El surgimiento de la República de Weimar

Introducción

La historiografía llama República de Weimar al periodo de la historia de Alemania comprendido entre 1919 y 1933, año en el que Hitler anuló la democracia e impuso su dictadura. No obstante, su nombre oficial siempre fue el de Reich Alemán.                   

El calificativo proviene del hecho de que en la ciudad de Weimar se aprobó, el 11 de noviembre de 1919, la Constitución que regiría la nueva república con la que finalizaba el IIº Reich (1871-1918). Este nuevo Estado surgía como una república parlamentaria, democrática y con rasgos sociales muy avanzados para su época. De hecho, creó la base para el primer Estado de bienestar del mundo. 

proclamación de la República frente al Reichtag (noviembre 1918). Fuente: https://www.laaventuradelahistoria.es/republica-de-weimar-el-laboratorio-de-europa

La Constitución representó un cambio muy profundo en los rasgos que habían caracterizado la Alemania de Bismarck y de Guillermo II porque rompió los principales pilares políticos que sustentaban el modelo imperial. 

Aunque dotada de una nueva estructura política, Alemania padeció una serie de graves problemas –las reparaciones de guerra y la galopante hiperinflación, los conatos revolucionarios, las intentonas golpistas, los efectos de la crisis del 29…– que la mantuvieron durante casi todo el período en una estabilidad precaria, siempre al borde de la crisis final, que llegó con el ascenso del nazismo. 

Cronología del período

La república fue dirigida por una alternancia de partidos moderados que, a menudo gobernaron coaligados: SPD (socialdemócrata), Partido Demócrata (DDP, centro), Zentrum, Partido Popular Alemán (DVP, liberal) y el Partido Popular de Baviera (BVP, católico y conservador) y el Partido  Nacional del Pueblo Alemán (DNVP, de fuerte conservadurismo) cuya actuación, a pesar de las dificultades, logró articular un Estado constitucional. 

Como en otras ocasiones en la historia, este período crítico y convulso generó, sin embargo, una etapa de esplendor cultural que se manifestó en todas las artes, pero especialmente en el cine, las artes plásticas y la arquitectura.  

La conmoción de la derrota.

El reconocimiento de la derrota impactó enormemente en una sociedad que se mantenía engañada con las promesas de victoria difundidas por la propaganda oficial. El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) se basó en el principio de la culpabilidad de Alemania y le impuso un severo castigo que afectó a diversos ámbitos.  

  • Territorial: las cláusulas territoriales amputaron diversas regiones del territorio alemán, reduciendo su superficie y su población (el 13 % del primero y un 10 % de la segunda). Además, el territorio de Prusia oriental quedó desgajado del resto de Alemania mientras que la región del Sarre pasó a ser administrada por la Sociedad de Naciones durante 15 años. De la misma manera, Alemania perdió todos sus territorios coloniales. 
Pérdidas territoriales de Alemania. Fuente: La Aventura de la Historia
  • Reducción del ejército a 100.000 efectivos, sin posibilidad de realizar nuevas reclutas. La Armada perdió todos sus grandes buques quedando reducida a una fuerza costera y la aviación desapareció. 
  • Pago de indemnizaciones, que ascendían a 269.000 millones de marcos oro –equivalentes a unos 33.000 millones de euros actuales. Los pagos de las enormes reparaciones y las pérdidas de importantes recursos económicos redujeron la producción y acabaron provocando una hiperinflación que castigó duramente a la población. Los pagos de las indemnizaciones se prolongaron hasta 2010. 
  • La acusación de culpabilidad y el castigo impuesto nunca fue comprendido por la sociedad alemana, que se sintió maltratada y humillada. Se habló de un diktat, una paz impuesta por la fuerza y no de un tratado. Durante toda la República la derecha utilizó esta cuestión como un punto de encuentro para reforzar el nacionalismo alemán. 

Este trato y sus consecuencias –más pobreza, grandes dificultades económicas, sensación de vulnerabilidad– generó una amargura colectiva que permaneció latente durante todo el período republicano y que el partido nazi sabrá aprovechar para lograr ampliar su apoyo social. 

La pérdida de su imperio, y con él de la misma monarquía, representó otra faceta de la crisis general. La imperiosidad de sustituirla con rapidez por una República influyó en algunas de las debilidades de la misma.

El contexto histórico de la creación de la República.

Desde finales del siglo XIX, Alemania  había vivido una serie de cambios sociales y económicos muy significativos. La industrialización había generado una burguesía poderosa que ganaba influencia en las esferas del poder político. Paralelamente, las clases trabajadoras también crecían, especialmente los obreros industriales, conformando un potente movimiento obrero. Este movimiento, no obstante, se había dividido como consecuencia de la Revolución Rusa de 1917 al aparecer una facción bolchevique –Liga Espartaco o espartaquistas– en el seno del partido socialdemócrata.  Esta división polarizó Alemania política y socialmente pues las clases medias eran poco numerosas y carecían de influencia política.

Cuando la derrota comenzó a ser evidente las protestas se generalizaron –demandando la paz a cualquier precio y la reforma del régimen político–. Por otra parte, En todas partes aparecieron consejos de obreros y soldados que imitaban el modelo bolchevique y que se hicieron con el control de muchas ciudades; paralelamente se produjo la insurrección de los marineros en Kiel (3 y 4 de noviembre). El descontento crecía y la demanda de abdicación del Káiser se extendía por toda Alemania: la posibilidad de una revolución era palpable. 

Desfile de marineros desarmados con banderas rojas en Kiel. Fuente: http://www.sbhac.net/universal/Sbhac_HUniversal_Alemania1918-19.pdf

Finalmente, el 9 de noviembre Guillermo II anunciaba su abdicación. El Imperio alemán se derrumbaba con rapidez. Representaba el fin de un orden tradicional que se estaba derrumbando también en otros lugares de Europa –Rusia, Austria-Hungría,…–. Desaparecido el Imperio y con él la monarquía, había que decidir qué sistema político lo sustituiría. 

El último canciller imperial, Max von Baden, había transferido el cargo al socialdemócrata Friedrich Ebert. La primera intención de este fue frenar la deriva revolucionaria y formar un gobierno con los partidos mayoritarios en el antiguo parlamento del Reich, pero eso ya no era posible y tuvo que contar con otras fuerzas más a la izquierda como los Socialistas Independientes (USPD). 

Friedrich Ebert. Fuente: Wikipedia

Los grupos más revolucionarios, pequeños pero muy activos, propusieron realizar una revolución al estilo bolchevique, siguiendo el modelo de Rusia, y pidieron el traspaso del poder a los consejos de obreros y soldados. Este movimiento fue abanderado por los líderes de la Unión Espartaquista, grupo que formaba parte del USPD y que estaba liderado por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. 

La amenaza de una revolución bolchevique suscitó una fuerte reacción defensiva, no sólo entre las elites y las clases medias sino también entre la izquierda moderada. Para Ebert era prioritaria la necesidad de mantener el orden, así como la continuidad de la administración del Estado. No contemplaba la opción de seguir el modelo ruso que imposibilitaría cumplir las condiciones impuestas por las potencias aliadas en el armisticio del 11 de noviembre. Y también sabía que volver a una economía de paz y desmovilizar a millones de combatientes requería un enorme esfuerzo organizativo que sólo un Estado eficaz podía realizar. 

Inmediatamente pactó con el ejército una serie de temas. Ambos estaban de acuerdo en la necesidad de mantener el poder del Estado y evitar la revolución. Casi al mismo tiempo, el 15 de noviembre, se firmó un acuerdo entre la patronal siderúrgica y los representantes de sindicalismo socialista; en él se ofrecían concesiones como la jornada de ocho horas y el subsidio de desempleo a cambio de la renuncia a la socialización de las fábricas. 

Las maniobras para asentar el nuevo régimen se completaron cuando el gobierno aprobó la convocatoria, para el 19 de enero, de unas elecciones constituyentes con un sistema de elección proporcional y voto femenino por primera vez. Este hecho significaba el arrinconamiento del sistema de consejos, lo que provocó el abandono del gobierno del USPD y su ala más radical fundó el KPD (Partido Comunista Alemán) –1 de enero de 1919– . El 5 de enero este grupo y otras pequeñas formaciones obreras revolucionarias organizaron una insurrección armada en Berlín con la intención de derribar al gobierno e impedir las elecciones del 19 de enero. 

Espartaquistas en una calle de Berlín en enero de 1919. Fuente: http://www.sbhac.net/universal/Sbhac_HUniversal_Alemania1918-19.pdf

Para sofocar la revuelta el gobierno socialdemócrata recurrió al ejército y a grupos de trabajadores y estudiantes armados, así como a las unidades de los Freikorps –grupos formados especialmente por excombatientes que odiaban la revolución y mantenían la creencia de que habían sido los políticos los culpables de la derrota–. La violenta represión que estos grupos desataron –personificada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht– indignó a muchos ciudadanos. 

Miembros de los Freikorps. Fuente: https://www.iwm.org.uk/collections/item/object/205316562

Las acciones del ejército y de los Freikorps, primero por iniciativa del gobierno socialdemócrata y luego por la suya propia, utilizando las armas para combatir a los bolcheviques, anunciaban uno de los futuros frentes de oposición a la República. En esta misma línea opositora reaccionaria hay que situar el fallido intento de golpe de Estado de Kapp (1920) 

La radicalización que había impulsado la intentona revolucionaria no se reflejó en las elecciones de enero. El SPD mantuvo su predominio con el 38 % de los votos, mientras que el USPD sólo obtuvo el 7,6 %. Sin embargo, la mayoría en la Asamblea la tenían los partidos burgueses: los católicos del Zentrum (19,7 %), los liberales del DDP (18,5 %) y los nacionalistas del DNVP, un partido recién formado y de ideología conservadora y antisemita (10,3 %). 

Resultados electorales durante la República de Weimar. Fuente: Wikipedia.

El 6 de febrero la Asamblea Nacional se reunió en Weimar y Friedrich Ebert fue elegido primer presidente de la República. Enseguida encargó la formación de un gobierno de coalición formado por los socialdemócratas, los católicos del Zentrum y los liberales del DDP, un reflejo del compromiso entre los socialdemócratas y los partidos burgueses por crear las estructuras del nuevo Estado. 

Las elites dominantes en Alemania lograron, a pesar de los dos meses de disturbios, protestas e insurrecciones, conservar importantes resortes en el poder militar, judicial y burocrático y, desde esas posiciones, intentaron anular todas las concesiones que se vieron obligadas a hacer tras el hundimiento del orden monárquico. La ruptura violenta con el pasado no pudo ser en un país que contaba con importantes fuerzas conservadoras, que serían las que acabarían con la democracia catorce años después. 

Levantada sobre las cenizas de la derrota militar, la República vivió siempre con la pesada carga de suceder a un Imperio derrotado y con el trauma de la represión sangrienta de la revolución. 

La Constitución de 1919.

La nueva Constitución entró en vigor en agosto de 1919. Diseñaba un Estado democrático y social, organizado territorialmente en 17 regiones o länders que asumían bastantes competencias en aspectos como la educación, la policía, la justicia o la sanidad. El presidente de la República y el del Parlamento debían ser elegidos por sufragio universal, mientras que al canciller lo elegía el Parlamento. 

La Constitución aportó otras novedades reseñables: concedió el voto a las mujeres, y de hecho 41 de ellas fueron elegidas para el nuevo Parlamento –de un total de 423 escaños. Así mismo, el texto optaba por una representación proporcional, lo que beneficiaba a los partidos pequeños y favorecía los gobiernos de coalición, aunque también introducía un elemento de inestabilidad política.

El texto completo de la Constitución puede consultarse en: https://ezequielsingman.files.wordpress.com/2016/03/constitucion-de-weimar-alemania-19191.pdf

Conclusiones.

La República de Weimar, que arrancó como una esperanza democrática para acabar con el autoritarismo del segundo Reich y una salida para la debacle de la derrota, acabó fracasando por diversas razones. Unas son intrínsecas a una filosofía constitucional que favorecía la inestabilidad política, constante de todo el período. Igualmente, la incapacidad de gran parte de la sociedad alemana para asumir la derrota convirtió a todos los gobiernos en sospechosos de traición, cuestión que minaba su legitimidad ante ciertos grupos de presión –antiguas élites políticas, ejército, policía, funcionarios…–. Por su parte, los nuevos partidos de izquierda y derecha demostraban que su afección a la República era débil y que estaban dispuestos a sustituirla recurriendo incluso a métodos violentos. 

