La extrema derecha en España

Hasta este año, la extrema derecha era un sector político e ideológico con escasa o nula representación institucional –ayuntamientos, parlamentos regionales, Congreso y Senado– en España. Resultaba una situación extraña al observar el ascenso que esta tendencia política estaba teniendo en el resto de Europa.

Partidos de extrema derecha en Europa. Fuente: https://www.emol.com/

La larga travesía del desierto

La existencia de partidos con esta ideología era constatable desde la etapa de la Transición (ver cuadro adjunto referido a los más significativos), pero su relevancia era nimia y su peso y trascendencia social irrelevantes. 

Aparte de los grupos citados existen o existieron otros menos significativos, circunscritos a veces a un ámbito municipal o a una sola provincia, mostrando la importancia de aspectos como la personalidad o el arraigo de los candidatos a la hora de presentarse o no en las diversas circunscripciones. A este respecto, algunos autores hablan de tres grandes centros de la ultraderecha en España: Madrid, Barcelona y Valencia. La constelación de grupos es amplia: Falange Auténtica (FE), Alternativa Española (AES), Alianza Nacional (AN), Falange Española Independiente –de base estudiantil y que se puede considerar como la izquierda falangista–, etc. Su desunión era a la vez uno de sus mayores handicaps y también uno de sus rasgos más característicos.  

El partido que quizás pudo haber encauzado un proceso de unión y conformación de estos grupos fue Fuerza Nueva a partir de su “éxito” electoral de 1979. Hubiese seguido para ello el modelo de Jean-Marie Le Pen en Francia. Su líder, Blas Piñar, fue diputado del Congreso salido de las primeras elecciones democráticas. Los principios ideológicos que mantenía este partido eran los mismos que habían servido para justificar el Alzamiento militar de julio de 1936, inicio de la Guerra Civil y, por lo tanto, su intencionalidad última era revertir el proceso democrático iniciado en España. Entre estos postulados podemos mencionar: un nacionalismo español radical, el nacionalcatolicismo y algunos principios falangistas. Sus conexiones con grupos violentos –terroristas diríamos hoy– están documentadas; así los denominados Guerrilleros de Cristo Rey tenían entre sus filas a algunos militantes de este partido. Las razones de su fracaso las expone Xavier Casals: la competencia con Alianza Popular por el mismo sector del electorado, la falta de una estrategia definida y su relación con la violencia política. El fracaso del golpe militar de febrero de 1981, anuló toda posibilidad de acceder al poder por la vía militar, una de las ideas con que jugaba FN. Este fracaso provocó una huida de su militancia más cualificada. Por ello, su base social quedó reducida a  cargos del aparato del Estado franquista, ya  de cierta edad, y a jóvenes con una fuerte carga ideológica pero nula experiencia política.

La fragmentación, el alejamiento de los instrumentos del poder institucional y una carga ideológica nada contrastada con la realidad social, propensa además a los personalismos y a las divisiones absurdas, explican la proliferación de estos partidos y grupos. Hasta hace poco tiempo, su presencia y actuaciones eran anecdóticas y su poder de convocatoria muy escaso.  

Manifestación de grupos ultraderechistas. Fuente: Wikipedia.

En España, por razones obvias, la ultraderecha asienta sus raíces en el régimen franquista. Pero, una vez desaparecido este, no supo o no quiso adaptarse a la nueva realidad política democrática. Ello explica su hundimiento paulatino en las elecciones de los años setenta y ochenta del siglo pasado. También sirve para comprender las dificultades que, hasta ahora, planteaba su recuperación. Tres pueden ser las razones principales: 

  • La base social que conformaba el aparato político del franquismo comprendió, en su inmensa mayoría, que el mensaje ideológico y político que había mantenido el régimen era inviable una vez desaparecido el dictador. Busco entonces, con la pretensión de mantenerse en el poder o lo más cerca posible de él, la creación de partidos políticos homologables desde una óptica democrática y que, con el correspondiente apoyo financiero e internacional, fuesen capaces de participar con garantías en los procesos electorales en curso. No se debe presuponer que este viraje estuviese siempre protagonizado por el cinismo o por el ansia de poder; es muy posible también que muchos cambiasen sus ideas de una forma sincera. En cualquier caso, estos sectores supieron crear dos plataformas que acabaron representando lo que podemos denominar el centroderecha: la UCD de Adolfo Suárez y la Alianza Popular, nacida como una federación de pequeños partidos liderados por políticos de origen franquista –Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva, Laureano López Rodó, etc.–. Sobre todos ellos acabó imponiéndose la personalidad de Manuel Fraga, su líder indiscutible. Por tanto, los sectores  más derechistas del régimen renunciaron a las formaciones de extrema derecha para representar sus intereses y buscaron acomodo especialmente en Alianza Popular.
  • Las clases medias y trabajadoras ajenas al régimen franquista estaban también muy lejos de apoyar a partidos que defendían las esencias de la dictadura. La memoria de estos sectores sociales, incluso la de aquellos que no militaban en partidos o sindicatos de izquierda, y los deseos de dejar atrás tanto la Guerra Civil como la dictadura, les impedía cualquier relación con aquellos que se identificaban con los sectores más radicales del régimen. En una dirección semejante actuaba la creciente laicización de la sociedad, que  dificultaba la aceptación del nacional-catolicismo, una de sus principales ofertas. Estos factores inmunizaron a los sectores  populares contra cualquier coqueteo con estos grupos durante bastante tiempo. 
  • La aparición entre 1989 y 2000 de diversos liderazgos políticos de personajes de gran ascendencia mediática, representativos de un populismo de derechas: José María Ruiz Mateos y Jesús Gil. Se trataría de fenómenos comparables –en cuanto a modos de actuación, no en cuanto a potencialidad– con el caso de Silvio Berlusconi en Italia. Sus plataformas políticas, aunque fuesen débiles, sustraían apoyos a los grupos de extrema derecha 

En conclusión, sin apenas margen político ni sociológico, la evolución de estos partidos estuvo condenada al aislamiento y a la intrascendencia. Ni la masiva llegada de inmigrantes a España a partir del año 2000, ni la creciente desigualdad, ni el grave deterioro social impulsados por la Gran Recesión iniciada en 2008  sirvieron para alimentar el crecimiento de estos grupos, como sí ocurrió en otros países europeos.  

Evolución de la llegada de inmigrantes legales a España. Fuente: Wikipedia.
Evolución del paro en España. Fuente: EL PAÍS.
Suma de resultados de los partidos de extrema derecha en las elecciones nacionales celebradas en el período democrático. Fuente: http://www.historiaelectoral.com/ped.html

El inicio de los cambios

Sin embargo, no era posible que estas formaciones se sustrajesen a los grandes retos que, a partir del nuevo siglo, afrontaba la sociedad española. Así, surgieron a partir del año 2000, algunos grupos nuevos –Plataforma per Catalunya, España 2000, Hogar Social– que van dejando de lado los rasgos ideológicos más puramente franquistas para adaptar su discurso a esas nuevas realidades. Comienza a criticarse a la inmigración, especialmente a la de origen musulmán, a la que se acusa de intolerancia y nulo deseo de adaptación. La crisis del Estado de Bienestar, que obliga a reducir los recursos dedicados a ayudas y prestaciones sociales, es aprovechada para proponer la priorización de los españoles sobre los inmigrantes. Sus acciones también cambian: repartos de alimentos sólo a los autóctonos, ocupación de edificios vacíos para acoger a sin techo españoles, etc… Unas actuaciones muy parecidas a las que Amanecer Dorado realizaba en Grecia o la Casa Pound en Italia. A pesar de ese cambio en la estrategia e incluso en el maquillaje ideológico, sus logros electorales  seguían siendo mínimos; Plataforma per Catalunya ya no se presentó a las elecciones municipales de 2015 y Hogar Social actuaba como un movimiento social.

