Algunas consideraciones sobre la Unión Europea

Las elecciones europeas que están a la vuelta de la esquina (26 de mayo) son un buen momento para repasar algunas consideraciones sobre la Unión Europea, sus problemas y su situación actual. Lamentablemente, se trata de un tema obviado a menudo –sólo hay que recordar que fue uno de los grandes ausentes en los debates políticos de las pasadas elecciones generales–, un error porque lo que ocurre en la Unión nos afecta directamente.

Países miembros de la Unión Europea. Fuente:
http://www.comunidad.madrid/servicios/madrid-mundo/es-union-europea-funciona-hace

1. Una hegemonía interna débil: el papel de Alemania.

La Unión Europea (UE) es uno de los grandes bloques de poder a nivel mundial. Está constituida por Estados nominalmente soberanos que han establecido unas estructuras e instituciones comunes. No obstante, no se trata de una estructura igualitaria;  existe una distribución de poder clara desde un centro –Francia, Alemania y, hasta el Brexit, Gran Bretaña– y una periferia formada por los restantes Estados, aunque también existen diferencias entre ellos en cuanto a su peso político e institucional.

Alemania es el elemento principal en torno al cual se articula el centro hegemónico en la UE. Como Alemania se resiste a desempeñar directamente ningún rol de preponderancia busca la asociación de Francia que, a su vez, se ve favorecida por esta pertenencia al centro. El país germánico quiere que la perciban como una fuente de poder blando –al igual que, en general, todos los países europeos– que asume compromisos políticos no tanto por intereses propios como por el seguimiento de unas reglas morales beneficiosas para todos. Uno de los ejemplos más evidentes de esta política ha sido la gestión de la crisis migratoria europea de 2015 llevada a cabo por Merkel, en contra incluso de una parte importante de sus mismos votantes.

Llegada de refugiados sirios a un campamento en Friedland (Alemania). Fuente: ttp://www.rtve.es/noticias/20170918/refugiados-protagonistas-pasivos-campana-electoral-alemana/1619140.shtml

¿Cuáles son los componentes esenciales de esos valores morales? En el caso de Europa están claros: la democracia liberal, los gobiernos constitucionales, las libertades individuales y el liberalismo económico –libertad de mercados y libre competencia. Alemania, apoyada ahora por Francia, impulsa la aplicación de estos valores en los restantes Estados miembros de la UE. Los gobiernos de estos Estados deben estar dirigidos por élites que asuman plenamente estos presupuestos y que estén dispuestos a organizar su orden interno en función de los intereses del centro. Esta aceptación, que es característica de todas las relaciones de índole imperial, tiene un precio: la supeditación de los valores democráticos –que proclama defender– a los intereses del centro, así como el control presupuestario de las economías nacionales. Esa es, al menos, la pretensión del centro.

Es cierto también, por otra parte, que las relaciones de tipo imperial basadas en un poder blando y no en la violencia militar se enfrentan, en ocasiones, a grandes fracasos. Así, por ejemplo, el centro hegemónico conformado por Alemania y Francia fracasó en su intento de mantener en el poder al gobierno italiano de Matteo Rizzi (2014-2016), quien tuvo que dimitir tras el fracaso de su referéndum de reforma constitucional –que pretendía reforzar el Gobierno penalizando electoralmente a los partidos pequeños y suprimiendo el poder de bloqueo del Senado– y que continuaba con las políticas iniciadas por el gobierno tecnocrático dirigido por Mario Monti (2011-2013) para afrontar la grave crisis de deuda que padecía Italia. El fracaso de estos gobiernos abriría las puertas a la victoria electoral (2018) de las fuerzas populistas de derecha. Otro fiasco del centro franco-alemán lo podemos observar en las dificultades de la UE para implementar en todos sus Estados las mismas políticas migratorias.

La política neoliberal que emana de la UE –libertad de circulación de bienes, de capitales, de servicios y de personas, así como una moneda única que se rige bajo los parámetros monetarios alemanes– se pretende aplicar a todos los Estados miembros. Esta política impone limitaciones a las democracias, a las decisiones soberanas de sus electores –lo que se ha denominado “liberalismo autoritario”. Esto significa que los mismos Estados son los encargados de proteger la economía neoliberal de los peligros de la democracia. En la UE esta protección se efectúa principalmente mediante la delegación de las directrices económicas nacionales a las instancia supranacionales de la Unión –organismos, jurisdicciones, Banco Central, etc. Por esta razón se ha hablado de déficit democrático de las estructuras de la Unión, cuestión que se ha ido mejorando mediante la dotación de mayores funciones al Parlamento Europeo.

Edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

2. El problema del Brexit.

El deseo británico de abandonar la UE (Brexit) constituye otro fracaso de la aplicación de ese poder blando porque ha obligado al centro rector de la Unión a dificultar cualquier salida amistosa o con concesiones a Gran Bretaña, optando por una salida pactada pero dura. Si se hubiese aplicado una política condescendiente con los británicos habría significado abrir las puertas a interminables reclamaciones y negociaciones intracomunitarias. Por ello se optó por una salida sin concesiones, postura apoyada con ahínco por Francia, que al abandonar Gran Bretaña la Unión se convierte en la única potencia militar nuclear de la misma y en el único miembro permanente europeo del Consejo de Seguridad de la ONU. Todo ello confiere a Francia un status de igualdad o incluso de supremacía en el centro hegemónico de la Unión. Los problemas que puede ocasionar una salida sin acuerdo son vistos como un mal menor ante el peligro de generar una escalada de cuestionamientos de los tratados o de las estructuras de la Unión por parte de otros miembros.

3. El vacilante inicio de una defensa europea.

Es difícil que un poder blando logre mantener una situación hegemónica a largo plazo sin necesitar recurrir en algún momento al poder militar. Los acuerdos, en el marco de la OTAN, de aumentar hasta un 2 % del PIB el gasto militar o los intentos de vertebración de un ejército europeo y de una coordinación en la industria de armamento de la Unión, van en el sentido del fortalecimiento militar europeo. Separada Gran Bretaña, que siempre había puesto obstáculos a estas políticas respaldada por el deseo estadounidense de mantener una Unión débil militarmente, y con Francia alcanzando ya el 2 %, la principal referencia sería el aumento del gasto militar germano hasta esa cifra mágica –hay que tener en cuenta que si Alemania llevara a cabo dicha inversión su gasto militar superaría más de un 40 % al de Rusia.

Gasto militar de las principales potencias. Fuente: EL PAÍS

En la cumbre de Bratislava de 2016 la UE dio un nuevo impulso a la política de seguridad y defensa reforzando la cooperación en este sentido. El debate está actualmente en la creación de un ejército europeo que no dependa de la OTAN ni de EE.UU. y que aporte a sus socios “independencia estratégica”. Francia y Alemania han sido los principales impulsores del proyecto. Siguiendo con esta pauta se ha creado un Fondo Europeo de Defensa que dota económicamente estas iniciativas –13.000 millones de euros en el próximo período legislativo. Y parece aclararse que este punto será uno de los ejes principales de la próxima Comisión Europea (2019-20124). La UE busca un hueco como actor principal en la geopolítica mundial ante la deriva unilateralista de Trump y las actuaciones de Rusia y China por aumentar su influencia. Este aumento del gasto militar complementaría su papel de poder blando.

Actualmente la UE lleva a cabo tres misiones militares en Somalia, Mali –el peso principal de esta misión recae en Francia, Alemania y España– y República Centroafricana respondiendo básicamente a las amenaza yihadista que parece una de las principales preocupaciones de estos países. Sin embargo, los socios de la Europa del este ven más amenazante a la potencia rusa; esta diversidad de visiones puede retrasar o romper la unanimidad al respecto en la UE.

Tropas españolas en Mali en el marco de la misión de la UE. Fuente: http://atalayar.com/content/militares-espa%C3%B1oles-desbaratan-un-atentado-yihadista-contra-la-misi%C3%B3n-europea-en-mali

4. Otras fricciones.

Existen tres cuestiones que pueden sembrar la desunión en la UE. La primera es el recuerdo de la actuación de las instituciones de la Unión y de los países del norte, especialmente Alemania, en la crisis de la deuda. Interpretada como una forma de salvar a sus bancos a costa de los derechos sociales y económicos de las poblaciones, se vio desde los países castigados por la política elegida como una afrenta y un error. Y probablemente en ese resentimiento está una de las razones de la desafección europea que tan bien han sabido recoger los grupos populistas de derecha en algunos países. Es cierto que esta política se relajó ligeramente con posterioridad pero el caso griego sigue siendo sangrante.

La segunda cuestión es la crisis migratoria. Una crisis imaginaria, fomentada interesadamente por determinados gobiernos nacionalistas de derecha que rompieron las normas de la UE haciendo caso omiso de lo acordado. El llamado grupo de Visegrado (formado por Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa) derribó la unidad de actuación europea. Esta ruptura indicaba una debilidad fundamental del poder blando representado por el eje franco-alemán.

La tercera cuestión es la deriva autoritaria de algunos de estos Estados, especialmente Polonia y Hungría. Sus políticas desafían los estándares europeos en el respeto al Estado de derecho, planteándose la cuestión de que la UE no tiene instrumentos adecuados para reaccionar ante el incumplimiento del respeto de los valores democráticos. Las críticas continuas de sus gobernantes a la Unión y su proclividad hacia Estados Unidos los convierten en unos miembros díscolos capaces de hacer abortar las políticas tendentes al reforzamiento de la identidad europea. Lo mismo que puede lograr el auge de las fuerzas de extrema derecha eurófobas en casi todos los estados de Europa.

Bibliografía.