Es cierto también que los gobiernos republicanos tuvieron que enfrentarse a períodos de graves crisis económicas (1919-1924; 1929-1933) y que, a veces, no supieron conectar con las preocupaciones cotidianas de unos ciudadanos que padecían el paro y la pauperación económica, incluida la clase media. Ello alejó a diversos sectores sociales de la República. De hecho, el final del régimen se vincula con la crisis económica que comenzó en 1929; el aumento de los antagonismos sociales y el cambio en el modelo económico –de un capitalismo liberal a otro marcado por el intervencionismo del Estado—rompieron las bases del mínimo consenso político que sustentaba la República. En los años finales, el panorama político se radicalizó orientándose o bien hacia el comunismo o bien hacia el nacionalismo. El auge de este último de la mano del nazismo acabó destruyendo el régimen de Weimar. 

Billete de 500.000 marcos en 1923. Fuente: La Aventura de la Historia

Algunos historiadores han subrayado la existencia de paralelismos entre la situación general de los años treinta en Europa, y también en Alemania, y la situación generada a partir de la Gran Recesión iniciada en 2008 y agravada en 2020 con la pandemia de la COVID-19. Las semejanzas se refieren principalmente al hecho de que la crisis económica ha generado la aparición de populismos o de movimientos antiliberales –en el sentido político del término– que cuestionan los sistemas democráticos y el Estado de derecho y que se nutren del declive de la calidad parlamentaria, de la desafección por la política tradicional, del papel de la desinformación, de las pulsiones autoritarias y del auge de los nacionalismos…-. Todos ellos son paralelismos evidentes pero las circunstancias no son las mismas. No siempre unas circunstancias parecidas producen efectos idénticos, por tanto, la historia no se repite. Pero algunos paralelismos son inquietantes.

Bibliografía.

Altares, G. (2018). Ecos de los años treinta. EL PAIS. https://elpais.com/internacional/2018/04/09/actualidad/1523298637_790539.html 

Campos Posada, A. (2020). La República de Weimar: el “boom” cultural. La Aventura de la Historia, 240. 

Casanova, J. (2011). Europa contra Europa (1914-1945). Barcelona: Crítica. 

De la Torre del Río, R. (2020). La República de Weimar: el laboratorio de Europa. La Aventura de la Historia, 240. 

Sainz de la Maza, O. (2015). Breve historia de entreguerras. Madrid: Nowtilus. 

Sanz Díaz, C. (2020). República de Weimar: una sociedad en tensión. La Aventura de la Historia, 240. 

Vallespín, F. (2019). Por qué hay que recordar los años de la República de Weimar. EL PAIS. 

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Amadeo I: la monarquía imposible.

La caída de Isabel II y de la dinastía borbónica. 

Los escándalos del período final del reinado de Isabel II habían acabado provocando el desprestigio absoluto de la monarquía y el auge de los republicanos. La caída de la reina fue consecuencia de la Revolución de 1868, conocida como la Gloriosa. Isabel se refugió en Francia, donde recibió la protección de Napoleón III y de Eugenia de Montijo. En 1870 abdicó en su hijo, el futuro Alfonso XII. 

Isabel II. Fuente: Wikipedia.

El período final del reinado de Isabel II, caracterizado por la progresiva deslegitimación tanto del sistema político como de la misma Corona, se inició con la caída de O’Donnell en 1863. Los gobiernos, siempre moderados, tenían cada vez menos apoyos y los problemas se acrecentaban en todas las áreas. Paralelamente, los escándalos amorosos de la reina y de su cónyuge, Francisco de Asís, erosionaban el prestigio de la monarquía isabelina. El aumento de la represión fue la única respuesta al descontento, lo que mostraba, por otra parte, la incapacidad de los gobiernos y de la misma Corona para afrontar el deterioro generalizado del régimen. 

El alineamiento permanente de la reina con los moderados y con un régimen político elitista, así como su incapacidad para promover una apertura política más democratizadora y adaptada a los cambios sociales y económicos que estaban produciéndose, acabaron significando el fin de su reinado y de la dinastía borbónica en España, aunque fuese provisionalmente. 

La cerrazón moderada provocó que los partidos progresista y demócrata optasen por la vía insurreccional para lograr un cambio político. Desde 1866 se suceden los intentos de pronunciamientos. La firma del Pacto de Ostende (1866) aportó una cobertura política a esos intentos y marcó un nuevo objetivo político que iba más allá del simple cambio de gobierno: el destronamiento de la reina. 

La Gloriosa Revolución (1868).

El desencadenante fue el pronunciamiento de la Armada en Cádiz el 18 de septiembre de 1868. El movimiento militar logró también un amplio apoyo civil ya que fue respaldado por demócratas y progresistas. Su coincidencia con una crisis de subsistencias lo convirtió en un proceso revolucionario en toda regla. Tras el triunfo de la revolución, Isabel II fue destronada y se inició un período de constantes cambios políticos que, por su duración, ha sido conocido como Sexenio Revolucionario o Sexenio Democrático (1868-1874).

A principios de octubre de 1868 se formó un gobierno provisional presidido por el general Serrano que convocó elecciones municipales para diciembre. En enero de 1869 se celebraron elecciones generales a Cortes constituyentes, en las que progresistas y la Unión Liberal (un partido que puede considerarse de centro) obtuvieron la mayoría, aunque los republicanos también lograron buenos resultados (85 diputados). 

Estas Cortes elaboraron la Constitución de 1869, de carácter progresista, aunque seguía manteniendo la monarquía como forma de Estado. En ella la monarquía dependía de la soberanía nacional, de la que emanaban todos los poderes del Estado. Ello suscitaba el problema de buscar un nuevo rey. Este debía de ser un monarca constitucional, sujeto a la soberanía nacional y alejado de la tendencia a inmiscuirse en el juego político tan típica del reinado de Isabel II. Se pretendía establecer, en definitiva, un modelo moderno de monarquía parlamentaria. 

Mientras se buscaba un nuevo rey se creó una regencia que ejerció Serrano, mientras que Prim dirigiría el gobierno. El nuevo poder ejecutivo se tuvo que enfrentar a graves problemas: 

  • Una guerra colonial en Cuba, iniciada en 1868. 
  • La oposición de los carlistas y los alfonsinos (partidarios de restaurar la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII). Los carlistas iniciaron una nueva guerra, la tercera, en 1872. 
  • El permanente asedio de los republicanos, que no aceptaban la monarquía. 
  • El descontento de los sectores populares, defraudados ante la falta de una respuesta gubernamental a sus problemas 
Carga de la caballería gubernamental contra las tropas carlistas en la acción de Piedrabuena. Fuente: Wikipedia

La búsqueda de un nuevo rey. 

Encontrar un rey o reina que sustituyera a los Borbones era una operación compleja en la que influían tanto cuestiones nacionales como internacionales. Llegó a haber cinco candidatos que fueron rechazados por diversas cuestiones. Este rechazo abrió las puertas a la candidatura de Amadeo de Saboya, segundo hijo del rey de Italia Víctor Manuel II. 

La propuesta de Amadeo de Saboya se planteó en el verano de 1870 en un contexto agitado. A las divisiones internas surgidas entre los monárquicos por los apoyos a diversos candidatos se sumaron las internacionales, pues cada país quería “colocar” a su candidato. En un primer momento, el gobierno anunció la candidatura de Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, príncipe prusiano, a la que se opuso Napoleón III, que temía verse rodeado por una dinastía enemiga de Francia. El gobernante francés también se opuso a la candidatura de Antonio de Orleans, duque de Montpensier. Este candidato tampoco estaba bien visto por algunos partidos españoles por su relación familiar con los Borbones (era cuñado de Isabel II).  

Descartados estos candidatos las preferencias del gobierno de centraron en Amadeo de Saboya, apoyado intensamente por Prim. Amadeo fue elegido rey en una votación de las Cortes el 16 de noviembre de 1870, con 191 votos a favor, 60 para la república federal, 27 para Mont pensier, 8 para Espartero y otros 25 a otros candidatos o en blanco. La pronta muerte de Prim, asesinado el 27 de diciembre de 1870, privó al nuevo rey de su principal valedor. Aun así, Amadeo juró la constitución ante las Cortes a principios de enero de 1871. 

Retrato de Amadeo I. Vicente Palmaroli (1872). Museo del Prado.

El reinado de Amadeo I. 

Amadeo I confió a Serrano el encargo de formar el primero de sus gobiernos. Pero la división del progresismo entre los radicales (Ruiz Zorrilla) y los constitucionales (Sagasta) hizo imposible el empeño de un gobierno conjunto. Sagasta, uno de los pilares del juego político, era partidario de dar un sesgo conservador a la nueva monarquía, temeroso de los aires revolucionarios que se extendían por Europa de la mano de la Comuna parisina (1871) y de la I Internacional (creada en 1864). Por el contrario, Ruiz Zorrilla era partidario de medidas más progresistas. 

Encargó después el gobierno a Ruiz Zorrilla, que logró mejorar la imagen del rey pero acabó dimitiendo a los pocos meses, volviendo Sagasta a dirigir el gobierno y convocando elecciones. A pesar de utilizar los típicos mecanismos de fraude electoral, no pudo evitar que las distintas oposiciones al régimen sacasen 150 diputados, suficientes para hacer caer al gobierno. 

Tras ello el rey volvió a llamar a Serrano para que formase gobierno, apoyado por los unionistas. Pero algunas de sus actuaciones –entre ellas el convenio de Amorebieta (1972) por el que indultaba a los carlistas sublevados– provocaron la indignación de los militares y de los radicales. Serrano pidió al monarca que suspendiese las garantías constitucionales a lo que este se negó, como respuesta Serrano dimitió y el rey volvió a recurrir a Ruiz Zorrilla para que formase el que sería el último de sus gobiernos. Poco antes, en el verano de 1872, el monarca había sufrido un atentado fallido. 

El proyecto para abolir la esclavitud en Puerto Rico, presentado el 24 de diciembre de 1872, suscitó a principios de 1873 una oscura alianza entre grupos de intereses coloniales a la que se sumaron todos los enemigos del régimen. Meses después un conflicto interno en el Ejército desencadenó la dimisión de Amadeo I.

Paralelamente a los problemas políticos mencionados, durante su reinado se produjeron dos guerras civiles: la tercera guerra carlista y la guerra de Cuba. Esta estalló en 1868 y se alargó durante diez años, hasta 1978. En ella los miembros del “partido español” -enemigo de cualquier reforma del sistema económico antillano–, también se constituyeron en un frente opositor el régimen del nuevo rey. Por su parte, la tercera guerra carlista se inició en 1872 y se desarrolló principalmente en el País Vasco, Navarra y Cataluña. Concluiría en 1876. 

Conclusiones.

El reinado de Amadeo I (1870-1873) fue un período convulso. A las luchas políticas, incluso entre los que teóricamente le apoyaban, se les sumaron dos guerras coincidentes cronológicamente. Además, Amadeo I nunca pudo ganarse la confianza del pueblo ni de lo que podemos denominar poderes fácticos –Iglesia, Ejército, gran parte de la aristocracia, propietarios coloniales–, que no ocultaban sus simpatías borbónicas. 

Desprovisto de los vicios del reinado de Isabel II, pudo haber representado la posibilidad de una monarquía parlamentaria moderna y democrática. Una posibilidad que el cortoplacismo y el personalismo de los partidos que le apoyaban y la clara oposición de los poderes antes mencionados hizo imposible. Su fracaso abrió la puerta a la Iª República, otro período convulso. 

Bibliografía.

Amadeo I de Saboya (2016). Recuperado de Historia de España. https://historiaespana.es/biografia/amadeo-i-saboya

Fontana, J. (2007). La época del liberalismo. Historia de España (Vol. 6). Barcelona: Marcial Pons/Crítica. 

Íñigo Fernández, L. E. (2010). Breve Historia de España II. El camino hacia la modernidad. Madrid: Nowtilus.

Martorell, M., & Juliá, S. (2012). Manual de historia política y social de España (1808-2011). Barcelona: RBA Libros. 

