La guerra de las Malvinas

¿Qué fue?.
La Guerra de las Malvinas (o Falklands en inglés) fue un conflicto bélico que enfrentó, entre los meses de abril y junio de 1982, a Argentina con Gran Bretaña. La guerra se desarrolló en tres archipiélagos –Malvinas, Georgia de Sur y Sandwich del Sur– situados en el Atlántico sur.

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Archipiélagos en disputa. Fuente: http://www.navegar-es-preciso.com

El conflicto bélico se originó cuando Argentina intentó recuperar mediante la fuerza militar la soberanía de las islas, ocupadas por Gran Bretaña en 1833, y que el país latinoamericano considera parte de su territorio nacional. Para Naciones Unidas se trata de un territorio en litigio, administrado por Gran Bretaña.

Causas.
A principios de la década de los ochenta, la economía de la Argentina mostraba inequívocos síntomas de crisis –inflación elevada, recesión, endeudamiento, etc.–. Todo ello provocaba la pauperización de las clases medias y en el crecimiento de la pobreza de las clases populares, lo que se traducía en el aumento del malestar social. En el aspecto político, Argentina se hallaba gobernada por una dictadura militar encabezada por una Junta compuesta por el general Leopoldo Galtieri, el almirante Jorge Anaya y el brigadier Basilio Lami. Las Fuerzas Armadas se habían hecho con el poder en marzo de 1976 mediante un golpe de Estado. Desde entonces una Junta formada por los comandantes de las tres armas –tierra, mar y aire– dirigía el país. Este gobierno se autodenominó, de forma rimbombante, Proceso de Reorganización Nacional.

A partir de 1981, la crisis social ya señalada comenzaba a erosionar el régimen mientras que las crecientes protestas y denuncias por el tema de los desaparecidos, del conculcamiento de los Derechos Humanos y de la falta de democracia deslegitimaban cada vez más a la dictadura.

Tercera Junta Militar: Anaya, Galtieri y Lami. Fuente: http://www.argnoticias.com/

En este punto, la Junta se planteó un plan de ataque a los archipiélagos antes citados –la denominada Operación Rosario–. Aparte de los objetivos militares de recuperación de la soberanía, los militares actuaron convencidos también de que el conflicto desviaría la atención de los argentinos de los problemas sociales y políticos para centrarla en el tema patriótico. El enfrentamiento se planificó a partir de algunas premisas que después se mostraron falsas: que Gran Bretaña no respondería militarmente y que Estados Unidos se mantendría neutral o acabaría apoyando a Argentina.

Aparte del rédito político que la Junta podía sacar al conflicto también existieron razones de tipo económico y geoestratégico. Las Malvinas se encuentran encima de una plataforma marina rica en pesca y con posibles yacimientos de petróleo. Su cercanía a la Antártida  podría ser, igualmente, un factor favorable para la adquisición de futuros derechos sobre este continente. Los archipiélagos se sitúan, además, en una posición clave para controlar el tráfico marítimo del Atlántico sur.

Desarrollo.
El inicio de la tensión entre ambos países surgió el 19 de marzo de 1982 cuando un grupo de trabajadores argentinos que se hallaban, previo acuerdo con Gran Bretaña, en la isla de San Pedro (Georgias del Sur) izaron una bandera argentina. La marina británica envió un buque a las Georgias lo que provocó, a su vez, que desembarcara en la isla un pequeño contingente militar argentino. Ante esta situación la Junta decidió adelantar los planes de ocupación que tenía previstos para coger desprevenidos a los británicos. La fecha del ataque a la isla Gran Malvina se fijó para el 2 de abril.

Los intentos previos de mediación norteamericana y de la ONU fueron infructuosos pero de ellos se derivó la decisión de Donald Reagan de que, en caso de conflicto, ayudaría a Gran Bretaña.

Un poco antes del 2 de abril una importante fuerza naval argentina se dirigió hacia las islas Malvinas –esta fuerza estaba formada por dos destructores, dos corbetas (todos los buques contaban con misiles antibuque), un submarino, un rompehielos y dos buques de transporte–. El día 2 las tropas argentinas desembarcaron en Port Stanley (rebautizado Puerto Argentino), que era la capital de las Malvinas. En esos momentos la ventaja militar y naval argentina era enorme, pues Gran Bretaña solamente disponía de un buque para defender los archipiélagos –el HMS Endurance, un rompehielos– y la guarnición británica era muy reducida. Las distancias eran otro factor que, en principio, favorecía a Argentina; Gran Bretaña se hallaba a más de 12.000 kilómetros de distancia mientras que solamente 464 kilómetros separaban la Patagonia argentina de las costas de las islas Malvinas.

Islas Malvinas. Fuente: Wikipedia

De inmediato Gran Bretaña jugó sus cartas diplomáticas y logró que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución que exigía el cese de hostilidades y la retirada argentina. Otros países también mostraron su apoyo a Gran Bretaña –la Comunidad Económica Europea, la Commonwealth, y también Chile, entonces enfrentado a Argentina por una disputa territorial en el canal de Beagle y, desde luego, Estados Unidos –. Este último llegó a proporcionarles una importante ayuda militar tanto en forma de inteligencia y tecnología de comunicaciones, a través de sus satélites militares, como de armamento pues puso a disposición de los británicos novedosos modelos de misiles –Sidewinder (aire-aire), Stinger (tierra-aire),…–.

La posición española fue ambigua: se abstuvo en la resolución del Consejo de Seguridad ya que España siempre había apoyado a Argentina en su reclamación de las islas y denunciado su situación claramente colonial, pero tampoco era el deseo del gobierno español enfrentarse diplomáticamente a los países de la CEE, a la que se pretendía acceder en esos años, ni a la OTAN, a la que se adhirió el 29 de mayo de 1982.

Argentina, por su parte, recibió el apoyo de la mayoría de países latinoamericanos, algunos de los cuales le facilitaron armamento de diverso tipo –Perú, Venezuela, Brasil, …– y otros información de inteligencia –Uruguay, Cuba, etc.–. La URSS también le facilitó información y equipos de comunicaciones.

El día 3 de abril Thatcher ordenaba el envío de una flota de guerra, una parte de la cual partió de Gibraltar, con el objetivo de recuperar las islas, . El núcleo principal de la flota estaba formado por dos portaaviones que transportaban unos 20 cazambombarderos Harrier de despegue vertical y casi una treintena de helicópteros. El grupo de escolta estaba formado por cinco destructores y cinco fragatas. A ellos se sumó también un grupo anfibio compuesto por unidades militares y civiles que fue vital para mantener una logística de aprovisionamiento a tanta distancia de Gran Bretaña. Previamente, cinco submarinos, cuatro de ellos nucleares, habían tomado posiciones para vigilar a la flota argentina. Su primer objetivo era crear una zona de exclusión en torno a las islas mediante un bloqueo naval.

Ruta de la Armada británica. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Malvinas

A finales de abril el grueso de la flota británica ya estaba en el escenario de guerra y comenzaron los primeros enfrentamientos. Pero la guerra no comenzó realmente hasta el 1 de mayo, aunque nunca hubo una declaración formal de guerra por ninguna de las dos partes. El hecho más significativo de estos primeros días fue el hundimiento del crucero argentino ARA General Belgrano por un submarino británico, ataque en el que perecieron más de 300 marineros. Dos días después aviones argentinos hundieron el destructor británico Sheffield causando 20 muertos y 63 heridos. La superioridad de la flota británica se contrarrestó en esta primera etapa con los ataques de la fuerza aérea argentina que logró hundir 11 navíos enemigos.

