Leopoldo II de Bélgica, el rey genocida.

  1. Leopoldo II de Bélgica, empresario colonial. 

Leopoldo II de Bélgica –rey entre 1865 y 1909– es un personaje peculiar, además de uno de los mayores genocidas de la historia. Fue el único soberano europeo que fue de hecho dueño privado de una colonia, el llamado Estado Libre del Congo, un territorio que administró como si se tratara de una empresa particular. Era “su” colonia, no del país.

Leopoldo II. Fuente: //bookmarkzero.com

Bélgica era, en la segunda mitad del siglo XIX, un país joven. Su pequeño tamaño hacía inviable cualquier rivalidad con las grandes potencias del momento –Gran Bretaña, Francia, Alemania–, arrojadas a una carrera colonial muy competitiva. La consecuencia fe que Bélgica se quedó sin colonias y eso no constituía precisamente un elemento de prestigio en aquel tiempo. Pero su soberano se propuso remediar la situación y lo consiguió. De hecho, como afirma Vargas Llosa, Bélgica, o su soberano, fue el único país que se convirtió en una gran potencia colonial sin disparar un solo tiro.

Mapa de Bélgica. Fuente: Wikipedia.

Leopoldo II comenzó pronto a mostrar interés por el continente africano. Pero ese interés se manifestó a través de una construida mentira. El monarca se fue fraguando una imagen pública de benefactor y protector altruista de los salvajes y paganos pueblos africanos. Para fortalecer esta imagen propagandística envió misioneros y financió estudios sobre las condiciones de vida de estos pueblos, mostrándose también como un fervoroso antiesclavista. En este contexto convocó una Conferencia Geográfica en Bruselas (1876); no se trató de un encuentro político, sino más bien social ya que asistieron exploradores y diversos científicos. Su objetivo fue establecer unas normas para proteger a los habitantes del continente de la trata de esclavos, práctica común entonces. De esta Conferencia surgió la Asociación Internacional Africana (AIA). Una organización que era una simple tapadera que ocultaba los verdaderos propósitos del rey. Poco después, en 1879, esta asociación promovió una expedición por el rio Congo que se prolongó durante diez años, hasta 1889, y que estuvo dirigida por el explorador inglés Henry Morton Stanley. Gracias a estas acciones, Leopoldo II adquirió una apropiada imagen de filántropo, de patrón que se preocupaba por los temas humanitarios. A través de esta campaña publicitaria logró manipular al pueblo belga, poco proclive a aventuras coloniales. Todos estos aspectos sirvieron para tapar la cruda realidad de una explotación colonial despiadada. 

Expediciones de Stanley. En verde la de 1874-7; en azul la de 1888-89. Fuente: wikimedia.org

Su interés por la carrera colonial y por obtener una área de influencia tenían como objetivo situar a Bélgica entre las grandes potencias coloniales del momento. En base a estas premisas, Leopoldo II logró que, en la Conferencia de Berlín (1884-1885), las grandes potencias coloniales le regalaran el Congo, un inmenso territorio –80 veces más grande que Bélgica–, con el objetivo de que lo abriera al comercio, lo cristianizara y aboliera la esclavitud. Se reconocía así la creación del Estado Libre del Congo como una propiedad personal del rey, no del Estado belga. Para configurar su posesión con una mínima base jurídica, Leopoldo había mandado a Stanley que firmara pactos con los reyes locales por los que sus territorios se convertían en “Estados libres” pero cedían a la AIA los derechos de explotación de sus tierras. Toda una engañifa. Fue así como se constituyó el denominado Estado Libre del Congo.

Mapa de África resultado de la Conferencia de Berlín de 1885. Fuente: http://acento.com.do/

Para el control del territorio Leopoldo envió un ejército mercenario de 16.000 hombres, de diversos países europeos, pagado de su propio bolsillo. Este ejército implantó un régimen de trabajos forzados basado en la esclavitud y las mutilaciones.

2. La explotación de la colonia. 

Gracias a la explotación del Congo, Leopoldo se convirtió en multimillonario.  Las plantaciones de caucho –cuya demanda aumentaba por el crecimiento de la industria automovilística y del parque de bicicletas– le proporcionaron ingentes riquezas porque poseyó durante bastante tiempo el monopolio mundial de su producción. A ello se añadió la exportación de marfil. Para sostener estas actividades se aplicaron unos sistemas de explotación que obligaban a los indígenas a un trabajo inhumano, basado en la violencia más salvaje y en un régimen de plena esclavitud. 

Trabajadores del caucho. Foto de Alice Seeley Harris. Copyright Anti-Slavery International y Autograph ABP.

Un ejemplo de este régimen de trabajo era el de la tala de árboles; un trabajo previo que necesario para despejar la selva antes de plantar. El trabajo era realizado por hombres no encadenados, pero para controlarlos los soldados habían secuestrado antes a sus mujeres e hijos. Si escapaban o no realizaban el trabajo previsto les cortaban las manos a los rehenes. 

Los historiadores difieren en la cuantificación de este genocidio. La mayoría opta por constatar que aproximadamente un tercio de la población congoleña fue exterminada –perecieron entre 10 y 13 millones de personas–, la mayoría entre 1885 y 1908. 

En la colonización del Congo no hubo ninguna resistencia al invasor. La enorme división de pueblos y culturas desconectados o enfrentados entre  imposibilitó una reacción conjunta frente a un colonizador mucho mejor organizado y armado que cortó desde el principio cualquier iniciativa que cuestionara su dominio.

Los países europeos tardaron en reaccionar. Hasta 1903, fallecida ya la reina Victoria de Inglaterra, prima de Leopoldo, no se elaboró ningún informe al respecto. El gobierno británico envió al Congo a Roger Casement para que elaborara un informe al respecto. Esta investigación –informe Casement– llevó al gobierno británico a exigir la revisión de la concesión del Congo al rey belga. Como consecuencia de las presiones desencadenadas a nivel internacional, Leopoldo II cedió al parlamento belga la administración del territorio (1908), pero a cambio de que este le indemnizara por la cesión con el equivalente actual de unos 140 millones de euros. 

Bélgica continuó explotando el Congo hasta 1960, fecha de su independencia. Las explotaciones de caucho fueron sustituidas por la minería –cobre, cobalto, uranio, . Incluso las grandes empresas mineras lograron administrar a su libre albedrío la región de Katanga, donde se concentraban los mayores y más ricos yacimientos mineros. 

Región de Katanga. Fuente: Google Maps y elaboración propia.

La conclusión que podemos extraer de este proceso de colonización creo que ya la ha realizado y resumido Vargas Llosa a la perfección: «Durante un cuarto de siglo por lo menos el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido en una de las operaciones más crueles que recuerde la historia, un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos por el delirio racista y homicida de Hitler, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II y sus crímenes, al que muchos europeos, no sólo belgas, todavía recuerdan con nostalgia, como un estadista que, venciendo las limitaciones que la historia y la geografía impuso a su país, hizo de Bélgica por unos años un país imperial.»

 3. La explotación del Congo y la literatura.

Resulta curioso el contraste entre el relativo desconocimiento que , en general, se tiene de la colonización y del genocidio ocurrido en el Conglo durante el dominio del rey belga, sin duda el más cruel del colonialismo, y el gran interés que ha suscitado entre los escritores a lo largo del tiempo. 

El primero que se hizo eco de esta tragedia fue Joseph Conrand, quien en su novela El corazón de las tinieblas (1899) narró el viaje del protagonista por el río Congo. Ese protagonista narra de primera mano las atrocidades que se cometían en ese territorio. Poco más tarde, el escritor francés Octave Mirbeau también le dedicaba su atención en la novela LA 628-E8 (1907). Y recientemente será Mario Vargas Llosa quien en su novela El sueño del celta (2010) haya divulgado, apoyado en numerosas fuentes, los crueles excesos de la explotación del Congo a través de una biografía de Roger Casement. 