Seco, C. (2018) Amadeo I de Saboya. Recuperado de http://dbe.rah.es/biografias/7097/amadeo-i-de-saboya 

Van der Brule, A. (2020) la historia del rey Amadeo de Saboya: el gran olvidado que se dio a la fuga. El Confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-03-28/amadeo-de-saboya-juan-prim-historia-espana_2521484/  

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La revuelta de 1911 en Carcaixent (Ribera Alta, Valencia)

Carcaixent es una localidad de la comarca de la Ribera Alta (Valencia). Su historia contemporánea aparece dominada por el auge del cultivo de la naranja –desde finales del siglo XIX– y su exportación hacia mercados europeos fundamentalmente –desde principios del siglo XX. La originalidad de este modelo de crecimiento se basó en que logró la modernización social sin ningún proceso de industrialización. Así que el impulso de la agricultura comercial favoreció la aparición  de una etapa de progreso y modernización social y económica muy significativa. No obstante, en esta etapa surgieron también síntomas de problemas socio-económicos y políticos que denotaban la persistencia de coyunturas y reacciones populares más propias de las sociedades agrarias de siglos anteriores. Una de estas situaciones fue la revuelta de 1911, que afectó a casi toda la comarca.

El contexto: la crisis de la Restauración.

Para comprender estos hechos hemos de aludir al contexto de lo que estaba pasando en España en ese momento. El período histórico que nos ocupa se conoce como Restauración;  un régimen político regido bajo la forma de una monarquía liberal, pero no democrática porque el sistema político adolecía de graves insuficiencias y dejaba de lado a importantes sectores . El tradicional bipartidismo que había caracterizado el régimen desde la implantación de la Constitución de 1876 comenzó a entrar en crisis a principios del siglo XX. La subida al trono de Alfonso XIII (1902) coincidió con el debilitamiento de los dos grandes partidos dinásticos: conservadores  –liderados por Antonio Maura– y liberales –liderados por José Canalejas. Además de estos grandes partidos, comenzaban a crecer otras fuerzas políticas: republicanos y nacionalistas catalanes y vascos. Paralelamente, el movimiento obrero también crecía y creaba sus propias organizaciones –el anarquismo creó la CNT en 1910, mientras la UGT, creada en 1888, se expandía, sobre todo en Madrid y en las industrializadas Asturias y País Vasco.

Guerra de Marruecos. Fuente: Sociedad Geográfica Española

El segundo problema, más secundario, era el descontento social por los elevados impuestos que gravaban a las clases populares, especialmente el de consumos, que elevaba el precio de los productos básicos. Igualmente debemos señalar también las transformaciones sociales y económicas que significaron la implantación de una agricultura comercial. El papel de la burguesía terrateniente y comercial se vio reforzado por las transformaciones señaladas, mientras que las clases populares se vieron afectadas por un doble proceso:  el de la proletarización de la mano de obra –jornaleros sin tierra y desprotegidos económicamente– y el acceso más o menos amplio a la pequeña propiedad. Por último, la mala cosecha de arroz de ese año (1911) agudizó los problemas económicos de los sectores populares.

Diario republicano EL PUEBLO, 20/09/1911. Fuente: Biblioteca Digital Valenciana

La revuelta.

Los hechos que vamos a analizar se produjeron entre el 16 y el 21 de septiembre de 1911. A principios de ese mes se celebró el primer congreso de la CNT en Madrid. A él acudió un representante de Cullera que, al volver, anunció la convocatoria  de una huelga general para el lunes 18 de ese mismo mes. La convocatoria tuvo un cierto éxito en Cullera. Al llegar la noticia a Sueca, cabecera del partido judicial, el juez del partido, acompañado de un pequeño grupo de funcionarios y civiles, se dirigió por su cuenta a Cullera para atajar el conflicto. La actuación del juez, temeraria y sin apoyo de la Guardia Civil ni de los Carabineros, provocó un altercado mayor que tuvo como consecuencias la muerte del juez y de otros tres funcionarios.

Los alborotadores se dispersaron por la comarca, contribuyendo a extender el conflicto por casi toda ella. Algunos  llegaron a Carcaixent y el mismo día 18, ya de noche, -según cuenta Fogués en su Historia-. Ya de noche salió un grupo de sindicalistas desde el Casino Republicano, lanzando gritos contra la guerra y dirigiéndose hacia la estación de ferrocarril donde impidieron a un grupo de soldados proseguir el viaje para incorporarse a filas. El siguiente paso fue declarar la huelga general en el pueblo para el día siguiente, convocatoria que fue exitosa.

El la mañana del día 19 algunos grupos se dirigieron a las dos estaciones ferroviarias, donde inutilizaron las vías y cortaron el telégrafo y el teléfono, deteniendo todo el tráfico por tren. Desde allí se dirigieron a la oficina de consumos, asaltando el edificio y haciendo en la calle una pira con muebles y documentos. Después asaltaron el edificio del Sindicato de Labradores, repitiendo la operación. Su siguiente objetivo fue el Ayuntamiento; allí  incendiaron algunas dependencias, entre ellas el Archivo Municipal. Las acciones violentas continuaron por la tarde.

El conflicto se transformó en un pequeño enfrentamiento civil al armarse miembros del Partido Jaimista (carlistas) para defender los edificios religiosos si eran atacados. Estos también se encargaron de avisar al Capitán General de lo que ocurría en Carcaixent.  Al día siguiente, la llegada de fuerzas de la Guardia Civil y de una compañía del Ejército puso fin a estas actuaciones violentas.

Tropas del Ejército en la calle. Fuente: https://www.diarilaveu.com/

En diciembre del mismo año se celebró en Carcaixent un Consejo de Guerra -ya que a los revoltosos se les aplicó la legislación militar- en el que resultaron condenadas a penas de prisión 38 personas, entre ellas dos mujeres.

Mundo Gráfico. Fuente: http://rojoynegro.info/

Conclusiones

La contradicción que representa el hecho de que en una etapa de crecimiento económico y de progreso urbano se produjeran esta revuelta muestra cuatro cosas:

  • La primera es que ese proceso de crecimiento estaba generando a su vez una creciente desigualdad entre los distintos grupos sociales y que mientras los beneficios de las empresas aumentaban, los salarios se estancaban o crecían poco.
  • La segunda es que la oposición popular a la guerra colonial en Marruecos no se podía canalizar por medios electorales o políticos por las trabas e insufuciencias del sistema restauracionista. Por ello, en ocasiones, esas posiciones se trasladaban a la calle a través de revueltas.
  • La tercera es que, pese a la modernización económica, urbanística, social e incluso cultural, nuestra sociedad continuaba padeciendo momentáneas situaciones de crisis provocadas por la elevación de precios de los alimentos, a su vez consecuencia de las malas cosechas (en este caso del arroz), crisis más propias de las sociedades agrarias.
  • La cuarta es que se trató de un fenómeno con una fuerte carga de espontaneidad; la debilidad de las organizaciones obreras, especialmente de la CNT, de quien partió la iniciativa de la huelga general, impedía que se tratase de una revuelta bien definida y con unos objetivos claros.

Así pues, aunque la mecha fue la convocatoria de la huelga, el malestar social acumulado por las levas para la guerra de Marruecos, la mala cosecha de arroz y los elevados precios de los productos básicos –gravados además con altos impuestos– fueron la pólvora que hizo estallar el conflicto. Un conflicto espontáneo típico de modelos sociales más antiguos que mostraba simplemente una situación de ira y malestar ante situaciones concretas, pero que no implicaba políticas ni actuaciones a largo plazo. No obstante, estos acontecimientos influyeron en el final de su gobierno, precipitado por su asesinato en 1912 a manos de un anarquista.

Bibliografía.

  • Cerdà, M. (1981) Els moviments socials al País Valencià. Valencia: Alfons el Magnànim.
  • Fogués, F. (2000). Historia de Carcagente (trabajo original publicado en 1934-36). Carcaixent: M.I.Ajuntament.

http://www.historiasiglo20.org/HE/12a-2.htm

https://www.lasprovincias.es/v/20110923/comunitat/revolucion-estalla-ribera-20110923.html

https://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2011/09/18/cullera-1911-levante-feliz-13036569.html

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Las guerras del Opio

Introducción

Las guerras del opio fueron dos conflictos bélicos que enfrentaron a Gran Bretaña y a China a mediados del siglo XIX. La primera Guerra del Opio tuvo lugar entre 1839 y 1842, y la segunda, en la que Francia se alió con Gran Bretaña, se desarrolló entre 1856 y 1860. Ambas se sitúan en plena etapa expansiva del imperialismo europeo que es el contexto en el que cabe enmarcar estos conflictos. 

El imperio chino que había logrado mantenerse libre de las invasiones coloniales padecidas por otras zonas de Asia –India, Vietnam, Birmania (Myanmar)…–, siempre era desconfiado ante la presencia extranjera. Las vías de penetración de la influencia europea habían sido los misioneros y las relaciones comerciales. La presencia religiosa, fundamentalmente católica, había casi desaparecido a principios del siglo XIX, pero se había mantenido el flujo comercial, fuente de importantes beneficios económicos. Casi todo él se realizaba a través del puerto de Cantón. 

Principales rutas del tráfico comercial británico en Asia durante el siglo XIX. Fuente: https://asiapacificcurriculum.ca/learning-module/opium-wars-china

Las causas.

Las causas estructurales se refieren al continuo déficit comercial que mantenía Gran Bretaña con China. En efecto, los británicos importaban grandes cantidades de té, seda, algodón y porcelanas mientras que China importaba muy pocos productos británicos. Los elevados aranceles chinos y la escasa demanda de productos importados explicaban ese desfase. Gran Bretaña debía pagar la diferencia con plata.

China era a mediados del siglo XIX un gigante con pies de barro. Diversos factores –un crecimiento demográfico elevado, frecuentes hambrunas, una burocracia gobernante anquilosada…– fueron generando un creciente malestar social que se manifestaba a través de revueltas populares recurrentes. 

A pesar de todo ello, Gran Bretaña era el principal socio comercial de China, aunque sus relaciones se establecían a través de unos intermediarios –los mercaderes hong– porque las instituciones gubernamentales chinas no trataban directamente con los extranjeros. Los desacuerdos comerciales entre las dos potencias produjeron el conflicto.  

La causa inmediata está relacionada con el comercio del opio. La Compañía Británica de las Indias Orientales ejercía la administración de la India y comercializaba el opio que se producía en ese territorio y se exportaba hacia China. Cuando perdió su monopolio comercial, los comerciantes particulares que la sustituyeron bajaron los precios del opio para ganar mercado, agravando el problema. Los ingresos obtenidos le servían para equilibrar la balanza comercial entre los dos imperios, normalmente muy desfavorable para la compañía como ya hemos mencionado. En este tráfico también participaban contrabandistas norteamericanos. 

Importaciones de Opio en China (1650-1880). Fuente: https://asiapacificcurriculum.ca/learning-module/opium-wars-china

El problema residía en que el comercio del opio no era inocuo. En China se conocía la droga por sus efectos medicinales, pero su uso era escaso. Sin embargo, el aumento del contrabando favoreció la expansión del consumo lo que contribuía a aumentar la adicción a esta sustancia entre su población. De este modo, su consumo se convirtió en un problema social al aumentar el número de adictos. También comenzaba a ser un problema económico, pues creaba un déficit comercial con Gran Bretaña, hasta entonces inexistente. Y todo ello a pesar de que desde 1796 diversos decretos prohibían tanto el tráfico como el consumo.  En 1821 el gobierno chino decidió expulsar de Cantón –el puerto por donde llegaba el tráfico de opio– a todos los traficantes. 

Consumidores chinos de opio. Fuente: https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/06/25/53aa95d8ca474106308b457a.html

A pesar de ello, las importaciones, procedentes de la India, no cesaron; en 1839 el opio representó el 57 % de las importaciones chinas. El deterioro social provocado por el consumo del opio comenzaba a ser grave: muchos artesanos y mercaderes se arruinaron o fallecieron, entre los funcionarios se extendió la corrupción… 

En consecuencia, el emperador encargó al gobernador de las provincias de Hubei y Hunan, Lin Xezu, afrontar y solucionar el problema. A principios de 1839 el emperador Daoguang  (dinastía Qing) autorizó a Xezu para que incautase todo el opio que se encontrase en Cantón. A pesar de la oposición de los europeos fueron destruidas 20.000 cajas de opio, valoradas en 5 millones de libras. La tensión entre ingleses y chinos crecía por momentos, produciéndose algunos enfrentamientos entre buques chinos e ingleses. En enero de 1840 China decidió cerrar Cantón al comercio británico. 

Las quejas de los comerciantes británicos por la actitud del gobierno chino impulsaron a Gran Bretaña a declararle la guerra a mediados de 1840. 

La primera guerra (1839-1842)

En 1840 una flota inglesa de 16 buques de guerra y 20 transportes con 4.000 hombres llegaba a las costas chinas y se desplegaba ante los principales puertos. Las demandas británicas estaban claras: legalización del comercio del opio, pago de una indemnización por las destrucciones de mercancías y apertura de nuevos puertos al comercio exterior. La Corte imperial china se dividió ante el conflicto: un sector apoyaba la firmeza de Lin Xezu y la resistencia armada mientras que otro se mostraba más conciliador. Finalmente fue este sector el que se impuso y el noble Quishan inició conversaciones con los británicos. 