Alarcón, N. (2019) El fantasma del pasado pisa los talones a la UE del futuro. Recuperado de https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-05-11/fantasma-pasado-talones-union-europea_1995290/

Altares, G. (2014). Bruselas afronta sin recursos legales el auge de los separatismos. EL PAÍS. 13/05/2014

De Miguel, B. (2019). Europa apunta ya hacia un ejército común. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2019/05/11/actualidad/1557557003_663459.html

Laqueur, W., Aragall, X., Zaragoza, J., et al.  (2015). Refugiados. Otro proyecto que desafía a Europa. La Vanguardia Dossier, 58.

López-Aranda, R. (2017). La Unión Europea, entre lo deseable y lo posible. Política Exterior, 176.

Moreno, A. (2019) Unión Europea: problemas a corto plazo, virtudes a largo plazo. Eldiario.es 08/02/2019

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Streeck, W. (2019). Un imperio europeo en vías de colapso. Le Monde diplomatique en español, 283. Mayo, 2019

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La guerra del Fútbol entre Honduras y El Salvador

1. El nombre

La Guerra del Fútbol o también la guerra de las Cien Horas fue un conflicto armado que enfrentó a Honduras y El Salvador entre el 14 y el 18 de julio de 1969. El nombre de Guerra del Fútbol hace referencia a dos partidos de este deporte que, en el marco de la clasificación para el Campeonato Mundial de Fútbol de 1969, se celebraron en las dos capitales a finales de junio, a pocos días del estallido del conflicto. Análisis posteriores, como el del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, incidieron en este factor como una forma de llamar la atención sobre un conflicto que, en el contexto de la Guerra Fría y de una guerra de Vietnam en auge, aparecía como un problema muy menor.

Resulta fácil de entender que dos Estados no entran en guerra por un simple partido de fútbol; los encuentros fueron  una anécdota dentro de un contexto de enfrentamientos mucho más amplio y antiguo. En Honduras estaba en el poder el coronel Oswaldo López Arellano, un militar que había accedido a él mediante un golpe militar en 1963, luego maquillado por su vinculación con el Partido Nacional y su victoria en las elecciones de 1965. Su gobierno, una vez obtenido el perdón del gobierno norteamericano, se vinculó más estrechamente con otros países de la zona para sumarse a la estrategia anticomunista de Estados Unidos, pero, sin embargo, sus relaciones con El Salvador empeoraron.

La región centroamericana. Fuente: https://iberoamericasocial.com/la-guerra-futbol/

2. Las causas

Los enfrentamientos entre ambos Estados no eran nada nuevo y se remontan cuanto menos a 1967, año en que se produjeron ya campañas de prensa para desacreditar a los inmigrantes salvadoreños así como algunos choques fronterizos aislados.

En 1969 el gobierno hondureño se enfrentaba a serios problemas sociales provocados por la mala evolución de la economía. El aumento del paro desencadenó huelgas y manifestaciones de protesta por todo el país, sumándose al descontento, incluso, sectores, conservadores. También los campesinos hondureños comenzaron a reclamar tierras en propiedad. Para aquietar a estos últimos, el gobierno planteó un proyecto de reforma agraria, aunque un poco peculiar. Como se trataba de un gobierno al servicio de la oligarquía terrateniente, el decreto no planteaba ningún tipo de reparto de los latifundios o de las tierras de las multinacionales norteamericanas, especialmente de la United Fruit. El objetivo era entregar a los campesinos las tierras ocupadas por salvadoreños, a los que acusaba de una posesión ilegal.

La aplicación de la reforma agraria significaba que unos 300.000 salvadoreños debían regresar a su país. Ante ello, el gobierno de El Salvador, representativo también de su oligarquía terrateniente, temía admitirlos por el temor a un estallido social. Este fue, probablemente el motivo fundamental del conflicto, el que llevó al gobierno salvadoreño a iniciar la guerra.

El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica pero tiene una elevada densidad de población (170 h/km2 en la época del conflicto, 313 en la actualidad). Por otra parte, se trata de un país agrícola y ganadero, pero en el que la propiedad está desigualmente repartida; la inmensa mayoría de las tierras estaba en manos de catorce familias de terratenientes mientras que dos tercios de los campesinos tenían menos de 0,4 hectáreas. Esta desigualdad había ocasionado la emigración de miles de campesinos salvadoreños a Honduras, donde, en aquel momento, aún había grandes extensiones de tierra sin dueño. Se trataba de una emigración ilegal pero que el gobierno hondureño había tolerado durante bastante tiempo.

Las relaciones entre los dos gobiernos se volvieron muy tensas. Es en este contexto de hostilidad se celebró el partido de ida que entre las dos selecciones nacionales de fútbol.

El primer partido entre las dos selecciones se celebró en Tegucigalpa, donde ya se produjeron algunos enfrentamientos entre las dos aficiones, pero lo peor ocurrió en el partido de vuelta, en San Salvador, donde aficionados hondureños fueron agredidos y se insultó a sus símbolos nacionales. De esta forma, los partidos de fútbol sirvieron de motivo para enardecer las pasiones nacionalistas entre los dos países, pero no fueron el origen del conflicto, sólo un elemento catalizador más. En cualquier caso, las campañas de los respectivos medios de comunicación acrecentaban el odio mediante calumnias e insultos y una incitación a la violencia basada en un chauvinismo exacerbado. Se estaba preparando el caldo de cultivo necesario para el desencadenamiento de la guerra. Los dos gobiernos promovieron intensas movilizaciones patrióticas que obtuvieron un elevado grado de consenso nacional.

Propaganda antisalvadoreña en Honduras. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_F%C3%BAtbol

Junto al problema señalado aparecen otros dos, quizás de menor importancia pero no irrelevantes. El primero era la nula integración de las economías regionales. El impulso creado por la formación del Mercado Común Centroamericano, organismo regional creado en 1960, languidecía y no había servido para una integración económica fructífera, por lo que las respectivas economías eran competitivas y los gobiernos impulsaron medidas proteccionistas a costa de los demás. La segunda fue la pervivencia de conflictos fronterizos entre ambos países provocados por la no aceptación de una delimitación común de la línea fronteriza.

Desacuerdos fronterizos entre Honduras y El Salvador. Fuente: https://books.openedition.org/cemca/696

La suma de estos factores hizo que el conflicto estallara. El Salvador, poseedor de un ejército de tierra más poderoso –el ejército de Honduras solamente contaba con 5.900 hombres y un material muy viejo–, fue el primero en atacar; el 14 de julio de 1969, lanzó un ataque contra Honduras y consiguió acercarse a la capital hondureña, Tegucigalpa. Sin embargo, la fuerza aérea hondureña –compuesta por 12 aviones Corsair, algunos T-6  aparatos de entrenamiento, y antiguos transportes Douglas C-47–, era superior a la salvadoreña, aunque esta había incorporado hacía poco varios cazas Mustangs P-51, más modernos pero para los que carecían de pilotos por lo que tuvieron que recurrir a mercenarios. En cualquier caso ambas aviaciones eran ya obsoletas en el momento del conflicto.Esta superioridad aérea fue aprovechada para bombardear la base aérea de Ilopango, destruyendo buena parte de la fuerza  salvadoreña y otros puertos y aeropuertos, cortando los suministros de petróleo al ejército de El Salvador. Estos ataque lograron frenar el avance salvadoreño.

Ofensivas salvadoreñas en el conflicto. Fuente: https://aviaciondeapie.org/2010/11/02/la-guerra-de-las-100-horas/

El desarrollo de la guerra mostró que tanto las Fuerzas Armadas de El Salvador como las de Honduras estaban más preparadas para ejercer la violencia interna sobre adversarios civiles que para enfrentarse a otros ejércitos. Un rasgo destacado y peculiar de este conflicto fue la abundante presencia de civiles en los frentes de combate, desempeñando no solamente tareas logísticas sino también de combate.

Tanque ligero M-3 salvadoreño avanzando. Fuente: http://www.elafter.com/foro/showthread.php?t=2225221

El conflicto diplomático perduró hasta 1980 cuando se firmó el Tratado General de Paz en Lima, que dejaba la disputa fronteriza en manos de la Corte Internacional de Justicia. La sentencia de esta última permitió que buena parte de los territorios en disputa, conocidos como bolsones, pasasen a territorio hondureño.

El balance del conflicto, aparte de las pérdidas humanas y materiales, puede centrarse en varias cuestiones:

  • El inicio de una carrera militar en la región por el miedo a que cualquier problema pudiera provocar una guerra.
  • El fracaso de la iniciativa del Mercado Común Centroamericano y de las posibilidades de una integración económica regional.
  • Quedó demostrada la capacidad de las oligarquías nacionales para desviar hacia afuera la atención popular ante los problemas sociales y económicos creados por las enormes desigualdades existentes en los dos países.
  • Cerca de la mitad de los 300.000 salvadoreños que residían en Honduras fueron obligados a regresar a su país.

3. Bibliografía.

Kapuscinski, Ryszard (2006) La guerra del  fútbol. Barcelona: Anagrama.

Nunfio, O. (1970) Radiografía de la guerra del fútbol o de las cien horas. Revista mexicana de Sociología, 32(3), 659-690. Recuperado de: https://www.jstor.org/stable/3539220?seq=1#page_scan_tab_contents

Pérez Brignoli, H. (1990). Breve historia de Centroamérica. Madrid: Alianza.

Pérez Pineda, C. (2008) Reflexiones sobre el estudio del conflicto Honduras-El Salvador, julio de 1969. Estudios. Universidad de Costa Rica, 21, 87-104. Recuperado de: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/estudios/article/view/23777

Toro, J. C. (2017, April 17). La Guerra del Fútbol. Retrieved April 30, 2019, from https://iberoamericasocial.com/la-guerra-futbol/





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Feminismo y sufragismo en España: el derecho de las mujeres a votar.

