en México, donde cobraron un cariz revolucionario que fue duramente reprimido por el Partido Revolucionario Institucional, que llevaba varias décadas en el poder. 

México se preparaba para el inicio de los Juegos Olímpicos, no para masacres y revueltas sociales. Los estudiantes universitarios, como en París, llevaban tiempo protestando contra el autoritarismo y la corrupción del gobierno. Y este veía, en esas protestas, la mano comunista que cuestionaba su hegemonía política. La intervención policial en el interior de una escuela universitaria el 2 de agosto, soliviantó a estudiantes y profesores por considerarlo un atentado a la autonomía universitaria. Se creó entonces el CNH (Consejo Nacional de Huelga) formado por representantes de numerosas universidades mexicanas. Sus demandas no eran revolucionarias: reforma de algunos artículos del Código Penal, liberación de estudiantes detenidos y disolución de la policía antidisturbios. 

El 27 de agosto se produjo una gran marcha hacia la plaza del Zócalo que culmina con la toma de la catedral. El 13 de septiembre se produce otra marcha que reunió a cientos de miles de personas en una protesta silenciosa. Para contener las manifestaciones el gobierno, dirigido por Gustavo Díaz Ordaz, preparó la Operación Galeana, que desembocaría en la matanza del 2 de octubre. El día uno los estudiantes convocan a un mitin en la plaza de las Tres Culturas para el día siguiente por la tarde. 

La multitud –inferior a otras concentraciones: unas 15.000 personas, aunque según algunas fuentes, unos pocos estudiantes iban armados con pistolas– que se congregaba en la plaza vio, de repente, cómo el ejército bloqueaba todos los accesos a la plaza y disparaba contra los asistentes. El asalto militar duró varias horas: la plaza se llenó de decenas de cadáveres y de cientos de heridos. 

Tropas del Ejército ocupan la plaza tras la matanza. Fuente: http://www.elsoldenayarit.mx/

Diez días después de la masacre comenzaron los Juegos Olímpicos con normalidad. Apenas si hubo algunas alusiones al hecho, las repercusiones fueron mínimas Todavía hoy no se sabe a ciencia cierta cuantas víctimas hubo; las últimas investigaciones citan la cifra de unos 250 muertos.

Bibliografía.  

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Martos, J. Á. (2018). EE.UU.: un país en llamas. MuyHistoria95, 26-31. 

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Guinea Ecuatorial: de colonia a dictadura.

El colonialismo español en África, en la etapa contemporánea, nunca ha gozado de un interés historiográfico destacado. Y cuando este ha aparecido, normalmente se han circunscrito al protectorado marroquí o al antiguo Sahara español. Menos fortuna aún ha tenido el estudio de Guinea Ecuatorial, la Guinea Española como de denominó durante el dominio colonial. De esta manera, los rastros de la presencia española en el África negra tienden a difuminarse o, sencillamente, a olvidarse. De vez en cuando, algún éxito literario o cinematográfico, como el que obtuvo la película Palmeras en la nieve (2015), basada en la novela homónima de Luz Gabás (2012) otorga visibilidad a este fenómeno, pero siempre de forma pasajera.

Sin embargo, la relación entre Guinea y España se mantiene, aunque sea a unos niveles testimoniales y fundamentada principalmente en  lazos personales o religiosos. Aquí reside el grueso de la oposición guineana que ha tenido que exiliarse ante la persecución de Obiang, el tirano que gobierna el país desde hace décadas. Algunas empresas españolas, pocas, trabajan también en el país, lo mismo que ONG’s y misioneros católicos que proceden de España.

Localización de Guinea Ecuatorial en África. Fuente: http://scielo.isciii.es/

La historia lejana.

El territorio de Guinea Ecuatorial –la parte continental y cinco islas próximas– estuvo bajo la dominación colonial portuguesa hasta el siglo XVIII. En 1777 y 1778 estos territorios fueron cedidos a España –mediante los tratados de San Ildefonso y de El Pardo– formando parte de un lote territorial que se intercambió por la isla de Santa Catalina, situada en el sur de Brasil y en poder de España. El enclave tenía un gran interés por su situación para controlar el tráfico de esclavos y el comercio en el Golfo de Guinea. Tras algunos períodos de dominio inglés, los territorios pasaron definitivamente a estar controlados por España en 1858, cuando se dejó una guarnición permanente.