4. Bibliografía.

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Ferro, Marc. (2005) El libro negro del colonialismo: del siglo XVI al siglo XXI. De la exterminación al arrepentimiento. Madrid: La Esfera de los Libros.

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VV. AA. (2010). La tragedia del Congo. La Coruña: El Viento.

 

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El Kurdistán iraquí: referéndum, petróleo y geopolítica

Historia de los kurdos.

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo asentado en la región sur de Anatolia que se islamizó a partir del siglo VIII al ser invadido por los árabes. A partir del siglo X quedaron bajo la autoridad de los turcos seléucidas y después bajo el dominio del Imperio Otomano. Dentro de este imperio, los kurdos mantuvieron una amplia autonomía hasta el siglo XIX, cuando aumentó el intervencionismo turco. Ello provocó un aumento de la tensión y el estallido de dos rebeliones importantes: una en 1806 y otra en 1880, siempre fracasadas. Los kurdos profesan la religión islámica y pertenecen en su inmensa mayoría a la rama suní, aunque también hay chiíes y otras minorías más pequeñas. Su lengua tiene vínculos con el persa.

La derrota del Imperio Otomano en la primera Guerra Mundial significó su desintegración. El Tratado de vres –firmado entre las potencias vencedoras y el Imperio Otomano–, que nunca se puso en vigor porque no fue firmado por todas las partes, reconocía el derecho de autodeterminación de las nacionalidades que se encontraban bajo el dominio otomano. A los kurdos les dotaba de un Estado en Anatolia oriental, que curiosamente no implicaba a los territorios bajo mandato de las potencias europeas –Francia y Gran Bretaña– Pero la aprobación del tratado por el sultán provocó una rebelión nacionalista en Turquía, encabezada por Mustafá Kemal Atatürk, que triunfó y tomó el poder. Tras una breve guerra contra griegos y armenios, se firmó el Tratado de Laussana  (1923)  que anuló el de Sèvres.

Reparto de Turquía en el Tratado de Sèvres (1920). En azul el Kurdistán turco. Fuente: elaboración propia y wikimedia.com

 Este último tratado dividía el territorio kurdo entre Turquía, Irak (bajo dominio británico), Irán, Siria (bajo dominio francés) y la URSS (actuales Georgia, Armenia y Azerbaiyán). El interés de las grandes potencias por controlar los recursos petrolíferos de la zona prevaleció sobre otros postulados. La insatisfacción kurda se mostró en la sublevación de 1925, derrotada por las tropas turcas.  

Distribución de la población kurda. Fuente: http://www.politicaexterior.com

Tras la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, se mantuvo el movimiento independentista kurdo. Un ejemplo fue la formación, en territorio iraní, de la República de Mahabad, gobernada por el Partido Democrático del Kurdistán iraní (PDK) y de inspiración comunista, que tuvo una vida efímera. Otra muestra fue la guerra de guerrillas que Mustafá Barzani, líder histórico del PDK, inició en 1963 en territorio iraquí, y que perduró hasta su derrota en 1975. En 1979 se produjo en el Kurdistán iraní una rebelión, probablemente instigada también por EE.UU., contra el régimen teocrático de los ayatollahs, a la que estos respondieron con la declaración de la guerra santa contra los kurdos. A partir de 1984 el conflicto se extendió a Turquía con la aparición del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que comenzó a practicar una guerra de guerrillas contra las autoridades turcas.

En los años ochenta del pasado siglo la actividad guerrillera del PKK –terrorismo en la interpretación de los respectivos gobiernos– se acrecentó y se extendió a Irak, aumentando también la represión de los regímenes turco e iraquí. Así el régimen baazista puso en marcha un proceso de arabización que culminó, en el contexto de la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), en un verdadero genocidido que conllevó el uso de armas químicas contra la población. Durante la primera Guerra del Golfo se produjo en el Kurdistán iraquí (1991) una rebelión que fue aplastada por el ejército de Irak, sin que las tropas occidentales interviniesen. No obstante, Estados Unidos estableció una zona de exclusión aérea que protegió a los kurdos de los ataques de Sadam Husein. Desde entonces se puede hablar de autogobierno en el Kurdistán iraquí.

Cementerio de Halabja, cuya población fue gaseada por Sadam Husein en 1988. Fuente:http://www.hispantv.com/

 Pero los años noventa registraron también la aparición de una guerra civil en los territorios kurdos; el conflicto enfrentó a las milicias del Partido Democrático del Kurdistán iraquí y la Unión Patriótica del Kurdistán, una escisión por la izquierda del mismo partido. Por otra parte, Turquía aumentó la represión sobre la población kurda de su territorio.

En la segunda Guerra del Golfo (2003), los kurdos se aliaron con los EE.UU. con el objetivo de lograr una autonomía tras la guerra y el derrocamiento de Sadam Husein. Y así la Constitución de 2005 definió Irak como un Estado federal y reconoció la autonomía de la región del Kurdistán iraquí (las provincias de Dohuk, Erbil, y Sulemainiya).

Regiones kurdas en Irak. Fuente: http://www.hrw.org

Aún así quedaron algunos problemas pendientes como el reparto de los ingresos petrolíferos y la celebración de un referéndum que definiese el futuro estatus de la zona kurda. No obstante, la aparición del ISIS, que llegó a conquistar una parte del territorio correspondiente a la citada entidad federal, fue considerado un peligro más prioritario e importante por las autoridades kurdas, que utilizaron sus milicias (los peshmergas) para enfrentarse eficazmente, con ayuda militar norteamericana e israelí, a los islamistas hasta desalojarlos del territorio kurdo que habían conquistado.

Fuerzas kurdas peshmergas. Fuente. http://www.antena3.com

El referéndum en el Kurdistán iraquí.

Actualmente, la población kurda conforma el pueblo sin Estado más numeroso–unos 35 millones de personas–, pero la fragmentación política de su territorio entre diversos estados y la inestabilidad de la región son factores que dificultan mucho la consecución de un Estado viable y reconocido internacionalmente. Además, el conjunto de los kurdos no tiene un proyecto común de nación. A pesar de ello, las vicisitudes históricas recientes han acercado esa posibilidad en la parte iraquí del territorio. 

El contexto de un Estado iraquí débil, amenazado por la fragmentación interna –religiosa y política: kurdos, suníes y chiíes–, y de una fortaleza militar significada en la victoria contra el ISIS, han posibilitado  que el pasado 25 de septiembre se celebrase un referéndum de autodeterminación en el territorio kurdo dentro de Irak. La pregunta del referéndum fue ¿Quiere que la región del Kurdistán y las zonas kurdas fuera de la administración de la región se conviertan en Estado independiente?”. La pregunta hacía referencia no solamente al territorio reconocido que forma parte de la región autónoma, sino también a otros territorios disputados (ver mapa) y no incluidos en las fronteras de las provincias antes citadas: territorios recuperados al ISIS por los pershmerga kurdos, como por ejemplo la ciudad de Kirkuk, reclamada como capital histórica del Kurdistán, pero donde estos cohabitan con árabes, armenios y otras etnias.

Los resultados del referéndum muestran un único dato para todos los territorios: el 92,7 % favorable al  y un 7,3 % al no, con una participación del 72 %. Pero los resultados presentan puntos oscuros: no se han ofrecido datos por provincias y en Kirkuk solamente fueron a votar, con muchas medidas de protección, los partidarios del sí; no hubo representantes del no en los centros de votación; se produjeron numerosas irregularidades constatadas por los observadores internacionales invitados; el recuento de votos no se hizo en cada centro de votación, sino que se centralizó en un local sin la presencia de observadores internacionales ni locales. Todos estos detalles pueden poner en duda los resultados del referéndum. Estas observaciones no son aplicables a las provincias que conforman la región autónoma de donde se dieron datos más específicos y en las que el apoyó al sí fue muy claro.  