El elefante en la cacharrería.  

Escribiendo el final de esta entrada un día después de las elecciones autonómicas andaluzas del 2 de diciembre es forzoso hablar del ascenso de VOX. Un partido de muy reciente creación –2013– que ya fue capaz de presentarse a las elecciones europeas de 2014 y en las que su lista obtuvo 246.833 votos (un 1,57 % del total), sin lograr ningún diputado. Es verdad que en las dos elecciones generales –2015 y 2016– en las que su líder, Santiago Abascal, que había militado en el PP al igual que otros de los líderes del partido, se presentó, los resultados obtenidos no le acompañaron, rondado el 0,20 % de los votos. 

La ideología política de VOX se centra en varios elementos: una defensa sin tapujos de la unidad de España para lo que proponen la supresión de las autonomías; la regeneración de la política mediante un poder judicial independiente; la defensa de la familia tradicional y la prohibición del aborto (para lo que proponen la derogación de la actual ley de violencia machista); la xenofobia antimusulmana y la recuperación de la grandeza y la identidad española. Su programa económico ha sido descrito como liberal, lo que lo aleja de otros ejemplos intervencionistas existentes en la derecha populista europea –el Frente Nacional, por ejemplo–. Incluso aparece como menos antieuropeista que muchos de sus correligionarios europeos. No se puede afirmar, por tanto, que VOX enlace con el franquismo o sea un neofranquismo. Sus postulados son los propios de la derecha radical o populista europea y contemporánea, iguales a los que proponen otros grupos europeos, algunos en el poder, o personajes como Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos, no en vano VOX ha contactado con Steve Bannon, uno de los estrategas electorales que condujo a Trump a su victoria. 

Su relevante resultado en las elecciones andaluzas y sus halagüeñas perspectivas políticas –aumento significativo de militancia y buenos resultados en encuestas electorales recientes– introducen una variable desconocida en el panorama político español.  

¿Por qué ahora? 

La pregunta que podemos hacernos es: ¿por qué ahora cobra auge una fuerza política de estas características? Sin duda, la respuesta está en la confluencia de razones: 

  • Existencia de un importante sector de los votantes tradicionales de la derecha “enfadado” con  el modelo autonómico del Estado y partidario de una recentralización del mismo. 
  • Un rechazo claro a la actitud “benevolente” del PP –y aún más del PSOE, claro–  con el desafío independentista catalán y lo que se ha interpretado como un continuo chantaje y menosprecio legal por parte de estos partidos. Un nacionalismo alimenta al otro.
  • La crisis del PP. Un partido-cobijo de toda la derecha durante mucho tiempo que se encuentra inmerso en un continuo aprieto por sus inacabables casos de corrupción, por algunas de sus políticas vistas como poco derechistas,  y por sus dificultades para encarar una transformación de calado que lo transforme en una derecha moderna. Un partido que empieza a presentar demasiadas vías de agua. En este trance su militancia y sus votantes tienden a buscar nuevas fuerzas: Ciudadanos primero y ahora VOX. 
  • La visibilidad que ha cobrado el tema inmigratorio y el doble error de los dos principales partidos: en el PP por asumirlo y atizar más el fuego, exagerando su importancia; en el PSOE por negarlo sistemáticamente. Ninguno de los dos han sabido abordar la cuestión. Siguiendo otros caminos, ya trillados, resultaba inevitable que el tema entraría en campaña. 
  • Los errores de algunos sectores de izquierda, no solamente política sino también intelectual o mediática, que creyeron que con demonizar al nuevo adversario o descalificarlo con cuatro epítetos manidos era suficiente. Estos sectores desoyeron la existencia de problemas que se mostraron relevantes para muchos andaluces. Como afirma Manuel Cruz: «cuando los problemas son auténticos no son de derechas o de izquierdas. Lo que son de derechas o izquierdas son las soluciones» 

BIBLIOGRAFÍA 

Camus, J.-Y. (2014). Extremas derechas cambiantes en Europa. Le Monde Diplomatique en español221, 20-21.  

Casals, X. (2001). Europa: una nova extrema dreta. Papers de la Fundació126.  

Casals, X. (2012). La extrema derecha europea: una tendencia escendente. In Anuari del conflicte social 2011 (pp. 389-401). Barcelona: Observatori del Conflicte Social.  

Casals, Xavier (2017) La evolución de la ultraderecha en España: claves históricas y territoriales. Real Instituto Elcano, ARI 59/2017 

González, Carmen (2017) La excepción española: el fracaso de los grupos de derecha populista pese al paro, la desigualdad y la inmigración. Real Instituto Elcano. Doc. Trabajo  

Hernández Carr, A. (2012). L’impacte de la crisi sobre l’extrema dreta europea. Fundació Catalunya-Europa.  

León, S. (2014). El euroescepticismo de extrema derecha toma impulso a un mes de las elecciones europeas. Público.  

Pieiller, E. (2013) Los líos ideológicos de la extrema derecha. Le Monde Diplomatique en español216 Oct.  

Ramoneda, J. (2011). ¿Dónde está la extrema derecha? EL PAÍS Domingo, 1-1.  

Varela, Manuel. (2017) “Hay un gran espacio a la derecha del PP, pero nadie ha sabido aún cómo ocuparlo”. Entrevista a Xavier Casals. El Confidencial 

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La Guerra Civil Griega (1946-1949)

La guerra civil griega (1946-1949) ha sido considerada como el primer conflicto de la Guerra Fría. En ella se enfrentaron fuerzas comunistas contra fuerzas conservadoras y monárquicas respaldadas por Gran Bretaña primero y Estados Unidos después.

Antecedentes. 

Las convulsiones políticas griegas se remontan a la década de los años treinta del siglo pasado. Primero la rivalidad entre monárquicos y republicanos y, luego, entre partidarios y detractores de la dictadura del general Metaxas que había instaurado en 1935 un régimen de derechas similar al que instauraría Franco en España. En 1941 Italia invadió Grecia por su cuenta y riesgo, siendo derrotada por los griegos. Hitler no tuvo más remedio que acudir en ayuda de sus aliados italianos e invadió el país, dividiéndolo después en zonas de influencia que repartió con Italia y Bulgaria.

Imagen 1. Zonas de ocupación de Grecia por parte del Eje y sus aliados. Fuente:https://fr.wikipedia.org/wiki/Résistance_en_Grèce_pendant_la_Seconde_Guerre_mondiale

La guerra civil.