Las negociaciones fueron impulsadas también porque los ingleses tomaron algunos fuertes. Quishan firmó el Tratado de Chuanbi que comportaba el pago de una fuerte indemnización, reabrir el puerto de Cantón y permitir el establecimiento de los británicos en Hong Kong. El emperador se negó a reconocer el tratado, que resultaba humillante para un imperio que, hasta entonces, despreciaba a los blancos, y declaró la guerra a Gran Bretaña. 

Batalla naval entre chinos y británicos. https://www.scmp.com/news/hong-kong/article/2075509/dark-legacy-britains-opium-wars-still-felt-today-amid-fight-against

La superioridad militar británica –en armamento y en tecnología bélica– y los errores estratégicos chinos facilitaron la derrota china y en 1842 sus tropas entraban en la ciudad de Nankin, hecho que ponía fin al conflicto. Esta derrota se plasmó diplomáticamente en el Tratado de Nankín, que obligaba a China a asumir el “libre comercio” de opio y a ceder Hong-Kong a Inglaterra durante 150 años. El comercio exterior ꟷincluido el opioꟷ podría llegar a China a través de cinco puertos, de los cuales el de Cantón era el más importante. 

Con este acuerdo el imperio chino se abría obligatoriamente a la influencia extranjera, señalando no sólo una inflexión histórica fundamental sino también la aceleración de la grave crisis interna que venía padeciendo desde principios de siglo. Además, la fácil victoria británica atrajo en interés de otras potencias hacia China. 

La segunda guerra del Opio (1856-1860)

La conciencia de la debilidad china impulsó a las potencias imperialistas –Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos– a actuar en su territorio y a exigir la renegociación de los acuerdos con el fin de aumentar su influencia. Así, Gran Bretaña pidió renegociar el Tratado de Nankin de 1842; se pedía ahora extender el libre comercio a toda China, legalizar el consumo de opio, suprimir determinados impuestos a los extranjeros que practicaban el comercio interno y acabar con la piratería. Francia y Estados Unidos apoyaron estas demandas. 

Para fortalecer su posición negociadora las potencias citadas aprovecharon un incidente con un barco matriculado en Hong Kong que fue abordado por tropas chinas –el Arrow– para presionar al gobierno imperial que, en esos momentos, sostenía una guerra con los sublevados de la rebelión Taipíng. Parecía evidente que la dinastía Qing no podía hacer frente a dos conflictos bélicos a la vez. 

Los taiping fueron un movimiento antidinástico de raíz religiosa y mesiánica con fuertes reivindicaciones revolucionarias que intentó crear un modelo social igualitario basado en una teocracia –el Reino Celestial–. Lograron controlar durante un tiempo algunas regiones de la China central hasta que fueron derrotados por las tropas imperiales. 

Los británicos atacaron Guangzhou mientras que Francia se sumaba a la guerra; la ciudad acabó siendo tomada en 1857. Buques de guerra ingleses bombardearon Cantón y desembarcaron un contingente de 5.000 soldados en ese mismo año. A continuación, la flota aliada se desplazó hacia el norte, tomando el fuerte de Taku y amenazando la capital. 

El enfrentamiento concluyó con el Tratado de Tientsin en mayo de 1858 que firmaron, además de Gran Bretaña y Francia, Rusia y Estados Unidos. La negativa china a firmar el tratado –muy duro para China en cuanto a compensaciones y apertura de movimientos y mercados para extranjeros– desencadenó diversos ataques de la fuerza anglo-francesa que llegó  a tomar Pekín en octubre de 1860. El hermano del emperador –este había huido– firmó finalmente el Tratado ahora ampliado con más concesiones, por ejemplo, sobre el tratamiento de los cristianos. 

Escenarios de las dos guerras del Opio. Fuente: https://asiapacificcurriculum.ca/learning-module/opium-wars-china

Las consecuencias

La Convención de Pekín puso fin a esta guerra. El resultado del conflicto favoreció la presencia en la región del Oriente Lejano de otras potencias imperialistas como Estados Unidos, Rusia y Francia que obligaron a China a firmar una serie de tratados, conocidos como “Tratados Desiguales”. En ellos se obligaba a China a abrir otros once puertos al comercio internacional, tolerar el cristianismo y permitir la penetración comercial directa en su interior, todo ello en aras del libre comercio. Estos hechos significaron el inicio de la decadencia de China y de la crisis del poder imperial. La impotencia china ante esta agresión a su soberanía se agudizó tras la derrota frente a Japón (1894-95), derrota que sería la causa de la rebelión de los bóxers en 1900.  

Así pues, las guerras del opio iniciaron el proceso de decadencia del Imperio chino, acuciado tanto por la agresión imperialista como por las revueltas internas. El Imperio aún perduró hasta 1912, año en que fue despuesto el último emperador, Puyi, también de la dinastía Qing. 

Situación del imperio chino hacia 1860. Fuente: https://xiahpop.com/historia-de-china-la-guerra-del-opio/china-mapa/

Debemos señalar también que este tráfico permitió desarrollar en Gran Bretaña unas estructuras comerciales que favorecieron la acumulación de capital que hizo posible tanto la Revolución Industrial como la hegemonía económica y militar británica en esta etapa. 

Cronología.

Bibliografía

Chesneaux, J. (1976). Asia oriental en los siglos XIX-XX. Barcelona: Labor. 

Claseshistoria. s. f. «El imperialismo. La guerra del opio». Recuperado 14 de agosto de 2020a (http://www.claseshistoria.com/imperialismo/resistenciaopio.htm). 

Gil Pecharromán, J. (1985). Las guerras del opio. Cuadernos Historia 16, 104.  

Hayes, Jack. s. f. «The Opium wars in China». Recuperado 18 de agosto de 2020b (https://asiapacificcurriculum.ca/learning-module/opium-wars-china). 

Padró, Carles. 2019. «La primera guerra del Opio». La Vanguardia. Recuperado 14 de agosto de 2020 (https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20190604/47311430556/la-primera-guerra-del-opio.html). 

Rivas, Juan. 2014. «Opio para el pueblo, la droga que aseguraba el monopolio del té». EL MUNDO. Recuperado 18 de agosto de 2020 (https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/06/25/53aa95d8ca474106308b457a.html). 

Salón del Trono. 2014. «La segunda Guerra del Opio (1856-1860)». Salón del Trono. Recuperado 15 de agosto de 2020 (http://salondeltrono.blogspot.com/2014/10/la-segunda-guerra-del-opio-1856-1860.html). 

Wikipedia. 2020. «Primera Guerra del Opio». Wikipedia, la enciclopedia libre

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Las bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial: Hiroshima y Nagasaki

  1. Introducción 

La utilización del arma nuclear por primera vez en la historia fue un hito contradictorio pues si, por un lado, mostró el paso de gigante que se había dado con el desarrollo tecnológico, por otro lado, cambió el concepto de guerra al mostrarse capaz de provocar unos niveles de destrucción y muerte desconocidos hasta entonces. A partir de agosto de 1945 todo el mundo entendió que la posesión, y la decisión del uso, del armamento atómico significaría obtener el rol de potencia dominante (o potencias dominantes). La historia posterior ha demostrado que el deseo de poseer este tipo de armamento no ha desaparecido.

Bomba sobre Nagasaki. Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200806/infierno-desato-atomica-imagenes-escalofriantes-hiroshima-nagasaki/510728923_3.html#img_8

La guerra en el Pacífico adquirió ciertos rasgos de guerra de desgaste. La necesidad de ir conquistando isla por isla mediante asaltos anfibios significaba un alto coste humano y psicológico. Tras las victorias americanas de Iwo Jima y Okinawa esta estrategia fue cuestionada.

2. El prólogo de la decisión: la batalla de Okinawa.

Desde noviembre de 1944 los grandes bombarderos norteamericanos B-29, con base en las islas Marianas, alcanzaban parte del territorio japonés, que era bombardeado con asiduidad, especialmente Tokio. Así, por ejemplo, el 9 de marzo de 1945 los B-29 arrojaron sobre la capital nipona más de 1.500 toneladas de bombas que destruyeron 250.000 edificios y causaron más de 80.000 víctimas. El país ya estaba muy debilitado.

Hacia mediados de 1945, resultaba evidente que Japón estaba perdiendo la guerra. Su derrota en Iwo Jima a principios de 1945 fue la primera señal. El mando norteamericano dividió entonces sus objetivos; mientras el general McCarthur se dedicó a neutralizar las fuerzas japonesas que aún controlaban Filipinas y Borneo, el almirante Nimitz se preparó para atacar directamente suelo japonés. La conquista del archipiélago de Riu-Kiu, del que Okinawa era la mayor isla, fue el primer objetivo.

Operaciones militares en el Pacífico. Fuente: https://elordenmundial.com/mapas/segunda-guerra-mundial-pacifico/

El interés de la isla radicaba en que desde allí los bombarderos norteamericanos podían alcanzar todo el territorio japonés, así como interrumpir el flujo de suministros que llegaba a Japón desde los territorios que aún dominaba.

Desde un primer momento, los mandos norteamericanos fueron conscientes  de que al tratarse ya de territorio japonés la resistencia sería muy intensa y su posterior control muy difícil. Para enfrentarse a tal situación se dispusieron grandes medios navales y terrestres; de hecho la flota que se concentró frente a las costas de Okinawa fue la más poderosa jamás vista: 40 portaaviones con más de 2.000 aviones, 20 acorazados, unos 30 cruceros, unos 200 destructores y cerca de mil buques de transporte. Las fuerzas terrestres sumaban casi 300.000 hombres.

Por su parte, los japoneses –alrededor de 100.000 hombres– se fortificaron en el interior de la isla, donde estaban los aeropuertos. A ellos se sumaba el apoyo de unos  2.000 aviones procedentes de bases de otras islas. Al parecer la intención japonesa era resistir a toda costa, incluyendo la utilización de ataques suicidas (kamikazes).

Flota norteamericana hacia Okinawa. Fuente: https://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?t=8750

Como medida preventiva los aviones de los portaaviones norteamericanos y los grandes bombarderos B-29 se dedicaron a intentar anular el poder aéreo japonés con bombardeos de los aerodromos enclavados en Japón. Aún así, los ataque suicidas japoneses averiaron seriamente tres portaaviones y hundieron otros buques. En total  los ataques kamikaze hundieron 30 barcos y averiaron 300.

El 1 de abril de 1945 las tropas norteamericanas desembarcaron en Okinawa. La lucha por la conquista de la pequeña isla duró tres meses, con una dureza extraordinaria y un coste en bajas elevadísimo. Los japoneses perdieron, entre civiles y militares, 110.000 hombres. Los norteamericanos padecieron unas 12.000 bajas  y tuvieron 32.000 heridos; unos 26.000 hombres fueron retirados por diversas enfermedades, muchos afectados por lo que más tarde se denominaría “estrés del combatiente”. En la flota las víctimas ascendieron a 5.000 muertos y 6.000 heridos. Cerca de 1.000 aviones fueron derribados.

La derrota de Okinawa impulsó en Japón a los partidarios de la paz, incluido el emperador. Pero las reticencias del Ejército a una capitulación incondicional retrasaban la decisión. Los intentos de lograr la mediación de Stalin fracasaron ante el desinterés de este, que esperaba el hundimiento japonés para hacerse con algunos territorios japoneses.

3. La bomba atómica.

Las terribles experiencias de Iwo Jima y Okinawa acabaron de convencer a los mandos norteamericanos de que la campaña del Pacífico debía concluir lo más pronto posible y que la invasión terrestre del archipiélago japonés comportaría un coste humano inasumible. De hecho se decidió no atacar posiciones o bases niponas que no fuesen estratégicas. Estos planteamientos abrieron paso a la opción del uso del arma nuclear.

El proyecto de creación de un arma nuclear –conocido como proyecto Manhattan– había comenzado en Estados Unidos en 1940 y había requerido el trabajo de más de cien mil personas –entre ellos ingenieros alemanes de origen judío que habían huido del régimen nazi– y costado más de 2.000 millones de dólares de la época. En julio de 1945 la bomba estaba construida. El presidente Truman  era partidario de utilizar el arma atómica, aunque no todos los militares estaba de acuerdo –Eisenhower mostró su oposición–, ni tampoco todos los científicos que habían impulsado el proyecto.