La presencia española se intentó reforzar favoreciendo el asentamiento de esclavos cubanos emancipados, a los que más tarde se sumaron represaliados políticos. La parte continental se convirtió oficialmente en protectorado en 1885 y en colonia en 1900. Tanto el territorio insular como el continental se unirían con el estatus de colonia en 1926. Por su parte, el modelo económico colonial se fundamentó en las plantaciones de cacao.

En esta etapa de principios del siglo XX culmino el proceso de desaparición de las estructuras tribales tradicionales al tiempo que se impuso un modelo administrativo típico de los países europeos. La colonización modificó la organización y el funcionamiento social existente, alterando las relaciones de dominio basadas en la jerarquización anterior o en las relaciones étnicas y creando una nueva estratificación social que determinará, más adelante, el control del poder político.

En la etapa franquista, el territorio colonial adquirió el carácter de región, denominándose Región Ecuatorial Española (1959), dividida a su vez en dos provincias: Fernando Poo y Rio Muni. Paralelamente, y al igual que ocurría en las colonias africanas de otras potencias europeas, fueron surgiendo los primeros grupos independentistas. La inclusión plena en el régimen político del franquismo ocurrió en 1960, cuando se celebraron las primeras elecciones locales, así como la elección de los primeros procuradores guineanos en las Cortes franquistas. Poco más tarde, en 1963, se sometió a referéndum un proyecto de autonomía que fue aprobado por amplia mayoría, momento a partir del cual el país tomó el nombre de Guinea Ecuatorial. No obstante, la metrópoli continuó presente a través de un comisionado especial con bastantes poderes.

La fuerte inercia del proceso descolonizador africano llegó a Guinea en 1965 cuando la Asamblea General de la ONU pidió a España la descolonización del territorio. Proceso que culminaría en 1968 con la independencia del territorio. Los primeros deseos independentistas fueron promovidos por terratenientes de origen español, descontentos por el trato recibido de la metrópoli, que utilizaron el sistema educativo para fomentar el ideario independentista. Tanto las posiciones del gobierno español como la de los mismos grupos independentistas fueron diversas sobre la forma de llevar a cabo la independencia; por ejemplo, los habitantes de la isla de Fernando Poo –actual Bioko–, habitada por los bubis pretendió una independencia separada, cosa que no logró.

Mapa de Guinea Ecuatorial

La historia desde la independencia.

El 11 de agosto de 1968 se produjo un referéndum por la independencia bajo la supervisión de un grupo de observadores de la ONU. El proyecto político mantenía las formas democráticas, pero con un poder judicial muy dependiente del presidente, es decir con un fuerte presidencialismo. Tras las primeras elecciones presidenciales, con cuatro candidatos, fue elegido presidente Francisco Macías Nguema, que contó con el apoyo de los movimientos nacionalistas guineanos y que, para muchos, era el hombre de paja de los sectores coloniales aún dominantes. El 12 de octubre de 1968 se proclamó oficialmente la independencia del país.

Casi inmediatamente comenzó la deriva dictatorial del país. En enero de 1969, el líder de la oposición fue asesinado. En marzo de ese mismo año un extraño intento de golpe de Estado fue aprovechado por Macías para acabar con la oposición e instaurar claramente una dictadura. El fallido golpe –o falso según otros historiadores– fue utilizado por el dictador para incitar también el antiespañolismo, produciéndose una crisis diplomática entre Guinea y España como resultado de la cual se retiraron las últimas tropas españolas que allí quedaban.

Macías implantó entonces una dictadura concentrando en su persona todos los poderes del Estado. En 1970 creó un partido único: el PUNT (Partido Único Nacional de los Trabajadores). Dos años más tarde, en 1972, se proclamó presidente vitalicio. Su régimen se concentró en el tema de la seguridad interna, a lo que dedicó todos los recursos, descuidando la administración de otras políticas públicas –transporte, salud, obras públicas, …–, por lo que el país retrocedió a unos estándares de vida muy inferiores a los que disponía en la etapa colonial. Otras medidas profundizaron los errores: enfrentamientos con la Iglesia Católica, cierre de las escuelas, deportación masiva de los trabajadores nigerianos que cultivaban el cacao, … Todos estos factores provocaron el colapso de la economía guineana hacia finales de los setenta. A esta catastrófica situación se sumó la pérdida de un tercio de la población guineana, generalmente los sectores más formados, que tuvo que huir y exiliarse huyendo del régimen de terror que impuso Macías. A las prácticas represoras tradicionales se sumó el uso de las asentadas creencias populares en la brujería para atemorizar y controla a la población, práctica que continua hasta hoy en día.