Durante la IIª Guerra Mundial el mayor peso de la lucha contra la ocupación nazi lo había llevado el Frente de Liberación Nacional (EAM) cuyo brazo armado, el ELAS, estaba ampliamente controlado por los comunistas. Por su parte, el rey Jorge II se había exiliado y patrocinaba un gobierno en el exilio presidido por George Papandreu. Este gobierno estaba apoyado básicamente por los militares monárquicos, algunos de los cuales habían permanecido en Grecia luchando contra el Eje mediante la creación de otro grupo guerrillero –el Ejército Griego Nacional Democrático (EDEL)–, y los británicos, que seguían considerándose una gran potencia capaz de controlar el Mediterráneo para lo cual Grecia era fundamental. 

Imagen 2. Tropas del ELAS. En ellas la participación femenina fue relevante. Fuente: https://www.opendemocracy.net/can-europe-make-it/george-martinidis/shadowboxing-over-greek-civil-war

A pesar de los recelos, el EAM aceptó participar en un gobierno de concentración. La Conferencia del Líbano de Mayo del 1944 permitió que el Partido Comunista entrara en un gobierno de concentración presidido por George Papandreu, a pesar de que no contaron con ningún ministerio relevante. En ese mismo año, el Acuerdo de Caserta ponía a los guerrilleros comunistas bajo el mando de los británicos. Cuando se llegó al final de la IIª Guerra Mundial la situación era claramente dicotómica: el ELAS, que controlaba de forma efectiva el territorio griego, y un gobierno de concentración que respetaba la monarquía y que se sostenía principalmente con el apoyo británico, pues la mayoría de la población griega mostraba un claro rechazo de la monarquía. Como salida al estancamiento de la situación se acordó –Pacto de Varkiza (febrero de 1945)– la celebración de elecciones bajo la supervisión de los Aliados. Estas se celebrarían en marzo de 1946 sin participación de la izquierda que las boicoteó. El acuerdo también contemplaba la amnistía para los detenidos y la celebración de un referéndum para restaurar la monarquía. 

Imagen 3. Churchill de visita en Grecia, 1945. Fuente:https://www.ahistoryofgreece.com/civilwar.htm

La postura represora del gobierno de Papandreu y la no aceptación del resultado electoral por parte del ELAS hicieron inevitable la guerra civil. El Ejército y las milicias de extrema derecha, apoyados por los británicos, impusieron una política de terror indiscriminado. A pesar de ello, la aceptación popular del gobierno era mínima y su incapacidad para resolver la grave situación económica –crisis de subsistencias y elevada inflación– le iba privando de apoyos sociales. En esos momentos, los comunistas encarnaban la esperanza de una renovación política y social. Además, las guerrillas comunistas se mantenían en sus posiciones sin que el Ejército pudiera desalojarlas, aunque la aplicación de una política de terror contra terratenientes, empresarios, funcionarios e, incluso, socialistas y centristas, les enajenó el respaldo de una parte de la población que los había apoyado hasta entonces. 

El gobierno conservador no tardó en solicitar más ayuda a Gran Bretaña quien, a su vez, incapaz de afrontar tal reto, la pidió a Estados Unidos. Los norteamericanos respaldaron desde marzo de 1947 al nuevo ejército monárquico con armamento, dinero y formación, enviando incluso tropas a finales de ese año. Esta actuación estadounidense hay que contextualizarla en la aplicación de la doctrina Truman –respaldo incondicional a aquellos pueblos amenazados por fuerzas comunistas o revolucionarias–. Por el contrario, la ayuda de la URSS al brazo armado del Partido Comunista griego (KKE) fue muy reducida, pues Stalin consideraba muy difícil la implantación de un régimen comunista si se implicaban en contra Gran Bretaña y Estados Unidos. De hecho, la URSS no tenía ninguna pretensión en el conflicto griego. Grecia era la moneda de cambio del líder soviético en la geopolítica posterior a la IIª Guerra Mundial; a cambio de ceder en Grecia tendría las manos libres en Polonia. La principal ayuda a los guerrilleros provino, entonces, de los países comunistas más próximos: Albania, Bulgaria, Turquía y especialmente Yugoslavia. 

Imagen 4: Tropas estadounidenses en Grecia, 1948. Fuente: https://www.reddit.com/r/arma/comments/76zjf5/

A pesar de la ayuda de Estados Unidos, las guerrillas comunistas se expandieron por toda Grecia, llegando a las cercanías de Atenas. Este espíritu expansivo se frenó a partir del estallido en junio de 1948 de las disensiones entre Stalin y Tito. Mientras este último pretendía que el KKE continuara con la lucha en territorio griego –quería evitar una Grecia anticomunista y hostil en el sur de sus fronteras–, Stalin prefirió asegurar su influencia en la Europa ocupada por el Ejército Rojo y no inmiscuirse en el conflicto griego. Como la influencia soviética predominaba entre los dirigentes comunistas griegos, Tito cerró su frontera y frenó la ayuda. Ello disminuyó la operatividad de los guerrilleros. Paralelamente, a partir de enero de 1949, el Ejército griego inició una fuerte ofensiva que acabó derrotando a los guerrilleros comunistas, muchos de los cuales se refugiaron en Albania y Bulgaria. El 16 de octubre de 1949 la jefatura del KKE, exiliada en Albania, ordenó el cese de hostilidades. 

Imagen 5: Zonas ocupadas por el ELAS en 1948. Fuente: http://ellinikosemfilios.blogspot.com/2012/02/1948.html

Consecuencias

La victoria gubernamental alineó a Grecia en el bando occidental durante la Guerra Fría.  De hecho, fue Gran Bretaña la primera potencia en intervenir militarmente para imponer un gobierno por la fuerza en uno de los países liberados del nazismo. Luego le seguiría la URSS.

El conflicto civil griego se consideró el primer ejemplo tanto del ansia expansionista del comunismo como de la capacidad occidental para frenarla. Una interpretación sesgada puesto que ya hemos visto el desinterés de Stalin por la actuación de los comunistas griegos. Lo que sí es cierto es que la guerra contra los guerrilleros comunistas y la intervención norteamericana contribuyeron a asentar en la oficialidad del Ejército una mentalidad conservadora y anticomunista que se prolongaría en el tiempo y que acabaría manifestándose en la llamada Dictadura de los Coroneles de 1967. 

El conflicto demostró también que Gran Bretaña ya no era la gran potencia de antaño. Su dependencia de Estados Unidos fue palpable en este conflicto. Sin embargo, el resultado del mismo impulsó la posterior entrada de Grecia en la OTAN, reequilibrando la situación estratégica en el mar Egeo así como su control occidental. 

La guerra civil prolongó en Grecia el ciclo bélico iniciado en 1940 con la invasión italiana. Casi una década de enfrentamientos armados destruyó buena parte de las infraestructuras, arruinó la economía y obligó a la emigración a muchos griegos –con destinos principales a Estados Unidos y a Australia–. Grecia tardaría mucho en recuperarse de los estragos causados por el prolongado conflicto 

Imagen 6: Niñas refugiadas en El Pireo, 1947. Fuente: https://www.vintag.es/2014/05/black-white-pictures-of-greek-civil-war.html

La victoria del gobierno conservador significó el mantenimiento de la represión de la izquierda hasta finales de los años cincuenta. Unos 100.000 detenidos políticos poblaron las cárceles griegas durante esa década; las formaciones comunistas o socialistas fueron prohibidas. La sociedad griega quedó polarizada durante mucho tiempo y la normalización de la misma sólo comenzaría a partir de 1974. 