La demanda del derecho al voto femenino aparece vinculada desde sus orígenes al pensamiento y a la acción de grupos de mujeres que tomaron conciencia de la injusta situación a las que las sometía una estructura social patriarcal que las ninguneaba. La consecución de derechos sociales, legales y económicos fue un largo proceso que llegó a su cima ya bien entrado el siglo XX en las sociedades occidentales. Las batallas, no obstante, no han logrado aún la victoria final, quedan muchos flancos que atender, pero también es innegable que los progresos han sido muchos.

Manifestación feminista en Gran Bretaña solicitando reformas educativas. Fuente: https://coeducando.wordpress.com/tag/sufragismo/

1. Apuntes sobre los orígenes del movimiento feminista.

El feminismo, entendido como doctrina que promueve la igualdad de los derechos para la mujer encuentra su precedente en el pensamiento de la Ilustración del siglo XVIII. La Revolución Francesa de 1789 permitió que las peticiones de las mujeres llegaran a las instituciones políticas revolucionarias; personalidades como Condorcet o Olympe de Gouges escriben sobre ello, esta última en su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, publicado en 1791 realiza un alegato claro en favor del reconocimiento para las mujeres de los mismos derechos que para los hombres. Un fenómeno marginal, sin duda, circunscrito a los ambientes cultos, pero un primer paso teórico.


La influencia de estos textos no tardó en llegar a Gran Bretaña, pero aún tardarían un siglo en cuajar los primeros movimientos feministas, vinculados al liberalismo o al socialismo político. En todos los lugares, y lo mismo ocurrirá algo después en España, las reclamaciones feministas se dirigían a obtener mejoras educativas y legislativas sobre los derechos económicos y laborales, hablándose poco del derecho al sufragio. En 1866 John Stuart Mill presentó la primera moción en el Parlamento británico en favor del voto femenino, peticiones que se repetirían años después con resultado negativo. A pesar de estos reveses políticos, el sufragismo fue ganando base social y en 1897 se creó la Unión Nacional de Sociedades por Sufragio de las Mujeres. Fue, pues en Gran Bretaña y casi paralelamente en Estados Unidos, donde mejor y con más intensidad surgieron los movimientos feministas y las demandas sufragistas.

Manifestación sufragista en Estados Unidos (1912). Fuente: https://www.contactomagazine.com/articulos/elvotodelamujer1008.htm#.XL7eNZP7RBw

En muchos casos, el feminismo y el sufragismo no constituyeron movimientos autónomos sino que se vincularon a partidos políticos y sindicatos de todas las ideologías. A finales del siglo XIX y ya en el siglo XX numerosos países comenzaron a conceder el derecho de voto a las mujeres:

PaísAño
Nueva Zelanda1893
Australia1902
Finlandia1906
Noruega1913
Dinamarca1915
Gran Bretaña1917
Unión Soviética1917
Estados Unidos1920 (en las presidenciales)
España1931
Brasil1935
Uruguay1938
Francia1946
Argentina1947
México1953 (en las nacionales)

2. El feminismo en España hasta la Segunda República.

El feminismo histórico debe contemplarse como un movimiento social plural y diverso que presenta características propias  que se relacionan con el contexto español de cada momento histórico y con la experiencia de mujeres muy diversas. Hay que comprender también el fenómeno del feminismo histórico como como un proceso social de renegociación del contrato social de género y no solamente como un movimiento que persiga el enfrentamiento con el sistema patriarcal. Las manifestaciones feministas fueron débiles, minoritarias  y muy moderadas durante el siglo XIX.

Hasta el Sexenio Democrático (1868-1874), el sufragio censitario que establecían las diversas constituciones liberales garantizaba el monopolio de la política a una minoría que nunca superó el 4 % de la población. Durante la Restauración el sistema se abrió algo más pero dejó fuera a todas las fuerzas que cuestionaban el sistema político. Los niveles de fraude y corrupción política facilitaron el distanciamiento de muchos sectores sociales de la participación política, como por ejemplo los anarquistas. En este contexto, el feminismo no se planteaba reivindicaciones políticas, por eso mismo no prosperó el surgimiento de un feminismo de signo político liberal, como sí había ocurrido en Gran Bretaña o Estados Unidos. Sin embargo, el feminismo español emprendió otros caminos, actuando en los espacios en los que la presencia femenina era habitual, vinculándose, ya más tarde, en las postrimerías del siglo, a partidos o movimientos políticos –anarquismo, Lliga Regionalista Catalana– o a personalidades aisladas –Emilia Pardo Bazán.

A principios del siglo XX se pone de relieve la variedad de modalidades del feminismo. Así el feminismo catalán se vertebra en torno a un discurso patriótico vinculado a Solidaridad Catalana. Acepta la política como patrimonio masculino y entiende el sufragio como algo propio de los hombres. Subrayan, eso sí, el papel de la mujer en la conformación de una identidad cultural catalana, por ello sus reclamaciones se dirigen a reclamar un papel para la mujer en el mundo cultural y educativo. No obstante, a pesar de su carácter conservador, el feminismo catalán promovió lo derechos sociales y culturales de las mujeres.

Parecida fue la postura de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), creada en 1918,  al adoptar un discurso nacionalista español en el que la mujer desempeña el papel de inculcadora, junto a la escuela, de los principios nacionales para lo que debe contar con todos los medios necesarios. Aunque pretendiese alejarse de los radicalismo políticos y mantenerse en el centro político, su programa tiene un cariz conservador. Poco antes, en 1912, se había creado en Madrid la Agrupación Femenina Socialista, vinculada al PSOE.

El surgimiento de estas asociaciones debe interpretarse como un síntoma de cambio social y de intento de revisión de un sistema patriarcal muy enraizado. Y si bien sus demandas políticas y sufragistas tardarán en aparecer, su interés por la educación femenina y las reformas sociales eran una clara manifestación de lo dicho. A partir de los años veinte, el feminismo español incorpora las demandas políticas. El programa de la ANME planteó demandas relevantes: reforma del Código Civil, abolición de la prostitución, derecho a desempeñar profesiones liberales, igualdad salarial,… La asociación no contó nunca con el apoyo de ningún partido político, hecho que pudo influir en que se convirtiese en partido político en 1934 con el nombre de Acción Política Feminista Independiente, perdurando como tal hasta 1936.

La promoción de la enseñanza femenina fue una de las prioridades de los movimientos feministas. Fuente: http://amberesrevista.com/la-mujer-y-el-voto-en-espana/

A finales de los años veinte y principios de los treinta los cambios políticos que estaban ocurriendo en el país impulsaron un feminismo político de índole liberal que demandaba el sufragismo, basado en el principio de la igualdad de hombre y mujeres. Mujeres como Clara Campoamor, Margarita Nelken o Victoria Kent asumieron este planteamiento. No obstante hay que señalar que incluso en los momentos del debate sufragista en las Cortes, el sufragismo era un movimiento muy reducido en la sociedad española, aunque contara con figuras tan excepcionales como las ya citadas y otras menos conocidas.

Victoria Kent. Fuente: Victoria-Kent-wikimedia-commons
Clara Campoamor. Fuente: ttps://www.mujeresenlahistoria.com/2013/12/la-defensora-del-voto-femenino-clara.html

3. El logro del derecho al voto de la mujer en la IIª República.

La IIª República representó una ocasión única para realizar las propuestas democráticas que venían esbozando personalidades y grupos feministas. Importantes voces feministas participaron en la vida política republicana si bien a través de los distintos partidos: María Martínez y Matilde Huici con el PSOE; Elisa Soriano y Clara Campoamor con el Partido Radical Socialista; Carmen de Burgos con Izquierda Republicana, etc.

El primer paso para favorecer la inclusión de la mujer en la política con los mismos derechos que los hombres fue el Decreto del 8 de mayo de 1931 que declaraba elegibles a las mujeres en las próximas elecciones a Cortes constituyentes que se celebrarían el 28 de junio. En ellas fueron elegidas dos diputadas –Clara Campoamor (Partido Radical Socialista) y Victoria Kent (Izquierda Republicana) sobre un total de 465 diputados.

Clara Campoamor fue elegida ponente de la comisión constitucional encargada de elaborar una nueva Constitución y participó activamente en la elaboración de los artículos referidos a los derechos de la mujer. Así, el artículo 34 del proyecto establecía la equiparación de derechos electorales a todos los ciudadanos independientemente de su sexo siempre y cuando fueran mayores de 23 años.

Curiosamente, los diputados de derechas, que seguían viendo el papel de la mujer exclusivamente en el marco familiar, ven en el voto femenino una oportunidad de variar los resultados electorales ya que pensaban que las mujeres estaban muy influidas por la Iglesia y que votarían en mayor medida a las formaciones conservadoras. Por contra, los grupos republicanos y de izquierdas mostraban sus temores respecto a su conveniencia ya que pensaban que el voto femenino era más conservador. Y si bien es cierto que esos pronósticos parecieron cumplirse en las elecciones de 1933, no lo hicieron en las de 1936 lo que demuestra que los resultados dependían más de las respectivas alianzas entre partidos que del sentido del voto femenino.