Manifestación en la campaña por el referéndum. Fuente: http://www.efe.com

El presidente de la región, Masud Barzani, aboga por un Estado independiente, pero asegura que no habrá una declaración unilateral de independencia sino un proceso de negociación, a no ser que no hubiera ninguna respuesta del gobierno de Bagdad en este sentido. Las respuestas desde el gobierno iraquí, pero también de Irán y Turquía han sido totalmente negativas. Bagdad ha cerrado el espacio aéreo kurdo, mientras que las fronteras terrestres con Irán y Turquía son cerradas intermitentemente. Turquía amenaza con cerrar el oleoducto que sirve para exportar el crudo kurdo y realiza amenazas militares. Por su parte, el gobierno kurdo confía en el apoyo internacional, principalmente de Estados Unidos, pero también es consciente de que ningún gobierno occidental ha apoyado oficialmente el referéndum y que las prioridades siguen siendo la integridad del territorio iraquí y la lucha contra el ISIS. En cualquier caso, el referéndum ha servido para plantear la necesidad de dar una respuesta, mediante un nuevo estatuto, a las demandas kurdas.  

El gobierno iraquí cuestiona su legalidad y, sobre todo, su extensión a zonas situadas fuera del territorio autónomo kurdo. Incluso en el interior del mismo Kurdistán hay un movimiento que considera que no es el momento apropiado. Al mismo tiempo, las fuerzas militares y políticas de los territorios kurdos situados en otros países tampoco se ponen de acuerdo. 

Para algunos analistas todo el proceso parece una iniciativa de los Barzani y del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) para evitar la erosión del monopolio de poder que han ejercido en las provincias kurdas durante décadas. Parece también una forma de convertir en secundarios otros graves problemas que tiene el Kurdistán iraquí: el riesgo de colapso fiscal que amenaza con romper la red clientelar que sustenta el poder de las principales familias. Desde junio de 2014, cuando el gobierno central cortó las transferencias de fondos, el gobierno regional pasa serias dificultades para hacer frente a los gastos corrientes y pagar los salarios de sus numerosos funcionarios. El gobierno ya han tenido que hacer frente a varias protestas debido al deterioro generalizado de los servicios básicos. El inmovilismo de las autoridades ha condenado al Kurdistán a depender totalmente de una producción autóctona de petróleo que no es suficiente para sostener las estructuras básicas del Estado. 

El panorama futuro dista de estar claro. El peligro de una confrontación armada no es descartable; en las zonas conquistadas al ISIS, las fricciones entre los peshmerga y las milicias chiíes son frecuentes. Uno confrontación entre estas dos fuerzas sólo beneficiaría al ISIS. Turquía, por su parte, no ha descartado la intervención militar mientras que la concentración de fuerzas turcas, iraquíes e iraníes cerca de las fronteras del Kurdistán iraquí va creciendo. 

Bibliografía.

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El conflicto rohingya: religión, nacionalismo y éxodo.

1. ¿Quienes son los rohingyas? 

El territorio costero birmano ha sido tradicionalmente una zona de comercio poblada por musulmanes y vinculada a las rutas marítimas del golfo de Bengala. En el siglo XVIII el reino de Arakán fue conquistado por los reyes birmanos, pero su población siguió conservando las relaciones con los territorios musulmanes cercanos. Los habitantes de Myanmar se dividen en numerosos grupos étnicos y, aunque son mayoritariamente budistas, existen minorías de cristianos y musulmanes. Esta diversidad es producto de su situación geográfica ya que se trata de un “país pasarela” entre tres mundos: el chino, el hindú y el del sudeste asiático.

Los rohingyas son un grupo étnico bengalí de religión musulmana que habita en el norte de Myanmar (antigua Birmania), fundamentalmente en la región de Rakáin –escrito también Rakhine o Rajine– (cuyo nombre histórico es Arakán). Inicialmente era un grupo minoritario que, hacia 1869, representaban solamente el 5 % de la población de esa región. Para aumentar la mano de obra disponible en las plantaciones de arroz, los colonizadores británicos alentaron la migración de población desde Bengala occidental (actual Bangla Desh). Ello provocó, con el paso del tiempo, que la población musulmana de la región fuese aumentando.

Esta población habita en la región de Arakán –considerado estado en la división territorial birmana–, uno de los más pobres del país a pesar de contar con bastantes recursos naturales. Se sitúa al noroeste del país, en contacto con la vecina Bangla Desh. Actualmente cuenta con unos 3,5 millones de habitantes, de los cuales alrededor de un millón se reclaman rohingyas y practican un islamismo sunní impregnado de sufismo.

Región de Rakine (o Rakhaing). Fuente: EL MUNDO

2. Orígenes del problema. 

El aumento de la población musulmana acabó provocando conflictos con el resto de habitantes birmanos, de religión budista. Ya en la Segunda Guerra Mundial, tropas ronhingyas aprovecharon el conflicto y el armamento proporcionado por los ingleses para arrasar aldeas budistas –partidarias de los japoneses–, ocasionado unas 20.000 víctimas. Su objetivo en aquel momento era formar un Estado islámico en el norte de Birmania y fusionarlo con el entonces Pakistán Oriental, basándose en la afinidad religiosa. Como la idea de la unión con Pakistán no prosperó –Pakistán no estaba en condiciones de apoyarla por los enfrentamientos con la India durante su proceso de independencia–, el objetivo redundante a partir de 1947 fue la creación de un Estado independiente en Arakán.

Desde entonces se ha mantenido un constante conflicto armado de baja intensidad entre guerrilleros rohingyas y tropas birmanas. El golpe de Estado del general Ne Win, en 1962, aceleró la política de represión contra ellos, política que se extendió cronológicamente hasta finales de los setenta. El control militar birmano, promovido por el deseo de controlar los recursos naturales, logró reducir la extensión de la violencia, pero no pudo impedir la permanencia, en zonas remotas, de grupos guerrilleros rohingyas. También provocó un éxodo de muchos ronhingyas que huyeron y volvieron a Bangla Desh. 

Cuando, a partir de 1990, la antigua Birmania comienza a abrirse al mundo, busca una identidad que la defina y la encuentra, con un sentido excluyente, en el budismo, opción defendida por los numerosos monasterios budistas (la denominada sangha) que, tras el ostracismo al que habían sido condenados por la dictadura militar, buscan un nuevo papel político y moral. La política excluyente y de odio que subyace en esa nueva identidad se dirige principalmente hacia los musulmanes, que son presentados como invasores del suelo birmano. 

Monje budista contrario a los rohingya. Fuente:http://caravandaily.com/portal/rohingyas-a-name-with-no-place/

Además, para completar esa política identitaria, la dictadura militar (1962-2011) llevó a cabo una política de asimilación de todos los grupos étnicos o religiosos diferentes de la etnia bamar, la mayoritaria en el país. Esta asimilación, que suponía el peligro de desaparición de la cultura rohingya, es uno de los elementos clave del conflicto. La cuestión, aunque parezca baladí es la siguiente: ¿son los rohingyas un grupo étnico completamente birmano o son solamente inmigrantes de Bangla Desh?

La denominación de rohingyas aparece para responder al intento de integración y la promueven los líderes musulames de la región. Su anterior denominación –bengalís– aludía a su zona de procedencia e implicaba un status de extranjero; por eso se sustituyó por el de rohingya, que quiere decir Arakán en bengalí.

En 1982 el general Ne Win excluyó a muchos rohingyas del derecho a la nacionalidad birmana al considerarlos extranjeros. Ello creaba una grave situación de vulnerabilidad que condujo a expulsiones masivas a partir de los años noventa del siglo pasado, pero estas personas tampoco son ciudadanos de Bangla Desh por lo que se consideran apátridas. La ONU consideraba que, en 2013, existían unos 800.000 rohingyas sin ninguna nacionalidad. En esta situación, las tensiones y los resentimientos, atizados por explosiones de nacionalismo, se multiplican desde 2012.