Bibliografía.

Fontana, Josep. (2014). Por el bien del imperio. Barcelona: Ediciones Pasado y Presente

Fontana, Josep. (2017). El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. Barcelona: Ed. Crítica.

Francois, D. (2016). L’autre côté de la colline: La guerre civile grecque, 1944-1949. Recuperado de http://lautrecotedelacolline.blogspot.com/2016/03/la-guerre-civile-grecque-1944-1949.html

Martín, J. (2015). La lucha fraticida griega o el inicio de la Guerra Fría. Recuperado de https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/02/23/54e712c6ca47412f578b457b.html

Milán, R. R. (2008). Confrontaciones civiles en la Europa mediterránea: Materiales para el estudio de la guerra civil griega. Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, 8, 24.

Nieto, Jesús. (2002). Guerra civil española y Guerra Civil griega ¿principio y final de la II Guerra Mundial?. Erytheia. Revista de estudios bizantinos y neogriegos, 23 

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Geopolítica del Ártico

Los cambios climáticos siempre han tenido una notable incidencia sobre la historia de las sociedades humanas; a veces para mejorar y otras veces para empeorar las situaciones existentes. La literatura histórica al respecto es amplia. Sin entrar en el debate sobre el origen del cambio climático actual, expresión incorrecta donde las haya, puesto que el clima siempre está cambiando, lo cierto es que el calentamiento que se observa está teniendo consecuencias sobre la economía y la geopolítica planetaria.

Uno de los fenómenos que más claramente está actuando en este sentido es el deshielo del Ártico; la disminución de la banquisa helada. Las evidencias son claras, aunque existen diversidad de opiniones sobre la intensidad de la tendencia. En 2017, la NASA anunció que la reducción de la banquisa ártica era de un 1,3 % anual de media.

Disminución de la banquisa ártica. Fuente:https://diablobanquisa.wordpress.com/

Gran parte de la plataforma continental del Ártico no pertenece a ningún país ni está sometida a la jurisdicción de ningún Estado. Pero el aumento de las posibilidades económicas derivadas de la disminución de la capa de hielo ha acrecentado el interés por el aprovechamiento de sus recursos naturales y el establecimiento de nuevas rutas marítimas. Los ocho países con costas en el Ártico –Rusia, Canadá, Estados Unidos, Noruega, Dinamarca (Groenlandia), Suecia, Finlandia e Islandia, crearon en 1996 el Consejo Ártico (CA). Esta institución fue concebida como un organismo para la cooperación y coordinación de sus miembros, incluyendo también a los pueblos indígenas. A estos miembros fueron sumándose otros países –Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, Japón, China, …– como observadores.   

La disminución de hielo está permitiendo que, en algunos momentos del verano, se abran diversas rutas a través de este océano, anteriormente vedado a la navegación en superficie y solamente accesible en inmersión a los submarinos nucleares de las grandes superpotencias. Ello abre un nuevo escenario geopolítico.

Las rutas que se están configurando son dos: el Paso del Noroeste y la Ruta del Mar del Norte. Ambas unen el Pacífico con el Atlántico y posibilitarían una intercomunicación más rápida y directa algunos meses al año. De momento, sin embargo, siguen en pie algunos obstáculos para el asentamiento de esos pasos: las cambiantes condiciones meteorológicas y el alto coste de los seguros de los fletes.

Rutas posibles en el Ártico. Fuente: http://www.offnews.info/

El Paso del Noroeste que une los dos grandes océanos a través de las costas canadienses y de Alaska, lo hizo en 2007. El primer problema se creó cuando Canadá reclamó el derecho a cobrar peaje, en 2007. A ello se opusieron las grandes potencias marítimas –Estados Unidos y la Unión Europea–, considerando que esas rutas deben ser internacionales. No podemos olvidar que el grueso del transporte internacional se efectúa entre el este del continente asiático y Europa y Estados Unidos.

La ruta que está configurándose más rápidamente y que es mucho más transitada es la Ruta del Mar de Norte, que bordea la costa rusa. Quedó abierta por primera vez en el verano de 2008. Este país está dedicando muchos esfuerzos por asegurarla y hacerla viable: cuenta con experiencia en el uso de determinados tramos de la misma y la banquisa es menor que en la costa canadiense. Y al igual que hizo este país exige un peaje por utilizarla ya que transcurre por sus aguas jurisdiccionales. Rusia cuenta, además, con casi 30 barcos rompehielos de gran tonelaje, muchos más que los otros países árticos.

Además de las rivalidades directas por el control de estas rutas, aparecen otros problemas como los cambios en las rutas marítimas internacionales, disminuyendo el papel estratégico de puntos como el Canal de Panamá o el de Suez, que quedarían relegados al proponerse unas rutas polares mucho más cortas. Parece evidente que estas transformaciones podrían revolucionar el transporte marítimo y el comercio internacional. No obstante, tiende a pensarse que estas nuevas rutas no podrán sustituir a las existentes, sino que las complementarán.

El Ártico alberga, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, grandes reservas energéticas de petróleo y de gas natural. El cambio climático y el deshielo de la capa polar permitirán una explotación rentable de estos recursos. La posibilidad de estas explotaciones planteará, además, la cuestión del deterioro medioambiental y de la contaminación de un espacio natural intacto hasta ahora.

Las nuevas posibilidades económicas del Ártico están atrayendo sobre él el interés de otras potencias que no tienen costas en el mismo, como China o la Unión Europea. Ya no se trata solamente de las facilidades para el transporte marítimo sino también de la existencia de posibles recursos energéticos y biológicos. El incremento de las investigaciones científicas denota el creciente interés por la zona. Esas mismas perspectivas generan tensiones entre los países implicados.

Rusia se muestra muy interesada en expandir su influencia estratégica en este mar. La reconstrucción de antiguas bases militares soviéticas en la región, tanto navales como aéreas, es una medida en tal sentido. Para ella es casi vital porque representa el acceso libre a un mar que intercomunica con el Atlántico y el Pacífico. Su flota en el Mar Negro está constreñida en el estrecho de los Dardanelos por Turquía, miembro de la OTAN –aunque la evolución de la posición política antinorteamericana de Erdogan podría introducir alguna variable en esto–, mientras que la flota del Báltico lo está en el estrecho de Skagerrak por Dinamarca y Noruega, igualmente miembros de la OTAN.

Base rusa de Murmanks. Fuente: https://www.politicaexterior.com

Tanto Estados Unidos como Canadá y Dinamarca (a través de Groenlandia) manifiestan reclamaciones territoriales y de derechos de explotación que chocan con los intereses rusos.

Reivindicaciones territoriales en el Ártico. Fuente:https://www.economist.com/international/

De entre los países que participan como observadores en el CA es China el que más interés está mostrando por asentar su presencia en el área, buscando la colaboración con todos ellos. Una muestra de ello es el notable aumento de las inversiones chinas en Groenlandia –turismo, investigación científica, infraestructuras, explotaciones mineras, etc. De hecho, China ya ha indicado (26 de enero de 2018) cuáles van a ser sus intereses en la región ártica –la denominada Ruta de la Seda polar–, en la que contará con la ayuda rusa no solamente para la navegación sino también para la búsqueda de recursos energéticos y materias primas. Con ello, China lograría un acceso más rápido a los mercados europeos y Rusia rompería el cerco de las sanciones económicas impuestas por Europa y Estados Unidos. La potencia asiática no muestra, sin embargo, ningún interés territorial sobre la zona.