Manuel Fraga y Francisco Macías en la ceremonia de independencia (1968). Fuente: http://espacioseuropeos.com/

La deteriorada situación del país y el flirteo del dictador con el bloque comunista propiciaron un golpe palaciego. El 3 de agosto de 1979 Macías fue derrocado y ajusticiado por su sobrino, el teniente coronel Teodoro Obiang Nguema, formado como militar de carrera en España. Este constituyó un Consejo Supremo Militar que concentró las tareas de gobierno. Poco tiempo después, en 1982, este Consejo nombró a Teodoro Obiang presidente para siete años, mientras se aprobaba una nueva constitución. Para intentar solucionar la complicada situación económica, Teodoro Obiang integró a Guinea en la órbita económica francófona, ingresando en la Comunidad Económica y Monetaria del África Central y adoptando –en 1985– el franco CFA como moneda. El nuevo régimen realizó dos convocatorias de elecciones generales –en 1983 y 1988– pero en ambas solamente se presentó una única lista de candidatos. Para las elecciones presidenciales de 1989 Obiang fundó el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), presentándose como candidato único. Fue reelegido.

A nivel político se intentaba disimular los rasgos dictatoriales del régimen, menos brutal que el de Macías, pero igualmente opresivo. Así en 1991 pareció iniciarse una tímida apertura democrática, condición que reclamaban países como España o Francia, facilitadores principales del apoyo económico y financiero del país. Ello permitió un cierto pluralismo en las elecciones generales de 1993, aunque de catorce partidos inscritos, diez fueron prohibidos. Las elecciones fueron ganadas por Obiang que acumuló los poderes de jefe de gobierno y Jefe de Estado. En las posteriores convocatorias electorales Obiang siempre resultó ganador con más del 90 % de los votos. Sus victorias electorales sirvieron para crear unas instituciones basadas en la desigualdad y en la corrupción, además de la represión. Así en las elecciones celebradas en noviembre de este año, el partido del presidente obtuvo el 98 % de los votos, cifra que habla por sí sola.

Campaña electoral del partido de Obiang: PDGE.
Fuente: http://www.abc.es/

La economía del país sufrió un vuelco en 1996, cuando se descubrieron importantes yacimientos de petróleo y gas en aguas guineanas del Golfo de Nigeria. La petrolera estadounidense Mobil inició la explotación de los yacimientos, que representaron una importante fuente de ingresos para el país. Guinea es el tercer productor petrolero del África negra, tras Nigeria y Angola. De hecho, el flujo petrolero ha incrementado las tasas de crecimiento del país, pero sus efectos apenas si se notan en las condiciones de vida de la población; de hecho el 60 % de los guineanos vive con un dólar al día. Sin embargo, su PIB per cápita es más alto que países como España, Corea del Sur o Nueva Zelanda; ello da una idea de la enorme desigualdad existente. Lo que sí ha fomentado, en un país donde no existe ningún control de las acciones de gobierno, es la proliferación de las prácticas corruptas, como recientemente ha demostrado la condena en Francia del hijo del presidente, Teodorín Obiang, a tres años de presión por corrupción.

No obstante los cambios económicos, la situación política apenas ha variado. La represión de varios líderes opositores de la etnia bubi –Obiang pertenece a la etnia fang, mayoritaria– transformo los problemas políticos en problemas étnicos. Sí han logrado, sin embargo, una mayor aceptación del régimen en los escenarios internacionales sin necesidad de ninguna mejora democrática.

Yacimientos de gas y petróleo en las aguas de Guinea Ecuatorial. Fuente: http://i.imgur.com/rMNJfiM.png

En la actualidad.

En la mayor parte de los procesos de descolonización se produjo una continuidad de las estructuras económicas y sociales existentes, reduciéndose el cambio a una sustitución de las élites dominantes. Ello ocurrió también en Guinea. De hecho, el clan de la familia Nguema es el que ha ocupado el poder en el país desde la independencia. Su actual régimen político es una dictadura que en nada desmerece otros ejemplos continentales como la de Mugabe –recientemente apartado del poder por un golpe militar–.