Incendio del destructor británico HMS Sheffield. Fuente: http://www.abc.es

Las tropas británicas recuperan pronto las islas Georgias del Sur e iniciaron intensos bombardeos navales y aéreos sobre las Malvinas pero sus intentos de desembarco fracasaron hasta principios de junio, a partir de entonces los combates terrestres se intensificaron. Tras unos días de duros enfrentamientos las tropas argentinas acabaron rindiéndose el 14 de junio de 1982.

Consecuencias.
Una de las consecuencias positivas de la guerra fue el descrédito de la Junta Militar y la apertura del camino hacia la democracia en Argentina. El general Galtieri tuvo que dimitir y su sucesor en la Junta, Bignone, restableció lo partidos políticos y convocó elecciones. Junto a las imágenes de las víctimas y de los prisioneros argentinos, la divulgación de los maltratos que los oficiales infringieron a la tropa –jóvenes soldados no profesionales–  hundieron el escaso apoyo que aún conservaba la Junta.

Columna de prisioneros argentinos en las Malvinas. Fuente: https://es.pinterest.com/source/rionegro.com.ar

Argentina, a partir de entonces, dio prioridad en sus relaciones internacionales a los vínculos pon los países latinoamericanos. De ahí, por ejemplo, surgieron los crecientes lazos con Brasil que acabarían desembocando en la creación de Mercosur. Las relaciones con Estados Unidos se enfriaron pero el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) las volvió a recuperar.

En el Reino Unido, la popularidad de Margaret Thatcher se disparó y, como ya se sabe que no hay mejor cosa para ganar unas elecciones que una guerra ganada, ella y el partido Conservador ganaron las elecciones generales de 1983 con mayoría absoluta.

La guerra fue un conflicto de índole colonial que afectó a países de la órbita occidental, lejos por tanto de los parámetros de la Guerra Fría que fue el contexto en el que se produjo. Su misma naturaleza colonial demostraba la anacronía del conflicto; finiquitado ya el proceso de descolonización que caracterizó las décadas de los sesenta y setenta, la fuerza y el prestigio de la idea descolonizadora iba perdiendo intensidad y se mostraba complicada de aplicar allá donde existía población, por pequeña que fuese, que fiel a su procedencia se negaba en redondo a desvincularse de su metrópoli.

Había quedado clara la superioridad naval británica frente a la potencia militar argentina pero sus elevadas pérdidas –las mayores desde la IIª Guerra Mundial– indicaron que su poderío distaba bastante del propio de una gran potencia, dejando aparte su poder nuclear. Sin la ayuda estadounidense su victoria hubiese sido aún más difícil o imposible en un escenario tan alejado de sus costas.

Por su lado, los Estados Unidos mostraron su preferencia por el aliado europeo y la OTAN frente al aliado latinoamericano y el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), lo que indicaba que su interés estratégico priorizaba sus relaciones con Gran Bretaña o, si se prefiere, que Europa era un marco más prioritario que Latinoamérica.

Bibliografía.

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La violencia política durante la Transición española: la matanza de Atocha.

El abrazo (1976). Juan Genovés. Museo Reina Sofía

La transición española, entendida como el período comprendido entre la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la victoria electoral del PSOE el 28 de octubre de 1982, se caracterizó por el paso de un régimen político dictatorial a otro democrático. Este transcurso se encauzó mediante pactos y negociaciones entre las fuerzas franquistas y las fuerzas democráticas. Toda negociación es producto de una relación de fuerzas: el franquismo disponía de todo el apoyo institucional y de una parte de la población, alineada sociológicamente con el régimen; la oposición disponía de la legitimidad democrática, del apoyo internacional y de unas bases muy activas, aunque reducidas. La continuidad del franquismo era imposible y la implantación de una democracia sin contar, al menos, con el sector aperturista del régimen tampoco era factible. De ahí la necesidad de una convergencia entre los sectores franquistas citados y las principales fuerzas de la oposición. Unos basaban su fuerza en el control de las instituciones del Estado, otros en las importantes movilizaciones populares.

Se ha querido presentar este proceso como modélico en cuanto a la transformación de un régimen dictatorial en otro democrático. Tiende a ponerse el énfasis en la capacidad de aquellos líderes políticos para la negociación, pero la Transición distó de ser un proceso ejemplar y pacífico. El grado de violencia política que produjo fue muy superior al ocurrido en Portugal con la Revolución de los Claveles  –25 de abril de 1974– y el posterior proceso revolucionario, donde no hubo víctimas mortales; y también fue mucho más elevado que el acaecido durante la caída de la Dictadura de los Coroneles griega el 24 de junio de 1974, donde hubo menos de una decena de víctimas mortales y todos ellos en hechos ocurridos con posterioridad.

Recientemente se ha cuestionado el proceso de Transición democrática achacándole la culpabilidad de algunos de los problemas actuales de la democracia española. Esta acusación no tiene mucho sentido histórico; exigir más contundencia a las fuerzas democráticas de entonces en los procesos de negociación que se llevaron a cabo es no comprender bien aquella coyuntura histórica. Aunque muy debilitados y con escasos o nulos apoyos internacionales, sectores franquistas recalcitrantes ante cualquier cambio seguían controlando en bastante medida algunos resortes de poder nada despreciables:  judicatura, fuerzas del orden, fuerzas armadas, etc., que en ocasiones actuaban con total autonomía del gobierno. Contaban además con otro elemento que impregnaba a muchos sectores sociales españoles: el miedo, miedo a la represión del régimen, miedo incluso a un golpe militar –Tejero y otros en 1981–, y miedo a una nueva guerra civil. Ese miedo impedía que las movilizaciones populares alcanzaran la fuerza suficiente para provocar la caída del franquismo. La incertidumbre sobre lo que pudiera pasar también favorecía a las opciones moderadas.

La Policía Armada reprimiendo una manifestación en 1976. Fuente: http://escalabasica.blogspot.com.es/

Las dificultades de aquella coyuntura histórica se muestran en la extrema violencia que caracterizó el período. Paloma Aguilar e Ignacio Sánchez Cuenca contabilizaron 665 fallecidos a consecuencia de la violencia política entre 1975 y 1981. El desglose de la cifra muestra el origen de estas muertes:

  • Acción represiva del Estado: 162 fallecidos, un 24 %.
  • Acciones de grupos terroristas de índole nacionalista: 361 fallecidos, un 54 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema izquierda: 67 fallecidos, un 11 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema derecha: 57 fallecidos, un 10 %.

Hubo por tanto, en la Transición, una confluencia de fuerzas que optaron por la práctica de la violencia política, del terrorismo en suma. La represión policial, dirigida por mandos que provenían del franquismo, se orientaba contra la izquierda,  y es cierto que agravó los conflictos pero no fue un elemento impulsor de la violencia terrorista. Los grupos que la practicaban tenían sus propios objetivos, independientes de la acción policial: independencia de algún territorio, reacción a las acciones de ETA o amedrentamiento de la izquierda –en el caso de la extrema derecha–, golpes a las clases dominantes (empresarios, militares,…) por parte de la extrema izquierda. Sus acciones, independientemente de su casuística, contribuían a la inestabilización social y política e impulsaban a las fuerzas moderadas del franquismo y de la oposición a una convergencia que estabilizara el sistema político.