Resultados electorales en 1933. Fuente: https://clubjaimeprimero.org/content/la-ceda-gana-las-elecciones-generales-de-1933-
Resultados electorales en 1936. Fuente: ttp://2.bp.blogspot.com/_HOa_gksBVBw/SRI_xB3B02I/AAAAAAAAABw/t8Xp7fsDYlg/s1600-h/Gráfica+elecciones+1936.png

La dura batalla dada por Clara Campoamor, incluso contra Victoria Kent, partidaria de aplazar el derecho de voto femenino, logró que se aprobase el artículo con 161 votos a favor y 121 en contra. A favor votaron el PSOE –con alguna excepción–, la derecha y pequeños grupos republicanos –catalanes, progresistas… En contra se expresaron Acción Republicana, el Partido Socialista Radical –al que pertenecía Campoamor– y el Partido Radical. De este modo la Constitución del 1931 recogió, por primera vez en España, el derecho al voto femenino. Un logro breve puesto que tras la victoria de las fuerzas franquistas en la Guerra Civil (1936-1939) la mujer pasó de nuevo a un segundo plano social, político y económico, sometida además a los designios totalitarios del nacional-catolicismo.

Elecciones de 1933. Fuente: http://amberesrevista.com/la-mujer-y-el-voto-en-espana/

Bibliografía.

De Vega, E. (1992). La mujer en la historia. Madrid: Anaya.

Domenech, A. (1985). El voto femenino. Cuadernos Historia 16, 163.

Durán, P. (2007). El voto femenino en España. Asamblea de Madrid.

Franco Rubio, G. A. (2004). The origins of Spanish women’s vote. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, ti.- Contemporánea, t, 16. Recuperado a partir de https://www.ucm.es/data/cont/docs/995-2015-01-09-sufragismo.pdf

Nash, M. (1995). El feminismo. Cuadernos del Mundo Actual, 47.

 Nash, M. (2005). El aprendizaje del feminismo histórico en España. Documento de la Web: http://www. nodo50. org/mujeresred/historia-MaryNash1. html/Yahoo. es. Recuperado a partir de http://www.xateba.es/images/PDF/Recursos/historiamary.pdf

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El conflicto libio: de la primavera árabe a la guerra civil

  1. Primavera árabe y levantamiento armado

La primavera árabe fue un fenómeno que suscitó grandes esperanzas entre las poblaciones sojuzgadas de la mayor parte de los países del norte de África y del Oriente Próximo. Unas esperanzas que, salvo en el caso de Túnez y parcialmente de Marruecos, se malograron en el camino dando lugar a situaciones mucho peores que las que se proponían cambiar: guerras civiles (Siria, Libia), nuevas dictaduras (Egipto),… Pocas veces un proceso tan esperanzador acabó tan mal. Véase al respecto nuestra entrada: https://miradahistorica.com/2011/01/16/las-revoluciones-no-son-cosa-del-pasado/

Las repercusiones de la primavera árabe (también conocida como revolución del jazmín) llegaron a Libia de la misma manera que lo habían hecho a otros países del norte de África, pero su foco principal no surgió en la capital, Trípoli, sino en Bengasi, donde a principios de 2011 se produjeron diversas manifestaciones contra el régimen dictatorial de Gadafi. Esta ciudad se convirtió en el principal centro de oposición al régimen. Las manifestaciones se transformaron rápidamente en un levantamiento armado, algo extraño porque el país estaba sometido a un férreo control bajo la dictadura populista y filo-socialista de Gadafi, pero que se explica, como más adelante veremos, por la ayuda de algunas potencias occidentales. De las manifestaciones se pasó a la guerra civil sin solución de continuidad.

No fue casualidad que el conflicto empezase en el este de Libia. La región de Bengasi siempre había soportado mal el dominio del dictador, originario del oeste del país. La revuelta tenía antecedentes; ya en los años noventa del siglo pasado se originó allí una rebelión armada de cariz islamista que se sustentó en las profundas diferencias tribales existentes. No hay que olvidar que Libia es un país artificial, fruto de las divisiones territoriales postcoloniales.

Como Gadafi utilizaba su amplio poder aéreo para atacar a los sublevados, la Liga Árabe solicitó a la ONU la creación de una zona de exclusión aérea para proteger a los opositores y a la población civil en general. El plan había sido presentado por Francia, Reino Unido y Líbano, y finalmente apoyado con algunas reticencias por EE UU., para aplicarlo se emplearía a la OTAN. El gobierno socialista español también apoyó la resolución. Esta decisión dio lugar a un gran despliegue bélico porque los que se pretendía era no solamente evitar el despegue de cualquier aparato libio sino también atacar al régimen desde el aire y desde el mar, pero sin invadirlo por tierra. De esta forma los Estados occidentales comenzaron a bombardear Libia el 19 de marzo de 2011, dando por finalizada la misión a finales de ese año. Lo que había comenzado como una misión humanitaria para proteger a civiles se había convertido en un movimiento para derrocar a Gadafi mediante una guerra civil en la que el ejército regular apoyado por mercenarios se enfrentaba a los insurgentes apoyados por fuerzas extranjeras.

Despliegue militar occidental contra el régimen de Gadafi. Fuente: Wikipedia.

La actuación occidental se explica por la animadversión hacia Gadafi y su régimen, a pesar de que era un suministrador fiel de combustible, un promotor de importantes inversiones de capitales en países europeos y también un buen cliente económico, incluido el sector militar. Las extravagancias del líder, sus coqueteos con numerosos movimientos revolucionarios o grupos terroristas europeos y africanos, y su retórica antioccidental lo convertían en un país incómodo para los intereses occidentales.

Ataque contra fuerzas leales a Gadafi en 2011. Fuente: https://www.reuters.com/article/us-libya-decisions-4/special-report-the-wests-unwanted-war-in-libya-idUSTRE73011H20110401

Las causas del hundimiento del régimen de Gadafi son variadas e incluso contradictorias según las fuentes. Para unos Gadafi proporcionaba a su pueblo un cierto bienestar y colaboraba económicamente con los países africanos, pretendiendo aumentar su influencia en la región norte-africana, en competencia con Francia. Algo que este país no podía tolerar y que explicaría su posición claramente favorable al ataque de la OTAN. Sin embargo, según otros autores, existía un germen de descontento por varias razones: Gadafi, tolerado por su pueblo, pero no amado, no supo transformar su régimen y arrinconó al ala reformista de su gobierno. Tampoco existía ese modesto estado de bienestar al que aludía Botaya porque no se redistribuían equitativamente los beneficios del petróleo. Y, por último, la desatención a los jóvenes y su falta de perspectivas.

En pocos meses el régimen de Gadafi se derrumbó, caída que significó también su muerte al ser capturado por los rebeldes (20 de octubre de 2011). Se abrió entonces un gran vacío de poder en el que múltiples fuerzas, en un contexto en el que el tribalismo era poderoso, luchaban por imponerse sin que se pudiese hablar de un Estado libio. Desde ese momento la situación se caracterizó por la aparición de varios gobiernos enfrentados, de milicias descontroladas, de grupos yihadistas y de enfrentamientos tribales (tuaregs, tubus,…) .

Divisiones étnicas y regionales en Libia. Fuente: Wikipedia

  • 2. El Estado fallido

El 7 de julio de 2012 se celebraron elecciones al nuevo Congreso General Nacional, órgano que sustituyó al Consejo Nacional de Transición, primer germen de estructura estatal surgido tras la desaparición de Gadafi. La victoria fue para la Alianza de Fuerzas Nacionales, de tenencia liberal aunque reconocía la Sharia  como fuente de derecho. Este nuevo Congreso concretó su objetivo en crear una constitución en el plazo de 18 meses. Tres meses después de las elecciones, el Consejo eligió a Ali Zeidan como primer ministro. Su gobierno se mostró incapaz de controlar a las milicias, de diferentes ideologías y orígenes tribales, sobre todo por la ausencia de un verdadero ejército nacional y de una policía estatal. La situación fue degradándose rápidamente. 

Paralelamente, el Congreso General fue radicalizándose y acercándose a los planteamientos islamistas, especialmente tras la elección de Nouri Abusahmain como presidente. Las ideas moderadas de Zeidan quedaron arrinconadas. En el este del país la influencia islamista también fue aumentand; los Hermanos Musulmanes egipcios, exiliados especialmente en la zona de Cirenaica, promovieron su movimiento mientras que Al Qaeda también ampliaba su influencia.

Así, en los primeros meses de 2014 el país se vio inmerso en múltiples conflictos de baja intensidad, pero descontrolados: fuerzas islamistas contra oponentes laicos, tribus contra tribus, ciudades contra ciudades. Una fragmentación creciente y explosiva. En este contexto, el 14 de febrero, el general Jalifa Haftar daba un golpe de Estado y exigía la disolución del Congreso General Nacional y la convocatoria de nuevas elecciones. Con el apoyo militar de varias unidades gubernamentales y de algunas milicias tribales atacó a las milicias islamistas en el este del país y tomó Bengasi. El 18 de febrero tomaron el parlamento de Trípoli. La propuesta del general Haftar obtuvo considerables apoyos militares y tribales, planteando la celebración de nuevas elecciones

Ataques y zonas controladas por el ISIS (2014-2016). Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Estas nuevas elecciones –7 de julio de 2014– auparon al poder al gobierno moderado de Akila Saleh Issa, pero el gobierno anterior, que ahora estaba dirigido por una tendencia islamista próxima a los Hermanos Musulmanes se negó a entregarle el poder. Por ello el nuevo gobierno se instaló en Tobruk, desde donde intentó dirigir un país sumergido en el caos y en el que existían más de mil milicias distintas.

Desde entonces, el país ha quedado dividido en dos grandes alianzas: una en torno al gobierno de Trípoli, apoyado por la poderosa ciudad de Misrata, y otro en la región oriental en torno a las ciudades de Tobruk y Bengasi. En este segundo núcleo se impuso el general Haftar como hombre fuerte.