Hasta el descubrimiento de sus recursos energéticos el país estaba condenado a la insignificancia y a la marginalidad, lo mismo que su régimen político que pasaba más bien inadvertido. Esa situación cambio desde finales de los noventa del siglo pasado. El régimen contó, desde entonces, con el interés y el apoyo de los Estados Unidos, mientras que otras potencias como España o Francia habían mantenido unas políticas más críticas. El apoyo norteamericano ha servido también para que otras organizaciones internacionales le abriesen las puertas, como la UNESCO o la Unión Africana.

Esta alianza con Estados Unidos está detrás del fracaso del golpe de estado que en 2003 intentó la oposición, dirigida por Severo Moto. La vinculación de los mercenarios que iban a protagonizar el golpe con Gran Bretaña, sugiere una lucha soterrada por el control de los recursos guineanos entre las grandes potencias.

Entrevista entre Obama y el embajador guineano en Estados Unidos. Fuente: http://www.guineaecuatorialpress.com/

Tradicionalmente se ha asociado al continente africano con dictaduras políticas y subdesarrollo económico. Y si bien es cierto que este panorama ha cambiado desde los tiempos de la descolonización no lo ha hecho con suficiente fuerza como para mejorar la vida de la mayoría de sus habitantes. En África todavía quedan 17 países que pueden ser catalogados como dictaduras, uno de los cuales es Guinea Ecuatorial. Teodoro Obiang lleva 37 años ininterrumpidos en el poder y según algunas organizaciones  de referencia como Amnistía Internacional o Human Rights Watch su régimen es uno de los más represores del mundo.

La importancia geopolítica que adquiere la ex-colonia española resulta destacable si tenemos en cuenta que, actualmente, el Golfo de Guinea, además de ser una importante zona de producción energética, es también una región clave en los flujos marítimos, amenazados por la piratería y donde el crimen organizado y el terrorismo yihadista están aumentado su presencia. Esto explica la presencia naval española y de otros países en la zona así como la implicación de los Estados Unidos en Guinea y el alejamiento del país de la influencia francesa. La presencia española, muy reducida económicamente, debería aumentar para preservar un papel en una zona de creciente importancia global. Pero para estas relaciones se profundicen hay que abogar por la consecución de un cambio político que instaure un sistema político democrático.

El patrullero Atalaya zarpa hacia aguas del Golfo de Guinea. Fuente: http://www.europapress.es/

 

Bibliografía.

Amorós, Alba (2017) Quedan demasiados «Mugabes» en África. ABC. Recuperado de  http://www.abc.es/internacional/abci-quedan-demasiados-mugabes-africa-201711231001_noticia.html

Hornero, J. (2011). Guinea Ecuatorial, el Golfo de Guinea y España: consideraciones geopolíticas y de seguridad. Instituto Español de Estudios Estratégicos, 046/2011. Recuperado de http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2011/DIEEEO46_201GuineaEcuatorialxGolfodeGuineaEspana_.pdf

Muakuku, R. I. (2006). Conflictos étnicos y gobernabilidad: Guinea Ecuatorial. Barcelona: Ediciones Carena.

Naranjo, J. (2017). Obiang reúne más del 98% de votos en unas elecciones tachadas de fraudulentas por la oposición. EL PAÍS. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2017/11/13/actualidad/1510581262_165294.html

Saldaña, E. (2015). Guinea: el re-cambio colonial. Recuperado de https://elordenmundial.com/2015/12/28/guinea-el-re-cambio-colonial/

Suárez, L. (2017). Guinea Ecuatorial, cara y cruz. Recuperado de http://blogs.publico.es/verdad-justicia-reparacion/2017/11/25/guinea-ecuatorial-cara-y-cruz/

Wikipedia. (2017, diciembre 11). Guinea Ecuatorial. En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Guinea_Ecuatorial&oldid=104063225

 

 

 

 

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La Declaración Balfour (02-11-1917).

1. El contexto.

En noviembre de 1917 la Primera Guerra Mundial se encontraba en una fase de estancamiento. Los EE. UU. Aún no habían entrado en ella y los rusos estaban en plena revolución. La intención primera del documento era que Gran Bretaña obtuviese el apoyo de los judíos británicos y estadounidenses a su posición en el conflicto. Pero, para comprender bien el contexto de esta Declaración, también hay que ahondar en la geopolítica relacionada con la protección del Canal de Suez y con el logro de una posición estable en el Oriente Próximo, así como en otras razones culturales y religiosas.