Atentado de ETA en Pamplona en 1979. Fuente: http://mapadelterror.com/imagenes/

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta violencia terrorista fue la denominada matanza de Atocha. El 24 de enero de 1977 tres pistoleros de extrema derecha penetraron en un despacho de abogados laboralistas situado en la calle Atocha, número 55 de Madrid. Los miembros de ese despacho estaban vinculados con el sindicato CC.OO. y con el PCE, aún ilegal. El resultado del asalto fue de cinco personas muertas –Enrique Valdevira, Luis J. Benavides, Francisco J. Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez– y cuatro heridas. Se trataba de una provocación en toda regla a la izquierda comunista para inducir una reacción que dificultara o imposibilitara su legalización e inclusión en el nuevo sistema democrático.

El contexto de esta terrible acción se inscribe en la reacción de la extrema derecha ante la liberación de Santiago Carrillo. Este se encontraba ilegalmente en España desde febrero de 1976 y había sido detenido en diciembre de ese año y liberado poco después. Días antes del atentado se habían producido dos muertes de personas vinculadas  a la izquierda –una asesinada por la Triple A y otra golpeada por un bote de humo en una manifestación–, también había sido asaltado un despacho de la UGT en Madrid que se hallaba vacío en ese momento.

Multitudinario entierro de los asesinados en el despacho de Atocha. Fuente: https://www.reddit.com

La respuesta del PCE y la izquierda en general distó de la esperada por las fuerzas reaccionarias. El entierro de las víctimas de Atocha se convirtió en una multitudinaria manifestación que transcurrió sin incidentes; la solidaridad con las víctimas se extendió por todo el país a través de paros y otros actos. El Partido Comunista mostró su contención y ello favoreció, sin duda, su legalización en la Semana Santa de ese año –9 de abril de 1977–.

Esta vez el gobierno no iba a permanecer impasible ante la matanza. La prioridad para la policía fue la captura de los asesinos; ello era fundamental para dar credibilidad al proceso de democratización que se estaba produciendo. Estos no habían huido, confiando en sus contactos políticos y policiales. La Policía Armada los detuvo pocos días después, desvelándose que todos ellos estaban relacionados con Falange Española o Fuerza Nueva. Posteriores investigaciones también sacaron a la luz la probable participación de la denominada red Gladio, una organización italiana de extrema derecha.

La matanza de Atocha marcó uno de los hitos de la violencia política durante la Transición. Fue un ejemplo de cómo los sectores más reaccionarios del régimen franquista, aún poderosos,  intentaban impedir, por todos los medios, cualquier proceso que condujese a la implantación de una democracia política. Ya hemos visto que no eran los únicos y que otras fuerzas nacionalistas o de extrema izquierda también se empañaban en dificultar ese proyecto. Fue, por todo ello, un proceso complicado que finalmente dio paso a un sistema democrático, imperfecto sin duda, pero resultado de la relación de fuerzas políticas y sociales existente entonces.

BIBLIOGRAFÍA.

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Sotelo, I. (2013). El mito de la Transición consesuada. EL PAIS.

 

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Conflictos en el Mar de China Meridional

El traslado del centro neurálgico mundial desde el Atlántico al Pacífico explica que todo lo que ocurre en este segundo océano cobre una importancia destacable. Una de las zonas que más potencial de conflictividad tiene actualmente es la del Mar de China Meridionaluna extensión de 3,5 millones de km2  cuyas aguas se las disputan seis países: Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei, Taiwán y China. Pero en segundo plano aparecen otros actores involucrados como Estados Unidos, Japón y Taiwán. Japón, por ejemplo, también mantiene un contencioso con China por las islas Senkaku (Ver Mapa 1). En realidad, estas rivalidades esconden una lucha por el control del este del Pacífico, zona vital para las comunicaciones marítimas –por ella navega la mitad del tráfico comercial mundial– y que posee buenas perspectivas en cuanto a la posible existencia de yacimientos de petróleo y gas. Cuenta también con abundantes recursos pesqueros. 

El conflicto se polariza en el enfrentamiento de intereses entre China y EE.UU. que es el que mantiene la tensión en la zona.  China reclama lo que considera le pertenece por derecho histórico, es decir, el ochenta por ciento de las agua del Mar Meridional, sus islotes, arrecifes y rocas, lo que equivale a casi tres millones de kilómetros cuadrados. Este derecho histórico nunca ha estado bien definido pues el dominio de las aguas ha ido variando con el tiempo, no obstante si que parece probado que el interés chino por estas islas se remonta al siglo XVII, cuando la dinastía Qing impulsó diversas expediciones navales por la zona.

El eje de las actuaciones chinas se centra en afianzar su presencia en los archipiélagos de Paracelso y Spratly porque, de acuerdo con las leyes marítimas internacionales, el país que ostente la soberanía de cada isla dispone de los 370 kilómetros de las aguas que la rodean y los recursos existentes en ellas y en el fondo marino (Ver mapa 2)Los países antes mencionados disputan a China parte del espacio marítimo que esta pretende controlar y la gran potencia asiática dice estar dispuesta a negociar con cada uno de ellos por separado pero no en foros conjuntos como pretende EE.UU. 

Para afianzar su reclamación China ha construido algunas islas artificiales y ampliado atolones en los ha que ha instalado baterías de misiles antiaéreos y antibuqueaeropuertos y puertos. Pretende, a partir de ellas, consolidar sus derechos sobre la zona marítima en disputa. 

Mapa 2. Reivindicaciones chinas y zonas en conflicto en el . Fuente: periodismointernacional.org

Ismael Arana clarifica bien las posiciones de cada una de las partes: Para sostener sus derechos, Pekín alega que su derecho a la zona se remonta siglos atrás, cuando  y que en 1947 ya publicó un mapa detallando sus reivindicaciones. Desde 2012, China ha incluido estas islas como parte de sus “intereses nacionales básicos”.

Por su parte, Vietnam rechaza la versión histórica china alegando que su vecino nunca había reclamado la soberanía sobre las islas antes de los años 40, y afirma que tienen documentos que prueban que desde el siglo XVII ellos han gobernado las islas. Mientras tanto, Filipinas invoca su proximidad geográfica como base principal de su demanda.

Finalmente, Malasia y Brunei también reclaman una parte que dicen está dentro de sus zonas económicas exclusivas definidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Taiwán reclama lo mismo que China.

El desacuerdo principal aparece en la cuestión de la pertenencia de los islotes de  Paracelso y Spratley. Su valor intrínseco es escaso o nulo pero son fundamentales para establecer las demarcaciones internacionales sobre las zonas marítimas y las zonas de exclusividad  económica (ZEE). China y Vietnam se disputan el archipiélago de las Paracelso; estas islas fueron ocupadas por China en 1974 y, desde entonces, ha ido reforzando su presencia militar y su explotación económica, especialmente turística. 

Posible despliege de misiles chinos en la isla Woody (archipiélago de las Paracelso). Fuente: bbc.com

Las Islas Spratly constituyen el segundo  archipiélago en disputa pero la situación es más complicada ya que son varios los países que las reclaman –China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán–. Las tensiones en estas islas han sido más significativas ya que en 1988 se llegaron a producir enfrentamientos navales entre China y Vietnam, saldados con varios barcos vietnamitas hundidos. Los incidentes armados se repitieron en 2011 cuando barcos de guerra chinos dispararon contra barcos vietnamitas.