Bomba similar a la arrojada sobre Nagasaki, 1945. Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200806/infierno-desato-atomica-imagenes-escalofriantes-hiroshima-nagasaki/510728923_3.html#img_17

El 6 de agosto de 1945 un B-29 norteamericano –bautizado como Enola Gay– despegó de la base de Tinian. Cargaba una bomba de 4 toneladas de peso –bautizada esta como Little boy– que tenía una potencia explosiva de 15.000 toneladas de TNT. El 6 de agosto, a las 8,15 horas, la bomba cayó sobre Hiroshima, que tenía unos 300.000 habitantes. Mató a más de 70.000 personas y otras 70.000 murieron antes de que terminara el año. Japón quedó sumido en un shock. Pocos días después, el 9 de agosto, cayó una segunda bomba sobre Nagasaki. Esta vez se trataba de una bomba de plutonio con una capacidad explosiva mayor –equivalente a 22.000 toneladas de TNT–. La bomba cayó en un barrio industrial periférico. Aún así murieron 40.000 personas de forma inmediata y otras 30.000 lo harían antes de fin de año.

Trayecto de los bombarderos. Fuente: https://elpais.com/internacional/2020-08-05/un-rio-de-heridos-desfigurados-llego-a-las-puertas-de-mi-casa.html

Paralelamente, Stalin declaró la guerra a Japón y tropas soviéticas desembarcaron en las islas de Sajalin y las Kuriles y atacaron Manchuria. El 15 de agosto el emperador Hiro Hito anunciaba la intención de acabar con la guerra, era la primera vez que los japoneses escuchaban la voz de su emperador. Numerosos altos oficiales se suicidaron o se estrellaron como kamikazes contra buques norteamericanos. Era el último estertor del poder japonés. 

Las reticencias de los mandos militares japoneses a firmar la rendición fueron finalmente vencidas por la decisión del mismo emperador. El 2 de septiembre el general McArthur aceptó la rendición formal e incondicional de Japón.

4.  Las consecuencias del ataque.

En el contexto bélico, el ataque significó la rendición japonesa. El balance de la guerra fue terrible para Japón. En la metrópoli, la población descendió más de millón y medio de personas. Los daños materiales fueron enormes; la producción quedó paralizada y las comunicaciones interrumpidas. El hambre y las epidemias se extendieron. Japón debía partir de cero, estando además ocupado militarmente por Estados Unidos.

Este país impuso la Constitución de 1947 e intervino directamente en el gobierno de Japón bajo la autoridad del general McArthur. El objetivo de su acción fue doble: desmilitarizar el país y articular un sistema político democrático. Estas reformas impuestas chocaban con una sociedad vencida, conformada mediante una ideología nacionalista y totalitaria, impregnada de xenofobia y con un gran sentido jerárquico.

En el contexto de las relaciones internacionales el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki también tuvo repercusiones. Asentó la hegemonía norteamericana entre los vencedores de la Iiª Guerra Mundial y cambió la actitud de Truman hacia Stalin, con quien se mostró más exigente y distanciado. La URSS, por su parte comprendió el valor del nuevo armamento y emprendió su carrera hacia la consecución del arma. Su posesión o no configuraría el siguiente período histórico: la Guerra Fría.

En unos meses expirará el tratado nuevo START entre Estados Unidos y Rusia –febrero de 2021–, que fue firmado en 2010. Las conversaciones para su renovación siguen estancadas. En 2017 se aprobó el Tratado de la ONU para la prohibición de las Armas Nucleares. Para su entrada en vigor hace falta que lo ratifiquen 50 países, de momento sólo lo han hecho 40, entre los que no está Japón ni tampoco los miembros de la OTAN.

5. Cronología.

6. Bibliografía.

Bianco, Lucien (1976). Asia Contemporánea. Madrid: Siglo XXI.

Cardona, G., & Solar, D. (1985). Guerra en Asia. Cuadernos Historia 16, 85-87.

Hall, J. W. (1973). El imperio japonés. Madrid: Siglo XXI.

Hernández, J. (2009). Breve historia de la Segunda Guerra Mundial. Madrid: Nowtilus.

Irazazábal, P. J. D. (1994). El Japón de MacArthur. Cuadernos del Mundo Actual, 30.

Liy, Macarena Vidal. 2020. “Un río de heridos desfigurados llegó a las puertas de mi casa”». EL PAÍS. Recuperado 9 de agosto de 2020 https://elpais.com/internacional/2020-08-05/un-rio-de-heridos-desfigurados-llego-a-las-puertas-de-mi-casa.html

Stone, N. (2013). Breve historia de la Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Planeta.

Villarrubia, P. (2019). Memorias de Kamizakes. La Aventura de la Historia, 243, 26-31.

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Epidemias e historia (II)

La Peste Negra del siglo XIV

Inicios y difusión

En las décadas centrales del siglo XIV, la población europea padeció una pandemia de peste que ha sido considerada como la más mortífera de la historia.

El cuadro clínico de la enfermedad se define por síntomas como fiebre elevada, náuseas y agotamiento en una primera fase. Después evoluciona y aparecen bubones –bultos o inflamaciones dolorosas de los ganglios– en las ingles, axilas y cuello. Estos bubones acababan provocando una septicemia que se manifestaba en forma de manchas oscuras en la piel –de ahí el nombre de Peste Negra–. Estos son los síntomas de la peste bubónica, la más extendida, pero también apareció otra variedad que afectaba a los pulmones. En cualquier caso, la mortalidad de la pandemia osciló entre el 40 y el 90 % de los afectados. La peste es una enfermedad endémica de los roedores en general. Su transmisión a los humanos se realiza a través de las pulgas de las ratas.

La pandemia se inició en Asia. Hacia 1338-39 se detectó en las mesetas centroasiáticas. Ese espacio se había unificado bajo el dominio mongol que también había creado una densa ruta comercial con Europa. Hacia 1346 los ejércitos mongoles habían llegado a Crimea, donde surgió un foco de contagio que se expandió hacia Europa, Asia Menor y África. En 1348 ya se había extendido por Italia, Francia y la Corona de Aragón; al año siguiente lo hizo por las islas británicas. En 1352 ya se había expandido por toda Europa, aunque con diferencias en su incidencia.

Difusión de la Peste Negra. Fuente: http://aprenemjunts.blogspot.com/2015/02/la-pesta-negra.html

Consecuencias.

La consecuencia más evidente fue la crisis demográfica. Al igual que en anteriores episodios epidémicos, las ciudades se vieron mucho mas afectadas que los espacios rurales. En cuanto a las edades resulta difícil, por la ausencia de censos, establecer unos parámetros de afección válidos.

El mismo problema surge con la estimación de la mortalidad. Diversos autores han hablado de unas pérdidas directas de 20 millones de personas para Europa. A ello habría que añadir las víctimas por otras causas desencadenas por la enfermedad –hambre, enfermedades secundarias…– En suma, la población de Europa disminuyó entre un 40 y un 70 %. Los 80 millones de principios del siglo XIV quedaron reducidos a unos 30 millones en 1355.

El descenso poblacional provocó el despoblamiento de las zonas rurales e incluso de pequeñas ciudades. Se abandonaron las tierras de cultivo y la ganadería –que no requería tanta mano de obra– prosperó a costa de la agricultura. Los precios agrarios se dispararon haciendo aparecer el hambre y la desnutrición. Esta falta de trabajadores favoreció a algunos sectores del campesinado, que vieron mejoradas sus condiciones de trabajo, pero fue más frecuente el intento de los señores feudales por fijar al campesinado a la tierra y aumentar su explotación mediante medidas coercitivas. El malestar social en el campo se manifestó en revueltas campesinas –Jacquerie francesa de 1358, problema de remensa en Cataluña en 1388.

La pérdida de mano de obra, la caída de las rentas agrarias y la paralización del comercio supusieron un serio descenso de los ingresos señoriales y un debilitamiento de la nobleza.

Como en las epidemias anteriores, también se buscaron explicaciones sobre el por qué de la enfermedad. La más inmediata fue la búsqueda de culpables –puesto que la epidemia se interpretaba como un castigo divino. Los señalados fueron aquellos que se consideraban enemigos de la fe cristiana, principalmente los judíos; la ira popular estalló contra ellos en casi toda Europa y los pogromos surcaron la geografía europea. También los mudéjares –musulmanes que convivían con los cristianos, por ejemplo, en los reinos hispánicos– padecieron discriminaciones y persecuciones.

Pogromos en Europa durante la Peste Negra. Fuente: Carreras, A. [et.al] (1985) La Peste Negra. Cuadernos Historia 16, v. 17.

La sensación de que el mundo conocido se desmoronaba, el miedo ante la cercanía de la muerte y la incertidumbre sobre el futuro impulsaron un cambio en las mentalidades de la época. La respuesta tomó dos caminos diferentes:

  • Por una parte, proliferaron los flagelantes –movimiento religioso que buscaba el perdón divino de los pecados mediante la participación en procesiones en las que se autoflagelaban– que consideraban que se podía obtener la salvación sin ayuda de la Iglesia y cuestionaban la institución.
  • Por otro lado, se extendió un vitalismo que proponía disfrutar de los bienes y de los placeres terrenales, sin preocuparse por la muerte. Ejemplo de esta actitud es la obra Decamerón del italiano Giovanni Boccaccio.
Procesión de flagelantes en Tournai (Francia). Miniatura medieval. Fuente: La Vanguardia.

En la literatura, el clima de terror se manifestó a través de las denominadas Danzas Macabras y en el arte en la constante presencia del tema de la muerte.

Conclusiones.

La crisis epidémica trastocó seriamente los fundamentos de las sociedades medievales. Su confluencia con la crisis climática y la frecuencia de las guerras –Guerra de los Cien Años (1337-1453) entre Francia e Inglaterra, guerras civiles en Castilla o Italia…– mostró la debilidad de las estructuras feudales. El modelo de monarquía feudal inició su paulatina transformación hacia el modelo de monarquía autoritaria, la nobleza tradicional perdió parte de su poder militar y económico lo que facilitó la preponderancia del rey, y los nuevos grupos burgueses aumentaron su poder económico y su influencia política.

La gripe de 1918.

Inicios y difusión

La epidemia de gripe de 1918 –o “española”, o influenza– ha sido el episodio pandémico más grave de la época contemporánea. El fenómeno consistió en varias oleadas de contagios que se mantuvieron activas hasta 1920. Su causante fue el virus H1N1 con genes de origen aviar. Todavía hoy no hay consenso sobre su origen, aunque los primeros casos se detectaron en bases militares norteamericanas situadas en el Medio oeste entre marzo y abril de 1918.

Se calcula que unos 500 millones de personas se infectaron y, de ellos, fallecieron unos 50 millones. La tasa de mortalidad se repartió desigualmente entre los grupos de edad: las más afectados fueron los menores de 5 años, los comprendidos entre 20 y 40 años, y los mayores de 65 años.

Las causas por las que fue tan devastadora no están claras. Sin vacunas para protegerse y sin antibióticos para tratar las infecciones asociadas, el control de la enfermedad dependió de medidas sociales –aislamiento, cuarentena, higiene personal, uso de mascarillas, limitación de movimientos y reuniones…–. Como vemos medidas muy similares a las implementadas actualmente en casi todos los países para controlar la actual epidemia de COVID-19.

Comparación de las medidas sociales contra la pandemia y sus efectos. Fuente: ttps://www.xlsemanal.com/conocer/salud/20200314/coronavirus-aislamiento-no-quedar-reunir-con-familia-casa-gripe-espanola.html

Para conocer el desarrollo pormenorizado de la pandemia ver en este mismo blog: https://miradahistorica.com/2020/06/16/epidemias-e-historia-i/

Consecuencias y conclusión.

La pandemia tuvo diversas consecuencias históricas. En la India, por ejemplo, alentó al nacionalismo hindú al considerar que las abultadas diferencias de mortalidad entre británicos e hindúes –mucho más altas– se debían a la falta de medidas para protegerlos.

la pandemia también afectó a la economía, paralizando las actividades, aumentando el paro y haciendo crecer la pobreza.

La crisis epidémica favoreció la cooperación internacional y así, en 1923, la Liga de Naciones creó la Organización de la Salud, un organismo internacional dirigido por profesionales de la salud que tenía como objetivo la colaboración para controlar las epidemias.