Entre las primeras hay que observar que, tras la ocupación turca de Siria y Palestina por parte de Mehmet Alí (1833) –sultán de Egipto que, aunque actuaba en nombre del imperio Otomano era independiente de facto– la zona quedó bajo la influencia egipcia y turca. Francia, por su parte, había logrado convertirse, mediante acuerdos con Alí, en protectora de los católicos de la región, y lo mismo había hecho Rusia con los ortodoxos orientales, dejando fuera de la región a Gran Bretaña. Por ello el gobierno británico, paladín de los judíos que querían regresar a Palestina, apoyó esta migración al objeto de aumentar su papel en la región. La presencia británica en Palestina favorecería la protección del cercano Canal de Suez y era un eslabón importante en la ruta hacia la India.

El Imperio Otomano en 1914. Fuente: bobblincoe.files.wordpress.com

Gran Bretaña fue ganando influencia en Egipto tras la muerte de Alí (1848), llegando a controlar la economía, la administración y el ejército de facto, aunque formalmente se mantenía la monarquía. Hasta 1922 Egipto sería un protectorado británico.

Entre las razones culturales y religiosas hay que señalar la preocupación de las élites culturales y políticas británicas por los derechos de los judíos y especialmente por su restauración nacional. Desde esta base se creó una teleología coincidente que afirmaba que la historia nacional británica y la judía confluirían en el futuro. Esta confluencia fue divulgada por los propagandistas del gobierno deseosos de atraerse al sionismo, especialmente al norteamericano.

Durante su período de dominación de Palestina, el imperio Otomano practicó una política restrictiva sobre la inmigración judía, pero en 1901 les concedió el derecho de comprar tierras, hecho que aumentó el porcentaje de su población hasta el 7 %.

En 1916 El gobierno británico logró convencer al Jerife de La Meca para que iniciase una revuelta contra la dominación otomana a cambio de reconocer la independencia. Pero, ese mismo año, los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y Rusia habían firmado en secreto el Acuerdo  Sykes-Picot, que dividió el Oriente Próximo en esferas de influencia para estas potencias en caso de la derrota del imperio Otomano. A partir de ellas se establecerían posteriormente tres zonas: una árabe con capital en Damasco, otra judía en la Palestina histórica, primero internacionalizada, y otra cristiana en Líbano. Palestina sería internacionalizada quedando su administración bajo un condominio, controlado por Gran Bretaña.  No obstante, algunas fuentes afirman también que, entre las promesas que Gran Bretaña hizo a los árabes, estaba la cesión el gobierno de Palestina al acabar la guerra.

 

Zonas de influncia diseñadas por el Pacto Sykes-Picot. Fuente: jewishvirtuallibrary.org

Es bien sabido que británicos y franceses no cumplieron lo pactado en el Acuerdo Sykes-Picot y que, tras la guerra, utilizaron el cartabón y la regla para dividir sus respectivas zonas de influencia creando países hasta entonces inexistentes.

2. La Declaración Balfour.

La Declaración Balfor fue un documento que publicó el gobierno británico durante la Primera Guerra Mundial (el 2 de noviembre de 1917) para manifestar su apoyo a la creación de un “Hogar Nacional Judío” en Palestina, territorio que en ese momento formaba parte oficialmente del Imperio Otomano. El texto fue remitido a Lionel. W. Rothschild, líder de la comunidad judía inglesa y publicado en prensa el 9 de noviembre de 1917.

Para su elaboración, Arthur J. Balfour, ministro de exteriores británico, había pedido a los líderes judíos ingleses la presentación de proyectos tanto desde una perspectiva sionista como antisionista, pero nada se preguntó a la población local de Palestina.

Fotografía de Arthur J. Balfour. Declaración Balfour. Fuente: palestinalibre.org

Su valor radica en que fue la primera vez que una potencia mundial hacía público su apoyo al sionismo –es decir a la doctrina que sostiene el derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel–. El documento utiliza la expresión Hogar Nacional, un concepto confuso, sin precedentes en el derecho internacional, y que no dejaba claro si se refería a la creación de un Estado judío. Tampoco se especificaba si la referencia a Palestina abarcaba a todo el territorio o solamente a una porción.

La segunda parte del documento está destinada a satisfacer a los que se oponían a la creación de este Hogar Nacional. En ella se especificaba que ninguna acción iría dirigida contra los derechos de las comunidades no judías existentes en Palestina. Como tampoco se podía deducir del texto que toda Palestina se asignase al Hogar Nacional Judío, quedaban los límites circunscritos a posteriores negociaciones.