Aunque China tiene una de las costas más largas del mundo –más de 14.000 kilómetros–, el país ha sido tradicionalmente un poder más preocupado por lograr la hegemonía terrestre que la marítima. Por ello no había dispuesto, hasta ahora, de una marina de guerra potente. Esta situación ha cambiado en la actualidad, cuando sus intereses de gran potencia económica dependen en un grado elevado de los suministros de energía y de otros recursos naturales imprescindibles para su desarrollo. De la misma manera, el control de las rutas marítimas es crucial para un país que realiza la mayor parte de sus exportaciones por mar. En este contexto, disponer de unas líneas de suministro seguras es una de sus mayores necesidades, y, para ello, ha emprendido un proceso de modernización y ampliación de su armada.

Otro objetivo que a ojos chinos justifica este rearme naval es la posición de EE.UU. en la región. La potencia americana es aliada de casi todos los enemigos tradicionales de China en el Pacífico occidental  –Japón, Filipinas, Taiwán, Indonesia, Corea del Sur,…– y está creando nuevos vínculos con Vietnam. Mantiene también bases militares en Japón, SingapurCorea del Sur y Filipinas. Con ello se ha tejido una gran red marítima que podría aislar a China. De hecho los encontronazos entre ambas potencias han sido frecuentes en el último año y siempre han tenido el mismo guion: buques de guerra norteamericanos navegan cerca de las islas reclamadas por China, que inmediatamente responde enviando su armada a la zona. 

La administración Obama ya manifestó que sus alianzas en Asia eran una prioridad estratégica. La apertura hacia Vietnam, la venta de buques de guerra a Filipinas y la ampliación de su presencia militar en Australia fueron la plasmación de esta doctrina. Estados Unidos explica su actitud como una forma de afianzar la libertad de navegación, desafiada por la pretensiones chinas.

Un enfrentamiento a mayor escala entre ambas potencias no parece probable a corto y medio plazo, aunque la presidencia de Trump en Estados Unidos añade cierta incertidumbre a la predicción. A este respecto, China todavía no posee una fuerza marítima capaz de proyectarse en escenarios alejados de sus costas, pero ya es perfectamente capaz de defender sus zona próximas y de salir libremente al Pacífico central y al Índico. Para ello ha elaborado una doctrina naval basada en la creación de grupos navales en torno a portaaviones, de los cuales, por ahora, solo dispone de uno, aunque hay dos más en distintas fases de construcción. También ha impulsado las fuerzas anfibias y las submarinas, que incluyen unos catorce submarinos nucleares.

Portaaviones chino CV-16 Liaoning. Fuente: elconfidencial.com

BIBLIOGRAFIA.

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La crisis económica de 1920-1921

La breve crisis económica que se produjo entre 1920 y 1921 ha quedado eclipsada por la enorme repercusión que tuvo la Gran Depresión de 1929. Resulta una crisis menor si las comparamos, pero, en bastantes aspectos, anticipa los problemas que acabarían provocando la depresión de finales de los años veinte. Fue una crisis de reconversión que no sirvió para asentar los pilares de un crecimiento sólido pero que sí marcó la pérdida de la hegemonía europea.

La Primera Guerra Mundial trastocó el equilibrio económico existente: los Estados se endeudaron, se pusieron en circulación grandes cantidades de dinero y se produjo una reconversión de la producción para cubrir las necesidades militares. Algunos países –España, Japón, Holanda y, sobre todo, Estados– pudieron aumentar sus exportaciones a los países en guerra, generando en contrapartida un gran déficit comercial en los países beligerantes que estos sólo podían compensar con sus reservas de oro. El continuo gasto provocó la desaparición de dichas reservas y, con ello, el abandono del sistema monetario basado en el patrón-oro.

El final del conflicto significó también el inicio de la decadencia de Europa y el auge de Estados Unidos, convertido en la potencia dominante. Los países europeos beligerantes –Gran Bretaña, Francia, Italia,…–  se habían empobrecido a consecuencia de la guerra y tenían importantes deudas con Estados Unidos que había acumulado un gran porcentaje de las reservas mundiales de oro lo que convirtió al dólar en la moneda de referencia para las transacciones internacionales, desplazando a la libra esterlina.

Al acabar la guerra se esperaba una crisis económica producida por la reconversión de los sistemas económicos a las necesidades de una etapa de paz. Pero no ocurrió tal cosa, al contrario durante 1919 se produjo un inesperado boom económico impulsado por el inicio de las tareas de reconstrucción en Europa y por la recuperación del consumo privado. El aumento de la demanda se dirigió especialmente a Estados Unidos, donde produjo un aumento de la inflación que también afectó a otros países europeos. Este proceso inflacionario se vio acrecentado por la desaparición del patrón-oro y el desorden monetario consecuente.

Hacia 1920 la tendencia expansiva comenzó a frenarse. En 1919 los Estados Unidos habían concluido su política de préstamos a Europa y, en 1922, para contener la inflación, adoptaron un arancel proteccionista (Ley Fordney-McCumber). Estas medidas se añadieron a los síntomas de recesión que comenzaba a mostrar la economía europea. Síntomas que provenían, como ya hemos apuntado, tanto de las dificultades generadas por la reconversión de una economía de guerra a otra de paz como del freno de la demanda tras el primer impulso reconstructor. Otras causas significativas fueron también la enorme deuda de los países beligerantes y las reparaciones exigidas a Alemania y a otras potencias  derrotadas.

Dow Jones industrial. Medias (1918-1923). Fuente: Wikipedia

Nada más finalizar el conflicto bélico, Estados Unidos se enfrentó a una situación de alza de los precios provocada por un brusco aumento de la demanda. Para contenerla se aplicó una política antiinflacionaria mediante la restricción del crédito. Simultáneamente se produjo una crisis de sobreproducción  originada por la enorme capacidad productiva de sus sectores agrario e industrial y la llegada a su mercado de las primeras importaciones europeas. Para solucionar este exceso de oferta implantó, como ya hemos señalado, una política comercial proteccionista. El efecto de estas políticas fue el retraimiento de la economía norteamericana y el inicio de la crisis; entre mayo de 1920 y junio de 1921 los precios se hundieron un 56 % en Estados Unidos. La restricción de los préstamos y las medidas proteccionistas trasladaron a Europa la crisis. Las políticas proteccionistas se fueron extendiendo entre las principales economías.

Al interpretar la crisis, muchos economistas –como por ejemplo Milton Friedman, Anna Schwartz o Paul Krugman entre otros– opinan que la recesión de 1920-21 fue el resultado de una política monetaria contractiva por parte del Banco de la Reserva Federal.

Los británicos se habían creído vencedores en el conflicto pero su economía había quedado muy maltrecha; la pérdida de mercados y la disminución del valor de la libra eran sus principales manifestaciones. A pesar de ello y al igual que en otros países, se produjo una coyuntura expansiva por el impulso del consumo que estuvo acompañada de un notable aumento de los precios. Pero en 1920 se invirtió la tendencia y comenzó a reducirse la producción y también la demanda. Mientras tanto, Gran Bretaña había mantenido una política arancelaria claramente proteccionista que perduraría hasta entrada la década de los años treinta.