Los Estados promovieron medidas e instituciones dedicadas a la salud pública. En 1920, por ejemplo, Rusia implantó la primera red pública de salud. Y en otros países se asentó la idea de disponer de sistemas generales de salud; no podemos olvidar que en la mayoría de los países la atención médica y sanitaria era un lujo. Algunos historiadores hablan, incluso, de que fue ahora cuando se sembró la semilla de los futuros estados de bienestar en algunos países. En otros lugares, por el contrario, aumentó la desconfianza hacia las instituciones por las dificultades de los Estados a la hora de paliar los problemas ocasionados por la pandemia.

Enfermeras voluntarias de la Cruz Roja norteamericanaFuente: ttps://espanol.cdc.gov/flu/pandemic-resources/1918-commemoration/historical-images.htm

Bibliografía

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Epidemias e historia (I)

Introducción.

Las epidemias han sido, junto a las guerras y las hambrunas –los tres jinetes del Apocalipsis, a los que se suma la Muerte que sería la consecuencia de todos ellos–,  uno de los principales azotes de las sociedades  a lo largo de la historia. Las mortalidades catastróficas que provocaban eran capaces de trastornar, de forma más o menos duradera, estructuras sociales, políticas, económicas y mentales. La primera reacción social ante las epidemias era siempre el miedo, un miedo que no atiende a razones y que es capaz de arrollar cualquier cosa. La segunda era la búsqueda de la causalidad,  concretada a menudo en la localización de las culpabilidades –judíos, brujas, pecadores, extranjeros, gobiernos…–.

La última gran pandemia fue la gripe de 1918. Tras el largo intervalo de tranquilidad epidémica llegamos a pensar que la humanidad se había librado de tales calamidades. Ya en pleno siglo XXI ha habido varios avisos de que eso no había ocurrido; la actual pandemia de la COVID-19 lo ha demostrado fehacientemente. Virus y bacterias siempre han estado ahí. También es cierto que la humanidad ha desarrollado armas médicas y sociales eficaces, sin embargo hemos podido comprobar cómo la actual pandemia ha obligado a recurrir a medidas antiquísimas pero aún insustituibles, por ejemplo, el confinamiento. Cabe pensar igualmente que si sociedades tan tecnificadas y desarrolladas científicamente como las actuales siguen teniendo dificultades para gestionar tales embestidas, ¿cómo pudieron las sociedades pasadas enfrentarse a esas calamidades?

Grandes epidemias de la historia. Fuente: https://elordenmundial.com/mapas/grandes-epidemias-de-la-historia/

El objetivo de la presente entrada es comprender el impacto de tales acontecimientos sobre las sociedades del pasado. Para ello analizaremos las cuatro mayores pandemias que históricamente han afectado a la humanidad.

Según Jared Diamond, uno de los pocos historiadores que ha estudiado las relaciones entre la historia y las epidemias, las enfermedades infecciosas comparten varias características:

  • Se propagan rápida y eficazmente a partir de una persona infectada, con el resultado de que toda la población acaba quedando expuesta en un breve período
  • En segundo lugar, son “enfermedades agudas”: en un breve período de tiempo, el paciente muere o se recupera por completo.
  • En tercer lugar, los afortunados que se recuperan desarrollan anticuerpos que los dejan inmunes durante mucho tiempo.
  • En cuarto lugar, tanto virus como microbios afectan casi exclusivamente a los seres humanos, no a otros animales y ello aunque su reservorio se encuentre en ellos.

A partir de esos parámetros, el citado autor señala que los acontecimientos que podemos denominar como una epidemia  –enfermedad que se propaga rápidamente por un territorio, afectando a un gran número de personas– surgieron a partir del Neolítico, relacionados con la aparición de las primeras ciudades, cuando la población se concentró en espacios más o menos reducidos y entró en contacto directo con diversas especies animales. La datación de las primeras enfermedades así lo muestra: hacia 1600 a.C la viruela, en 400 a.C, las paperas, en 200 a.C. la lepra…  

Enfermedad humanaAnimal con patógeno relacionado
SarampiónGanado vacuno (tifus vacuno)
TuberculosisGanado vacuno
ViruelaGanado vacuno
GripeCerdos y patos
Tos ferinaCerdos y perros
MalariaAves
ÉbolaMurciélagos
SIDAMonos
SARS 2003Murciélagos, Cibetas (domésticas)
MERS-CoV Dromedarios

Fuente: Diamond, J. (2006) Armas, germen y acero. Pág.239. Y datos propios

Otro elemento que ayudó a la rápida difusión de las epidemias fue el desarrollo de rutas comerciales “mundiales” (Imperio Romano, China, norte de África,…). Es decir, poco a poco, la expansión comercial y las mejoras del transporte fueron contribuyendo, involuntariamente, a facilitar la actuación y el transporte de los gérmenes.

Las epidemias han sido, pues, un elemento de cambio histórico y siempre representaron un cambio traumático. El mejor ejemplo es el impacto epidemiológico de la llegada de los europeos (españoles y portugueses primero, franceses e ingleses después) a América y la difusión de infecciones como la viruela, el sarampión, la gripe o el tifus entre los pueblos americanos, que aún no tenían ninguna inmunización ante esas enfermedades importadas. El tremendo impacto es conocido. Este proceso prosiguió hasta casi el siglo XX en toda América y así, en fecha tan tardía como 1837, en la región de las Grandes Llanuras norteamericanas, la tribu de los mandan contrajo la viruela durante el contacto con un barco de vapor que surcaba el rio Misuri; la población descendió de 20.000 habitantes a menos de 40 en unas semanas. Era la consecuencia lógica de lo que ocurría cuando una epidemia afectaba a una población no inmunizada, y más con los medios  sanitarios de la época.

La “peste” Antonina (165-192 d.C.).

Inicio y difusión

La “peste” Antonina se produjo en el siglo II d.C., concretamente entre el 165 y el 192 d.C., el período de máximo esplendor del Imperio. Se trató de la primera epidemia que afectó de forma global al mundo occidental, entendiendo por tal a todo el Imperio romano. Su impacto fue semejante al de la Peste Negra del siglo XIV o la gripe de 1918.

Las fuentes contemporáneas que nos informan de la enfermedad son fragmentarias, sobre todo las referentes a la etiología y al diagnóstico. Al respecto la fuente más fiable fue Galeno, médico que trabajaba para el ejército de Marco Aurelio en las guerras marcomanas (territorios aproximados a lo que hoy son Eslovaquia y la República Checa) y que vivió los estragos de epidemia en el ejército y después en la misma Roma. Las fuentes difieren sobre el posible origen de la epidemia: unas localizan  el brote inicial en Seleucia –el origen más probable–, otras lo hacen en Egipto o incluso en Etiopía.

Lo que sabemos seguro es que el ejército romano que se hallaba en Mesopotamia, infectado por la enfermedad, tuvo que retirarse y las unidades danubianas, al regresar a sus territorios, fueron difundiendo la plaga. También es seguro que procede de Oriente y que se fue difundiendo por la eficaz interconexión de las diversas regiones del Imperio –movimientos de población (soldados, mercaderes…) y de mercancías–; no hay que olvidar que el espacio romano se comportaba como un mundo globalizado.

Difusión de la epidemia de viruela durante el gobierno de Marco Aurelio. Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=x_q6-uLc01M

La enfermedad.

Aunque en muchos textos aparece denominada como peste, en realidad se trató, según la mayoría de especialistas, de la viruela. A esta catalogación contribuyó la descripción que aportó Galeno de la misma –fiebre, diarrea, inflamación de la faringe y erupciones dérmicas–. Su mortalidad fue elevada, oscilando entre el 7 y el 10 % de la población, esto representó entre 3 y 5 millones de personas, y afectó, como ya hemos dicho, a todo el Imperio romano. Un 25 % de los afectados moría según el historiador romano Dion Casio. Su incidencia fue mayor allí donde había más concentración de la población y se exigía un mayor contacto físico, destacando la ciudad de Roma y las legiones.

No se trató de un brote esporádico sino de una repetición del mismo que se alargó durante casi treinta años con reproducciones intermitentes.

Poussin. La plaga de Azoth (1631). Museo del Louvre.

Las consecuencias.

Las magnitudes estadísticas antes mencionadas tuvieron un gran impacto sobre la sociedad romana del momento. Las consecuencias fueron de todo tipo: económicas, sociales, culturales, incluso militares. Afectó a todas las clases sociales, incluyendo al mismo emperador Marco Aurelio, que murió a consecuencia de la enfermedad. Lògicamente se cebó más en las clases bajas por su mayor hacinamiento y peor alimentación.

Muchas actividades económicas se vieron interrumpidas por la falta de mano de obra –los esclavos disminuyeron y aumentó su precio– y la paralización de los intercambios. La recluta para el ejército cayó a mínimos. Para paliar estos problemas los tratados con los pueblos bárbaros incluyeron la posibilidad del asentamiento como colonos de estos, así como su inclusión en el ejército. Para completar la recluta de soldados se tuvo que recurrir a gladiadores y a delincuentes.

En el aspecto religioso se volvió con fuerza a la antigua religión pagana, recuperándose ritos abandonados, pero abandonándose valores cívicos propios de la ciudadanía romana. La ambivalencia de la crisis religiosa afectó a los cristianos, pues si, por una parte, eran vistos como los propagadores de la epidemia, por otra aumentaron los creyentes, desengañados del panteón pagano. Las supersticiones crecieron por todo el Imperio.

Las repercusiones políticas se manifestaron en el debilitamiento del Imperio. Los romanos se vieron obligados a abandonar Mesopotamia y firmar la paz con los partos.

Conclusión.

La epidemia puso fin a la Pax romana, alterando la estabilidad mantenida durante bastante tiempo. El reinado de Marco Aurelio se convirtió en un punto de inflexión, iniciándose entonces un lento proceso de decadencia del Imperio que se manifestaría con más intensidad en la crisis del siglo III.

La plaga de Justiniano (541-543)

Inicio y difusión.

La plaga de Justiniano fue una epidemia que afectó al Imperio bizantino entre los años 541 y 543 d.C. A partir de esas fechas apareció recurrentemente en todo el Mediterráneo hasta el año 750. Se denominó de Justiniano porque en ese momento el Imperio de Bizancio era gobernado por el emperador Justiniano I.

Investigaciones recientes confirmaron la impresión inicial de que se trató de una epidemia de peste bubónica. Se piensa que su origen estuvo en Egipto, aunque recientes estudios genéticos hablan de que el reservorio inicial se encontraría en China. En cualquier caso, se extendió por Europa, Asia y África. Al igual que ocurrió con la peste antonina, los movimientos de las tropas contribuyeron a extender la epidemia.

Difusión de la peste de Justiniano. Fuente: https://www.learning-history.com/plague-of-justinian-deadliest-plague-in-history/

La enfermedad.

La peste es una enfermedad bacteriana que se suele transmitir de roedores a humanos, siendo su vector principal la rata negra a través de sus pulgas. Esta plaga fue la primera gran epidemia de peste bubónica constatada. En el siglo VIII desapareció –aún no sabemos exactamente por qué– para reaparecer en otra gran oleada durante el siglo XIV. Autores coetáneos describieron la enfermedad: aparición de bubones, ojos sanguinolentos, fiebre y pústulas. Las personas morían a los pocos días por lo que su letalidad debía de ser muy alta.

Algunos estudios han relacionado la difusión de la epidemia con los cambios climáticos ocurridos entre el 535 y el 542, caracterizados por una disminución de la temperatura media debida a la disminución de la radiación del Sol. Es difícil demostrar una relación directa entre ambos fenómenos, pero la unión de una crisis climática y una epidémica trastocó la situación de las sociedades occidentales –hambre, enfermedades, migraciones–, enmarcado una coyuntura de crisis generalizada.

Mosaico de Justiniano y su corte (s. VI). San Vital de Rávena

Las consecuencias.

La epidemia paralizó las actividades económicas y disminuyó los ingresos del Estado en un momento en el que Bizancio estaba implicado en diversas guerras –contra los ostrogodos en Italia, contra el Imperio sasánida en Mesopotamia…–. Los mercados urbanos entraron en declive y las comunicaciones se interrumpieron, paralizando el comercio.

La caída demográfica fue intensa –se calcula que el Imperio bizantino perdió entre el 13 y el 26 % de su población–. Afectó más a las ciudades, especialmente a la capital, Constantinopla, por el inevitable hacinamiento de la población, pero también arrasó las zonas rurales. Numerosas aldeas y pequeñas ciudades quedaron desiertas y muchas tierras de cultivo fueron abandonadas. Una idea de su letalidad se muestra en la cifra de que solo en la capital ocasionaba más de 5.000 fallecimientos diarios; el mismo emperador se contagió, aunque sobrevivió.