3. El conflicto actual. 

Los antecedentes del conflicto actual se remontan a 2012. La cerilla que enciende la llama fue la violación, en mayo de ese año, de una mujer musulmana por tres musulmanes. La respuesta de estos últimos fue el asesinato de diez musulmanes. Estas acciones iniciaron un ciclo de ataques violentos entre las dos comunidades. Desde ese momento comenzó una campaña islamófoba de la mayoría budista que, a menudo acabada con actos violentos. Las fuerzas del orden mantuvieron una actitud pasiva antes estos ataques, cuando no claramente colaborativa.

En octubre los ataques contra la población rohingya adquieren mayor gravedad., revistiendo todas las características de un pogromo planificado. Estas acciones vuelven a repetirse en marzo de 2013; en esta ocasión el balance fue de más de cien muertos y unas 36.000 personas desplazadas por los ataques a aldeas musulmanas.

Mezquita destruida en 2012. Fuente:http://geoconfluences.ens-lyon.fr/

Los hechos descritos parecen haber roto definitivamente las posibilidades de convivencia de las dos comunidades. La población musulmana que ha tenido que huir se ha concentrado en campos de refugiados o zonas de seguridad situados en territorio birmano, soluciones que han estado pensadas para marginalizar y segregar a los habitantes rohingyas. En 2015 se calcula que el número de refugiados ascendía a unos 100.000.

Las medidas represivas sobre esta minoría han ido acentuándose: no pueden poseer tierras, no pueden viajar o casarse sin permiso de las autoridades, tampoco se les permite tener más de dos hijos, etc.

En respuesta a esta política represiva, la minoría rohingya, tradicionalmente pacífica, ha radicalizado sus posturas. Ello puede explicar la revitalización del ARSA (Ejército de Salvación Rohingya; siglas en inglés) –un grupo armado, calificado como terrorista por el Ejército birmano– a finales del año pasado, realizando ataques a puestos policiales y militares birmanos. La repetición de estos ataques en agosto pasado ha servido para que el Ejercito inicie una campaña de represión más dura, justificada por las relaciones que este grupo, afirman, mantiene con el ISIS. La respuesta militar es la causante de los actuales desplazamientos masivos de refugiados que huyen de la represión.

Refugiados en Bangla Desh. Fuente:https://www.ndtv.com/world-news/rohingya-crisis

La población budista apoya las acciones del Ejército. No quiere a los rohingyas, a los que considera unos inmigrantes ilegales bengalíes que amenazan los equilibrios del país por su alto índice de natalidad o por su potencial vínculo con el islamismo radical.

Esta huida, un éxodo de más de 400.000 personas hacia Bangla Desh, acontecido en pocas semanas entre finales de agosto y principios de septiembre ha creado una situación alarmante desde un punto de vista humanitario. Hecho agravado por las restricciones que el gobierno de Bangla Desh ha impuesto a la entrada en su territorio de estos refugiados. Al mismo tiempo, el gobierno de Myanmar ha impedido a las organizaciones humanitarias su entrada en territorio birmano. La ONU ha alertado de lo que considera una limpieza étnica en toda regla.

A algunos observadores del conflicto les sorprende la actitud de la consejera de Estado birmana, la Premio Nobel de la Paz Aung San Sun Kyi. Su postura ha oscilado entre el silencio y la ambigüedad; aunque manifestó su apoyo a los derechos humanos y su simpatía por los que sufren en el estado de Rajine, no se pronunció sobre las causas de esos sucesos ni criticó al Ejército birmano. El que los resortes del poder real estén aún en manos del Ejército y que la mayoría de la población budista del país apoye las medidas contra los rohingyas pueden explicar la actitud de la Premio Nobel.

4. Bibliografía.

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La revuelta catalana de 1934: l’Estat Català

Es bien conocida la frase de Marx, Carlos, que dice que la historia se repite siempre dos veces, primero como tragedia y, luego, como farsa. Y comienzan a aparecer visos de que esto mismo está ocurriendo con el problema creado por la convocatoria, por el gobierno catalán, de un referéndum de autodeterminación para el 1 de octubre. Bien es cierto que las causas concretas de ambos acontecimeintos son diferentes, así como el contexto histórico, especialmente el internacional. Pero llama la atención el hecho de que en los dos únicos períodos democráticos disfrutados por España en la etapa contemporánea haya aflorado la cuestión catalana –por llamarla de alguna manera–; y ello siempre a partir de un crecimiento de la tensión entre el gobierno central y el autonómico. Algo muy parecido ocurrió en 1934.

El programa político que las fuerzas de la oposición consensuaron en San Sebastián preveía atender las reivindicaciones nacionalistas catalanas. Pero, el mismo día en que proclamó la IIª República, el 14 de abril de 1931, Francesc Macià proclamó en Barcelona, por su cuenta, la República Catalana. Para reconducir la situación el gobierno central, aún provisional, envió a tres ministros con el fin de llegar a un acuerdo. A cambio de no romper la estructura del Estado y de retirar la proclamación, el gobierno se comprometía a restablecer la Generalitat de Cataluña, cuya presidencia ostentaría el mismo Macià, y a aprobar un estatuto de autonomía en las futuras Cortes Constituyentes.

Proclamación de la Iiª República en Barcelona.
Fuente: Wikipedia

La constitución de 1931 permitió el reconocimiento del derecho a la autonomía de las regiones. Cataluña fue la primera en comenzar el proceso a iniciativa de Esquerra Republicana, que desde las elecciones de 1931 había desplazado al nacionalismo moderado de la Liga Regionalista como partido hegemónico en Cataluña. Como consecuencia del acuerdo obtenido por Macià, se creó una Diputación Provisional de la Generalitat, formada por representantes de los municipios. Esta Diputación creó, a su vez, una comisión de seis miembros que redactó un anteproyecto de Estatuto de Autonomía, que luego, el 6 de agosto de 1931, fue refrendado por el 99 % de los votos, aunque las mujeres no pudieron votar. El 18 de agosto el proyecto entró en las Cortes.

El proyecto de Estatuto adoptaba una filosofía federal en la concepción territorial del Estado y proponía una serie de competencias que contradecían lo estipulado en la Constitución de 1931: creación de una ciudadanía catalana, el catalán como única lengua oficial, posibilidad de incorporar otros territorios, etc. Estas propuestas chocaban con lo que se decía en la constitución pues, aunque la constitución reconocía las autonomías, el texto se fundamentaba en una concepción unitaria del Estado.

Aunque el proyecto fue reformado para adecuarlo a la constitución –se conservaron las competencias exclusivas en derecho civil y régimen administrativo, en la red secundaria de transportes y en sanidad y servicios sociales; y compartidas en educación, orden público y hacienda–, suscitó bastante oposición en prácticamente todos los grupos parlamentarios. Para su aprobación fue fundamentales la actitud de Azaña, claramente favorable, y la situación política creada tras el intento del golpe de Estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932. A partir de ese momento, se aceleró la discusión del mismo y el 9 de septiembre fue aprobado por la mayoría de las Cortes. Las elecciones convocadas en Cataluña poco después dieron la victoria otra vez a Esquerra Republicana. Al morir Macià en diciembre de 1933, fue sustituido en la presidencia de la Generalitat por Luis Companys, que formó un gobierno de concentración con partidos de izquierda. 