En Francia, por su parte, también se produjo una recesión pero menos profunda que en Estados Unidos o en Gran Bretaña porque sus necesidades de reconstrucción mantuvieron una demanda de bienes de equipo elevada y porque el Estado francés se vio forzado a sostener un elevado gasto público para socorrer a los damnificados por el conflicto –heridos, viudas, pensionistas, etc.-. Se evitó así una caída severa de la demanda aunque no se pudo impedir el brote inflacionista.

Alemania escapó de la crisis de 1920 pero se le exigió un pago por indemnizaciones que ascendía a unos 33.000 millones de dólares, una cantidad impagable para la economía alemana, sobre todo cuando las medidas proteccionistas imperantes le impedían exportar y conseguir divisas u oro. Por ello, a finales del verano de 1922 el valor del marco alemán comenzó a caer de forma preocupante y a finales de año Alemania suspendió pagos. El país entró en un ciclo hiperinflacionista y en una profunda recesión que provocó un aumento del paro y del malestar social. La situación alemana tardaría en aclararse y de hecho no lo hará hasta la aplicación del Plan Dawes en 1924 y del Plan Young en 1929.

Montones de billetes nuevos en espera de la distribución en el Reichsbank, durante la hiperinflación (1923). Wikipedia ingles: https://en.wikipedia.org/wiki/Hyperinflation_in_the_Weimar_Republic

Podemos concluir afirmando que lrecesión de 1920-21 se debió, en primer lugar, a la proliferación de medidas proteccionistas en todas las grandes economías. Como cada medida restrictiva provocaba represalias por parte de otras naciones afectadas, el comercio internacional se resintió, cayendo a niveles de principios de siglo. El nacionalismo económico agravó la situación. 

La otra causa fue el desorden monetario provocado por la guerra y agravado por los tratados de paz. El problema de las indemnizaciones estaba en la base de la desorganización del sistema financiero pero también las deudas de los países beligerantes contribuyeron a trastocar el sistema. Al acabar la guerra el conjunto de deudas entre los países aliados alcanzaba los 20.000 millones de dólares, de los cuales la mitad aproximadamente eran préstamos norteamericanos.

BIBLIOGRAFÍA

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Fontana, J. (2017). El siglo de la revolución. Barcelona: Crítica.

 

 

 

 

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Hambre en África

Periódicamente aparecen en las noticias imágenes terribles de niños o adultos muriéndose de hambre en África. Estos días las hemos podido ver de nuevo anunciando una nueva crisis humanitaria provocada por el hambre, dicen que la peor desde 1945. Las hambrunas, en el continente africano, son, desgraciadamente, un tema recurrente. En realidad podemos afirmar que siempre están ahí, latentes hasta que se intensifican y se convierten en noticia para los medios informativos. Se trata de un problema estructural en algunas regiones del continentes que, no obstante, podría solucionarse si existiese una intención clara de hacerlo.

Distribución de alimentos en Etiopía. Fuente: http://www.dw.com/

La insuficiencia alimentaria no surge por la ausencia de alimentos sino por su mala o imposible distribución y porque estos se han convertido también en objetivo de los movimientos especulativos de los grandes fondos de inversión que buscan exclusivamente el beneficio económico inmediato, lo que ha provocado un constante aumento del precio de los alimentos.

Evolución del precio de los alimentos. Fuente: http://www.worldwatch.org/

Las causas de las crisis humanitarias provocadas por la falta de alimentos son varias. La primera causa del hambre es la pobreza extrema. En los países afectados por las hambrunas el 60 % de la población es pobre, y de ellos aproximadamente la mitad padece pobreza extrema. Los condicionantes naturales suelen no ser favorables -sequías, inundaciones, agricultura de subsistencia- pero no son la principal causa, en ocasiones ni siquiera pueden considerarse tal cosa -Sudán del Sur en un país fértil-. Es la intervención humana la que provoca la tragedia. En este caso son los conflictos bélicos los desencadenantes pero llueve sobre mojado. Mientras que en los últimos años se ha logrado un importante avance en el control de enfermedades endémicas del continente -el número de afectados por el VIH, la malaria o la tuberculosis se ha reducido una media del 35 %-, la desnutrición solamente ha bajado un 1 %

En estos momentos convergen cuatro grandes crisis alimentarias: Sudán del Sur, Yemen, Somalia y Nigeria. Entre las cuatro suman más de 20 millones de afectados. Las cuatro comparten algunos elementos comunes: una sequía prolongada consecuencia del fenómeno meteorológico conocido como El Niño, que afecta normalmente a la zona del Sahel y al sureste del continente, la existencia de conflictos bélicos que provocan gran número de desplazados y desestructuran las sociedades, la incapacidad de los Estados –casi todos fallidos–  para ayudar a sus poblaciones y las dificultades de los organismos internacionales y de las ONG para establecer misiones de ayuda.

Ya hemos mencionado el papel del Niño entre las causas de las actuales hambrunas. Cuando este fenómeno aparece las lluvias sobre las zonas tropicales del África austral disminuyen notablemente. Ello incide más negativamente sobre el Sahel, cuyo proceso de desertización es evidente desde hace décadas; esta transformación  ocurre no solamente por la reducción de la precipitación sino también por su aleatoriedad, lo que dificulta la seguridad de los cultivos y acentúa la precariedad de las poblaciones.

Consecuencias mundiales de El Niño. Fuente: https://www.climate.gov

Un análisis más pormenorizado de cada una de las zonas donde se están produciendo las crisis humanitarias nos permite comprender mejor las distintas casuísticas.

En Nigeria, el área afectada por la hambruna es el noreste del país. Esta es la región donde Boko Haram –grupo yihadista aparecido en el contexto del auge del extremismo islamista en el Sahel– actúa más frecuentemente y donde tienen lugar los principales enfrentamientos con las tropas gubernamentales. Ello provoca la destrucción de aldeas y cosechas, los desplazamientos de poblaciones empobrecidas y la aparición del hambre. El conflicto, además se ha internacionalizado, afectado a Níger, Chad y Camerún; en estas zonas se calcula que el hambre azota a unos 7 millones de personas de los cuales unos 3 millones son desplazados.

El joven país de Sudán del Sur es otro de los afectados por la crisis alimentaria, muy grave en algunas regiones. En este caso la causa principal de la hambruna es la guerra civil desencadenada en el país y que enfrenta a las fuerzas leales al presidente Salva Kiir con las del vicepresidente Riek Machar desde hace tres años; el enfrentamiento ha generado un gran número de desplazados y constituye también un ejemplo de la utilización del hambre como arma de guerra al impedir el acceso de ayuda a determinadas áreas. También la sequía ha contribuido a agravar el problema, siendo el resultado de todo ello la tremenda elevación del precio de los alimentos (un 800 %) y su escasez. En Sudán del Sur se calcula que pueden estar afectadas por el hambre unos siete millones de personas.

Regiones de Sudán del Sur afectadas por la hambruna. Fuente: http://es.globedia.com/

Desde principios de 2017 hay declarada una alerta por hambre en Somalia. La situación comienza a parecerse a la crisis humanitaria que padeció el país en 2011; la extraordinaria sequía del año pasado, que debía de haber sido húmedo, ha empujado a la población civil que ha perdido su ganado y sus escasas cosechas a huir de sus aldeas. La situación política es además compleja; Somalia es un estado fallido sumido en una interminable guerra civil y donde el yihadismo islamista es una fuerza importante. La población no puede esperar nada de sus autoridades. Aquí la hambruna afecta a unos 5 millones de personas.