3. Las consecuencias.

La Declaración impulsó el apoyo popular al sionismo entre los judíos. Al acabar la guerra sirvió para favorecer la creación del Mandato británico de Palestina; una administración territorial encomendada por la Sociedad de Naciones al Reino Unido como consecuencia de la partición del Imperio Otomano. Aunque el Reino Unido administraba estos territorios de facto desde 1917, el Mandato entró en vigor en junio de 1922 y expiró en mayo de 1948. De hecho, los intentos británicos de compaginar las dos promesas hechas –Hogar Nacional Judío y gobierno árabe de Palestina– es el origen de un problema que aún hoy, un siglo después, viene arrastrándose.

Implícitamente el texto reconocía el vínculo milenario que existía entre un pueblo judío disperso por el mundo y la tierra ancestral de Israel. Las comunidades cristiana y musulmana, que constituían el 90 % de la población se opusieron a la creación de la entidad judía. En el mundo árabe la propuesta fue interpretada como una traición de los acuerdos con los británicos durante la Primera Guerra Mundial. Por el contrario, Estados Unidos reconoció su apoyo oficial en 1922.

Desde finales de la primera Guerra Mundial, los ambientes sionistas favorecieron la inmigración a Palestina, sobre todo entre las clases judías más pobres y perseguidas de la Europa central. Así, en los años veinte, se calcula que unos cien mil judíos se asentaron en Palestina, pasando a constituir el 17 % de la población del territorio. Estos nuevos asentados, muchos pertenecientes a las facciones sionistas más radicales, comenzaron a expulsar de las tierras compradas a los no judíos.

A partir de 1933, cuando comienzan las persecuciones nazis contra los judíos, se produce  una segunda ola inmigratoria. Las protestas y revueltas de la población árabe son reprimidas por las autoridades británicas con la colaboración de grupos paramilitares judíos: primero Hahanagh y, más tarde, Irgun, un grupúsculo mucho más radical que actuará incluso contra la población civil y, luego, cuando Gran Bretaña intentó limitar la inmigración judía –mientras continuaba la persecución nazi– contra los mismos británicos. A partir de ese momento el sionismo busco nuevos aliados en Estados Unidos.

Miembros del grupo paramilitar Haganagh en 1948. Fuente: greenleft.org.au

El documento impulsó al sionismo político, que acabaría logrando, treinta años más tarde el reconocimiento de la ONU, cuando mediante la Declaración 181 de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1947 se aceptaba la división de Palestina en dos Estados: uno judío y otro árabe, mientras que Jerusalén quedab bajo un mandato internacional. Era la salida legal y política para la creación de un Estado-Nación judío, aunque la resolución solamente otorgaba a los judíos una sexta parte del territorio reclamado en 1917.

Plan de partición de la ONU para Palestina (1947). Fuente: opinatorio.com

El 15 de mayo de 1948, seis meses después de la Declaración de la ONU, Inglaterra abandonó Palestina, dejando a los judíos de Palestina a su suerte. El día anterior Israel se había proclamado independiente. Dos días después, ocho ejércitos árabes (Siria, Egipto, Transjordania, Líbano, Yemen, Irak, Arabia Saudí y el Ejército Árabe de Liberación) declararon la guerra al recién nacido Estado judío.

Tropas árabes en el conflicto de 1948-1949.
Fuente: aurora-israel.co.il

La entrada de tropas hace estallar la primera guerra árabe-israelí. El inicio de las muchas guerras que han enfrentado a ambos pueblos. El plan de partición era papel mojado.
Tras unos meses de enfrentamientos, Israel derrota a los estados árabes y se firma un armisticio con Siria, Jordania, Egipto y Líbano. Israel logra hacerse con más territorio del que se había fijado en la partición de la ONU. Jerusalén es dividida: Israel controlará la parte Oeste, mientras que Jordania ocupará la Este, los sectores donde se concentran buena parte de los lugares sagrados. La franja fronteriza con Jordania (Cisjordania) pasará a ser gobernada por este país y Egipto administrará la Franja de Gaza. El resultado de este reparto fue que unos 700.000 palestinos se convertirán en eternos refugiados diseminados por los países árabes colindantes, Gaza y Cisjordania.

Bibliografía.

Declaración Balfour. (2017, noviembre 2). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/

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