El surgimiento de la República de Weimar

Introducción

La historiografía llama República de Weimar al periodo de la historia de Alemania comprendido entre 1919 y 1933, año en el que Hitler anuló la democracia e impuso su dictadura. No obstante, su nombre oficial siempre fue el de Reich Alemán.                   

El calificativo proviene del hecho de que en la ciudad de Weimar se aprobó, el 11 de noviembre de 1919, la Constitución que regiría la nueva república con la que finalizaba el IIº Reich (1871-1918). Este nuevo Estado surgía como una república parlamentaria, democrática y con rasgos sociales muy avanzados para su época. De hecho, creó la base para el primer Estado de bienestar del mundo. 

proclamación de la República frente al Reichtag (noviembre 1918). Fuente: https://www.laaventuradelahistoria.es/republica-de-weimar-el-laboratorio-de-europa

La Constitución representó un cambio muy profundo en los rasgos que habían caracterizado la Alemania de Bismarck y de Guillermo II porque rompió los principales pilares políticos que sustentaban el modelo imperial. 

Aunque dotada de una nueva estructura política, Alemania padeció una serie de graves problemas –las reparaciones de guerra y la galopante hiperinflación, los conatos revolucionarios, las intentonas golpistas, los efectos de la crisis del 29…– que la mantuvieron durante casi todo el período en una estabilidad precaria, siempre al borde de la crisis final, que llegó con el ascenso del nazismo. 

Cronología del período

La república fue dirigida por una alternancia de partidos moderados que, a menudo gobernaron coaligados: SPD (socialdemócrata), Partido Demócrata (DDP, centro), Zentrum, Partido Popular Alemán (DVP, liberal) y el Partido Popular de Baviera (BVP, católico y conservador) y el Partido  Nacional del Pueblo Alemán (DNVP, de fuerte conservadurismo) cuya actuación, a pesar de las dificultades, logró articular un Estado constitucional. 

Como en otras ocasiones en la historia, este período crítico y convulso generó, sin embargo, una etapa de esplendor cultural que se manifestó en todas las artes, pero especialmente en el cine, las artes plásticas y la arquitectura.  

La conmoción de la derrota.

El reconocimiento de la derrota impactó enormemente en una sociedad que se mantenía engañada con las promesas de victoria difundidas por la propaganda oficial. El Tratado de Versalles (28 de junio de 1919) se basó en el principio de la culpabilidad de Alemania y le impuso un severo castigo que afectó a diversos ámbitos.  

  • Territorial: las cláusulas territoriales amputaron diversas regiones del territorio alemán, reduciendo su superficie y su población (el 13 % del primero y un 10 % de la segunda). Además, el territorio de Prusia oriental quedó desgajado del resto de Alemania mientras que la región del Sarre pasó a ser administrada por la Sociedad de Naciones durante 15 años. De la misma manera, Alemania perdió todos sus territorios coloniales. 
Pérdidas territoriales de Alemania. Fuente: La Aventura de la Historia
  • Reducción del ejército a 100.000 efectivos, sin posibilidad de realizar nuevas reclutas. La Armada perdió todos sus grandes buques quedando reducida a una fuerza costera y la aviación desapareció. 
  • Pago de indemnizaciones, que ascendían a 269.000 millones de marcos oro –equivalentes a unos 33.000 millones de euros actuales. Los pagos de las enormes reparaciones y las pérdidas de importantes recursos económicos redujeron la producción y acabaron provocando una hiperinflación que castigó duramente a la población. Los pagos de las indemnizaciones se prolongaron hasta 2010. 
  • La acusación de culpabilidad y el castigo impuesto nunca fue comprendido por la sociedad alemana, que se sintió maltratada y humillada. Se habló de un diktat, una paz impuesta por la fuerza y no de un tratado. Durante toda la República la derecha utilizó esta cuestión como un punto de encuentro para reforzar el nacionalismo alemán. 

Este trato y sus consecuencias –más pobreza, grandes dificultades económicas, sensación de vulnerabilidad– generó una amargura colectiva que permaneció latente durante todo el período republicano y que el partido nazi sabrá aprovechar para lograr ampliar su apoyo social. 

La pérdida de su imperio, y con él de la misma monarquía, representó otra faceta de la crisis general. La imperiosidad de sustituirla con rapidez por una República influyó en algunas de las debilidades de la misma.

El contexto histórico de la creación de la República.

Desde finales del siglo XIX, Alemania  había vivido una serie de cambios sociales y económicos muy significativos. La industrialización había generado una burguesía poderosa que ganaba influencia en las esferas del poder político. Paralelamente, las clases trabajadoras también crecían, especialmente los obreros industriales, conformando un potente movimiento obrero. Este movimiento, no obstante, se había dividido como consecuencia de la Revolución Rusa de 1917 al aparecer una facción bolchevique –Liga Espartaco o espartaquistas– en el seno del partido socialdemócrata.  Esta división polarizó Alemania política y socialmente pues las clases medias eran poco numerosas y carecían de influencia política.