Bibliografía.

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Barral, M. (2008). ¿El clima ha cambiado la historia? Clío, 81. 

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Bonet, P. (2015). Una nueva guerra fría se cierne sobre el Ártico. El País. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2015/04/02/actualidad/1427998445_036342.html 

Fagan, B. (2007). El largo verano. De la era glacial a nuestros días. Barcelona: Gedisa.  

Fagan, B. (2009). El gran calentamiento. Cómo influyó el cambio climático en el apogeo y caída de las civilizaciones. Barcelona: Gedisa.  

Galindo, C. (2008). Cinco países se disputan el Ártico. El País. Recuperado de https://elpais.com/diario/2008/05/28/internacional/1211925604_850215.html 

Higueras, G. (2018). China a la conquista del Ártico. Esglobal. Recuperado de https://www.esglobal.org/china-a-la-conquista-del-artico/ 

Le Roy Ladurie, E. (1990). Historia del clima desde el año mil. México: Fondo de Cultura Económica.  

Manrique, L. Es. (2018). La ruta ártica se abre al comercio global. Política Exterior. Recuperado de https://www.politicaexterior.com/actualidad/la-ruta-artica-se-abre-al-comercio-global/ 

Olcina Cantos, J., & Martín Vide, J. (1999). La influencia del clima en la historia. Madrid: Arco Libros.  

 

 

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Migraciones en el flanco sur de Europa

Este verano la inmigración procedente del continente africano se ha convertido en uno de los temas estrella de la actualidad. La razón de este interés no es tanto el aumento de los flujos migratorios en esta zona sino las repercusiones políticas  que está teniendo el tema. La negativa del nuevo gobierno italiano –coalición de índole populista y nacionalista formada por el Movimiento 5 estrellas y la Liga Norte– a acoger nuevos inmigrantes ha servido para volver a poner el foco en un problema latente desde 2015, cuando se produjo la arribada masiva de refugiados sirios que huían de la guerra. Las divergencias surgidas entonces sobre el tratamiento del problema han dividido a la UE e impedido que se establezca una política migratoria eficaz y justa.

Este año, el cierre de la ruta del Mediterráneo central por la negativa de Italia a recibir más inmigrantes ha desplazado los flujos hacia la ruta del Mediterráneo occidental, lo que ha incrementado la llegada de más inmigración a las costas españolas. No se trata de cantidades exageradas pero el foco mediático ha otorgado una gran relevancia al problema. Y, al igual que ha ocurrido en otros países, el tema se ha aprovechado para reforzar el enfrentamiento entre los partidos políticos.

Cambio del flujo migratorio en 2018. Fuente: EL PAÍS

De la misma manera, la alarma –sin sustento estadístico real– creada por la imagen de miles y miles de inmigrantes intentando llegar a Europa desde la orilla sur del Mediterráneo está siendo usada como carburante ideológico y político por los partidos de derecha, populistas y nacionalistas. La utilización interesada de este fenómeno empaña y desvirtúa la realidad del mismo.

Propaganda política de la Liga Norte. Fuente: https://xaviercasals.wordpress.com/

La llegada de inmigrantes ilegales a la UE es una constante que se remonta bastante atrás en el tiempo. Hace tiempo que existen en el Mediterráneo diversos corredores para entrar irregularmente en la UE. No obstante, su magnitud dista de ser alarmante (véase la siguiente tabla). Como puede observarse el número habitual de emigrantes y demandantes de asilo sin documentación raramente sobrepasa los 200.000 anuales; solamente 2015 presenta un pico destacable a causa de la guerra civil en Siria. La misma conclusión se obtiene de observar el dato de los residentes extranjeros: en 2015 los residentes extranjeros –no comunitarios y tanto legales como ilegales– en la UE solamente representaban el 7,0 % de la población total.

Porcentaje de inmigrantes ilegales
Año Inmigrantes ilegales Población UE Porcentaje
2014 141.000 506.000.000 0,02 %
2015 1.100.000 508.000.000 0,22 %
2016 172.000 510.000.000 0,03 %
2017 204.700 511.000.000 0,04 %
2018 (hasta agosto) 141.000 512.000.000 0,01 %

Fuente: Eurostat.

Estos flujos, perfectamente asimilables por una entidad como la UE, se transforman en una fuente de discordia porque la llegada se concentra fundamentalmente en tres países del sur de Europa: Grecia, Italia y España. Estos tres países son las puertas de entrada para toda la inmigración ilegal que proviene tanto de África como del Oriente Próximo. Son, por tanto, los que primero deben afrontar el problema de la llegada de esta población, cuyo objetivo, muchas veces, es dirigirse a otros países de la Unión.

Rutas de la inmigración ilegal en el Mediterráneo. Fuente: https://www.eldiario.es/

Las acciones emprendidas por la Unión Europea para resolver el problema, especialmente a partir de 2015, consistieron en un esquema para un reparto obligatorio de los inmigrantes indocumentados que llegaban a su territorio. Ese programa apenas si logró cumplir con sus objetivos, ya modestos de por sí: de los 1,3 millones llegados entre 2015 y 2016 se pretendió distribuir 160.000, de los cuales solamente se recolocaron 29.144 candidatos. No existió un verdadero compromiso para aplicarlo, ni tampoco unos instrumentos administrativos para hacerlo. Los países del Este presentaron una oposición total a la medida –Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia se negaron a aplicarlo–. Una falta de solidaridad, que, sin embargo, sí reclaman para recibir las ayudas económicas pertinentes,  y que impide establecer unas políticas migratorias comunes.

En numerosos países la presencia de inmigrantes ha abiertos controvertidos debates sobre la presencia de inmigrantes, sobre su integración y sobre la gestión de esa diversidad cultural y religiosa

Grado de cumplimiento con el programa de reasentamiento de inmigrantes de 2016. Fuente: EL PAÍS

Con la situación actual, el peso de la acogida de estos flujos siguió recayendo sobre los primeros países receptores, aquellos que conforman el flanco sur de la UE.

La comprensión del fenómeno inmigratorio requiere conocer las causas que provocan esos flujos. La primera de las causas es obvia: la pobreza. Aunque más que la pobreza habría que aludir a las enormes desigualdades económicas que existen entre la Unión Europea y sus vecinos de la orilla sur del Mediterráneo. Esas diferencias son enormes, solamente comparables a las existentes entre Estados Unidos y sus vecinos centroamericanos. La situación económica de los países vecinos del sur no permite creer en una destacada disminución a corto o medio plazo de estos flujos migratorios

Comparación niveles de renta
País europeo PIB per cápita en $ País africano PIB per cápita en $
Alemania 52.801 Níger 1.213
Bélgica 48.258 Burkina-Faso 1.993
España 40.289 Gambia 1.719
Francia 45.473 Malí 2.225
Italia 39.499 Marruecos 8.936
Suecia 53.077 Senegal 2.900

Fuente: FMI (estimaciones para 2018).

