Algunas consideraciones sobre la Unión Europea

Las elecciones europeas que están a la vuelta de la esquina (26 de mayo) son un buen momento para repasar algunas consideraciones sobre la Unión Europea, sus problemas y su situación actual. Lamentablemente, se trata de un tema obviado a menudo –sólo hay que recordar que fue uno de los grandes ausentes en los debates políticos de las pasadas elecciones generales–, un error porque lo que ocurre en la Unión nos afecta directamente.

Países miembros de la Unión Europea. Fuente:
http://www.comunidad.madrid/servicios/madrid-mundo/es-union-europea-funciona-hace

1. Una hegemonía interna débil: el papel de Alemania.

La Unión Europea (UE) es uno de los grandes bloques de poder a nivel mundial. Está constituida por Estados nominalmente soberanos que han establecido unas estructuras e instituciones comunes. No obstante, no se trata de una estructura igualitaria;  existe una distribución de poder clara desde un centro –Francia, Alemania y, hasta el Brexit, Gran Bretaña– y una periferia formada por los restantes Estados, aunque también existen diferencias entre ellos en cuanto a su peso político e institucional.

Alemania es el elemento principal en torno al cual se articula el centro hegemónico en la UE. Como Alemania se resiste a desempeñar directamente ningún rol de preponderancia busca la asociación de Francia que, a su vez, se ve favorecida por esta pertenencia al centro. El país germánico quiere que la perciban como una fuente de poder blando –al igual que, en general, todos los países europeos– que asume compromisos políticos no tanto por intereses propios como por el seguimiento de unas reglas morales beneficiosas para todos. Uno de los ejemplos más evidentes de esta política ha sido la gestión de la crisis migratoria europea de 2015 llevada a cabo por Merkel, en contra incluso de una parte importante de sus mismos votantes.

Llegada de refugiados sirios a un campamento en Friedland (Alemania). Fuente: ttp://www.rtve.es/noticias/20170918/refugiados-protagonistas-pasivos-campana-electoral-alemana/1619140.shtml

¿Cuáles son los componentes esenciales de esos valores morales? En el caso de Europa están claros: la democracia liberal, los gobiernos constitucionales, las libertades individuales y el liberalismo económico –libertad de mercados y libre competencia. Alemania, apoyada ahora por Francia, impulsa la aplicación de estos valores en los restantes Estados miembros de la UE. Los gobiernos de estos Estados deben estar dirigidos por élites que asuman plenamente estos presupuestos y que estén dispuestos a organizar su orden interno en función de los intereses del centro. Esta aceptación, que es característica de todas las relaciones de índole imperial, tiene un precio: la supeditación de los valores democráticos –que proclama defender– a los intereses del centro, así como el control presupuestario de las economías nacionales. Esa es, al menos, la pretensión del centro.

Es cierto también, por otra parte, que las relaciones de tipo imperial basadas en un poder blando y no en la violencia militar se enfrentan, en ocasiones, a grandes fracasos. Así, por ejemplo, el centro hegemónico conformado por Alemania y Francia fracasó en su intento de mantener en el poder al gobierno italiano de Matteo Rizzi (2014-2016), quien tuvo que dimitir tras el fracaso de su referéndum de reforma constitucional –que pretendía reforzar el Gobierno penalizando electoralmente a los partidos pequeños y suprimiendo el poder de bloqueo del Senado– y que continuaba con las políticas iniciadas por el gobierno tecnocrático dirigido por Mario Monti (2011-2013) para afrontar la grave crisis de deuda que padecía Italia. El fracaso de estos gobiernos abriría las puertas a la victoria electoral (2018) de las fuerzas populistas de derecha. Otro fiasco del centro franco-alemán lo podemos observar en las dificultades de la UE para implementar en todos sus Estados las mismas políticas migratorias.

La política neoliberal que emana de la UE –libertad de circulación de bienes, de capitales, de servicios y de personas, así como una moneda única que se rige bajo los parámetros monetarios alemanes– se pretende aplicar a todos los Estados miembros. Esta política impone limitaciones a las democracias, a las decisiones soberanas de sus electores –lo que se ha denominado “liberalismo autoritario”. Esto significa que los mismos Estados son los encargados de proteger la economía neoliberal de los peligros de la democracia. En la UE esta protección se efectúa principalmente mediante la delegación de las directrices económicas nacionales a las instancia supranacionales de la Unión –organismos, jurisdicciones, Banco Central, etc. Por esta razón se ha hablado de déficit democrático de las estructuras de la Unión, cuestión que se ha ido mejorando mediante la dotación de mayores funciones al Parlamento Europeo.

Edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

2. El problema del Brexit.

El deseo británico de abandonar la UE (Brexit) constituye otro fracaso de la aplicación de ese poder blando porque ha obligado al centro rector de la Unión a dificultar cualquier salida amistosa o con concesiones a Gran Bretaña, optando por una salida pactada pero dura. Si se hubiese aplicado una política condescendiente con los británicos habría significado abrir las puertas a interminables reclamaciones y negociaciones intracomunitarias. Por ello se optó por una salida sin concesiones, postura apoyada con ahínco por Francia, que al abandonar Gran Bretaña la Unión se convierte en la única potencia militar nuclear de la misma y en el único miembro permanente europeo del Consejo de Seguridad de la ONU. Todo ello confiere a Francia un status de igualdad o incluso de supremacía en el centro hegemónico de la Unión. Los problemas que puede ocasionar una salida sin acuerdo son vistos como un mal menor ante el peligro de generar una escalada de cuestionamientos de los tratados o de las estructuras de la Unión por parte de otros miembros.

3. El vacilante inicio de una defensa europea.

Es difícil que un poder blando logre mantener una situación hegemónica a largo plazo sin necesitar recurrir en algún momento al poder militar. Los acuerdos, en el marco de la OTAN, de aumentar hasta un 2 % del PIB el gasto militar o los intentos de vertebración de un ejército europeo y de una coordinación en la industria de armamento de la Unión, van en el sentido del fortalecimiento militar europeo. Separada Gran Bretaña, que siempre había puesto obstáculos a estas políticas respaldada por el deseo estadounidense de mantener una Unión débil militarmente, y con Francia alcanzando ya el 2 %, la principal referencia sería el aumento del gasto militar germano hasta esa cifra mágica –hay que tener en cuenta que si Alemania llevara a cabo dicha inversión su gasto militar superaría más de un 40 % al de Rusia.

Gasto militar de las principales potencias. Fuente: EL PAÍS

En la cumbre de Bratislava de 2016 la UE dio un nuevo impulso a la política de seguridad y defensa reforzando la cooperación en este sentido. El debate está actualmente en la creación de un ejército europeo que no dependa de la OTAN ni de EE.UU. y que aporte a sus socios “independencia estratégica”. Francia y Alemania han sido los principales impulsores del proyecto. Siguiendo con esta pauta se ha creado un Fondo Europeo de Defensa que dota económicamente estas iniciativas –13.000 millones de euros en el próximo período legislativo. Y parece aclararse que este punto será uno de los ejes principales de la próxima Comisión Europea (2019-20124). La UE busca un hueco como actor principal en la geopolítica mundial ante la deriva unilateralista de Trump y las actuaciones de Rusia y China por aumentar su influencia. Este aumento del gasto militar complementaría su papel de poder blando.

Actualmente la UE lleva a cabo tres misiones militares en Somalia, Mali –el peso principal de esta misión recae en Francia, Alemania y España– y República Centroafricana respondiendo básicamente a las amenaza yihadista que parece una de las principales preocupaciones de estos países. Sin embargo, los socios de la Europa del este ven más amenazante a la potencia rusa; esta diversidad de visiones puede retrasar o romper la unanimidad al respecto en la UE.

Tropas españolas en Mali en el marco de la misión de la UE. Fuente: http://atalayar.com/content/militares-espa%C3%B1oles-desbaratan-un-atentado-yihadista-contra-la-misi%C3%B3n-europea-en-mali

4. Otras fricciones.

Existen tres cuestiones que pueden sembrar la desunión en la UE. La primera es el recuerdo de la actuación de las instituciones de la Unión y de los países del norte, especialmente Alemania, en la crisis de la deuda. Interpretada como una forma de salvar a sus bancos a costa de los derechos sociales y económicos de las poblaciones, se vio desde los países castigados por la política elegida como una afrenta y un error. Y probablemente en ese resentimiento está una de las razones de la desafección europea que tan bien han sabido recoger los grupos populistas de derecha en algunos países. Es cierto que esta política se relajó ligeramente con posterioridad pero el caso griego sigue siendo sangrante.

La segunda cuestión es la crisis migratoria. Una crisis imaginaria, fomentada interesadamente por determinados gobiernos nacionalistas de derecha que rompieron las normas de la UE haciendo caso omiso de lo acordado. El llamado grupo de Visegrado (formado por Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa) derribó la unidad de actuación europea. Esta ruptura indicaba una debilidad fundamental del poder blando representado por el eje franco-alemán.

La tercera cuestión es la deriva autoritaria de algunos de estos Estados, especialmente Polonia y Hungría. Sus políticas desafían los estándares europeos en el respeto al Estado de derecho, planteándose la cuestión de que la UE no tiene instrumentos adecuados para reaccionar ante el incumplimiento del respeto de los valores democráticos. Las críticas continuas de sus gobernantes a la Unión y su proclividad hacia Estados Unidos los convierten en unos miembros díscolos capaces de hacer abortar las políticas tendentes al reforzamiento de la identidad europea. Lo mismo que puede lograr el auge de las fuerzas de extrema derecha eurófobas en casi todos los estados de Europa.

Bibliografía.

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