Cuando la derrota comenzó a ser evidente las protestas se generalizaron –demandando la paz a cualquier precio y la reforma del régimen político–. Por otra parte, En todas partes aparecieron consejos de obreros y soldados que imitaban el modelo bolchevique y que se hicieron con el control de muchas ciudades; paralelamente se produjo la insurrección de los marineros en Kiel (3 y 4 de noviembre). El descontento crecía y la demanda de abdicación del Káiser se extendía por toda Alemania: la posibilidad de una revolución era palpable. 

Desfile de marineros desarmados con banderas rojas en Kiel. Fuente: http://www.sbhac.net/universal/Sbhac_HUniversal_Alemania1918-19.pdf

Finalmente, el 9 de noviembre Guillermo II anunciaba su abdicación. El Imperio alemán se derrumbaba con rapidez. Representaba el fin de un orden tradicional que se estaba derrumbando también en otros lugares de Europa –Rusia, Austria-Hungría,…–. Desaparecido el Imperio y con él la monarquía, había que decidir qué sistema político lo sustituiría. 

El último canciller imperial, Max von Baden, había transferido el cargo al socialdemócrata Friedrich Ebert. La primera intención de este fue frenar la deriva revolucionaria y formar un gobierno con los partidos mayoritarios en el antiguo parlamento del Reich, pero eso ya no era posible y tuvo que contar con otras fuerzas más a la izquierda como los Socialistas Independientes (USPD). 

Friedrich Ebert. Fuente: Wikipedia

Los grupos más revolucionarios, pequeños pero muy activos, propusieron realizar una revolución al estilo bolchevique, siguiendo el modelo de Rusia, y pidieron el traspaso del poder a los consejos de obreros y soldados. Este movimiento fue abanderado por los líderes de la Unión Espartaquista, grupo que formaba parte del USPD y que estaba liderado por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. 

La amenaza de una revolución bolchevique suscitó una fuerte reacción defensiva, no sólo entre las elites y las clases medias sino también entre la izquierda moderada. Para Ebert era prioritaria la necesidad de mantener el orden, así como la continuidad de la administración del Estado. No contemplaba la opción de seguir el modelo ruso que imposibilitaría cumplir las condiciones impuestas por las potencias aliadas en el armisticio del 11 de noviembre. Y también sabía que volver a una economía de paz y desmovilizar a millones de combatientes requería un enorme esfuerzo organizativo que sólo un Estado eficaz podía realizar. 

Inmediatamente pactó con el ejército una serie de temas. Ambos estaban de acuerdo en la necesidad de mantener el poder del Estado y evitar la revolución. Casi al mismo tiempo, el 15 de noviembre, se firmó un acuerdo entre la patronal siderúrgica y los representantes de sindicalismo socialista; en él se ofrecían concesiones como la jornada de ocho horas y el subsidio de desempleo a cambio de la renuncia a la socialización de las fábricas. 

Las maniobras para asentar el nuevo régimen se completaron cuando el gobierno aprobó la convocatoria, para el 19 de enero, de unas elecciones constituyentes con un sistema de elección proporcional y voto femenino por primera vez. Este hecho significaba el arrinconamiento del sistema de consejos, lo que provocó el abandono del gobierno del USPD y su ala más radical fundó el KPD (Partido Comunista Alemán) –1 de enero de 1919– . El 5 de enero este grupo y otras pequeñas formaciones obreras revolucionarias organizaron una insurrección armada en Berlín con la intención de derribar al gobierno e impedir las elecciones del 19 de enero. 

Espartaquistas en una calle de Berlín en enero de 1919. Fuente: http://www.sbhac.net/universal/Sbhac_HUniversal_Alemania1918-19.pdf

Para sofocar la revuelta el gobierno socialdemócrata recurrió al ejército y a grupos de trabajadores y estudiantes armados, así como a las unidades de los Freikorps –grupos formados especialmente por excombatientes que odiaban la revolución y mantenían la creencia de que habían sido los políticos los culpables de la derrota–. La violenta represión que estos grupos desataron –personificada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht– indignó a muchos ciudadanos. 

Miembros de los Freikorps. Fuente: https://www.iwm.org.uk/collections/item/object/205316562

Las acciones del ejército y de los Freikorps, primero por iniciativa del gobierno socialdemócrata y luego por la suya propia, utilizando las armas para combatir a los bolcheviques, anunciaban uno de los futuros frentes de oposición a la República. En esta misma línea opositora reaccionaria hay que situar el fallido intento de golpe de Estado de Kapp (1920) 

La radicalización que había impulsado la intentona revolucionaria no se reflejó en las elecciones de enero. El SPD mantuvo su predominio con el 38 % de los votos, mientras que el USPD sólo obtuvo el 7,6 %. Sin embargo, la mayoría en la Asamblea la tenían los partidos burgueses: los católicos del Zentrum (19,7 %), los liberales del DDP (18,5 %) y los nacionalistas del DNVP, un partido recién formado y de ideología conservadora y antisemita (10,3 %). 