Así pues las desigualdades económicas son enormes. A ello hay que sumar también la ausencia de cualquier protección social por parte de los Estados, lo que acentúa todavía más la pobreza en estos países. Es comprensible que la población joven busque nuevas perspectivas de obtener una vida mejor y, al mismo tiempo, ayudar a los familiares que se han quedado allí. La desesperación y la falta de expectativas son los principales acicates para la emigración.

Pero la inmigración también puede representar una variable positiva. Europa presenta un preocupante proceso de envejecimiento, hecho que dificulta el mantenimiento del modelo de bienestar que tienen muchos Estados europeos. Europa necesitará trabajadores que contribuyan al mantenimiento de esos sistemas. Es cierto que las necesidades de trabajadores serán muy variadas, primando las de cualificación media o alta sobre los de baja o nula. Por ello es necesario un sistema ordenado de inmigración que beneficie a todos.

La segunda causa es de índole política.En este caso los flujos que se dirigen a Europa no provienen solamente de África sino que también lo hacen de Oriente Próximo, una de las zonas más conflictivas e inestables del planeta. El enorme repunte que llegó a Europa en  2015 se produce precisamente a consecuencia de la guerra en Siria; se trató no ya de inmigrantes económicos sino de población civil que huía de la guerra, de refugiados o de demandantes de asilo en suma. Tanto en el continente africano como en esta zona proliferan los conflictos armados, explícitos o latentes, alimentados, sobre todo en África, por la presencia de Estados fallidos, atrapados por la corrupción  e incapaces de impedir la actuación de bandas criminales, traficantes de personas y grupos yihadistas que inestabilizan  la región y crean una insoportable inseguridad para la población civil.

Conflictos armados en África y Oriente Próximo. Fuente: ABC

 

Bibliografía.

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La revolución de los claveles: Portugal, 25 de abril de 1974.

Algunas consideraciones previas. 

 A mediados de los años setenta del siglo pasado, en un movimiento que aparenta una sincronía extraordinaria, las tres dictaduras existentes en Europa Occidental –Portugal, España y Grecia– desaparecieron y dieron lugar a regímenes democráticos homologables en el marco europeo. 

Existen entre ellos más elementos divergentes que comunes. Entre las diferencias podemos indicar su origen, su duración y su contexto internacional. Entre las semejanzas aparece la vinculación existente entre los procesos de descomposición de esos regímenes y las crisis coloniales o las aventuras exteriores: guerras africanas de Portugal –especialmente en Angola y Mozambique–, la crisis del Sahara Occidental en el caso español y la aventura chipriota, fallida, de los coroneles griegos. 

Las causas de la aparición de estos regímenes dictatoriales son muy distintas. Los casos de Portugal y España se remontarían a la eclosión autoritaria que se produjo en el período de entreguerras; la dictadura griega, por su parte, se inscribiría en el contexto de la Guerra Fría y en la intención de las fuerzas conservadoras y anticomunistas de evitar, a cualquier precio, un régimen comunista o simplemente izquierdista en la Hélade. Por esa misma razón su duración también fue distinta: mientras que las dictaduras portuguesa y española durarían decenas de años, la griega fue más breve, solamente siete años –1967-1974–. 

El papel internacional de estos países también era diferente. Aunque ninguno de los tres era miembro de la entonces Comunidad Económica Europea –ninguno cumplía los estándares democráticos exigidos–, tanto Portugal como Grecia sí eran miembros de la OTAN, obviándose para ello su calidad no democrática. España también estaba fuera del club militar, aunque mantenía fuertes lazos militares con los Estados Unidos. 

Cronología

A pesar de las divergencias señaladas, Nicos Poulantzas, intentó realizar un análisis conjunto de la crisis de estas dictaduras desde una perspectiva marxista. Como elementos comunes de los tres regímenes apuntaba su posición subordinada respecto de las grandes potencias capitalistas, una estructura social comparable y un papel de suministradores de mano de obra a los países europeos más industrializados. Señalaba también una supremacía de los factores internos en el desencadenamiento de las crisis; en concreto, expone que sectores de las burguesías nacionales, al recamar más ayuda del Estado, entraron en contradicción con los grupos dominantes de las burguesías, vinculados a la internacionalización del capital. Estas contradicciones abrieron la posibilidad de la participación de los sectores populares en las crisis, impulsando los cambios hacia procesos democratizadores. 

Gestación de la dictadura. 

La monarquía portuguesa fue suprimida por una revolución poco cruenta en 1910, estableciéndose una república que pretendió corregir los vicios del caduco constitucionalismo monárquico, un régimen propio del siglo XIX incapaz de asimilar los nuevos cambios políticos y sociales. No obstante, la nueva República se caracterizó por la inestabilidad política y la mala gestión. Desde un principio, los sectores conservadores y católicos se opusieron abiertamente al nuevo régimen, produciéndose, incluso una breve guerra civil entre monárquicos y republicanos –una minoría de clases medias urbanas, en un país aún mayoritariamente rural– a principios de 1919. Este clima de enfrentamiento profundizó la debilidad de la República; paralelamente la idea de un golpe que estabilizase la vida política del país fue ganando peso y así, el 28 de mayo de 1926, un movimiento militar puso fin, sin apenas oposición, al régimen republicano en Portugal. 

El movimiento militar, diseñado para acabar con la República y no para establecer una política de futuro, fue dividiéndose entre los que pretendían reformar el régimen republicano y los que pretendían implantar otro régimen de tipo antiliberal y fascista, modelo en auge en la Europa de entreguerras, y que contaba con el apoyo de la burguesía y de la Iglesia. En este contexto cobró prestigio la figura de Antonio de Oliverira Salazar, un católico antiliberal que diseñó un programa político basado en tres puntos: un Estado autoritario, un modelo social corporativo y la exaltación nacionalista concretada en la defensa del Portugal ultramarino.  Desde 1930 se convirtió en el hombre fuerte del emergente Estado Novo. En 1932 se le nombró presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocuparía hasta 1968. 

La dictadura portuguesa y la guerra colonial. 

El nuevo régimen portugués fue sorteando crisis importantes –su papel en la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, …– hasta que el problema colonial apareció en escena. Las primeras manifestaciones de dicha cuestión fueron las reivindicaciones de la India, recién independizada, sobre los enclaves portugueses de Goa y Damán y Diu, enclaves que fueron invadidos por dicho país en 1961. Paralelamente, el anticolonialismo aparecía en los territorios africanos en forma de guerrillas insurgentes. Por estas razones, a principios de los años sesenta, el Estado Novo padeció una de sus crisis más graves al iniciarse una guerra colonial. 

El conflicto obligó a un gasto militar desmesurado –casi un 50 % de su PIB en 1973, mientras que España gastaba un 2,35 %– y a una creciente movilización de tropas –de 49.000 soldados en 1961 a 150.000 en 1973–. No obstante, la guerra favoreció la modernización económica del país, que se abrió al capital internacional en busca de recursos. 

La política colonial del gobierno contaba con el respaldo claro de Francia y Alemania, y, menos evidentemente, de Estados Unidos. También era apoyada por los regímenes blancos africanos –Rhodesia y Sudáfrica–. La situación militar no era idéntica en todas las colonias: muy complicada en Guinea y Cabo Verde, estancada en Mozambique y era favorable en Angola, donde los movimientos guerrilleros estaban divididos. Era, pues, un fenómeno que provocaba una sangría económica y cierto descontento popular, pero no fue el elemento fundamental del hundimiento de la dictadura. 

