El “desastre” de 1898 y la posterior subida al trono de Alfonso XIII en 1902 marcan un punto de inflexión en el período restauracionista. Aunque el fin del sistema aún tardaría en llegar, estas fechas señalaron el inicio de un lento proceso de descomposición que culminaría en la dictadura de Primo de Rivera como epígono tanto del sistema como de la monarquía.
Si bien la pérdida de los últimos restos del imperio colonial no significó ningún trauma político ni económico para el país, sí puso de relieve la crisis de una conciencia nacional que mostraba sus muchas carencias, denunciadas por intelectuales y algunos, pocos, políticos.
El siguiente mapa conceptual pretende aclarar, de forma sucinta, las consecuencias de esta crisis.