El Kurdistán iraquí: referéndum, petróleo y geopolítica

Historia de los kurdos.

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo asentado en la región sur de Anatolia que se islamizó a partir del siglo VIII al ser invadido por los árabes. A partir del siglo X quedaron bajo la autoridad de los turcos seléucidas y después bajo el dominio del Imperio Otomano. Dentro de este imperio, los kurdos mantuvieron una amplia autonomía hasta el siglo XIX, cuando aumentó el intervencionismo turco. Ello provocó un aumento de la tensión y el estallido de dos rebeliones importantes: una en 1806 y otra en 1880, siempre fracasadas. Los kurdos profesan la religión islámica y pertenecen en su inmensa mayoría a la rama suní, aunque también hay chiíes y otras minorías más pequeñas. Su lengua tiene vínculos con el persa.

La derrota del Imperio Otomano en la primera Guerra Mundial significó su desintegración. El Tratado de vres –firmado entre las potencias vencedoras y el Imperio Otomano–, que nunca se puso en vigor porque no fue firmado por todas las partes, reconocía el derecho de autodeterminación de las nacionalidades que se encontraban bajo el dominio otomano. A los kurdos les dotaba de un Estado en Anatolia oriental, que curiosamente no implicaba a los territorios bajo mandato de las potencias europeas –Francia y Gran Bretaña– Pero la aprobación del tratado por el sultán provocó una rebelión nacionalista en Turquía, encabezada por Mustafá Kemal Atatürk, que triunfó y tomó el poder. Tras una breve guerra contra griegos y armenios, se firmó el Tratado de Laussana  (1923)  que anuló el de Sèvres.

Reparto de Turquía en el Tratado de Sèvres (1920). En azul el Kurdistán turco. Fuente: elaboración propia y wikimedia.com

 Este último tratado dividía el territorio kurdo entre Turquía, Irak (bajo dominio británico), Irán, Siria (bajo dominio francés) y la URSS (actuales Georgia, Armenia y Azerbaiyán). El interés de las grandes potencias por controlar los recursos petrolíferos de la zona prevaleció sobre otros postulados. La insatisfacción kurda se mostró en la sublevación de 1925, derrotada por las tropas turcas.  

Distribución de la población kurda. Fuente: http://www.politicaexterior.com

Tras la Segunda Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría, se mantuvo el movimiento independentista kurdo. Un ejemplo fue la formación, en territorio iraní, de la República de Mahabad, gobernada por el Partido Democrático del Kurdistán iraní (PDK) y de inspiración comunista, que tuvo una vida efímera. Otra muestra fue la guerra de guerrillas que Mustafá Barzani, líder histórico del PDK, inició en 1963 en territorio iraquí, y que perduró hasta su derrota en 1975. En 1979 se produjo en el Kurdistán iraní una rebelión, probablemente instigada también por EE.UU., contra el régimen teocrático de los ayatollahs, a la que estos respondieron con la declaración de la guerra santa contra los kurdos. A partir de 1984 el conflicto se extendió a Turquía con la aparición del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que comenzó a practicar una guerra de guerrillas contra las autoridades turcas.

En los años ochenta del pasado siglo la actividad guerrillera del PKK –terrorismo en la interpretación de los respectivos gobiernos– se acrecentó y se extendió a Irak, aumentando también la represión de los regímenes turco e iraquí. Así el régimen baazista puso en marcha un proceso de arabización que culminó, en el contexto de la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), en un verdadero genocidido que conllevó el uso de armas químicas contra la población. Durante la primera Guerra del Golfo se produjo en el Kurdistán iraquí (1991) una rebelión que fue aplastada por el ejército de Irak, sin que las tropas occidentales interviniesen. No obstante, Estados Unidos estableció una zona de exclusión aérea que protegió a los kurdos de los ataques de Sadam Husein. Desde entonces se puede hablar de autogobierno en el Kurdistán iraquí.

Cementerio de Halabja, cuya población fue gaseada por Sadam Husein en 1988. Fuente:http://www.hispantv.com/

 Pero los años noventa registraron también la aparición de una guerra civil en los territorios kurdos; el conflicto enfrentó a las milicias del Partido Democrático del Kurdistán iraquí y la Unión Patriótica del Kurdistán, una escisión por la izquierda del mismo partido. Por otra parte, Turquía aumentó la represión sobre la población kurda de su territorio.

En la segunda Guerra del Golfo (2003), los kurdos se aliaron con los EE.UU. con el objetivo de lograr una autonomía tras la guerra y el derrocamiento de Sadam Husein. Y así la Constitución de 2005 definió Irak como un Estado federal y reconoció la autonomía de la región del Kurdistán iraquí (las provincias de Dohuk, Erbil, y Sulemainiya).

Regiones kurdas en Irak. Fuente: http://www.hrw.org

Aún así quedaron algunos problemas pendientes como el reparto de los ingresos petrolíferos y la celebración de un referéndum que definiese el futuro estatus de la zona kurda. No obstante, la aparición del ISIS, que llegó a conquistar una parte del territorio correspondiente a la citada entidad federal, fue considerado un peligro más prioritario e importante por las autoridades kurdas, que utilizaron sus milicias (los peshmergas) para enfrentarse eficazmente, con ayuda militar norteamericana e israelí, a los islamistas hasta desalojarlos del territorio kurdo que habían conquistado.