En septiembre de 1968, Oliverira Salazar, enfermo, se retiró del poder. Le sustituyó Marcelo Caetano, que pronto defraudó las esperanzas de los sectores reformistas y tampoco pudo cerrar los conflictos bélicos. Su fracaso fue provocando un creciente aislamiento interno del Gobierno, así como la paulatina pérdida del apoyo de las Fuerzas Armadas.  

El creciente desgaste y la posibilidad de una derrota, cuya responsabilidad el poder político endosaría a las Fuerzas Armadas, acrecentaba el malestar militar. El descontento, favorecido también por la oposición a algunas reformas que afectaban a aspectos laborales del Ejército, se organizó en torno dos núcleos: el del general Spinola y el Movimiento de los capitanes. Ambos grupos confluyeron en la necesidad de un golpe militar.  

Soldados portugueses en Mozambique. Fuente: https://ar.pinterest.com/pin/364369426083486625/

La revolución de abril. 

Las tres de la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la hora designada para que el movimiento militar asentase el golpe definitivo al régimen dictatorial. Las unidades participantes tomaron los principales enclaves de Lisboa –aeropuerto, nudos de comunicaciones, medios de comunicación, Cuartel General, …–. Por la mañana se puso sitio a la sede de la Guardia Nacional Republicana, un cuerpo policial partidario del régimen, y a las 17:30 el presidente de Gobierno se rindió ante el general Spínola. En pocas horas, el golpe había triunfado. Solamente se produjeron cuatro muertos, todos ellos en el asalto a la sede de la policía política (PIDE) 

Una vez destruido el Estado Novo, las divergencias entre los sectores que apoyaron el golpe reaparecieron. Todos estaban de acuerdo en acabar la guerra colonial e implantar la democracia. Pero los plazos y la forma de llevarlo a cabo variaban. El proceso de formación del Estado democrático fue conflictivo y largo –entre abril de 1974 y noviembre de 1975–; en él desempeñó un papel clave el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), auténtico líder del proceso de cambio. Tras él estaba la movilización social. 

Tropas en las calles de Lisboa. Fuente: https://www.pinterest.fr/pin/710231803707356347/

La caída de la dictadura introdujo enormes cambios en Portugal. La institucionalización de las libertades públicas eliminó la censura, liberó a los presos políticos, legalizó a partidos de izquierda, como el Socialista o el Comunista, lo mismo que a los sindicatos de clase.  Pero siguieron existiendo dos modelos políticos sobre lo que se pretendía implantar: por un lado, Spínola con algunos oficiales, grupos conservadores y los restos del régimen, partidarios de una solución federal para el problema colonial y de una democracia restrictiva; por otro, el MFA y las fuerzas de izquierda, que pretendían una democratización plena y la concesión de la independencia a las colonias. La situación se decantó definitivamente hacia esta segunda opción, lo que significó que el MFA pasó a controlar los nuevos órganos de poder –Gobierno, Consejo de Estado, Comando Operacional del Continente (COPCON), el órgano clave del poder militar–, alineándose con las posiciones revolucionarias del Partido Comunista de Portugal, dirigido por Álvaro Cunhal, y de la extrema izquierda.  

La deriva izquierdista del MFA provocó que el 11 de marzo de 1975 tuviera lugar un intento de golpe de Estado dirigido por el general Spinola, con el apoyo de la Fuerza Aérea. A pesar de que fue rápidamente desarticulado, el intento sirvió para radicalizar las posiciones izquierdistas dentro del Gobierno y del MFA. Así, el presidente Vasco Gonçalves amplió el programa nacionalizador y la expropiación de los latifundios, al tiempo que pretendió consagrar en la futura Constitución los principios revolucionarios sostenidos por el MFA. Sin embargo, en las elecciones del 25 de abril para la Asamblea Constituyente triunfó el Partido Socialista, partidario de un modelo democrático de corte occidental. 

La consecuencia de este resultado fue el desplazamiento del poder del ala filocomunista dentro del MFA, lo mismo que ocurrió en la formación del nuevo gobierno, donde los comunistas solamente obtuvieron un ministerio, de acuerdo con los resultados obtenidos en las elecciones. A pesar de las presiones populares –manifestaciones, huelgas, …–, el Gobierno logró desplazar del COPCON a los sectores más radicalizados –Otelo Saraiva de Carvalho–. Las protestas de algunas unidades fueron frenadas con la detención de los oficiales más izquierdistas. 

La Constitución de abril de 1976 asentaba un modelo político democrático que reconocía además algunos de los logros económicos y sociales obtenidos en el curso del proceso revolucionario. La tutela militar, fundamental en el desarrollo del nuevo régimen, se mantuvo aún unos años –mediante la existencia del Consejo de la Revolución–  para luego desaparecer y dar lugar a un régimen constitucional perfectamente asimilable a las democracias liberales europeas. 

La revolución de los claveles, en realidad un golpe de Estado contra una dictadura que, después, adoptó la forma de una revolución, fue un fenómeno inédito en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo unas fuerzas armadas integradas en la OTAN y formadas en el marco de una dictadura fueron capaces de convertirse en adalides de un cambio revolucionario de signo izquierdista? No existe una respuesta fácil, pero fue un elemento importante el cambio en la extracción social de los oficiales; la duración de la guerra y sus duras condiciones apartaron de la carrera militar a los sectores procedentes de la aristocracia y la burguesía de las grandes ciudades, puestos que fueron ocupados por jóvenes de la clase media baja. De ahí su mayor receptividad al pensamiento de la izquierda. 

Ese modelo fascinó durante un tiempo a sectores de la izquierda europea, incluso a la Unión Soviética, que vio en ello un modelo para que la izquierda revolucionaria pudiera llegar al poder en las sociedades relativamente desarrolladas de Occidente. Para algunos autores fue también el aldabonazo final de un ciclo “revolucionario” que habría comenzado con el mayo de 1968. La izquierda y los demócratas españoles, por su parte, aspiraban a que el fenómeno influenciara positivamente en la desaparición del franquismo.

Bibliografía.

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Una nueva biografía sobre Karl Marx. Ilusión y grandeza.

 

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Las empresas tecnológicas: poder y geopolítica

El poder de las grandes empresas tecnológicas. 

En la actualidad, el mundo se mueve en torno a la información. Antes fue la industria y aún antes fueron las actividades agrarias las que movieron la economía del planeta. Hoy son la obtención y el procesamiento de la información los elementos fundamentales. Y, lógicamente, quien controle esos procesos está en condiciones de establecer un nuevo dominio.

En este papel de obtención y procesamiento tienen una enorme ventaja las grandes compañías tecnológicas que dominan el mercado de internet y de los útiles informáticos, especialmente el software. Y todas ellas son estadounidenses: Alphabet (Google), Facebook, Amazon, Apple y Microsoft. Sus actuaciones están cambiando el mundo y creando un nuevo orden económico, social  y cultural.