La victoria electoral de los republicanos radicales y de la CEDA –noviembre de 1933– y su llegada al gobierno en diciembre de 1933 explican la aparición de los primeros conflictos de competencias. El primero surgió con la aprobación en el parlamento catalán de la Ley de Contratos de Cultivo, que aseguraba un período mínimo de explotación de las tierras a los arrendatarios (rabassaires) del sector vitivinícola, así como la posibilidad de acceder a la propiedad de las mismas. La derecha catalana –la Lliga–, con el apoyo del gobierno central presentó un recurso de inconstitucionalidad que fue ganado ante el Tribunal de Garantías Constitucionales. Este hecho fue considerado por Esquerra Republicana como un ataque a la autonomía catalana.

La respuesta de la Generalitat dirigida por Companys hay que inscribirla en el marco de la revolución de octubre de 1934. Como es bien conocido, el sector más radical de la UGT, liderado por Largo Caballero, adoptó un programa claramente revolucionario que después fue adoptado por el PSOE, pero no por la CNT. La entrada de ministros de la CEDA en el gobierno fue el desencadenante por el que los socialistas iniciaron la insurrección, que se justificó como un medio para impedir que Gil Robles destruyera la república.

Para comprender correctamente estos acontecimientos hay que situar el marco histórico europeo. En la Europa de 1934 estaba consolidándose el avance del fascismo. A los casos de Alemania e Italia, había que añadir Austria, donde el canciller Dollfuss declaraba partido único a su Frente Patriótico y reformaba la constitución en un sentido corporativista. Ese ejemplo alarmaba a la izquierda española –al PSOE puesto que la CNT se desentendió–, que dio por amortizada la república burguesa y optó por la revolución socialista.

Tipología regímenes políticos en Europa en los años treinta.
Fuente: http://social-es-sinclases.blogspot.com.es/2013/04/los-totalitarismos-fascismo-y-nazismo.html

También hay que tener en cuenta lo extendida que estaba la idea –entre la izquierda y el centro-izquierda republicano– de que la República sólo podía ser gobernada por los partidos de estas ideologías. En la campaña electoral de las elecciones de 1933 los líderes socialistas se habían pronunciado a favor de una revolución socialista. Por ello el nuevo gobierno de centro-derecha vio cuestionada su legitimidad desde un principio, basándose en la supuesta intención de que quería destruir la república. Macià, entonces, presentó a Cataluña como el último baluarte de la República.

Como ya es sabido la insurrección revolucionaria impulsada por los socialistas fracasó a nivel nacional –aunque la huelga general fue importante en algunas capitales: Madrid, Sevilla, Valencia, Córdoba, Barcelona…– entre otras razones porque ni la policía ni el ejército quisieron implicarse. La intentona revolucionaria solamente tuvo reflejo en dos fenómenos muy diferentes: el levantamiento obrero en Asturias, y en menor medida en el País Vasco, y la revuelta nacionalista en Cataluña. Lo que unía a estas manifestaciones era su intento de impedir por la fuerza la derechización de la República.

En Barcelona, la huelga general del 5 de octubre no contó con el apoyo de la CNT. Al día siguiente Companys anunciaba la ruptura de relaciones con el gobierno central y la proclamación del “Estado Catalán dentro de la República Federal Española” como una medida contra el acceso de la CEDA al poder. No se trataba de una proclama independentista sino de la creación de un Estado catalán dentro de un Estado, republicano, español; una fórmula compleja. A mismo tiempo invitaba a los líderes de la revuelta a ir a Barcelona para formar un gobierno provisional.

La medida comportaba también una rebelión militar cuyos preparativos habían estado a cargo del conseller de Gobernación, Josep Dencás, curioso personaje cercano al ideario fascista y duro represor de los anarquistas en su etapa como conseller. El apoyo popular armado que este esperaba no se manifestó en las calles. Además, Companys fracasó en su intento de atraerse al general Domingo Batet, jefe militar de Cataluña, que no obedeció sus órdenes y ocupó la ciudad. El día 7 Batet dispuso una batería de artillería frente al edificio de la Generalitat y tras una pequeña resistencia y un breve cañoneo tanto de la Generalitat como del Ayuntamiento, el gobierno catalán se rindió. La fracasada rebelión costó la vida a cuarenta y seis personas, ocho soldados y treinta y seis civiles.

El castigo a los responsables de la rebelión, impulsado por la CEDA y un sector del Partido Radical, se centró en los socialistas, en la figura de Azaña y en el Estatuto de Cataluña y sus representantes. Azaña fue detenido y permaneció unos meses en prisión por el simple hecho de que la rebelión coincidió con su presencia en Barcelona; mientras tanto se intentó liquidar el Estatuto, así el 14 de diciembre se suspendía indefinidamente la autonomía y se procesaba a los dirigentes del gobierno autonómico. Companys y sus consellers fueron condenados a treinta años de cárcel por rebelión militar. Los militares que estaban a cargo de los mossos d’esquadra y del somatén fueron condenados a muerte, aunque luego se conmutaron sus penas.

LLuis Companys, con otros miembros de su gobierno, en prisión. Fuente: http://www.lasprovincias.es/sociedad/201703/02/modelo-barcelona-echa-cerrojo-20170302115723.html

La rebelión fracasó y la autonomía estuvo suspendida hasta 1936, cuando el gobierno del Frente Popular la restauró.

Bibliografía.

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Proclamación del Estado Catalán en octubre de 1934. (s.f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Proclamaci%C3%B3n_del_Estado_Catal%C3%A1n_en_octubre_de_1934&oldid=101751253

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La revuelta del Rif

Protestas en Rabat en solidaridad con el Rif. Fuente: https://www.elconfidencial.com/mundo/

La revuelta de la región marroquí del Rif tiene visos de provocar un terremoto en las sutiles relaciones políticas del país vecino. De hecho ha afectado al Majzén, el sistema clientelar que emana de la monarquía y que sustenta el poder real en Marruecos. Desde la primavera árabe de 2011 no se había vivido en el país norteafricano una crisis tan significativa.

En el fondo, las protestas responden a una antigua necesidad de reformas que la denominada “primavera árabe” puso en evidencia y que, en casi todos los casos, se quedaron a mitad del recorrido o, sencillamente, acabaron destrozando los países y creando Estados fallidos –Libia, Siria…–.

A este impulso debemos sumar aquí las características históricas de una región de población bereber tradicionalmente poco sumisa con el poder del Estado. La región, que coincide en gran medida con el mapa del Protectorado español en Marruecos, es una zona agreste y con tradición levantisca. En ella la presencia española aún es palpable y de allí procede una buena parte de la inmigración marroquí que llega a España.

Localización del Rif. Fuente: elperiodico.com

  1. Evolución histórica.

Los problemas de esta región con el poder central no son nuevos. Para no remontarnos muy atrás iniciamos la lista de conflictos entre el Rif y las autoridades marroquíes con la rebelión que tuvo lugar en 1958. Dos años después de que Marruecos se constituyese en Estado independiente se produjo en la región una sublevación ante los intentos del rey de implantar un modelo de Estado centralizado donde primarían dos variables que postergaban a los rifeños: el idioma francés y la lengua y cultura árabe. Quedaba arrinconado así lo bereber y lo español, signos de identidad de la población de esta región. La rebelión, que tuvo como objetivo la independencia, se saldó con el fracaso y provocó una fuerte represión dirigida por el entonces príncipe Muley Hassán, futuro Hassán II.

Casi treinta años después, en 1984, se produjo otra revuelta que tuvo más un cariz de protesta social contra las duras medidas de ajuste económico impuestas por el gobierno de Hassán II. Al igual que la anterior, fue duramente reprimida.

En el contexto de la primavera árabe de 2011, al igual que en el resto del territorio marroquí, se produjeron en el Rif protestas y manifestaciones. No obstante, aquí fueron más violentas y de mayor envergadura que en el resto de Marruecos, reflejando esa incomodidad política y social que ha pasado a ser un rasgo de la región.