Milicias libias. Fuente: https://www.liberte-algerie.com/actualite/sud-de-la-libye-guerre-

3. Los dos gobiernos.

En diciembre de 2015, a través de la mediación de la ONU, se logró formar un nuevo gobierno de mediación dirigido por Fayez Al-Sarraj. Un gobierno débil amenazado por dos gobiernos alternativos: uno, islamista, en Trípoli y otro en Bengasi, encabezado por Haftar. Además el intervencionismo extranjero seguía activo; desde principios de 2016 Estados Unidos, Reino Unido y Francia habían mantenido una presencia armada en Libia –compuesta básicamente por drones y fuerzas especiales–. También Egipto había bombardeado puntualmente a grupos rebeldes. Este intervencionismo dificultaba las conversaciones de paz y la posibilidad de formar un gobierno unificado. En cualquier caso, la violencia proseguía en el país.

División política en 2015. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

El gobierno del NGA es incapaz de gestionar el país porque el verdadero poder reside en las innumerables milicias. Entre ellas destaca la del general Haftar, la más poderosa. El general, un perfil semejante al del dirigente egipcio al-Sisi, comienza a ser visto como una posible solución al caos libio, aunque cuenta con pocos apoyos en el oeste del país donde temen que imponga un nuevo régimen autoritario. 

La división se ha mantenido hasta la actualidad. Incluso, en estos días, las fuerzas de Haftar están atacando Trípoli y controlan casi todo el país. El curso de los acontecimientos parece favorecer a Haftar, que ya controla el 77 % del territorio libio, incluyendo los principales yacimientos petrolíferos, mientras que el gobierno de Al-Sarraj solamente tiene bajo su poder el 6,5 %. 

División política actual de Libia. Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554651616_88

Las alianzas internacionales también se han definido respecto al enfrentamiento entre Haftar y al-Sarrat. Mientras el primero cuenta con el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes, Arabia Saudí y las más novedosas de Rusia y Francia, el gobierno del NGA cuenta con el apoyo del resto de potencias europeas, especialmente Italia, Turquía y Qatar. Estados Unidos, por su parte, ha mantenido una posición menos definida. 

4. Las consecuencias del conflicto.

La preocupación europea por el posible desencadenamiento de una guerra es evidente. Las repercusiones económicas, humanitarias y políticas pueden ser enormes. 

La posibilidad de una caída de la producción petrolera es palpable –ataques a pozos, cierre voluntario de la producción como arma de presión,…–. La economía libia ya estaba hundida y una guerra solamente puede empeorar aún másuna situación ya catastrófica. También los migrantes atrapados en suelo libio se verían afectados por un indudable deterioro de su ya maltrecha situación, lo que puede impulsar el éxodo hacia Europa. Se calcula que actualmente hay en Libia casi un millón de personas esperando poder llegar a Europa.

Actividades petroleras en Libia. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Las disensiones en el seno de la Unión Europea se han hecho evidentes a causa del conflicto, en especial entre Francia e Italia. Cada una ha optado con más o menos claridad por alguno de los contendientes, en una competición por asentar su influencia en la zona: Italia como antigua potencia colonizadora y Francia por sus enormes intereses económicos en la zona. Las desavenencias europeas y el desinterés de la administración de Trump por el tema libio están abriendo la puerta a los interese rusos, que buscan la alianza con Haftar.

Una posible guerra civil generalizada en Libia más los problemas sociales en Marruecos y Argelia crean un contexto sumamente preocupante para Europa porque, entre otros aspectos, puede facilitar un resurgimiento del ISIS en Libia y un aumento de la influencia del islamismo radical. 

Bibliografia.

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Los bombardeos aéreos de Cartagena durante la guerra civil

Durante la Guerra Civil (1936-1939) las principales ciudades y puertos de toda la fachada mediterránea fueron duramente castigados por los bombardeos aéreos llevados a cabo de forma preferente por la aviación italiana desde sus bases en Mallorca. El efecto, la victoria del alzamiento franquista en ellas permitió a los sublevados mantener una amenaza constante sobre el territorio de la retaguardia republicana hostigando las infraestructuras económicas y de comunicaciones y dificultando la llegada de ayuda a la República. En el caso de la región de Murcia, por el contrario, los bombarderos procedían de la base de Armilla en Granada e incluso de Sevilla.

Orígenes geográficos de los principales bombardeos sobre la fachada mediterránea. Elaboración propia

Como es bien sabido, la Guerra Civil española sirvió de antesala para la práctica de novedosas tácticas militares y de nuevas tecnologías bélicas que poco después alcanzarían su pleno auge durante la Segunda Guerra Mundial. Entre estas prácticas estuvo la de los bombardeos aéreos masivos, tanto sobre objetivos militares como civiles, difuminándose así el débil límite entre ambos que ya había sido rebasado en ocasiones anteriores, al menos desde la Primera Guerra Mundial, pero también en otros conflictos bélicos menores –Francia y España en el norte de África en 1912 y 1913, Estados Unidos en Méjico (1916), etc–. Desde entonces las ciudades se convirtieron en un objetivo militar y, por lo tanto, susceptible de ser atacado en el marco de la denominada “guerra total”, doctrina que anulaba la división entre frente de guerra y retaguardia; los objetivos se extendían a cualquier parte del territorio y no solamente se centraban en el frente de combate. De este modo, las ciudades se convirtieron en objetivos bélicos de primera importancia.

Ambos bandos utilizaron esta estrategia aérea si bien la ayuda italiana y alemana al bando franquista hizo que su frecuencia e intensidad fuesen mucho mayores que en el republicano. Numerosas ciudades republicanas padecieron esos bombardeos: Madrid, Barcelona, Guernica, Tarragona, Santander, Almería, Castelló, Reus, Sagunto, Valencia, Águilas, Alacant, Alcoy, Cartagena, Albacete, Almería, Jaén, etc. Por su parte, los republicanos bombardearon ciudades como Córdoba, Valladolid, Cabra, Salamanca, Burgos, Ceuta, Melilla, etc. 

A la destrucción de industrias, comunicaciones, puertos, aeropuertos se añadía un nuevo interés: el de la intimidación y desmoralización de la población civil. Se emplearon para ello nuevas tácticas o nuevos modelos de aviones: en Guernica, y también en otros lugares, la combinación de bombas de explosión de 250 kg y bombas incendiarias de 50 kg; en algunos pueblos del interior de Castellón la efectividad como bombarderos de los Stukas alemanes. En suma, la Guerra Civil española fue, como ya se ha dicho, un ensayo bélico de lo que será la ya cercana Segunda Guerra Mundial. 

Escuadrilla de Junkers Ju-87 “Stukas”. Fuente: Wikipedia.

La aviación desempeñaría un nuevo y crucial papel en las estrategias militares a partir de entonces. En este sentido, la ayuda prestada por Alemania e Italia a los sublevados –cazas, transportes y bombarderos– proporcionó a estos una indudable superioridad aérea que, sin duda, facilitó su avance terrestre en todos los frentes.

Aunque el alzamiento militar contra el gobierno republicano no triunfó en Cartagena, la situación fue confusa durante bastante tiempo en el Arsenal, así como en la cercana base aérea de Santiago de la Ribera. Una vez vencidos los conatos de la sublevación y confirmada su adhesión a la República, Cartagena se convirtió en un poderoso centro de interés para los bombardeos del bando nacional. Era la única gran base naval de la República, sede de su principal flota, con arsenales y fábricas en plena actividad y puerto de enlace para la llegada de la ayuda militar exterior. Por tanto, fue un claro objetivo durante toda la guerra.

Puerto de Cartagena en abril de 1937. Pueden verse diversos buques dispersos por el mismo. Fuente: http://foro.todoavante.es/viewtopic.php?f=75&t=4426

La ciudad estaba bien defendida, no solamente por la flota naval –un acorazado, tres cruceros,  varios destructores, lanchas torpederas y algunos submarinos–, sino por la eficaz red de baterías de costa y de baterías antiaéreas. Ello permitió que durante los primeros meses del conflicto llegasen numerosos barcos, sobre todo soviéticos, cargados de ayuda militar. Para frenar este flujo, el bando nacional comenzó a bombardear la ciudad desde el aire.

Cartagena fue una de las ciudades que sufrió más bombardeos durante la guerra civil. Los cuatro que hemos analizado aquí fueron los primeros de una larga sucesión de ataques aéreos –se calcula que 117– con los que las fuerzas franquistas pretendieron anular el potencial militar de la ciudad y su comarca. De la misma manera, los bombardeos ocasionaron 233 víctimas, centenares de heridos y la destrucción de un tercio del casco urbano. De estos bombardeos los más significativos fueron los primeros.

El primer bombardeo se produjo el 18 de octubre de 1936. Los encargados de realizarlos fueron dos bombarderos alemanes Ju-52, con tripulaciones de la misma nacionalidad y que procedían de la base de Armilla (Granada). Estos aparatos fueron diseñados como transportes y fue en la guerra civil donde se probaron sus cualidades como bombardero. Fueron las primeras unidades de lo que después sería la Legión Cóndor. La defensa antiaérea respondió y solamente pudieron realizar una pasada al amanecer en la que arrojaron 10 bombas de 250 kg. Aunque sus objetivos eran los barcos anclados en el puerto, las bombas cayeron por el centro de la ciudad, causando 22 muertos y numerosos heridos entre militares y civiles. Además de los daños materiales y pérdidas humanas, el bombardeo rompió la sensación de seguridad que se vivía en la ciudad hasta entonces; ni el hecho de estar lejos de los frentes ni de disponer de buenas defensas habían podido impedir el ataque: Cartagena era vulnerable. Por ello se creyó necesario la construcción de refugios antiaéreos en diversos lugares de la ciudad.