Esta situación influyó también en el plano político. La intención de Justiniano de restaurar el Imperio romano se truncó y algunos pueblos bárbaros –avaros, eslavos…– aprovecharon la coyuntura para invadir el territorio del Imperio. Su debilidad política y militar se prolongaría en el tiempo y explica la rapidez de las conquistas árabes de parte de su territorio asiático y africano (en el siglo VII).

Territorio del Imperio bizantino en el s. VI. Fuente: Wikipedia
Territorio del Imperio bizantino en el s. VII. Fuente: profedesociales.com

Bibliografía

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La crisis económica de 1847

La crisis económica de 1847 presenta una doble caracterización: por una parte, es una típica crisis de subsistencias y, por otra parte, ofrece rasgos novedosos ya propios de una economía inmersa en un capitalismo más desarrollado. De hecho, el boom especulativo generado en torno a los ferrocarriles, especialmente en Gran Bretaña y Francia, fue otra de sus principales causas. Por ello, el historiador francés Ernest Labrousse la calificó como una crisis mixta.

La crisis de subsistencias

En un primer momento se trata de una crisis característica de una economía aún sometida a las reglas  del Antiguo Régimen, es decir,  se inicia como una crisis agraria para afectar luego al sector textil. Parece una repetición de la crisis de 1830 y de tantas otras anteriores. En este caso es la disminución en la producción de patatas la que desencadena el mecanismo; este producto ocupaba un importante papel en la alimentación popular, especialmente en el norte de Europa (Países Bajos, Irlanda, Francia). Durante la década de los años 40 se había extendido por todas las zonas de cultivo una plaga ocasionada por un hongo (mildiu) que destruía las cosechas.

Caída de la producción de patatas en Irlanda. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_hambruna_irlandesa#/media/Archivo:Potatoes_Production_Great_Famine_en.svg

Especial incidencia tuvo este descenso en Irlanda, donde ocasionó la Gran Hambruna, un período comprendido entre 1845 y 1849 en el que murió alrededor de un millón de personas y otro millón tuvo que emigrar –especialmente a Estados Unidos.

Guillespie, Rowan (1997) Hambruna. Dublín. Fuente: Enciclopedia Británica.

 La carestía de la patata influyó en el alza de precios de los cereales, a pesar de que puntualmente se habían dado algunas buenas cosechas. La conclusión es que el precio de los alimentos básicos subió en casi toda Europa. En Francia, donde los problemas agrarios habían aparecido en 1845, se reproducen los mismos mecanismos que precedieron a las revoluciones de 1830 y 1789, sucediéndose varios años de malas cosechas; en muchas zonas los precios de los cereales subieron un 13 %. A título de ejemplo podemos ver la gráfica que muestra la subida de precios de los cereales en algunas localidades de España.

Evolución de los precios entre enero y mayo/junio de 1847. En Pts/Hl. Fuente: Díaz, P. (2003)

El sector manufacturero, concretamente el textil, se vio afectado rápidamente por la situación de crisis agraria; al aumentar el coste de los productos agrarios básicos, disminuyeron las compras de textiles. El beneficio empresarial cayó y lo mismo ocurrió con los salarios, aumentado el paro entre los trabajadores. Un proceso que cierra el círculo de la crisis de subsistencias.

La crisis financiera e industrial.

Paralelamente a esta crisis de subsistencias tuvo lugar otro fenómeno, en este caso relacionado con las nuevas reglas económicas que estaba imponiendo el capitalismo financiero. En Gran Bretaña se produjo, entre 1845 y 1847, un gran boom en la construcción ferroviaria, que llegó a emplear hasta 300.000 trabajadores; fue un ejemplo de la intensa especulación ferroviaria que se estaba produciendo en toda Europa. La progresión de la red ferroviaria europea, que pasó de 175 kilómetros en 1830 a 9.200 km en 1845, muestra las enormes inversiones que se realizaban en el sector. Dicho boom atraía el interés de los bancos, que dedicaron a la producción ferroviaria y metalúrgica grandes inversiones.

Red ferroviaria europea en 1850. Fente: http://blogdelaclasedehistoria.blogspot.com/

Hacia 1847 se produjo un freno en la expansión ferroviaria inglesa, necesitada de una reordenación. A su vez, en Francia, varias compañías entraron en quiebra al no generar una rentabilidad suficiente. Los efectos bursátiles fueron importantes ya que las compañías ferroviarias representaban la mitad del mercado bursátil francés. Pero sus efectos se extendieron también a las industrias siderúrgicas y metalúrgicas. Un dato: la producción de raíles pasó de 89.000 toneladas en 1847 a 41.000 en 1848. En París, entre marzo y junio de 1848 se censó un paro del 56 % de los trabajadores empleados a principios de año.

Conclusiones.

De esta manera se conjugan los dos factores económicos que contribuirán a desencadenar la ola revolucionaria de 1848 en Europa. Por un lado, el alza de los productos agrícolas básicos y, por otro, el aumento del paro industrial consecuencia de la crisis, aunque fuese coyuntural, primero del textil y después de los ferrocarriles y de la metalurgia. Ambos factores generaron un gran malestar social que impulsó estas revoluciones. No hay que olvidar que en 1848, en este contexto de crisis socio-económica y política, surgieron las primeras muestras de organizaciones obreras. Marx y Engels publicaron el Manifiesto Comunista en 1848 y, en Francia, los llamados socialistas utópicos –más correcto sería denominarlos socialistas premarxistas– tuvieron un gran protagonismo en los acontecimientos de 1848.

En definitiva, esta crisis muestra bien los cambios que estaban ocurriendo en la economía europea a mediados del siglo XIX, una economía en la que la agricultura tenía aún un gran peso y en la que continuaban presentándose crisis de subsistencias, que se intentaban paliar con medidas liberalizadoras del comercio o de los cultivos –revocación de las Corn Laws inglesas en 1846, por ejemplo–. Pero también una economía que se estaba industrializando a marchas forzadas, generando incluso booms especulativos, capaces de provocar quiebras industriales y  severos aumentos del paro. Este factor, junto al aumento del precio de los cereales y de la patata, explica las razones de la crisis económica de los años cuarenta y se relaciona, como causa, con las revoluciones de 1848 en Francia y con motines de hambre en diversas zonas de España. El malestar social existente también influyó en los fenómenos revolucionarios que se produjeron en otros lugares: Estados alemanes, Polonia, Italia… Resulta evidente la relación que se genera entre los fenómenos económicos y los acontecimientos políticos, pues casi todas las revoluciones liberales del siglo XIX están precedidas o son simultáneas con crisis económicas, lo mismo que la de 1789 en Francia.

Crisis y ciclos económicos desde finales del s. XVIII hasta principios del XX. Fuente: https://puntosinapsis.wordpress.com/2017/10/21/los-ciclos-economicos-y-las-crisis-del-capitalismo-industrial/

Bibliografía

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La invasión estadounidense de Panamá

El 20 de diciembre de 1989 tropas norteamericanas invadieron Panamá. Por orden del presidente George H. W. Bush, unos 26.000 soldados atacaron y tomaron la ciudad de Panamá y controlaron el país. La llamada “Operación Causa Justa” sigue siendo una herida abierta en la historia panameña, en la que dejó un reguero de muertes aún sin concretar –300, 3.000…

Mapa político de Panamá. Fuente: Perry Castañeda Library.

El régimen del general Noriega.

El general Noriega fue ascendiendo en la escala militar desde los años sesenta del pasado siglo y siempre como un gran colaborador de la CIA norteamericana. No hay que olvidar el papel del país como centro de distribución de armas, equipo militar y capitales destinados a los movimientos contrainsurgentes latinoamericanos, actividad controlada por la agencia norteamericana. Se sabría también, más tarde, que Noriega había sido paralelamente un importante traficante de cocaína, pero aún así fue protegido por el gobierno norteamericano, o al menos por sectores del mismo, dado su destacado papel en las actuaciones de inteligencia contra las guerrillas latinoamericanas.

General Manuel Antonio Noriega. Fuente: BBC Mundo.

Nacido en 1934, poco a poco fue ascendiendo en el Ejército de la mano del general Omar Torrijos, que ocupaba el poder desde que en 1968 encabezó un golpe de Estado contra el presidente Arnulfo Arias –primer golpe militar en la historia de Panamá. Desde 1970 Noriega controlaba la inteligencia militar panameña. 

Tras la muerte de Torrijos en 1981, su poder fue aumentando tiempo que jugaba a todas las bandas: mientras era un estrecho aliado de Estados Unidos, mantenía vínculos con Cuba; y al mismo tiempo que prestaba el territorio panameño para las operaciones de la CIA, cobraba jugosas comisiones de los cárteles colombianos al permitir que el país fuese una pieza clave en el traslado de cocaína a los Estados Unidos. En 1983 se hizo con el mando del ejército panameño (denominado desde entonces Fuerzas de Defensa), convirtiéndose también en dictador de hecho, a pesar de la existencia de cierta apariencia democrática.

La historia del desencuentro con la potencia norteña comenzó en 1984 cuando Noriega cerró la Escuela de las Américas, donde se formaban los militares latinoamericanos que luego combatirían contra las guerrillas izquierdistas en el continente. Su política represora y antidemocrática tampoco suscitaba simpatías en Washington. Las elecciones presidenciales de mayo de ese mismo año fueron ganadas, a pesar de las protestas por fraude, por Nicolás Barletta, candidato del Partido Revolucionario Democrático (PRD), fundado por Torrijos. Aunque fue apoyado por Noriega, pronto dimitió por las presiones del mandatario militar. Le sucedió Eric Arturo Delvalle (1985-1988), del Partido Republicano, un grupo político de derecha; todo ello con el beneplácito del general. Delvalle  intentó, un tiempo después, despojar a Noriega del control de las Fuerzas de Defensa por lo que fue destituido en febrero de 1988 y tuvo que exiliarse en Estados Unidos. Anteriormente, en 1985, el principal opositor a Noriega, Hugo Spadafora, le había acusado de connivencia con el narcotráfico;  apareciendo asesinado poco después. Estas actuaciones hicieron que algunos senadores norteamericanos exigieran que se depusiese a Noriega.

Mandatarios civiles y militares de Panamá (1968-1989)

En Estados Unidos, las consecuencias del escándalo Irán-Contra  provocaron un cambio  en la dirección de la CIA, siendo apartados los protectores de Noriega, Inmediatamente aparecieron las primeras acusaciones de narcotráfico y asesinato contra él. A partir de ese momento, finales de 1987, Estados Unidos comenzó presionar a Noriega para que abandonase el cargo.

Paralelamente, en Panamá, los años transcurridos entre 1983 y 1989 fueron de una constante situación de crisis política –anulación de elecciones, protestas populares, represión…– y socioeconómica –caída del Índice de Desarrollo Humano, hundimiento del PIB, etc. En esta coyuntura negativa, las elecciones de mayo de 1989, realizadas en el marco de un bloqueo económico norteamericano, iniciarían el proceso que llevó a la invasión estadounidense y a la caída del general. 

La invasión

En efecto, las elecciones presidenciales  fueron ganadas por el candidato opositor, Guillermo Endara, quien contaba con el beneplácito de George Bush padre. Ante ello, Noriega decidió anular las elecciones, argumentando la “interferencia extranjera”. Se sucedieron manifestaciones, ataques a los opositores e incluso un intento fracasado de golpe de Estado contra el general. La crisis política impulsó la intervención militar. Desde octubre hasta diciembre de 1989 fue planificándose la invasión norteamericana –llamada operación “Causa Justa”. Sus objetivos, según Estados Unidos, eran capturar a Noriega y proteger los intereses estadounidenses en el país.

Ataques militares estadounidenses. Fuente: Perry Castañeda Library.

El general logró huir y refugiarse en la Nunciatura Apostólica, que fue asediada por las tropas invasoras, aplicando tácticas de guerra psicológica al rodear la sede diplomática con grandes altavoces que emitían música heavy a gran volumen. El 3 de enero de 1990 Noriega se entregó al ejército estadounidense y fue inmediatamente trasladado a Miami. Este hecho ponía fin a la dictadura militar panameña. Finalmente fue juzgado en Estados Unidos y condenado a 40 años por narcotráfico y blanqueo de dinero.