Como puede observarse, la población rifeña ha mantenido una tradición combativa que hunde sus raíces en las diferencias culturales y en la sensación de marginación secular del territorio. De esta tradición ya fue testigo el dominio español durante el período de la Restauración.

2. Las causas inmediatas.

El movimiento surgió el pasado 28 de octubre de 2016, cuando un vendedor de pescado de Alhucemas, Mouhcine Friki, trató de recuperar la mercancía que le habían confiscado y acabó triturado por un camión de la basura. El incidente, muy similar al que inició la revuelta de la primavera árabe en Túnez, con la muerte de Mohamed Bouazizi, fue divulgado a través de las redes sociales y desató la indignación de los rifeños.

La protesta comenzó pidiendo la clarificación de las condiciones de su muerte y el castigo de los culpables. Pero el movimiento, que ha adquirido continuidad, ha ido incorporando otras reivindicaciones.

Protestas por la muerte del joven Mouhcine Friki. Fuente: elpais.com

La muerte de Fikri ha servido para despertar el sentimiento de lucha contra las actuaciones del Estado, que siempre han perjudicado a la región. El Rif es una zona pobre, montañosa, aunque actualmente ha mejorado su situación económica gracias al cultivo del cannabis –Marruecos es el segundo exportador mundial, detrás de Afganistán–. No obstante, esta mejora no afecta a todos los rifeños sino a la minoría que controla el tráfico hacia Europa u Oriente Próximo.  Es un territorio, además, que expulsa población hacia otras ciudades marroquíes o hacia Europa. Las generaciones jóvenes se hunden en la desesperanza, acuciadas por el desempleo y la falta de perspectivas económicas.

El movimiento de protesta aparece desvinculado de los partidos políticos, incluso del Partido Autenticidad y Modernidad que cuenta con importante presencia en la zona, aunque se le acusa de ser un partido al servicio del poder. No obstante, el movimiento ha recibido el apoyo de los partidos con más base popular, entre ellos los islamistas (Partido de la Justicia y la Libertad), aunque también han marcado distancias con el movimiento bereber.

Debido a su histórica resistencia contra el colonialismo español y francés, el Rif ha sido siempre, como ya hemos señalado, una región difícil de doblegar. Todavía pervive el recuerdo del caudillo rifeño Abdelkrim, que lideró la lucha anticolonial en los años veinte del siglo pasado, y llegó a instaurar una República del Rif (1921-1926). Aunque murió en el exilio en El Cairo, su leyenda sigue viva. Esta región es la tierra de los bereberes, pueblo unido por una lengua (el tamazigh) y una cultura. Durante el reinado de Hasan II la política del monarca fue la del desprecio y la represión. Pero la postura de la monarquía ha cambiado con Mohamed VI, que ha dado visibilidad al territorio y reducido la persecución de lo bereber.

Poblado bereber en el Atlas marroquí. Fuente: wikipedia.org

El escritor Saïd El Kadaoui añade otra causa subyacente: los desajustes entre un sistema político que funciona sin partidos fuertes y sin líderes legítimos y una sociedad en ebullición que demanda cambios estructurales y justicia social.

3. El desarrollo inicial de la revuelta.

La difusión de las imágenes de la muerte de Friki desencadenó una serie de manifestaciones y protestas en todo el Rif de forma inmediata. De momento nada ha conseguido frenarlas. Las más importantes han tenido como epicentro la ciudad de Alhucemas. Al principio, las manifestaciones fueron pacíficas, pero a partir de febrero se produjeron enfrentamientos violentos entre manifestantes y policías. La aparición de la violencia no frenó el movimiento de protesta; estas han continuado produciéndose, convocadas a través de las redes sociales. Hasta ahora ni las amenazas, ni la represión y detención de los líderes de las protestas, ni las promesas de inversiones públicas en la región han logrado frenarlas, cuando han transcurrido ya casi un año del suceso que las inició.

protestas en Alhucemas. Fuente: politicaexterior.com

La detención el pasado 29 de mayo de Nasser Zafzafi, líder carismático del movimiento popular conocido como Hirak, que reclama mejoras sociales y económicas para el Rif, ha reactivado las movilizaciones, extendiéndolas a otras ciudades, incluida Rabat donde la manifestación del 11 de junio congregó a una gran multitud en la que estaban presentes tanto los islamistas como los grupos de izquierda.

Al principio, los manifestantes exigían simplemente la clarificación de las condiciones de la muerte de Friki y el castigo de los culpables. Pero el movimiento ha ido transformando esas reivindicaciones iniciales en demandas sociales, económicas e identitarias que se han politizado progresivamente.  Estas demandas se han encontrado con el vacío político resultado del “bloqueo” levantado por el Palacio contra Abdelilah Benkirane, líder del Partido de la Justicia y del Desarrollo. (PJD), a fin de impedirle dirigir de nuevo el gobierno. El poder no ha dado ninguna respuesta eficaz para solucionar el conflicto, aparte de la represión.

Los dirigentes de la protesta no han dudado en criticar al mismo rey, algo grave en Marruecos y probable causa principal del aumento de la represión sobre ellos y sobre el movimiento en general. El otro elemento que desagrada a la monarquía es la rememoración de la figura de Abdelkrim y su papel en la fundación de la efímera república rifeña.

4. El análisis del movimiento de protesta.

El movimiento que estructura y dirige las protestas se denomina Hirak y concentra tres tipos de corrientes: sociales, políticas e identitarias. Estas reclamaciones son la base de las acciones populares rifeñas. Pero en la casuística que anima el movimiento, pesa también la memoria histórica de lo acontecido en el Rif en el último siglo, desde la resistencia de Abdelkrim contra el colonialismo hispano-francés hasta la insurrección de 1959, violentamente reprimida por Hasan II.

Otro tema que subyace en el conflicto es el papel de la religión. En Marruecos las mezquitas están bajo el riguroso control del gobierno para evitar la penetración islamista. Pero este no ha dudado en utilizarlas para estigmatizar el movimiento, acusándolo de engaño y superchería e incluso de acusar a su principal líder, Zefzafi, de delitos de blasfemia. Las precauciones de los islamistas a la hora de apoyar a los rifeños muestra la autonomía de este movimiento popular de protesta.

5. Bibliografía.

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Cembrero, I. (2017). Marruecos maniobra con éxito para que Melilla no se solidarice con la revuelta del Rif. Noticias de Mundo. Recuperado a partir de https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-07-19/marruecos-maniobra-evitar-solidaridad-melilla-revuelta-rif_1417868/

Mesa, B. (2017, mayo 30). Las venas abiertas del Rif. Recuperado 12 de septiembre de 2017, a partir de http://www.elperiodico.com/es/internacional/20170530/las-venas-abiertas-del-rif-6072401

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Peregil, F. (2017a, febrero 10). La mecha de las protestas se reaviva en el Rif. Recuperado a partir de https://elpais.com/internacional/2017/02/10/actualidad/1486734097_694641.html

Peregil, F. (2017b, junio 4). Las raíces de la rabia en el Rif. Recuperado a partir de https://elpais.com/internacional/2017/06/03/actualidad/1496490768_353090.html

Trillo, M. (2017, junio 18). La violencia llega a la revuelta del Rif. Recuperado a partir de http://www.abc.es/internacional/abci-violencia-llega-revuelta-201706180132_noticia.html

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La invasión del valle de Arán

El hecho que vamos a analizar, aunque forma parte de la Historia de España, está muy vinculado tanto con el devenir de la IIª Guerra Mundial como con el modo en que acabó la misma. Este conflicto comenzó a cambiar su sino –en el frente occidental, en el oriental lo había hecho antesa partir del desembarco de Normandía (6 de junio de 1944). Antes, no obstante, ya se habían producido elementos que anunciaban la decadencia del poderío militar de las potencias del Eje en los frentes occidentales: su rendición en el norte de África (mayo de 1943) y la invasión de Italia (10 de julio de 1943, desembarco en Sicilia). Roma había sido liberada el 4 de junio de 1944. La derrota alemana se comenzaba a vislumbrar una vez que los soviéticos comenzaron a contraatacar en el frente oriental –batallas de Stalingrado (1942), Kursk (1943), etc–. A aquellas alturas de la guerra, el enorme desgaste de Alemania –en hombres y en recursos–  hacía imposible sostener durante mucho tiempo dos frentes de combate simultáneamente, especialmente tras la entrada de Estados Unidos en la guerra.