Bombarderos Ju-52 con la escarapela nacional. Fuente. https://www.eurasia1945.com/armas/aire/junkers-ju-52/

El segundo bombardeo aconteció dos días después: el 20 de octubre. Esta vez fueron tres Ju-52 tripulados por aviadores españoles. Procedían de Armilla y llegaron de noche a Cartagena. Realizaron solamente una pasada, pero lograron arrojar todo su cargamento de bombas –18 en total de las que solamente una no impactó–. Al parecer el bombardeo no causó grandes destrucciones ni bajas reseñables.

Ninguno de los dos bombardeos había logrado frenar el tráfico marítimo ni la llegada de ayuda militar soviética. Así mismo, en la cercana base aérea de Los Alcázares se continuaban montado los aviones militares rusos que llegaban desmontados a Cartagena. Para destruir esta cadena se diseñó un tercer bombardeo que tuvo lugar el 27 de octubre de 1936. Se trató de una misión combinada de la Aviazione MIlitare italiana, que había trasladado a la base de Armilla tres bombarderos Savoia S-81. A ellos se les sumarían cinco Ju-52, ocho aparatos en total para atacar Cartagena y Los Alcázares. En ambos casos no afectaron seriamente a ninguna infraestructura, pero en Cartagena ocasionaron diversas víctimas tanto civiles como militares.

Bombardero italiano Savoia S-81. Fuente: Wikipedia.

A principios de noviembre, la ciudad sufrió dos pequeños ataques –los días 2 y 4– en los que participaron uno o dos aviones, sin apenas daños. El día 23 Cartagena fue sobrevolada por un aparato de reconocimiento, probablemente un He-70 alemán, que fotografió los objetivos principales –puerto, Arsenal, baterías antiaéreas, … –, se trató de la primera misión en España de la recién formada Legión Cóndor. 

El vuelo fue el prolegómeno del bombardeo más intenso producido hasta entonces, que ocurrió el 25 de noviembre de 1936. En esta ocasión, los bombarderos Ju-52 fueron trasladados previamente desde Sevilla a Melilla para lograr un mejor acercamiento a la ciudad. Así pues, los aparatos despegarían de la ciudad norteafricana. Se utilizaron veinte bombarderos, que atacarían en varias oleadas seguidas con el objetivo de prolongar lo máximo posible el tiempo de bombardeo. Fue el primer ataque aéreo diurno sobre la ciudad; comenzó a las 17:25 y se dio por concluido a las 21:30. Por esta razón fue conocido como el bombardeo de las cuatro horas.

Localización de los impactos del bombardeo del 25 de noviembre sobre Cartagena. Fuente: https://www.regmurcia.com

El ataque provocó 58 víctimas pues los impactos de las bombas, explosivas e incendiarias, afectaron a toda la ciudad, aunque de forma dispersa. Curiosamente no afectaron a ningún buque importante pues el grueso de la flota había salido de puerto poco antes del inicio del bombardeo. Más significativos fueron los daños morales; la población cartagenera estuvo cuatro horas encerrada en sus casas o refugios, oyendo explosiones continuamente, así como el sonido de la artillería antiaérea, tanto de tierra como de los buques próximos. La sensación de vulnerabilidad se extendió por la zona urbana y muchas familias abandonaron la ciudad buscando la seguridad del campo. 

Daños en el casco urbano cartagenero producidos el 25 de noviembre de 1936. Fuente: http://www.regmurcia.com

En total, los bombardeos de octubre y noviembre habían ocasionado casi 100 muertos y varios centenares de heridos entre civiles y militares, así como la destrucción o inutilización para vivir de decenas de casas. Estos hechos demostraron, y así fue difundido por el gobierno de la República, el incumplimiento de los dictámenes del Comité de No Intervención ya en los primeros meses del conflicto. A los ataques citados, donde era evidente la participación de la aviación alemana e italiana, hay que añadir el ataque de submarinos italianos a la escuadra republicana que tenía su base en el puerto de Cartagena el 22 de noviembre de 1936.

Los bombardeos de Cartagena tienen la peculiaridad de que fueron realizados casi totalmente por aviones alemanes, la mayor parte de las veces también con tripulaciones del mismo país, mientras que la participación italiana fue, en este caso, muy secundaria –algunos aparatos en el tercer bombardeo y cazas de escolta en ocasiones.

Cartagena ocupó un lugar primordial en la defensa de la República. Sus importantes instalaciones militares, tanto navales como terrestres, así como la proximidad de los aeródromos de Los Alcázares y de San Javier creaban una red militar de primera importancia para el sostenimiento bélico republicano. Además, su sistema de defensa –3r Regimiento de Artillería de costa y numerosas baterías antiaéreas– la convertían en el conjunto de bases militares republicanas mejor protegido. A ello había que sumar las instalaciones industriales, así como el lugar de recepción y montaje de la ayuda militar soviética –artillería, aviones, tanques, …–. Pero ello le costó un elevado precio en vidas humanas y destrucciones.

Hidroaviones junto al aeródromo de Los Alcázares. Fuente: http://museoaeronauticoalcazares.blogspot.com

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Egea Bruno, P. M. (2016). El final de la guerra civil: Cartagena, marzo de 1939. Hispania Nova, 14

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Los republicanos españoles refugiados en el sur de Francia

Todos los conflictos bélicos ocasionan desplazamientos de la población que huye de los mismos y de sus terribles consecuencias, en definitiva, provocan exilios. El grueso de estos movimientos está compuesto por población no combatiente –mujeres, ancianos, niños, jóvenes que aún no han sido llamados a filas–, pero ocurre también que, cuando el conflicto se acerca a su fin, al flujo mencionado se suman los combatientes del bando perdedor. Tenemos un ejemplo reciente en el caso del conflicto sirio y en tantos otros menos conocidos.  

Refugiados sirios en 2015. Fuente: https://www.elcomercio.com/actualidad/ofensiva-ejercito-siria-exodo-alepo.html

Hubo un tiempo en el que los refugiados eran españoles, concretamente republicanos que huían de su derrota en la Guerra Civil. La inmensa mayoría de los que huyeron se dirigieron a Francia donde creyeron que podían esperar una cierta comprensión, un acogimiento. Ilusiones que después no se correspondieron con la realidad. No ha sido el único producido en la historia contemporánea de España y, aunque la causa que lo originó fue una, el exilio y los exiliados fueron plurales. La variedad proviene de su procedencia geográfica; la mayoría de los refugiados en Francia eran de Aragón y Cataluña, algo lógico al ser estos territorios fronterizos donde habían ido retirándose tanto las tropas republicanas como las élites de gobierno, aunque también la población civil que huía ante el avance franquista y cuyo origen geográfico era mucho más variado. También encontramos pluralidad en el origen social y en la composición de género ya que no fue un fenómeno exclusivamente masculino, a lo que se puede añadir la abundante presencia de niños. 

Refugiados españoles en 1939. Fuente: http://www.lacerca.com/noticias/editorial/inmigracion-tiempos-cambian-personas-fotografias-verguenza-426143-1.html

La guerra civil española había provocado grandes polémicas en Francia. Mientras que la izquierda exigía el apoyo y la intervención a favor de la República, gran parte de la derecha apoyaba a Franco y difundía una imagen de la España republicana caracterizada por la violencia, la revolución y el ataque a la Iglesia. Esta perspectiva influyó en el acogimiento de los republicanos españoles 

Gringoire. Ilustración xenófoba de Roger Roy. 10 de septiembre de 1937. Fuente: Página web del Museo de la HIstoria de la Inmigración. París. http://www.histoire-inmigration.fr/musee.   Citado por Chaussec Damien en Españoles durante la Segunda Guerra Mundial en Francia.

Aparte de los recelos políticos hacía los republicanos, su presencia constituía también un problema económico pues la mayoría de países se inhibieron a la hora de ayudar a su mantenimiento. Algunos países europeos, como Suecia, Bélgica, Noruega y Holanda proporcionaron ayuda financiera. México y otros países latinoamericanos propusieron acoger a todos los que lo deseasen, mientras que Inglaterra, la URSS  y los Estados Unidos solamente a un número limitado.

La huida.

Al iniciarse la Guerra Civil, Francia estaba dirigida por un gobierno de izquierdas, una coalición que también se denominaba Frente Popular al frente de la cual estaba León Blum. La afinidad ideológica forzaba la ayuda al gobierno republicano español, pero el  miedo hacia una Alemania expansionista y las presiones inglesas, promovidas por un gobierno que recelaba de los “rojos” y buscaba el apaciguamiento de Hitler, le empujaron a una política de neutralidad –Pacto de No Intervención– que favoreció claramente a los sublevados. En 1938 el Frente Popular francés se rompió y accedió al poder en Éduard Daladier, del Partido Radical Socialista encabezando un gobierno de concentración escorado a la derecha y más proclive a la connivencia con Alemania y a apoyar al bando franquista. 

Las huidas hacia la frontera francesa no fueron un hecho nuevo. Los primeros éxodos hacia el exilio francés se habían producido al caer el frente norte en 1937 y el alto Aragón en 1938, aunque ninguno alcanzó la importancia cuantitativa del de finales de 1938 y principios de 1939. 

El flujo de refugiados españoles hacia Francia aumentó a partir de noviembre de 1938 y se aceleró cuando las tropas franquistas llegaron al Mediterráneo el 14 de enero de 1939; poco después –el 26 de enero– caía Barcelona y las carreteras hacia Francia recogían un inmenso flujo de personas que intentaba llegar a la frontera. El 4 de febrero era tomada Gerona.  

Los refugiados eran población civil en su inmensa mayoría, aunque también había muchos soldados y milicianos. Daladier respondió cerrando la frontera y calificando a los refugiados de “extranjeros indeseables”. Esta política se acompañó de la difusión de propaganda contra los republicanos, acusándolos de comunistas y presentándolos como elementos peligrosos. El miedo se extendió entre la población francesa, lo que provocó que el recibimiento fuese frio e incluso de cierto rechazo, con las consabidas excepciones, claro está.  