Yemen vive una crisis que tiene su origen en el mismo momento de su creación como Estado (ver entrada: Yemen, la guerra silenciada) y que se prolonga desde entonces. Una guerra civil convertida en un conflicto internacional ha destruido gran parte del país -ciudades, infraestructuras, cosechas,…-, creando una grave crisis humanitaria en la que unos 20 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para poder sobrevivir, especialmente la población infantil. El cerco marítimo y aéreo a que está sometido el país impide la llegada fluida de ayuda y la presencia de grupos del Estado Islámico dificulta la actuación de las organizaciones humanitarias que pueden distribuir ayuda.

La hambruna en África constituye una verdadera crisis humanitaria. Es un problema, añadido a otros muchos, que ensombrece el porvenir del continente e impide un desarrollo sostenido. Nos enfrentamos a situaciones que se han convertido en un círculo vicioso de difícil solución. Las organizaciones humanitarias de las Naciones Unidas y las ONG puede paliar el problema pero para resolverlo hay que acabar con los conflictos armados, desarrollar estructuras políticas estables y promover una actuación decidida de la comunidad internacional en favor del desarrollo económico de estos países. Si no se actúa, rostros de niños famélicos e imágenes de adultos convertidos en despojos humanos volverán a llamar a la puerta de nuestra conciencia en un futuro no muy lejano.

BIBLIOGRAFÍA.

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El conflicto de Kosovo

  1. Orígenes.

El conflicto de Kosovo hace referencia a la guerra surgida durante 1998 en la región serbia de Kosovo y que perduraría hasta 1999. En ella se mezclaría un conflicto civil entre los kosovares de origen albanés y los de origen serbio, ayudados estos últimos por la policía y el ejército yugoslavos (que equivale a decir serbios) con una intervención internacional protagonizada por la OTAN. El resultado final fue la derrota serbia y la proclamación de la independencia de la citada región.

Aunque Kosovo es considerada la cuna histórica y religiosa de los serbios, desde el siglo XV había pertenecido al Imperio Otomano pasando de nuevo a Serbia tras la Primera Guerra Balcánica, en 1913. En ese largo período gran parte de la población kosovar se islamizó bien como resultado de la convivencia -y del interés por pagar menos impuestos- o bien como consecuencia de las inmigraciones impulsadas por los turcos desde la actual Albania.

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Situación de los Balcanes al finalizar la primera Guerra Balcánica. Fuente: Wikipedia

A partir de 1913 el número de serbios fue aumentado paulatinamente aunque, durante la IIª Guerra Mundial la región quedó bajo el dominio italiano y sus aliados albaneses, produciéndose expulsiones masivas de serbio-kosovares. La idea de los fascistas italianos era crear una Gran Albania uniendo territorios kosovares con Albania. Pero Italia firmó el armisticio con los aliados en 1943, abandonando el territorio y siendo sustituida por Alemania que permaneció en Kosovo hasta 1944.

Durante el mandato del mariscal Tito (1945-1980), Kosovo alcanzó un grado notable de autogobierno mediante diversos estatus políticos -provincia autónoma, región autónoma- pero siempre dependiendo de Serbia. En 1974 la nueva Constitución yugoslava le reconoció el carácter de provincia autónoma dentro de Serbia aunque con un mayor grado de autogobierno.

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Organización territorial de Yugoslavia. Fuente: Historia con mapas.

La muerte de Tito en 1980 y el agravamiento de la crisis económica -escasa capacidad de inversiones propias, agricultura de subsistencia, aumento del paro, etc.- impulsaron el nacionalismo albano-kosovar que se manifestó mediante manifestaciones y protestas contra los habitantes de origen serbio, especialmente virulentas en 1981. La respuesta del gobierno central fue decretar el estado de emergencia y emprender una dura política represiva contra los albano-kosovares.

Paralelamente, en Serbia, fue surgiendo un nacionalismo agresivo que promovía la idea de la Gran Serbia -unión de los territorios poblados por serbios en Bosnia, Vojvodina y Kosovo con Serbia-. La figura más preeminente de este movimiento fue Slobodan Milosevic, que gracias al auge de este nacionalismo llegaría a la presidencia de Serbia en 1990.

2. La desintegración de Yugoslavia: el contexto del conflicto kosovar.

Poco después, en 1991, se iniciaba la Guerra de los Balcanes. Un cruel conflicto que desembocó en la independencia de las diversas repúblicas que habían formado hasta entonces el Estado de Yugoslavia. Croacia y Eslovenia fueron reconocidas como nuevos Estados en 1992, Bosnia-Herzegovina lo haría en 1995, al acabar la guerra. Por su parte, Serbia y Montenegro formaron la República Federal de Yugoslavia. La adopción de un discurso nacionalista agresivo por parte de los líderes serbios, como estrategia defensiva de sus privilegios y el deseo de las elites de Eslovenia y Croacia de abandonar un Estado que veían como un obstáculo para sus intereses económicos explican el choque de trenes que inició la guerra.

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Refugiados croatas en Vukovar, en 1991. Fuente: Inavukic.com

Mientras se desarrollaba la guerra de los Balcanes, el distanciamiento entre las dos comunidades kosovares fue creciendo. Además, la situación demográfica favorecía las pretensiones de mayor autogobierno de la población albanesa. A principios de la década de los noventa Kosovo estaba poblada por un 82 % de albaneses y 10 % de serbios. La situación de estos últimos distaba de ser cómoda por lo que las autoridades serbias comenzaron a diseñar una respuesta enérgica a lo que se interpretaba como una pérdida de poder de su comunidad. Situación que se achacaba a la aplicación de la Constitución de 1974.

3. El choque de nacionalismos.

El nacionalismo serbio, de cariz agresiva, acabó enfrentándose al nacionalismo albanés, que había surgido como una ideología de resistencia. En cualquier caso el nacionalismo fue el instrumento de las elites dirigentes para intentar preservar su posición de privilegio.

El enfrentamiento se inició a finales de los años ochenta. Desde entonces, las autoridades serbias comenzaron a limitar los derechos de los albano-kosovares y a promover el repoblamiento serbio de la región. Las tensiones entre albaneses y serbios culminaron con la supresión de la autonomía de Kosovo (1989).

Los albano-kosovares se organizaron políticamente creando, en 1989, la Liga Democrática de Kosovo (LDK) cuyo líder, Ibrahim Rugova, impulsó una política de control paralelo de las instituciones y de los servicios públicos e impulsó una resistencia no violenta. Buscó también el respaldo internacional para sus políticas. Sus recursos económicos provenían especialmente de la emigración albano-kosovar y de las redes de economía sumergida, importantes siempre en la región.

El estancamiento de la situación impacientó al movimiento estudiantil albanés que comenzó a organizas protestas y manifestaciones. Apareció también, en 1996, un grupo terrorista albanés, el Ejército de Liberación de Kosovo -UCK en albanés- que también enarbolaba la bandera nacionalismo; sus ataques se dirigieron contra instalaciones de la policía serbia, acrecentando sus atentados con el paso del tiempo.