Desembarco de tropas norteamericanas en Sicilia. Fuente: http:/www./mundosgm.com

El desplazamiento de los frentes de lucha hacia territorio alemán permitió que bastantes guerrilleros españoles, que habían estado combatiendo a las tropas alemanas en el maquis francés, abandonasen esa tarea. La mayor parte de estos guerrilleros habían pasado por los campos de internamiento tras su huida a Francia al finalizar la guerra civil española. Allí el gobierno colaboracionista francés organizó compañías de trabajo para preparar o mantener infraestructuras de interés militar.

Con el paso del tiempo, algunas de esas compañías pasaron a combatir directamente al ejército alemán, siempre inscritas en la resistencia francesa, sobre todo a partir de julio de 1941, cuando Alemania invadió la URSS. Este cambio se puede explicar porque en su mayor parte los miembros de estas compañías eran comunistas y el PCE, con la colaboración del PCF, mantenía una gran influencia sobre ellas. La invasión alemana de la URSS implicó un cambio en la actitud de los partidos comunistas europeos y, por ende, del PCE, que no dudó en incorporase al movimiento de resistencia contra el nazismo y colaborar con otras fuerzas políticas antifascistas.

Soldados republicanos españoles entrando en París. Fuente: http://www.abc.es

Los guerrilleros españoles crearon el XIV Cuerpo Guerrillero, que quedó al mando de Jesús Ríos García, antiguo oficial del Ejército Popular de la República. A partir de ese Cuerpo, en mayo de 1944 se conformó una fuerza guerrillera que se denominó la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE), integrada por unos diez mil hombres. Estos se convirtieron en un ejército en la reserva que estaba disponible para cualquier eventualidad política o militar –siempre bajo los designios del PCE–.

Con el panorama militar clarificado en Francia, los dirigentes del PCE en España y Francia promovieron una apertura política hacía otras fuerzas antifranquistas dispuestas a compartir el objetivo de desalojar a Franco del poder y restaurar la República. Ejemplo de esta postura fue la promoción de la Unión Nacional Española (UNE), que había sido creada en 1941 por Jesús Monzón, en ese momento hombre fuerte del PCE en Francia. La idea subyacente era que, una vez se hubiese liberado el territorio francés, se prolongaría la acción militar a España. El objetivo de la organización era crear un gobierno de Unidad Nacional, con fuerzas de la izquierda y de la derecha, que restablecería la democracia convocando elecciones. Esta alternativa, que debía imponerse militarmente, implicaba, claro, la invasión de España por parte de los aliados para ser viable.

La idea básica del plan de acción era sostener la lucha armada en el interior de España mediante el maquis, a fin de alentar una rebelión popular contra el régimen y proporcionar motivos para una posterior intervención de los aliados en España. El objetivo último era derrocar el régimen de Franco. En este contexto político, se produjo la invasión del Valle de Arán, que estaba destinada a cumplir esos objetivos. Todo ello cuando comenzaba a pensarse que el final de la IIª Guerra Mundial en Europa ya estaba cerca y los aliados podrían abrir un nuevo frente en España.

Compañía de la 35 brigada de la UNE. Fuente: http://devale.blogspot.com.es

Pero las fuerzas aliadas, especialmente Estados Unidos e Inglaterra, no estaban interesados en prolongar la guerra, y máxime cuando empezaban a aflorar las disensiones con la URSS, diferencias que acabarían desembocando en la Guerra Fría. El ejemplo de la guerra civil griega (1944-1946), entre guerrilleros comunistas y las fuerzas monárquicas, era un elemento disuasorio de cualquier acción invasora de España. El temor a un aumento de la influencia comunista en Europa y el cansancio de la guerra se impusieron sobre cualquier otro criterio.

Por otro lado, dentro del PCE no todas las posturas eran favorables. De hecho, Dolores Ibarruri a la sazón Secretaria General del PCE en esos momentos no estuvo informada del ataque. Ella y Monzón estaban enfrentados; por ello decidió esperar acontecimientos, sin apoyar explicitamente la iniciativa pero también sin condenarla, mientras enviaba a Santiago Carrillo a París para recabar información.

La idea de la invasión era combatida, también, por otros miembros del partido, tanto políticos como militares, más partidarios de formar grupos guerrilleros al estilo de los partisanos comunistas yugoslavos que de un ataque directo. A posteriori estas posturas se mostraron más sensatas. El problema principal del plan fue la inconsistencia del análisis del PCE, especialmente de Jesús Monzón. Ni la población se sublevaría ni las potencias occidentales apoyarían una acción dirigida por los comunistas. Los informadores del partido ya habían comunicado que la población no apoyaría un levantamiento.

La operación, que recibió el ampuloso nombre de Reconquista de España, fue diseñada para ser ejecutada por la AGE, aunque solamente unos cinco mil efectivos participarían en la operación, manteniéndose el resto en la reserva. El ataque consistió en llevar a cabo diversas escaramuzas por toda la frontera pirenaica, que tendrían como principal objetivo la distracción, mientras que la invasión principal se dirigiría contra Viella, la capital del valle de Arán. Este objetivo se seleccionó porque, una vez conquistado, era fácil de defender, sobre todo en invierno cuando quedaba aislado de España. La consolidación de un territorio español donde existiese la legalidad republicana podía cambiar muchas cosas.

Los primeros choques –en Navarra y Hendaya– acabaron en fracasos aunque también es verdad que fueron poco significativos. La acción principal comenzó el 19 de octubre con la invasión del Valle de Arán. Los hombres de la denominada 204 División de Guerrilleros, dirigida por el coronel Vicente López Tovar, entraron en el valle divididos en tres columnas. Esta primera acción les permitió ocupar algunos caseríos y la localidad de Bosost, pero se frenó el asalto a Viella, la capital del valle,  al advertir que en ella existía una fuerte concentración de tropas franquistas –Ejército y Guardia Civil–, dirigidas por el general José Moscardó, Capitán General de Cataluña en ese momento.

Los principales combates tuvieron lugar en Bosost y Bòrdes, en la parte occidental, y en Salardú en la oriental, todos ellos en los días 19 y 20. El mismo día 19 llegaron al puerto de la Boniagua las tropas franquistas de refuerzo, fuerzas de élite encabezadas por la Legión y los Regulares, con lo que truncaba la posibilidad de consolidar la conquista del territorio. Los enfrentamientos se saldaron con un balance de unos 120 muertos por parte de las tropas franquistas y de unos 300 fallecidos por parte de los guerrilleros.

Ante la imposibilidad de cumplir los objetivos propuestos y con el peligro de que las tropas franquistas cortasen la retirada a Francia, el día 21 Santiago Carrillo, como responsable político, y el general Luis Fernández ordenaron la retirada del contingente. Esta decisión fue prudente desde un punto de vista táctico, pero significó el fracaso y la defenestración política de Jesús Monzón, pasando el control del PCE en España y Francia a manos de Dolores Ibarruri.