El 5 de febrero de 1939, ante la enorme presión de cientos de miles de personas queriendo entrar en Francia, Daladier abrió algunos puestos fronterizos en el departamento de los Pirineos Orientales –Bourg Madame, La Tour-de-Carol, Le Perthus y Cerbère– y permitió pasar a la ingente masa de refugiados civiles que esperaba en la parte española. Muy poco después los representantes del gobierno de la República y de los gobiernos catalán y vasco, así como los restos del ejército republicano pudieron pasar a Francia, protegidos en su retirada por la 26 división (anarquista) y los restos del Ejército del Ebro (comunistas). Pocos días después, el 25 de febrero Francia reconocía al gobierno franquista mediante el Acuerdo Bérard-Jordana, su intención era obtener su neutralidad ante el previsible enfrentamiento con Alemania. 

Así pues, la acogida al exilio republicano no fue la que esperaban los que huían. La improvisación y la intención de no acoger permanentemente a un colectivo que se creía conflictivo y que constituía un problema político y económico, caracterizaron los primeros momentos. Por eso el gobierno francés fomentó la emigración a otros países o el retorno a España. Posteriormente, cuando la amenaza de la guerra con Alemania se hacía más palpable, las autoridades francesas decidieron utilizar a los refugiados como mano de obra o, incluso, aprovechar su experiencia como combatientes experimentados. 

Los campos.

Los centros que preparó el gobierno francés para acoger al aproximadamente medio millón de refugiados españoles, con una gran improvisación como ya hemos señalado, fueron verdaderos campos de concentración; su objetivo no era tanto acoger como retener y controlar a las personas. Los primeros campos de internamiento en Francia, los llamados “campos de arena” fueron centros establecidos por las autoridades francesas para encerrar al más de medio millón de españoles que huyeron de la represión franquista. La mayoría de ellos se levantaron a toda prisa, con pocos o ningún barracón; eran simplemente zonas a la intemperie vigiladas, por ejemplo los campos de Argelès y Saint Cyprien, que eran simples playas rodeadas de alambre de espino. No disponían de agua potable, el suministro de comida era escaso y las condiciones higiénicas deplorables. Las enfermedades (piojos, sarna, disenterías, tifus, pulmonía), la desnutrición y malos tratos eran muy frecuentes; diversos cálculos hablan de que durante los primeros meses murieron en los diversos campos entre 15.000 y 50.000 personas.  

Refugiados republicanos vigilados en Argelès-sur-Mer. Fuente: http://todoslosrostros.blogspot.com/2008/08/los-campos-de-concentracin-franceses.html

A las pocas semanas, muchos de los enfermos, las mujeres y los niños fueron repartidos por pueblos del interior de Francia, contribuyendo así a separar las familias pues a los hombres en edad de combatir también se les separó del resto. Los refugiados españoles no eran los únicos pobladores de estos campos. A ellos también fueron a parar comunistas franceses, gitanos, exilados indocumentados, judíos y hasta miembros de la resistencia francesa. 

Pasados algunos meses, los refugiados se redistribuyeron en campos dotados de mejores infraestructuras. Hubo una clasificación de los campos, una especialización por así llamarla. La población civil fue trasladada hacia centros de alojamiento –escuelas, cuarteles, fábricas abandonadas, etc., que presentaban mejores condiciones de  vida. Pero los combatientes permanecieron en los campos de concentración, vigilados y con severas condiciones de vida. 

Campo de Gurs (Pirineos Atlánticos), 6 de abril de 1939. Fuente: Asociación del campo de Gurs. http://www.campgurs.com/
Citado por Chaussec Damien en Españoles durante la Segunda Guerra Mundial en Francia

El primero y principal campo fue el de Argelès-sur-Mer se creó el 1 de enero de 1939 y llegó a albergar a unos 100.000 refugiados. Estaba ubicado en la localidad del mismo nombre, en el departamento de los Pirineos Orientales y a 35 kilómetros de la frontera. El 9 de febrero se abrieron nuevos campos, destacando el de Saint-Cyprien que llegó a acoger a 90.000 refugiados en condiciones deplorables, también en una playa. Después fueron abriéndose otros campos en distintos lugares de Francia, aunque los más importantes fueron los enclavados en los Pirineos Orientales. 

Mapa de la localización de los campos de concentración que acogieron a los refugiados españoles. Fuente: http://clioweb.canalblog.com/tag/espagnols

La salida.

Aparte de la huida, pocas alternativas se ofrecían a los refugiados españoles. Al comenzar la II Guerra Mundial los refugiados fueron inscritos en las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), grupos dedicados a construir o reparar las infraestructuras de defensa y comunicaciones francesas. Muchos de ellos fueron voluntarios, pero a otros se les obligó. Se calcula que entre 30.000 y 60.000 españoles participaron en estas compañías. No obstante, a pesar de pertenecer al Ejército francés eran más tratados como prisioneros que como soldados. Además, cuando Francia fue invadida por los nazis, estos volvieron a encerrar a los españoles en campos de concentración. 

Estas compañías estaban dirigidas por militares y sus componentes sujetos a una disciplina militar. Algunas de estas compañías fueron desplazadas al norte de África para la construcción de ferrocarriles en Argelia y Marruecos. Las mujeres, por su parte, fueron obligadas a evacuar los centros de alojamiento y buscar trabajo y vivienda. La mayoría pasó a mitigar la ausencia de los hombres en las fábricas o en los campos.

Desde el mismo mes de enero de 1939 las autoridades francesas inician una campaña para promover la vuelta de los exiliados a España. Los que aceptan son trasladados a otros campos donde las condiciones de vida son más favorables. A finales de marzo de ese año unas 70.000 personas ya han regresado a España, confiando en las débiles garantías del gobierno franquista. 

A los hombres en edad de combatir el gobierno francés les propuso alistarse en la Legión extranjera durante cuatro años a cambio de un salario y la posible obtención de la ciudadanía francesa; algo más de 3.000 aceptaron y fueron trasladados a Argelia. Pensaban también que esa era una manera de seguir combatiendo el fascismo si estallaba una guerra. El resto fue trasladado hacia los campos de internamiento distribuidos por toda Francia. 

Compañía de Trabajadores Extranjeros reparando en ferrocarril cerca de Saint Cyprien. Fuente: http://todoslosrostros.blogspot.com/2008/09/refugiados-sin-refugio-algunos-hombres.html

Aparte de la Legión Extranjera, el gobierno francés ofreció el alistamiento militar mediante los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros –RMVE–, tropas regulares que desempañarían un importante papel militar. A ellos se integraron unos 7.000 españoles. 

Soldados de una unidad de los RMVE. Fuente: https://www.mve2gm.es/paises/bando-aliado/francia/legion-extrangera/a21e-regiment-de-marche-des-volontaires-etrangers/

La ocupación alemana de gran parte del territorio francés por un lado y el régimen de Vichy por otro, se convirtieron en un gran peligro para los refugiados españoles. Muchos fueron internados de nuevo en campos y sólo se les ofrecieron dos posibilidades: emigrar a México o integrarse en los nuevos Grupos de Trabajadores Extranjeros –GTE–. Los que se inscribieron en los GTE formaron parte del trabajo forzado que emplearán los nazis en infraestructuras militares –fábricas de armamento, bases submarinas, fortificaciones, etc.  Algunos fueron trasladados después a Alemania.

Otros refugiados lograron huir tanto de los campos como de las estructuras de trabajo obligatorio y acabaron uniéndose a la resistencia francesa, desempeñando un papel relevante en numerosas acciones. Otro importante numero –unos 9.000– fueron deportados a los campos de concentración nazis.

Soldados españoles de la Legión Extranjera entrando en París. Fuente: https://magnet.xataka.com

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La extrema derecha en España

Hasta este año, la extrema derecha era un sector político e ideológico con escasa o nula representación institucional –ayuntamientos, parlamentos regionales, Congreso y Senado– en España. Resultaba una situación extraña al observar el ascenso que esta tendencia política estaba teniendo en el resto de Europa.

Partidos de extrema derecha en Europa. Fuente: https://www.emol.com/

La larga travesía del desierto

La existencia de partidos con esta ideología era constatable desde la etapa de la Transición (ver cuadro adjunto referido a los más significativos), pero su relevancia era nimia y su peso y trascendencia social irrelevantes. 

Aparte de los grupos citados existen o existieron otros menos significativos, circunscritos a veces a un ámbito municipal o a una sola provincia, mostrando la importancia de aspectos como la personalidad o el arraigo de los candidatos a la hora de presentarse o no en las diversas circunscripciones. A este respecto, algunos autores hablan de tres grandes centros de la ultraderecha en España: Madrid, Barcelona y Valencia. La constelación de grupos es amplia: Falange Auténtica (FE), Alternativa Española (AES), Alianza Nacional (AN), Falange Española Independiente –de base estudiantil y que se puede considerar como la izquierda falangista–, etc. Su desunión era a la vez uno de sus mayores handicaps y también uno de sus rasgos más característicos.  