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El líder de UÇK Hashim Thaci en Pristina, 1999. Fuente: kosovo.net

Las elecciones serbias de 1997 fueron ganadas por el Partido Socialista aunque se formó un gobierno de coalición que acrecentó la presión sobre los albaneses de Kosovo. La crisis producida en Albania durante 1997, con el consiguiente descontrol y caos político, permitió al UCK armarse con materiales procedentes del ejército albanés así como crear una “retaguardia” segura en el noroeste de este país. Este hecho, junto a la reacción popular ante la matanza de Drenica, acrecentó el poder del UÇK y su opción militar, al tiempo que debilitaba la opción de la lucha pacífica encabezada por Rugova, que contaba, sin embargo, con el apoyo de los EE.UU. y de buena parte de los estados europeos.

4. La guerra

En 1998 las incursiones desde Albania del UÇK aumentaron al contar con ayuda de mercenarios musulmanes procedentes de estados árabes y de Bosnia, de algunos países occidentales y de sectores del crimen organizado. Su objetivo era “liberar” partes del territorio kosovar. La policía y el ejercito serbio respondieron a estas acciones con una gran ofensiva militar, entre julio y octubre de ese año, que les permitió recuperar todo el territorio perdido. El conflicto de Kosovo se dirigía claramente hacia la guerra.

El caos político existente entre los albano-kosovares, el grave problema de los refugiados y desplazados por la guerra -unos 300.000- y el peligro de que el conflicto extendiera a Albania y Macedonia hicieron que la OTAN amenazara a Yugoslavia con una intervención que acabaría produciéndose en marzo de 1999.

El fracaso de las conversaciones de Rambouillet (Francia) y la continuación de los enfrentamientos armados llevó a la OTAN a iniciar los bombardeos aéreos de diversos objetivos en Yugoslavia argumentando motivos humanitarios. Los bombardeos cesaron en junio con la capitulación serbia. Se discutió si la intervención estuvo o no amparada por la ONU -Resolución 1199 del Consejo de Seguridad de la ONU- pero el resultado final de la intervención se plasmó en la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad que estableció:

  1. Solucionar la grave crisis humanitaria y posibilitar el retorno de todos los refugiados.
  2. Reconocimiento del principio de soberanía e integridad territorial de Yugoslavia y del resto de estados.
  3. El cese de los ataques de la OTAN y de los enfrentamientos armados en Kosovo.
  4. Despliegue de una fuerza internacional de seguridad (KFOR) en Kosovo.
  5. Establecimiento de una misión internacional para reconstruir Kosovo y preparar el territorio para la celebración de elecciones (UNMIK)

De esta manera, desde 1999 Kosovo ha estado bajo el control de un protectorado internacional que toma su legitimidad de la Resolución citada antes. La presencia de unos 40.000 soldados de la KFOR, entre ellos unos 900 españoles, aseguraba el funcionamiento de la gestión política y administrativa. Con el territorio pacificado, la demanda de autodeterminación se extendió a todas las fuerzas políticas albano-kosovares.

Mesto: Kosovska Mitrovica Datum: 28.09.2011 Dogadjaj: DRUŠTVO/VOJSKA/POLITIKA - nemaèki pripadnici KFOR obezbeðuju most u Kosovskoj Mitrovici Licnosti:

Soldados alemanes de la KFOR en Mitrovica. Fuente: http://www.balkaninsight.com/

5. La creación del nuevo Estado.

Acabada la guerra, unos 800.000 albaneses regresaron a Kosovo. También fueron apareciendo, poco a poco, vestigios de asesinatos masivos cometidos por ambas partes así como denuncias de destrucción del patrimonio artístico y cultural. Otro fenómeno vinculado a la postguerra fue la expulsión de serbios y gitanos; las fuerzas de la KFOR tuvieron que dedicarse a su protección, al igual que la de otras minorías en medio de un creciente proceso de etnificación.

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Mapa de Kosovo. Distribución étnica del territorio. Fuente: http://www.globalsecurity.org/

En 2001 la UNMIK entregó a los albano-kosovares algunas instituciones de autogobierno. Las elecciones de 2007 dieron la victoria a Hashim Thaçi, antiguo líder del UÇK y claramente independentista, posición que también mantenía la segunda fuerza política -la Liga Democrática de Kosovo-. Con esta composición, en 2008, el parlamento de Kosovo declaró unilateralmente la independencia de Serbia y la creación de la República de Kosovo.

La comunidad internacional se dividió ante el reconocimiento del nuevo Estado. Estados Unidos y buena parte de la UE lo reconocieron pero Rusia y sus aliados, Serbia, España, India, Grecia, Rumanía y China, así como muchos países latinoamericanos no lo hicieron.

Los odios y recelos acumulados entre ambas comunidades -serbios y albaneses- hacen prácticamente imposible la convivencia entre ambos pueblos, al menos durante bastante tiempo. Cualquier posibilidad de sociedad multicultural o interétnica saltó por los aires con la guerra.

El nuevo Estado surgió además con numerosos y graves problemas. Su estatus internacional no es el mas importante. La situación económica es desastrosa, con un 35 % de paro y una renta per capita de 3.000 euros; la corrupción es un problema muy extendido. El mismo Thaçi ha sido acusado de relaciones con la mafia albanesa y de traficar con órganos humanos. La misión de la UE para apoyar al sistema judicial y a la policía (Eulex) permanecerá en el país al menos hasta 2018. A todas luces Kosovo es actualmente un Estado fallido, sostenido principalmente con el apoyo norteamericano, que tiene allí una de sus bases militares más grandes fuera de EE.UU. –Camp Bondsteel–, y en menor medida, de la UE.

6. Los intereses internacionales.

La destrucción de Yugoslavia se debió a la eclosión nacionalista que surgió en sus repúblicas pero también a su confluencia con intereses internacionales que deseaban su desaparición.

Alemania estaba interesada desde los años setenta en atraer a Croacia y Eslovenia a su hinterland económico separándolas de Yugoslavia. Ya en 1987 se consideró que ambas repúblicas podrían incluso entrar en la entonces CEE, hecho que alentó los respectivos nacionalismos. De la misma manera, también Alemania apoyó las demandas de independencia de la población albano-kosvar.

Por su parte Estados Unidos pretendió la reorganización del espacio geopolítico y militar de los Balcanes con la disminución del poder de Serbia, aliado tradicional de Rusia, y la creación de la base militar antes citada, destinada a vigilar todo el espacio balcánico, el Mar Negro y Turquía. Una zona de importancia estratégica ya que por ella transitan flujos petroleros procedentes del Mar Caspio y del Oriente Próximo siendo además la zona de contacto entre la Europa atlántica –occidente– y Asia.

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Base de Camp Bonsteel. Fuente: http://tecnologamilitar.blogspot.com.es/

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El arma nuclear española: el “Proyecto Islero”

Uno de los capítulos más insólitos de la historia contemporánea española de la segunda mitad del siglo XX fue el intento de obtener armas nucleares propias. El proyecto surgió en los años de la posguerra y perduró durante todo el franquismo, pasando por diversos altibajos en función de las relaciones exteriores de España y del miedo de Franco a dar el paso decisivo. El primer hito se remonta  a 1948 cuando se creó la Junta de Investigaciones Atómicas. Este organismo dio paso en 1951 a la Junta de Energía Nuclear. Su función era, en el marco de la autarquía y en plena Guerra Fría, lograr un desarrollo autónomo de esta energía, oficialmente con una finalidad civil pero, en secreto, también militar.

