La gripe de 1918

El mundo estaba inmerso en la Primera Guerra Mundial. Sumergido en ese conflicto, que ya duraba cuatro años, se vio golpeado además por la peor pandemia de todo el siglo XX. Una confluencia traumática que mostró lo indefensas que, a veces, se encuentran las sociedades, incluso las desarrolladas, para hacer frente a este tipo de acontecimientos.

Los hechos.

La gripe es actualmente una enfermedad común, que afecta anualmente a millones de personas que se suelen recuperar de la misma sin mayores problemas, no obstante se trata de un virus que puede llegar a ser letal. Sin duda es el patógeno más extendido y frecuente.

La pandemia de gripe de 1918, de la que se conmemora el centenario este año, fue la epidemia más importante de todo el siglo XX. Perduró hasta 1920 y su gravedad, –y de ahí su consideración de pandemia, es decir, enfermedad que afecta a la mayoría de la población o que se extiende por numerosos países–, fue tal que mientras duró mató a más de 50 millones de personas, una letalidad que permite hablar perfectamente de crisis de mortalidad –esas cifras representaban entre el 3 y el 6 % de la población mundial–.

Enfermos de gripe en un pabellón deportivo. Nueva Inglaterra. Fuente: http://www.newenglandhistoricalsociety.com/the-1918-flu-epidemic-kills-thousands-in-new-england/

Los primeros afectados aparecieron durante los meses de marzo y abril en Estados Unidos, en campamentos militares situados en el Medio Oeste. Según los estudios epidemiológicos, ese primer virus, no más letal que el de las típicas gripes estacionales, mutó durante el verano adquiriendo mayor letalidad. Su presencia se detectó a finales de agosto, en Francia, en el puerto de Brest, uno de los lugares de llegada a Europa de las tropas norteamericanas que se incorporaban para combatir en la Primera Guerra Mundial. No obstante, se desconoce su origen exacto.

Regimiento estadounidense marcha por Seattle con mascarillas. Fuente:http://208.254.74.112/cw/criticalmoments-9780415636858/s1/students/

La pandemia afectó a todo el planeta. ¿Cómo fue posible esa difusión en un momento en el que los transportes intercontinentales no eran masivos? Es aquí donde incide el contexto. La Primera Guerra Mundial, con sus consiguientes movimientos de tropas y de poblaciones civiles, favoreció la expansión.

Algunos datos muestran su letalidad:

  • En Alaska, la epidemia provocó la desaparición de comunidades indígenas enteras.
  • En China murieron unos 30 millones de personas.
  • En Estados Unidos entre 500.000 y 700.000 personas.
  • En el Reino Unido, 250.000.
  • En Francia, 400.000.
  • En la India británica, entre 10 y 15 millones.
  • En Venezuela, 25.000.

La epidemia de gripe.

La gripe es un virus respiratorio que se propaga fácilmente. Además, las personas enfermas puedes ser contagiosas antes de presentar síntomas, lo que contribuye a que su control sea muy difícil. Tiene también la posibilidad de combinarse con otros virus aviares y porcinos, dando lugar a nuevos virus potencialmente peligrosos.

El virus que desencadenó esa gripe era una variedad del aviar –como la gripe A–, muy virulento y que afectó a todos los grupos de población: ancianos, jóvenes y niños. Investigaciones posteriores determinaron que este tipo de gripe afectaba especialmente al sistema inmunológico, debilitándolo y facilitando la acción del virus. En el caso de la gripe de 1918, el virus que la provocó fue el H1N1 –el mismo que hizo saltar las alarmas en 2009–.

Las enfermedades infecciosas, independientemente de su origen, comparten tres características:

  1. Una propagación rápida y eficaz desde la persona enferma a la sana. Ello provoca que mucha población se vea afectada en poco tiempo.
  2. Se trata de enfermedades agudas. En poco tiempo el paciente muere o sana; si logra sobrevivir su cuerpo adquiere inmunidad contra la enfermedad, durante un tiempo o para siempre.
  3. Estas enfermedades afectan fundamentalmente a los humanos, aunque últimamente se han detectado casos de transferencia de animales –cerdos, aves– a humanos.

La letalidad de esta variedad de gripe se debía a la rapidez con que los pulmones se llenaban de líquido, por lo que las víctimas morían asfixiadas. También aparecían manchas de color caoba en los rostros, que luego evolucionaban hacia un negro azulado por la falta de oxígeno. Por esta razón se la denominó también “la epidemia púrpura”. La letalidad de la enfermedad se estimó entre el 10 y el 20% de los afectados.

Hasta 1945 no se dispuso de una vacuna contra la gripe. Fue desarrollada por un grupo de investigadores estadounidenses. Esta vacuna ha de ser renovada anualmente por la capacidad de mutación que tiene el virus.

La “gripe española”.

Aunque, como hemos señalado, la enfermedad apareció en Estados Unidos, el hecho de que la prensa española fue la única que pudo hablar con total libertad de la misma, cosa que no ocurrió en el resto de países europeos ni en Estados Unidos, donde las noticias sobre la epidemia se censuraban para no debilitar la moral de la población, determinó que se diese la falsa impresión de que España era el único país afectado. Y de ahí que este brote  fuese conocido como gripe española.

En España, la difusión de la gripe fue intensa, siendo uno de los países más afectados –se calcula que provocó entre 200.000 y 300.000 fallecidos–, entre el 1 y el 2 % de la población total. Mientras que los enfermos alcanzaron la cifra de 8 millones.

Sociedad y enfermedades epidémicas.

Las grandes epidemias han incidido negativamente sobre las sociedades en diversos momentos históricos. Los avances médicos, económicos y de salud pública han logrado que, en buena medida, estos acontecimientos sean sólo un recuerdo del pasado. Pero la amenaza subsiste.

Las epidemias están ahí, no han desaparecido de nuestras sociedades: brotes recientes de ébola en África Occidental, de zika en América del Sur, de peste en Madagascar e India. Y si bien es cierto que, actualmente, disponemos de respuestas sanitarias más eficaces, también lo es que la interconexión favorecida por la globalización multiplica rápidamente la posible difusión de las epidemias. La gripe de 2009 fue un aviso de lo que podía pasar, aunque luego y por fortuna, no tuvo el desarrollo esperado.

Incluso las sociedades más desarrolladas tienen problemas cuando surgen brotes epidémicos leves, como la típica gripe anual: colapso de hospitales, necesidad de más recursos humanos y materiales, aumento de los costes laborales por las bajas que provoca la enfermedad, etc. Nuestra defensa frente a estas amenazas es siempre relativa, para no hablar de la utilización de virus y bacterias como armas biológicas. Otro escenario que, aunque poco probable, no es imposible.

Esta epidemia inició un ciclo por el que cada 25 años, aproximadamente, se producía una gran epidemia de gripe. Las siguientes, no tan letales, tuvieron lugar en 1957 y 1968

Bibliografía.

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Jared, D. (2016). Armas, gérmenes y acero. Barcelona: DeBolsillo.

La gripe española, la misteriosa epidemia que el mundo censuró por mirar hacia las trincheras. (2016). Recuperado de http://www.abc.es/historia/abci-gripe-espanola-pandemia-201603141910_noticia.html

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Sampedro, Javier (2014). La gripe de 1918 pudo ser española. Recuperado de  https://elpais.com/sociedad/2014/07/29/actualidad/1406662311_887510.html

No suelo añadir adendas pero esta noticia es de hoy mismo, 2 de febrero, y no me resisto porque enlaza perfectamente con lo dicho en la entrada.

Referencia:  https://elpais.com/internacional/2018/02/02/america/1517576729_309045.html

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