Fuerzas kurdas peshmergas. Fuente. http://www.antena3.com

El referéndum en el Kurdistán iraquí.

Actualmente, la población kurda conforma el pueblo sin Estado más numeroso–unos 35 millones de personas–, pero la fragmentación política de su territorio entre diversos estados y la inestabilidad de la región son factores que dificultan mucho la consecución de un Estado viable y reconocido internacionalmente. Además, el conjunto de los kurdos no tiene un proyecto común de nación. A pesar de ello, las vicisitudes históricas recientes han acercado esa posibilidad en la parte iraquí del territorio. 

El contexto de un Estado iraquí débil, amenazado por la fragmentación interna –religiosa y política: kurdos, suníes y chiíes–, y de una fortaleza militar significada en la victoria contra el ISIS, han posibilitado  que el pasado 25 de septiembre se celebrase un referéndum de autodeterminación en el territorio kurdo dentro de Irak. La pregunta del referéndum fue ¿Quiere que la región del Kurdistán y las zonas kurdas fuera de la administración de la región se conviertan en Estado independiente?”. La pregunta hacía referencia no solamente al territorio reconocido que forma parte de la región autónoma, sino también a otros territorios disputados (ver mapa) y no incluidos en las fronteras de las provincias antes citadas: territorios recuperados al ISIS por los pershmerga kurdos, como por ejemplo la ciudad de Kirkuk, reclamada como capital histórica del Kurdistán, pero donde estos cohabitan con árabes, armenios y otras etnias.

Los resultados del referéndum muestran un único dato para todos los territorios: el 92,7 % favorable al  y un 7,3 % al no, con una participación del 72 %. Pero los resultados presentan puntos oscuros: no se han ofrecido datos por provincias y en Kirkuk solamente fueron a votar, con muchas medidas de protección, los partidarios del sí; no hubo representantes del no en los centros de votación; se produjeron numerosas irregularidades constatadas por los observadores internacionales invitados; el recuento de votos no se hizo en cada centro de votación, sino que se centralizó en un local sin la presencia de observadores internacionales ni locales. Todos estos detalles pueden poner en duda los resultados del referéndum. Estas observaciones no son aplicables a las provincias que conforman la región autónoma de donde se dieron datos más específicos y en las que el apoyó al sí fue muy claro.  

Manifestación en la campaña por el referéndum. Fuente: http://www.efe.com

El presidente de la región, Masud Barzani, aboga por un Estado independiente, pero asegura que no habrá una declaración unilateral de independencia sino un proceso de negociación, a no ser que no hubiera ninguna respuesta del gobierno de Bagdad en este sentido. Las respuestas desde el gobierno iraquí, pero también de Irán y Turquía han sido totalmente negativas. Bagdad ha cerrado el espacio aéreo kurdo, mientras que las fronteras terrestres con Irán y Turquía son cerradas intermitentemente. Turquía amenaza con cerrar el oleoducto que sirve para exportar el crudo kurdo y realiza amenazas militares. Por su parte, el gobierno kurdo confía en el apoyo internacional, principalmente de Estados Unidos, pero también es consciente de que ningún gobierno occidental ha apoyado oficialmente el referéndum y que las prioridades siguen siendo la integridad del territorio iraquí y la lucha contra el ISIS. En cualquier caso, el referéndum ha servido para plantear la necesidad de dar una respuesta, mediante un nuevo estatuto, a las demandas kurdas.  

El gobierno iraquí cuestiona su legalidad y, sobre todo, su extensión a zonas situadas fuera del territorio autónomo kurdo. Incluso en el interior del mismo Kurdistán hay un movimiento que considera que no es el momento apropiado. Al mismo tiempo, las fuerzas militares y políticas de los territorios kurdos situados en otros países tampoco se ponen de acuerdo. 

Para algunos analistas todo el proceso parece una iniciativa de los Barzani y del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) para evitar la erosión del monopolio de poder que han ejercido en las provincias kurdas durante décadas. Parece también una forma de convertir en secundarios otros graves problemas que tiene el Kurdistán iraquí: el riesgo de colapso fiscal que amenaza con romper la red clientelar que sustenta el poder de las principales familias. Desde junio de 2014, cuando el gobierno central cortó las transferencias de fondos, el gobierno regional pasa serias dificultades para hacer frente a los gastos corrientes y pagar los salarios de sus numerosos funcionarios. El gobierno ya han tenido que hacer frente a varias protestas debido al deterioro generalizado de los servicios básicos. El inmovilismo de las autoridades ha condenado al Kurdistán a depender totalmente de una producción autóctona de petróleo que no es suficiente para sostener las estructuras básicas del Estado. 

El panorama futuro dista de estar claro. El peligro de una confrontación armada no es descartable; en las zonas conquistadas al ISIS, las fricciones entre los peshmerga y las milicias chiíes son frecuentes. Uno confrontación entre estas dos fuerzas sólo beneficiaría al ISIS. Turquía, por su parte, no ha descartado la intervención militar mientras que la concentración de fuerzas turcas, iraquíes e iraníes cerca de las fronteras del Kurdistán iraquí va creciendo. 

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