El partido que quizás pudo haber encauzado un proceso de unión y conformación de estos grupos fue Fuerza Nueva a partir de su “éxito” electoral de 1979. Hubiese seguido para ello el modelo de Jean-Marie Le Pen en Francia. Su líder, Blas Piñar, fue diputado del Congreso salido de las primeras elecciones democráticas. Los principios ideológicos que mantenía este partido eran los mismos que habían servido para justificar el Alzamiento militar de julio de 1936, inicio de la Guerra Civil y, por lo tanto, su intencionalidad última era revertir el proceso democrático iniciado en España. Entre estos postulados podemos mencionar: un nacionalismo español radical, el nacionalcatolicismo y algunos principios falangistas. Sus conexiones con grupos violentos –terroristas diríamos hoy– están documentadas; así los denominados Guerrilleros de Cristo Rey tenían entre sus filas a algunos militantes de este partido. Las razones de su fracaso las expone Xavier Casals: la competencia con Alianza Popular por el mismo sector del electorado, la falta de una estrategia definida y su relación con la violencia política. El fracaso del golpe militar de febrero de 1981, anuló toda posibilidad de acceder al poder por la vía militar, una de las ideas con que jugaba FN. Este fracaso provocó una huida de su militancia más cualificada. Por ello, su base social quedó reducida a  cargos del aparato del Estado franquista, ya  de cierta edad, y a jóvenes con una fuerte carga ideológica pero nula experiencia política.

La fragmentación, el alejamiento de los instrumentos del poder institucional y una carga ideológica nada contrastada con la realidad social, propensa además a los personalismos y a las divisiones absurdas, explican la proliferación de estos partidos y grupos. Hasta hace poco tiempo, su presencia y actuaciones eran anecdóticas y su poder de convocatoria muy escaso.  

Manifestación de grupos ultraderechistas. Fuente: Wikipedia.

En España, por razones obvias, la ultraderecha asienta sus raíces en el régimen franquista. Pero, una vez desaparecido este, no supo o no quiso adaptarse a la nueva realidad política democrática. Ello explica su hundimiento paulatino en las elecciones de los años setenta y ochenta del siglo pasado. También sirve para comprender las dificultades que, hasta ahora, planteaba su recuperación. Tres pueden ser las razones principales: 

  • La base social que conformaba el aparato político del franquismo comprendió, en su inmensa mayoría, que el mensaje ideológico y político que había mantenido el régimen era inviable una vez desaparecido el dictador. Busco entonces, con la pretensión de mantenerse en el poder o lo más cerca posible de él, la creación de partidos políticos homologables desde una óptica democrática y que, con el correspondiente apoyo financiero e internacional, fuesen capaces de participar con garantías en los procesos electorales en curso. No se debe presuponer que este viraje estuviese siempre protagonizado por el cinismo o por el ansia de poder; es muy posible también que muchos cambiasen sus ideas de una forma sincera. En cualquier caso, estos sectores supieron crear dos plataformas que acabaron representando lo que podemos denominar el centroderecha: la UCD de Adolfo Suárez y la Alianza Popular, nacida como una federación de pequeños partidos liderados por políticos de origen franquista –Cruz Martínez Esteruelas, Federico Silva, Laureano López Rodó, etc.–. Sobre todos ellos acabó imponiéndose la personalidad de Manuel Fraga, su líder indiscutible. Por tanto, los sectores  más derechistas del régimen renunciaron a las formaciones de extrema derecha para representar sus intereses y buscaron acomodo especialmente en Alianza Popular.
  • Las clases medias y trabajadoras ajenas al régimen franquista estaban también muy lejos de apoyar a partidos que defendían las esencias de la dictadura. La memoria de estos sectores sociales, incluso la de aquellos que no militaban en partidos o sindicatos de izquierda, y los deseos de dejar atrás tanto la Guerra Civil como la dictadura, les impedía cualquier relación con aquellos que se identificaban con los sectores más radicales del régimen. En una dirección semejante actuaba la creciente laicización de la sociedad, que  dificultaba la aceptación del nacional-catolicismo, una de sus principales ofertas. Estos factores inmunizaron a los sectores  populares contra cualquier coqueteo con estos grupos durante bastante tiempo. 
  • La aparición entre 1989 y 2000 de diversos liderazgos políticos de personajes de gran ascendencia mediática, representativos de un populismo de derechas: José María Ruiz Mateos y Jesús Gil. Se trataría de fenómenos comparables –en cuanto a modos de actuación, no en cuanto a potencialidad– con el caso de Silvio Berlusconi en Italia. Sus plataformas políticas, aunque fuesen débiles, sustraían apoyos a los grupos de extrema derecha 

En conclusión, sin apenas margen político ni sociológico, la evolución de estos partidos estuvo condenada al aislamiento y a la intrascendencia. Ni la masiva llegada de inmigrantes a España a partir del año 2000, ni la creciente desigualdad, ni el grave deterioro social impulsados por la Gran Recesión iniciada en 2008  sirvieron para alimentar el crecimiento de estos grupos, como sí ocurrió en otros países europeos.  

Evolución de la llegada de inmigrantes legales a España. Fuente: Wikipedia.
Evolución del paro en España. Fuente: EL PAÍS.
Suma de resultados de los partidos de extrema derecha en las elecciones nacionales celebradas en el período democrático. Fuente: http://www.historiaelectoral.com/ped.html

El inicio de los cambios

Sin embargo, no era posible que estas formaciones se sustrajesen a los grandes retos que, a partir del nuevo siglo, afrontaba la sociedad española. Así, surgieron a partir del año 2000, algunos grupos nuevos –Plataforma per Catalunya, España 2000, Hogar Social– que van dejando de lado los rasgos ideológicos más puramente franquistas para adaptar su discurso a esas nuevas realidades. Comienza a criticarse a la inmigración, especialmente a la de origen musulmán, a la que se acusa de intolerancia y nulo deseo de adaptación. La crisis del Estado de Bienestar, que obliga a reducir los recursos dedicados a ayudas y prestaciones sociales, es aprovechada para proponer la priorización de los españoles sobre los inmigrantes. Sus acciones también cambian: repartos de alimentos sólo a los autóctonos, ocupación de edificios vacíos para acoger a sin techo españoles, etc… Unas actuaciones muy parecidas a las que Amanecer Dorado realizaba en Grecia o la Casa Pound en Italia. A pesar de ese cambio en la estrategia e incluso en el maquillaje ideológico, sus logros electorales  seguían siendo mínimos; Plataforma per Catalunya ya no se presentó a las elecciones municipales de 2015 y Hogar Social actuaba como un movimiento social.

El elefante en la cacharrería.  

Escribiendo el final de esta entrada un día después de las elecciones autonómicas andaluzas del 2 de diciembre es forzoso hablar del ascenso de VOX. Un partido de muy reciente creación –2013– que ya fue capaz de presentarse a las elecciones europeas de 2014 y en las que su lista obtuvo 246.833 votos (un 1,57 % del total), sin lograr ningún diputado. Es verdad que en las dos elecciones generales –2015 y 2016– en las que su líder, Santiago Abascal, que había militado en el PP al igual que otros de los líderes del partido, se presentó, los resultados obtenidos no le acompañaron, rondado el 0,20 % de los votos. 

La ideología política de VOX se centra en varios elementos: una defensa sin tapujos de la unidad de España para lo que proponen la supresión de las autonomías; la regeneración de la política mediante un poder judicial independiente; la defensa de la familia tradicional y la prohibición del aborto (para lo que proponen la derogación de la actual ley de violencia machista); la xenofobia antimusulmana y la recuperación de la grandeza y la identidad española. Su programa económico ha sido descrito como liberal, lo que lo aleja de otros ejemplos intervencionistas existentes en la derecha populista europea –el Frente Nacional, por ejemplo–. Incluso aparece como menos antieuropeista que muchos de sus correligionarios europeos. No se puede afirmar, por tanto, que VOX enlace con el franquismo o sea un neofranquismo. Sus postulados son los propios de la derecha radical o populista europea y contemporánea, iguales a los que proponen otros grupos europeos, algunos en el poder, o personajes como Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos, no en vano VOX ha contactado con Steve Bannon, uno de los estrategas electorales que condujo a Trump a su victoria. 

Su relevante resultado en las elecciones andaluzas y sus halagüeñas perspectivas políticas –aumento significativo de militancia y buenos resultados en encuestas electorales recientes– introducen una variable desconocida en el panorama político español.  

¿Por qué ahora? 

La pregunta que podemos hacernos es: ¿por qué ahora cobra auge una fuerza política de estas características? Sin duda, la respuesta está en la confluencia de razones: 

  • Existencia de un importante sector de los votantes tradicionales de la derecha “enfadado” con  el modelo autonómico del Estado y partidario de una recentralización del mismo. 
  • Un rechazo claro a la actitud “benevolente” del PP –y aún más del PSOE, claro–  con el desafío independentista catalán y lo que se ha interpretado como un continuo chantaje y menosprecio legal por parte de estos partidos. Un nacionalismo alimenta al otro.
  • La crisis del PP. Un partido-cobijo de toda la derecha durante mucho tiempo que se encuentra inmerso en un continuo aprieto por sus inacabables casos de corrupción, por algunas de sus políticas vistas como poco derechistas,  y por sus dificultades para encarar una transformación de calado que lo transforme en una derecha moderna. Un partido que empieza a presentar demasiadas vías de agua. En este trance su militancia y sus votantes tienden a buscar nuevas fuerzas: Ciudadanos primero y ahora VOX. 
  • La visibilidad que ha cobrado el tema inmigratorio y el doble error de los dos principales partidos: en el PP por asumirlo y atizar más el fuego, exagerando su importancia; en el PSOE por negarlo sistemáticamente. Ninguno de los dos han sabido abordar la cuestión. Siguiendo otros caminos, ya trillados, resultaba inevitable que el tema entraría en campaña. 
  • Los errores de algunos sectores de izquierda, no solamente política sino también intelectual o mediática, que creyeron que con demonizar al nuevo adversario o descalificarlo con cuatro epítetos manidos era suficiente. Estos sectores desoyeron la existencia de problemas que se mostraron relevantes para muchos andaluces. Como afirma Manuel Cruz: «cuando los problemas son auténticos no son de derechas o de izquierdas. Lo que son de derechas o izquierdas son las soluciones» 

BIBLIOGRAFÍA 

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