Tropas estadounidenses en las calles de Panamá. Fuente: https://www.wearethemighty.com/

La invasión, en la que participaron unos 26.000 soldados, fue llevada a cabo por fuerzas de élite del las Fuerzas Armadas de EE. UU. Por su lado, las Fuerzas de Defensa Panameñas disponían de unos 12.000 hombres. Los primeros bombardeos estadounidenses destruyeron los aeropuertos y las bases militares anulando la mínima capacidad de respuesta de las fuerzas panameñas. El conflicto provocó la muerte de numerosos civiles, pues algunas instalaciones se hallaban cerca de viviendas. Particularmente grave fue la destrucción del barrio de El Chorrillo, cercano a la sede la Comandancia Central de las FDP. Las operaciones militares duraron pocos días dada la desigualdad de las fuerzas implicadas.

El barrio de El Chorrillo en llamas durante la invasión. Fuente: https://especiales.tvn-2.com/

La guerra se inició sin una declaración formal previa, siendo condenada por la ONU y la Organización de Estados Americanos (OEA). En cuanto a las bajas en el conflicto todavía hoy no existen cifras precisas en cuanto a los civiles fallecidos. Algunas estimaciones de ONGs calculan que pudieron producirse un total de 3.000 víctimas panameñas entre civiles y militares, aunque sólo en El Chorrillo se estima que perecieron entre 300 y 600 civiles. Sin embargo, otras instituciones como Ia Iglesia Católica o el Instituto de Medicina Legal de Panamá ofrecen cifras más bajas; de unos cientos de muertos y un centenar de heridos. Por parte de Estados Unidos perecieron 23 soldados.

Conclusiones

Estos acontecimientos trasmiten una pregunta inmediata: ¿cómo pasó Noriega de ser un fiel aliado y servidor de Estados Unidos a convertirse en un obstáculo que requirió una invasión militar?  No es fácil responder a esta pregunta. Probablemente el punto de inflexión estuvo en su excesiva vinculación con el narcotráfico colombiano y su asunción de que era realmente un poder autónomo  en vez de un subalterno del poder estadounidense. Su error fue chocar con los intereses norteamericanos, creyéndose amparado por la todopoderosa CIA en su papel de pieza clave en la lucha anticomunista. En aquel momento, la zona del canal tenía singular importancia para los intereses estratégicos de Estados Unidos y esta potencia no podía permitirse sostener a un autócrata veleidoso cuyas relaciones con el narcotráfico ya eran evidentes.

La etapa de las dictaduras latinoamericanas parecía terminar. La conclusión de la Guerra Fría alejaba los miedos a posibles intervenciones comunistas en el continente. Mientras transcurrían estos hechos solamente pervivían en Latinoamérica las dictaduras de Pinochet en Chile y el autoritarismo de Fujimori en Perú. Los dictadores dejaban se ser  fundamentales para los intereses estadounidenses. Otros modos de supervisión se imponía. Esta fue la última invasión armada de Estados Unidos en Latinoamérica, aunque ello no ha impedido que el poder estadounidense haya estado detrás de otros derrocamientos presidenciales, siempre indirectamente, eso sí.

Dictaduras latinoamericanas durante la segunda mitad del siglo XX. Fuente: elordenmundial.com

La invasión trastocó gravemente la economía panameña, que ya estaba tocada tanto por el bloqueo norteamericano desde 1988 como por la aplicación de las medidas liberalizadoras exigidas por el FMI desde 1986. Así, el paro aumento de un 20% en 1989 a un 33% en su momento más elevado tras la invasión. También el PIB retrocedió. El país tardaría en recuperarse y en superar el trauma de la invasión, dejando un país dividido entre quienes apoyaban la invasión y quienes pensaban que era una agresión al país.

Bibliografía.

Aznarez, Juan J. (2007). El autócrata de Panamá. EL PAÍS. Recuperado del 23 de diciembre de https://elpais.com/diario/2007/08/29/internacional/1188338402_850215.html

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Blasco, Lucía (2019. Invasión de EE.UU. a Panamá en 1989: cómo la “Operación Causa Justa” llevó a la caída de Noriega y la desparición del ejército en el país centroamericano. BBC Mundo. Recuperado el 27 de diciembre de 2019 de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50685275

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El conflicto sirio

Siria es un Estado con una importante posición estratégica en el marco del Oriente Próximo, pero también es un estado fallido entre otras razones porque su gobierno no controla la totalidad del territorio. Sometido a una terrible guerra civil desde 2012, a raíz de una primavera árabe fracasada, es actualmente un tablero de ajedrez donde juegan los intereses de numerosas potencias internacionales y regionales –Estados Unidos, Rusia, Turquía, Israel, incluso Irán o Arabia Saudí. Todo ello añade complejidad a un panorama interno ya de por sí enrevesado por la presencia de numerosos contendientes: kurdos, Al-Qaeda, el régimen de Damasco, milicias proiraníes, milicias del Estado Islámico (ISIS), etc. Como se puede observar una situación sumamente enmarañada (Imagen 1)

Imagen 1. Fuente: El Periódico.

El origen del conflicto hay que buscarlo en la deriva de las protestas contra el régimen dictatorial de Bashar Al-Assad, iniciadas en 2011 al socaire de los movimientos populares surgidos en el mundo árabe contra unos regímenes políticos autocráticos o tiránicos –la denominada “Primavera Árabe”–. En el caso sirio estas protestas acabaron convirtiéndose en una guerra civil (Imagen 2) en la que, poco a poco, fueron interviniendo actores foráneos. En efecto, la oposición siria optó ante la ineficacia de sus movilizaciones, por la vía armada (Ejército Sirio Libre o ESL), primero para defenderse de las fuerzas del régimen y después para expandirse, con ello la lucha se extendió por todo el país. A partir de 2012 comenzó la internacionalización del conflicto: Assad logró el apoyo de Irán y de las milicias de Hezbolá –movimiento chií libanés. Por su parte los rebeldes obtuvieron ayuda militar y económica de Catar y de Arabia Saudí, ayuda destinada principalmente a los sectores más islamistas de los mismos. Desde ese momento, la rebelión comenzó a caer en manos de los sectores islamistas, mientras el ESL perdía influencia.

Imagen 2. Fuente: Revista Semana. https://www.semana.com/mundo/articulo/guerra-en-siria-actores-del-conflicto/491327

Aprovechando el desgobierno surgieron también grupos yihadistas como el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria. Más relevante fue el papel del Estado Islámico, que lanzó una fuerte ofensiva desde Irak (junio 2014), llegando a controlar un amplio territorio entre Siria e Irak donde proclamó el califato, con capital en la ciudad siria de Raqqa (Imagen 3).  A estos actores se sumaron las fuerzas kurdas, enemigas de Assad, pero también de Turquía.

Imagen 3. Zonas controladas por el Ejército Islámico en 2015. Fuente: BBC

Así pues, entre 2014 y 2017 el ISIS creó una estructura estatal que controlaba un amplio territorio entre Irak y Siria. Su existencia e indudable peligro para una zona ya inestable logró unir a todas las fuerzas intervinientes, aunque en dos bandos distintos liderados respectivamente por Estados Unidos y Rusia, que centraron su lucha principal contra los islamistas. Así una coalición internacional liderada por Estados Unidos y formada por Jordania, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, intervino directamente en el conflicto atacando al Estado Islámico. Poco más tarde se incorporaron a estos ataques Francia y Gran Bretaña. Casi al mismo tiempo Rusia también emprendió ataques al ISIS actuando como aliado de Assad. Como resultado de ello, el territorio controlado por el Estado Islámico fue disminuyendo hasta su casi desaparición. Aunque aún cuenta con el control de algunos pequeños territorios en la región de Abul Kalmal, donde se encuentra rodeado tanto por las fuerzas kurdas como por las de Damasco.

Imagen 4. Retroceso del Estado Islámico. Fuente: AFP-Perry-Castañeda Library Map Collection

El posible ataque químico del régimen contra la ciudad siria de Jan Sheijun (2017), fue la causa esgrimida por EE.UU. para atacar, por primera vez de forma directa, al régimen de Assad. Tanto Rusia como los aliados del régimen protestaron por el ataque. Los bandos internacionales se acabaron de delimitar.

Actualmente, la ayuda rusa y la intervención de Irán y de diversas milicias chiíes han permitido a Assad no solamente asentarse en el poder sino también ir ganando la guerra al controlar el 60 % del territorio (Imagen 5). Otro elemento importante del escenario sirio son las fuerzas kurdas, apoyadas por EE. UU., que controlan un 25 % y que tienen el objetivo de crear una región autónoma en esos territorios. Su principal fuerza es el Partido de la Unión Democrática (PYD), un grupo de inspiración marxista. Este grupo ha impulsado la creación de unas milicias –las YPG o Unidades de Protección Popular– que se han convertido, hasta ahora, en el principal aliado sobre el terreno de la coalición liderada por Estados Unidos. Se calcula que estas milicias cuentan con unos 70.000 efectivos, de los cuales un 20 % serían mujeres. Contingente que se ha nutrido también de militantes del PKK –Partido de los Trabajadores de Kurdistán, grupo político armado que actúa en Turquía y que Ankara considera terrorista.

Imagen 5. Situación territorial en Siria en octubre de 2019. Fuente: Southfront.org-Perry Castañeda Librari Map Collection

Por su parte el Ejército Sirio Libre (ESL) mantiene el control de un escaso territorio en el noroeste sirio: la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía, pero cuenta con el apoyo del gobierno turco. La potencia turca, preocupada, por la posibilidad de la aparición de alguna estructura institucional kurda en sus fronteras –región autónoma en Siria– ya ha mostrado su oposición a la misma, amenazando con una intervención militar en la zona. El problema es la presencia de tropas norteamericanas que apoyan a los kurdos; de esta manera Estados Unidos se encuentra en el dilema de a qué aliado apoyar. También Turquía pretende asentar su influencia en la provincia siria de Idlib.

Los últimos episodios del conflicto han venido dados por dos circunstancias protagonizadas por diferentes actores:

  • El ataque turco a las posiciones del PYD en toda la franja fronteriza entre Siria y Turquía. Previamente, las tropas norteamericanas, aliadas de los kurdos en su combate contra el Estado Islámico, habían abandonado el territorio dejando el campo libre a la actuación de Erdogan. La retirada estadounidense ha sido interpretada como un claro abandono de sus mejores aliados en la zona: las fuerzas kurdas. Tras unos días de combates estos se han frenado mediante acuerdos de Turquía con Rusia y Estados Unidos, lo que ha permitido a las fuerzas de Assad ocupar un territorio, como fuerzas de interposición, que antes controlaban los kurdos. Si afianzase sus posiciones en estas zonas Assad pasaría a controlar el 80 % del territorio sirio. La invasión turca ha motivado que los kurdos se hayan  acercado al régimen sirio buscando apoyo frente a la agresión de Erdogan.(Imagen 6)
  • La muerte de Al Bagdadi (líder del Ejército Islámico) en un ataque de las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos que se produjo el 26 de octubre. El descabezamiento del movimiento es un paso importante, pero nadie duda tampoco de que ello no hará desaparecer a este grupo de la escena siria.
Imagen 6. Zona atacada por las fuerzas turcas. Fuente: El Confidencial-BBC

Sin duda, el conflicto, como en tantos otros casos de enfrentamientos civiles, se ha prolongado tanto tiempo por la intervención de las potencias extranjeras. Su apoyo financiero y militar ha mantenido viva la guerra, que ha provocado un elevado coste humano en muertes y desplazamientos de población.

Consecuencia derivada ha sido el resurgimiento del sectarismo y la intolerancia en Siria, que bajo los Assad era un régimen secular en el que los diversos credos convivían en relativa paz. Las intervenciones de Irán y de Arabia Saudita han provocado un enfrentamiento encarnizado entre chiitas –y alauitas sirios que también son chiitas– y sunnitas. Los enconamientos religiosos también dificultan la posibilidad de una solución política al conflicto.

Bibliografía.

Álvarez-Ossorio, I. (2017). Sectarismo y yihad en el conflicto sirio. Política Exterior, 178.

Baños, J. (2019). Jordi Tejel: Los kurdos de Siria no tienen más alternativa que volver a brazos del régimen. La Vanguardia. En https://www.lavanguardia.com/internacional/20191009/47875777906/entrevista-jordi-tejel-historiador-kurdos-siria.html   

Guimón, P. (2019). Así fue la operación que acabó con la muerte de Al Bagdali, líder del ISIS. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/28/estados_unidos/1572281733_305574.html

Mourenza, A. (2019). Trump da via libre al ataque turco contra las fuerzas kurdas en Siria. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/07/actualidad/1570427871_758839.html

Sancha, N. (2019). Claves para entender el polvorín del norte de Siria. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/07/actualidad/1570447850_534042.html

Sánchez, E. (2019). Siria, las cartas se barajan de nuevo. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/05/13/actualidad/1557752805_693756.html

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