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El general Franco y Otero de Navascués en la inauguración de la sede de la Junta de Energía  Nuclear (1958). Fuente: adelantosdigital.com

Poco después, en 1955,  España firmó con Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear dentro del programa Átomos para la Paz. Dicho programa había sido impulsado desde 1953 por el presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower  para la promoción del uso pacífico de la energía nuclear y el control de la misma mediante la creación de la OIEA –Organización Internacional de la Energía Atómica–. A través de esta vía Estados Unidos facilitó tecnología nuclear a diversos países, entre ellos España, para su uso en investigación o en aplicaciones civiles.  De hecho, numerosos científicos e ingenieros españoles fueron a formarse en instituciones norteamericanas.

Fruto de estas relaciones fue también la construcción del primer reactor nuclear en España, el JEN-1, de tecnología estadounidense y que utilizaba uranio 238 enriquecido, aunque era imposible obtener de él material para armas nucleares. Con este nuevo impulso se creó en 1958 el Centro Nacional de Energía Nuclear que, aunque no tenía carácter militar, sí estaba dirigido por estos. La consecuencia de este desarrollo en la investigación fue la posición de vanguardia que España alcanzó ya en la década de los años cincuenta del siglo pasado, gracias principalmente a la labor del contralmirante y físico  José María Otero de Navascués.

El interés militar por la energía nuclear se había acrecentado desde 1956, fecha de la independencia de Marruecos y momento a partir del cual surgieron las presiones del nuevo Estado hacia los territorios españoles en África. La actitud de Estados Unidos en el conflicto de Ifni (1957-58), prohibiendo la utilización del material militar cedido a España, también favoreció la idea de hacerse con armamento nuclear autónomo como elemento disuasorio frente a cualquier posible enfrentamiento con el nuevo vecino del sur. Para España, que no pertenecía a la OTAN, la posesión de este armamento también era un elemento de prestigio internacional y un medio para controlar el eje estratégico definido en torno a la línea formada por las Baleares, el Estrecho y las Canarias.

Toda la tarea investigadora realizada hasta entonces se concretó en 1963. El general Agustín Muñoz Grandes, vicepresidente del gobierno, ordenó a la Junta de Energía Nuclear realizar un estudio sobre las posibilidades de desarrollar un arma nuclear sin alertar a la comunidad internacional. Fue el inicio del “Proyecto Islero”. Pese a sus decepcionantes inicios, el proyecto se mantuvo vigente gracias al apoyo del citado  Muñoz Grandes y de Carrero Blanco. En 1964 el proyecto estaba preparado, contando además con el apoyo francés ya que De Gaulle era partidario de la independencia defensiva europea para lo que creía necesario que España dispusiese de armas nucleares.

Curiosamente el accidente de Palomares cambiaría la atonía inicial del proyecto. El 17 de enero de 1966 un avión cisterna norteamericano chocó en el aire, sobre la vertical de la población almeriense, con un bombardero B-52 de la misma nacionalidad que llevaba cuatro bombas termonucleares (bombas H o de hidrógeno) de 1,47 megatones cada una, aproximadamente unas 75 veces más potentes que la que destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima.

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Localización de las bombas nucleares caídas en Palomares. Fuente: EL PAÍS

Los técnicos nucleares españoles, dirigidos por el físico y militar Guillermo Velarde, pudieron recoger y analizar restos de las bombas caídas. Los resultados obtenidos dieron un nuevo impulso a la investigación para llevar a cabo el proyecto ya que posibilitaron desentrañar las claves de la fabricación de las bombas de hidrógeno, que hasta ese momento solo estaban en manos de Estados Unidos, la URSS, Francia y China. A pesar de ello Franco decidió no impulsar el proyecto por miedo a las sanciones norteamericanas. No obstante, tampoco se abandonó ni se cerraron las puertas para su continuación; de hecho España no firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), gestado en 1968. En ese mismo año, además, se instaló en la sede madrileña de la Junta de Energía Nuclear el primer reactor nuclear español.

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Recogida de una de las bombas nucleares de Palomares. Fuente: EL MUNDO

Los estudios y pruebas realizados hasta entonces permitieron que, iniciada la década de los setenta, resultase viable la fabricación de armamento nuclear, pero no existían los medios. La central nuclear de Zorita  (Guadalajara), que había entrado en funcionamiento en 1969, y la de Santa María de Garoña (Burgos), que lo había hecho en 1971, eran de tecnología norteamericana y no era posible extraer combustible para armamento de ellas.

La oportunidad de extraer plutonio de uso militar no se produjo hasta 1972, cuando entró en funcionamiento la central nuclear de Vandellós I (Tarragona), construida con tecnología francesa y capaz de producirlo. Además España contaba con reservas de uranio natural. En ese momento la opción española se centró en la fabricación de una bomba de plutonio y no de uranio. La obtención de uranio 325 era mucho más complicada y se necesitaban recursos técnicos y económicos que España no poseía en esos momentos. Sin embargo el plutonio 239 podía obtenerse a partir de un pequeño reactor nuclear.

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Central Nuclear de Vandellós I. Fuente: EL MUNDO/EFE

El apoyo político al proyecto se incrementó cuando Carrero Blanco llegó a la presidencia del gobierno en junio de 1973. El Ejército pensaba que para la defensa de España se debía conseguir un verdadero tratado militar con Estados Unidos, elaborado de tú a tú. Y si eso no se producía nuestro país debía tener una fuerza de disuasión nuclear propia. A finales de ese año Velarde informaba de que España podría fabricar tres bombas nucleares al año. Con esa posibilidad en la mesa Carrero se entrevistó con el  secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, planteándole la dicotomía de un nuevo tratado o el desarrollo propio de armas nucleares. Kissinger se negó a concretar ningún acuerdo. Al día siguiente, 20 de diciembre de 1973, ETA asesinó a Carrero mediante un atentado.

Pero ni su muerte ni la del general Franco en 1975 finiquitaron el proyecto. Las presiones norteamericanas para que España firmase el TNPN continuaron pero sin lograr su objetivo. Al contrario, para esas fechas –1977– España era ya capaz de fabricar plutonio en cantidad suficiente para producir 23 bombas nucleares al año.

La llegada al poder de Adolfo Suárez en 1976 tampoco significó la interrupción del proyecto. Esto solamente se produjo en 1981, en una coyuntura delicada para España –creciente número de atentados, descomposición de la Unión de Centro Democrático, golpe de Estado de febrero, etc.– y con fuertes presiones del presidente norteamericano Jimmy Carter para que España firmara el TNPN.

El proyecto Islero quedó definitivamente liquidado cuando el PSOE, en el gobierno desde 1982, decidió abandonarlo a cambio de la integración en la Comunidad Económica Europea y cuando el país ya se había integrado en la OTAN. En octubre de 1987 España firmó el TNPN y el proyecto quedó en el olvido.

El plan de dotar a España de armamento nuclear hay que situarlo en el marco de la dictadura franquista. Un régimen muy nacionalista y con escasa simpatía por los Estados Unidos, aunque los intereses políticos de ambos países les llevasen al acercamiento. Su proyecto armamentístico no se relaciona tanto con la Guerra Fría como con el objetivo de asegurarse una autonomía defensiva válida para todo el territorio nacional. Ese objetivo no se logró con la integración en la OTAN, pues esta dejó fuera la defensa de Ceuta y Melilla.

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