Como algún especialista ya ha señalado, estas empresas son el principal factor de cambio. Antes, ese papel lo han tenido las ideologías –liberalismo, comunismo, fascismo, …– pero ahora, desacreditas estas, son las empresas citadas las que promueven las transformaciones económicas y sociales. A este respecto, el hecho de que todas estas compañías tengan su sede en los Estados Unidos no es baladí. Ello confiere a este país una enorme ventaja sobre sus restantes competidores: China, con un gran mercado interior, pero con aún escasa capacidad exterior, y Europa, con un papel insignificante en esta carrera.

Las grandes empresas tecnológicas tienen pocos contrapesos. El principal es el Estado, una institución que se está debilitando a causa de dos procesos imbricados:

  1. La desregulación liberal promovida por la globalización económica priva a los Estados de instrumentos de control que pongan límites al enorme poder de estas empresas.
  2. La multilateralidad imperante en las relaciones internacionales provoca que no exista ninguna gran potencia hegemónica que pueda imponer sus criterios al resto de países. Cualquier acción de un solo gobierno está condenada a un pronto fracaso si no cuenta con más apoyos. Además, las instituciones surgidas en la segunda mitad del siglo XX –OMC, ONU, FMI, Banco Mundial, …– aparecen cada vez como más irrelevantes, lastradas por su falta de representatividad. Así mismo, la mayor parte de los grandes problemas –cambio climático, terrorismo, migraciones, delincuencia, …– tienen un marco transnacional que requiere la colaboración de los Estados, siendo la unilateralidad un imposible.

Por este debilitamiento del Estadola expansión y crecimiento de estas grandes compañías apenas si padecen trabas o condicionantes. Su enorme tamaño y su poder económico son capaces de doblegar a cualquier Estado si afronta solo la batalla. No se puede olvidar que el poder de las grandes empresas tecnológicas es también un poder político, un poder que desafía a los Estados cuando es necesario para sus intereses. 

La principal transformación que impulsan estas tecnologías es la crisis de la política tradicional y de las élites dominantes que se han apoyado en ella. La disponibilidad de una abundantísima información –cuestiones aparte, aunque no menos importantes, serían la capacidad de análisis de la misma y su veracidad– otorga más poder a los individuos, que tienden a fiarse más de sus iguales que de las autoridades. Con este panorama, las funciones del liderazgo se difuminan y ello afecta, evidentemente, a las relaciones de poder. 

Resulta claro que las actuaciones de estos gigantes tecnológicos están transformando la política y la democracia. Incluso provocando impulsos que tienden a limitarla, como ocurre en Turquía, en Rusia o en China, por ejemplo.

Pero las relaciones entre estas empresas y los gobiernos son ambivalentes. El origen de su poder reside en que los servicios que prestan son fundamentales para la gestión cotidiana de la economía y de la sociedad. Por tanto, existe también, y al mismo tiempo, una connivencia entre estas y los gobiernos. Por ahora no ha aparecido ningún interés en cuestionar a los gobiernos, sobre todo si estos no interfieren en sus actividades. Pero ocurre que cada vez más frecuentemente estos tienden a poner límites a sus prácticas.

La globalización y la crisis de la democracia están significando una vuelta a la identidad como refugio. El miedo a la pérdida de control de los mecanismos tradicionales que hacen funcionar las sociedades –un capital abstracto, dependiente de mercados difusos y alejados; unas fronteras permeables que posibilitan la llegada de gentes de otras culturas; unos flujos de comunicación y de imágenes que se abren a nuevos códigos– provoca un regreso a la seguridad de lo conocido, a la tribu. Lo comunitario se convierte también en una forma de protección frente al capitalismo individualista y salvaje. Este planteamiento ayuda a explicar fenómenos como en Brexit en Gran Bretaña, el ascenso de Trump en Estados Unidos o la misma eclosión nacionalista en España o Europa. 

La cuestión primordial es que se está produciendo una concentración de poder a gran escala. La suma de iOs y Android controla el sistema operativo del 80 % de los móviles que hay en el planeta; Amazon controla el 62 % de las ventas online de Estados Unidos. Estos son algunos datos del elevado grado de concentración empresarial que se da en este sector. Cuanto más elevado sea este grado, más poder adquieren las empresas ya no solamente para controlar los mercados sino también para imponer su visión hegemónica de la cultura y de la sociedad, así como para defender sus intereses políticos. 

Geopolítica digital. 

El mundo digital e internet están claramente dominados por los Estados Unidos. Las empresas de este país son las que almacenan, distribuyen y analizan los grandes flujos de datos que generan estos medios. Y no hay que olvidar que el control de la información es una de las bases del poder. Actualmente más del 90 % de la información del planeta está digitalizada; la posibilidad de acceder, analizar y sistematizar esa información confiere una enorme capacidad de influencia a quien pueda hacerlo, sea esta una empresa o un Estado.

Esa información puede ser utilizada por el poder político estadounidense, aunque también son frecuentes los choques entre los brazos de ese poder y algunas de estas empresas, reacias a facilitar el acceso a la información de sus clientes –recuérdese, a título de ejemplo, el contencioso entre el FBI y Apple por lograr acceder al teléfono móvil de un asesino que mató a 14 personas en San Bernardino–. En contrapartida, en otras ocasiones, las compañías tecnológicas han colaborado con las agencias de inteligencia norteamericanas, especialmente la National Security Agency (NSA), otorgando al gobierno estadounidense una enorme ventaja comparativa sobre otros países. 

Sede de los organismos de seguridad estadounidenses. Fuente: https://www.voanews.com/a/three-shot-wounded-near-nsa-entrance/4254091.html

Naturalmente, otros países cuentan también con sus medios para vigilar y obtener información de este entramado tecnológico. Más sofisticadas, si cabe, que la NSA serían la británica GHQC o la alemana Servicio Federal de Inteligencia (BDN en sus siglas en alemán). En España es el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) el encargado de esta misión, para la que ha adquirido recientemente un potente sistema de interceptación de comunicaciones. Todas estas agencias obtienen la información de las comunicaciones, pero las redes sociales también proporcionan abundantes datos por lo que la colaboración entre agencias de inteligencia y empresas tecnológicas existe, una colaboración que aún no es sistemática –ante el peligro de que los clientes ya no confíen en ellas– pero sí puntual.  

El problema de la ciberseguridad preocupa cada vez más a los gobiernos; los posibles ataques a las redes de comunicaciones o a los sistemas estratégicos de un país, o las sospechas de posibles manipulaciones en los sistemas de recuento electrónico de las elecciones están cada vez más presentes. Los ciberataques se han convertido en un arma más, mostrando que los sistemas que gestionan numerosas actividades claves pueden ser atacados y dañados. En este sentido, el poder tecnológico de los Estados Unidos es primordial, aunque países como China o Rusia no le van muy a la zaga.

Estas empresas son vistas con preocupación porque son interpretadas como una muestra de la hegemonía estadounidense, o incluso como un instrumento de la misma. Y es cierto que, a menudo, sus intereses convergen, pero esto no ocurre siempre. Uno de los campos de batalla es el control de las redes sociales, bien como instrumento de información o bien de desinformación. Su uso se está convirtiendo en un elemento más en la confrontación entre Estados y reproduce, por otros medios, las pautas imperantes en la geopolítica actual. Unos ejemplos de ello lo constituye el uso de las redes sociales que ha estado realizado el ISIS, o el papel de las mismas en las llamadas revoluciones árabes.

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