El fracaso se explica porque no hubo ningún apoyo popular a la invasión; la sociología de la zona –pequeños propietarios agrícolas y ganaderos– no se correspondía con el perfil más adecuado para lograr posibles apoyos al comunismo. También se explica por la falta de interés de las potencias vencedoras en la IIª Guerra Mundial –Gran Bretaña especialmente–, poco o nada partidarias de abrir otro frente de combate y, además, dar protagonismo a los comunistas. Por su parte, Stalin no estaba interesado en enfrentarse a las potencias occidentales por un tema muy secundario en su estrategia de esos momentos.

La invasión sirvió, paradójicamente, para cohesionar al franquismo. El descontento comenzaba a extenderse en el ejército y en algunos sectores políticos –monárquicos, falangistas puros, etc.–, aupado por las victorias aliadas y la desaparición de los principales aliados internacionales del régimen. Así que la amenaza de invasión hizo olvidar las desavenencias internas para concentrarse en salvar a Franco y su régimen.

Bibliografía.

Documentos RNE (2013): “Los maquis: lucha y derrota de la guerrilla antifranquista”. http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-maquis-kucha-derrota-guerrilla-antifranquista-29-06-13/1903179/

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Conflictos por la hegemonía en el mundo árabe: el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar.

A principios del mes de junio se inició una crisis diplomática muy significativa en la península Arábiga. La ruptura de relaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Barhreín, Egipto, Yemen y las Maldivas con Qatar pone fin a la ilusión de liderazgo que este último país intentaba tejer. Además, estos problemas diplomáticos se relacionan con otras cuestiones que afectan a la región: el drama sirio, la cuestión iraquí, el papel de Irán o al lucha contra el Daesh.

Oriente Próximo. Fuente: hhtp://geographicguide.com

El lunes, 5 de junio, los países ante citados rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar, tras varios días de creciente tensión. Esta acción se justificó con dos acusaciones dirigidas contra el micro-estado qatarí: respaldar al terrorismo por su apoyo al islámico político y la de buscar el acercamiento a Irán. En concreto, se le exige que cese en su respaldo a los Hermanos Musulmanes y a Hamás, que cierre la cadena por satélite Al Jazeera y que sea más beligerante contra Teherán. Estos argumentos ya fueron utilizados durante la crisis de 2014, que también enfrentó a Arabia Saudí, Barheín y EAU con Qatar. Las acusaciones no tienen muchos visos de realidad dado que, como todo país pequeño, Qatar busca un equilibrio entre los bloques dominantes en la región: el bloque encabezado por Arabia Saudí –sunita– y el dirigido por Irán –chiita–. La ruptura diplomática se acompañó con el corte de todas las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres. Ello representaba un grave problema para un país que importa un elevado porcentaje de los bienes que consume.

La situación geopolítica explica, en parte, la postura de Doha: la explotación compartida con Irán de su mayor reserva de gas natural; la búsqueda del paraguas militar norteamericano en vez del saudí; los lazos históricos con los Hermanos Musulmanes o el distanciamiento del CCG por la ineficacia de los procesos de regionalización, son componentes estructurales de la política exterior qatarí. Y esta se ha caracterizado, desde hace tiempo, por la independencia de sus decisiones y por la consecución de una capacidad de influencia muy superior a la que le permitiría el tamaño y la demografía del país.

Esta crisis ha sacudido profundamente al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo creado en 1981, poco después de la creación de la República Islámica de Irán, la invasión de Afganistán por el ejército soviético (1979) y el desencadenamiento de la guerra entre Irán e Irak en 1980. El CCG se concibió como una respuesta a la inestabilidad de la zona y como un fortalecimiento de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. A pesar de su enorme riqueza energética y financiera, su débil demografía y su vulnerabilidad militar respecto a sus vecinos (Irán, Irak, Egipto, Israel) les obligaban a estrechar sus relaciones. El CCG buscó también una cierta protección militar con los países occidentales, especialmente con Estados Unidos.

Desde su fundación, el CCG ha padecido diversas crisis, provocadas generalmente por la oposición entre Arabia Saudí y algunas de las otras monarquías. Riad siempre ha visto la península Arábiga como su área natural de influencia y donde más intensamente difunde su religión estatal –el wahabismo. Todo ello provoca desconfianza en las restantes monarquías y explica, por ejemplo, que el sultanato de Omán –un estado-nación con una fuerte identidad– siempre se haya mantenido lejos de los proyectos saudíes. Y, de hecho, este sultanato privilegia sus relaciones con Irán y Yemen, manteniéndose neutral en el conflicto que afecta a este último país.

Las consecuencias de esta crisis ya han parecido. La primera ha sido la caída del precio del petróleo, mientras que se estima poco probable una interrupción del suministro de gas –Qatar tiene las terceras reservas mundiales–, muy importante para Europa y Asia. Otra consecuencia es la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), dividido en la forma de abordar los problemas regionales y, en especial, la postura frente a Irán. Ni Kuwait ni Omán han secundado las sanciones impulsadas por Arabia Saudí. Qatar cuenta con el apoyo de Turquía –con quien tiene un tratado de cooperación militar– pero también de Irán, que ve congratulada la división y crisis del CCG.

El origen de la actual ruptura se haya en la primavera de este año. Y viene de la mano del afianzamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí –consagrado en el viaje de Donald Trump a este país el 20 de mayo–, viaje que puso fin al enfriamiento de las mismas que se inició después del 11-S de 2001 y de la proliferación de sospechas de apoyo al islamismo por parte del régimen saudí. En estos años de enfriamiento, Qatar había asumido el estatus de aliado privilegiado de Estados Unidos en la región –plasmado en la implantación de la base militar norteamericana más importante en la región (Al Udied)–. Por ello la “reconciliación” entre Estados Unidos y Arabia Saudí le perjudicaría, especialmente cuando esta se vertebra sobre los principios de la lucha contra la financiación del terrorismo internacional y la voluntad de contener a Irán.

Base aérea de Al Udied. Fuente: http://desarrolloydefensa.blogspot.com.es

Fortalecida por el respaldo estadounidense, Arabia Saudí pretende ahora colocar a Qatar en una posición subordinada, propia de un micro-estado, e impedir que su política exterior sea independiente de los criterios emanados desde Riad. Esta posición de independencia se había visto fortalecida por el papel financiero del país, que le había proporcionado un verdadero protagonismo internacional a pesar de su tamaño. La enemistad entre ambos Estados, que tiene algo de fratricida, adopta hoy la forma de competencia, a pesar de que comparten bastantes estrategias comunes (diplomacia basada en el Soft Power generado por su potencia financiera, influencias en las diversas redes islamistas, etc.).

No se puede dejar de lado el cambio en la política exterior de Arabia Saudí que ha emprendido el nuevo rey Salmán, una política exterior más agresiva y hegemónica que busca encabezar el islam suní; este hecho también ayuda a comprender  tanto su intervención en la guerra de Yemen como esta ruptura de relaciones.

Ante estas perspectivas, las opciones de Qatar pueden derivar hacia un fortalecimiento de sus apoyos europeos –principalmente Francia y Gran Bretaña– y un aumento de los vínculos con Rusia, apoyados en acuerdos de defensa y de explotación gasística. En cualquier caso, el conflicto de las monarquías petroleras encrespa aún más el complicado panorama de la política de Oriente Próximo.

Bibliografía.

Dazi-Héni, F. (2017). El extraño conflicto del Golfo. Le Monde Diplomatique en español, 261.

Espinosa, Á. (2017a). Contradicciones, ambigüedades y mentiras en la crisis con Qatar. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/actualidad/1498553230_656838.html

Espinosa, Á. (2017b). La disputa diplomática con Qatar amenaza el equilibrio de poder en Oriente Próximo. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/10/actualidad/1497088773_409761.html

Valentini, V. (2017). Qatar. Les vicissitudes d’un micro-État du Golfe: perspectives théoriques de la crise. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from https://www.diploweb.com/Qatar-Les-vicissitudes-d-un-micro-Etat-du-Golfe-perspectives-theoriques-de-la-crise.html

 

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