Resultados electorales durante la República de Weimar. Fuente: Wikipedia.

El 6 de febrero la Asamblea Nacional se reunió en Weimar y Friedrich Ebert fue elegido primer presidente de la República. Enseguida encargó la formación de un gobierno de coalición formado por los socialdemócratas, los católicos del Zentrum y los liberales del DDP, un reflejo del compromiso entre los socialdemócratas y los partidos burgueses por crear las estructuras del nuevo Estado. 

Las elites dominantes en Alemania lograron, a pesar de los dos meses de disturbios, protestas e insurrecciones, conservar importantes resortes en el poder militar, judicial y burocrático y, desde esas posiciones, intentaron anular todas las concesiones que se vieron obligadas a hacer tras el hundimiento del orden monárquico. La ruptura violenta con el pasado no pudo ser en un país que contaba con importantes fuerzas conservadoras, que serían las que acabarían con la democracia catorce años después. 

Levantada sobre las cenizas de la derrota militar, la República vivió siempre con la pesada carga de suceder a un Imperio derrotado y con el trauma de la represión sangrienta de la revolución. 

La Constitución de 1919.

La nueva Constitución entró en vigor en agosto de 1919. Diseñaba un Estado democrático y social, organizado territorialmente en 17 regiones o länders que asumían bastantes competencias en aspectos como la educación, la policía, la justicia o la sanidad. El presidente de la República y el del Parlamento debían ser elegidos por sufragio universal, mientras que al canciller lo elegía el Parlamento. 

La Constitución aportó otras novedades reseñables: concedió el voto a las mujeres, y de hecho 41 de ellas fueron elegidas para el nuevo Parlamento –de un total de 423 escaños. Así mismo, el texto optaba por una representación proporcional, lo que beneficiaba a los partidos pequeños y favorecía los gobiernos de coalición, aunque también introducía un elemento de inestabilidad política.

El texto completo de la Constitución puede consultarse en: https://ezequielsingman.files.wordpress.com/2016/03/constitucion-de-weimar-alemania-19191.pdf

Conclusiones.

La República de Weimar, que arrancó como una esperanza democrática para acabar con el autoritarismo del segundo Reich y una salida para la debacle de la derrota, acabó fracasando por diversas razones. Unas son intrínsecas a una filosofía constitucional que favorecía la inestabilidad política, constante de todo el período. Igualmente, la incapacidad de gran parte de la sociedad alemana para asumir la derrota convirtió a todos los gobiernos en sospechosos de traición, cuestión que minaba su legitimidad ante ciertos grupos de presión –antiguas élites políticas, ejército, policía, funcionarios…–. Por su parte, los nuevos partidos de izquierda y derecha demostraban que su afección a la República era débil y que estaban dispuestos a sustituirla recurriendo incluso a métodos violentos. 

Es cierto también que los gobiernos republicanos tuvieron que enfrentarse a períodos de graves crisis económicas (1919-1924; 1929-1933) y que, a veces, no supieron conectar con las preocupaciones cotidianas de unos ciudadanos que padecían el paro y la pauperación económica, incluida la clase media. Ello alejó a diversos sectores sociales de la República. De hecho, el final del régimen se vincula con la crisis económica que comenzó en 1929; el aumento de los antagonismos sociales y el cambio en el modelo económico –de un capitalismo liberal a otro marcado por el intervencionismo del Estado—rompieron las bases del mínimo consenso político que sustentaba la República. En los años finales, el panorama político se radicalizó orientándose o bien hacia el comunismo o bien hacia el nacionalismo. El auge de este último de la mano del nazismo acabó destruyendo el régimen de Weimar. 

Billete de 500.000 marcos en 1923. Fuente: La Aventura de la Historia

Algunos historiadores han subrayado la existencia de paralelismos entre la situación general de los años treinta en Europa, y también en Alemania, y la situación generada a partir de la Gran Recesión iniciada en 2008 y agravada en 2020 con la pandemia de la COVID-19. Las semejanzas se refieren principalmente al hecho de que la crisis económica ha generado la aparición de populismos o de movimientos antiliberales –en el sentido político del término– que cuestionan los sistemas democráticos y el Estado de derecho y que se nutren del declive de la calidad parlamentaria, de la desafección por la política tradicional, del papel de la desinformación, de las pulsiones autoritarias y del auge de los nacionalismos…-. Todos ellos son paralelismos evidentes pero las circunstancias no son las mismas. No siempre unas circunstancias parecidas producen efectos idénticos, por tanto, la historia no se repite. Pero algunos paralelismos son inquietantes.

Bibliografía.

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De la Torre del Río, R. (2020). La República de Weimar: el laboratorio de Europa. La Aventura de la Historia, 240. 

Sainz de la Maza, O. (2015). Breve historia de entreguerras. Madrid: Nowtilus. 

Sanz Díaz, C. (2020). República de Weimar: una sociedad en tensión. La Aventura de la Historia, 240. 

Vallespín, F. (2019). Por qué hay que recordar los años de la República de Weimar. EL PAIS. 

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